XXL Irione: «El argentino promedio tiene una adoración por el rubio de ojos celestes, el negrito no vende»

Texto: Mariana Viturro / Fotos: Mariano Campetella

 

 

La cita es un martes a las dos de la tarde en plaza Serrano. El calor en la ciudad es aplastante. Algunos minutos después de concluida la entrevista un apagón general dejará sin suministro de electricidad a gran parte de los barrios porteños. Pasan los minutos y Manuel Fernández Maciuk, El Irio, no llega. Avisa por whatsapp que está en camino y pide que le recuerden las coordenadas precisas del bar. Devuelve un emoticón de hombre agarrándose la cabeza y dice que bueno, que se equivocó, que perdón, que siempre le ocurre lo mismo: confunde Plaza Serrano con Plaza Dorrego. Que en realidad era en esta última en la que quería entregarse a la charla.

Un rato después, Manu irrumpe en la terraza del bar, habla alto y saluda muy amablemente. Se pide un jugo de naranja exprimido con hielo y confiesa que la noche anterior fue larga, brava y que bebió suficiente. Se sienta en un solo movimiento y se adentra en la entrevista con una concentración fascinante, quizás producto de la culpa por llegar tarde, quizás por puro profesionalismo.

Cuenta que tiene 32 años, pero parece bastante menor. Es oriundo de Wilde, pero conoce todos los atajos de la ciudad para trasladarse de un barrio a otro. Es un referente del rap en Argentina y a esta altura es imposible encontrar datos precisos sobre la cantidad disparatada de reproducciones en Youtube que tienen sus videos a lo largo de su nutrida carrera como cantante.

A caballo de un puñado de canciones, El Irio viene dando batalla hace casi dos décadas en el under rapero y ya empieza a coquetear con el mainstream local. Despacito. Pasito a pasito.

Señoras y señores, con ustedes, XXL Irione, el puto amo del rap bien de barrio. Dale play.

-¿A qué te dedicás? ¿Cómo definís lo que hacés?
-La mejor definición sería que “soy un payaso que divierte a la gente” como dijo una vez Rodrigo. Me considero un clown arriba del escenario que interpreta diferentes tipos de música. Con el tiempo fui evolucionando y haciendo desde cumbia hasta rap pasando por trap. A mí me gusta tanto la música que no me puedo encasillar dentro de un género, más allá que lo mío sea el rap.

-En tiempos de crisis la palabra “autogestión” está de moda. Tu extensa carrera artística está signada por ese concepto. ¿Cómo es y qué significa autogestionarse desde los inicios hasta hoy?
-Hoy es una papa, desde una computadora hacés todo pero, claro, lo que más cuesta es mantenerse. Sin autogestión en estos tiempos no hay nada, más allá de que estés con una compañía como estoy yo ahora. Siempre con mi mánager hablamos de eso; decimos algo así como que yo tengo dos carreras, la multinacional y la under. Hay cosas que el under te permite y el circuito comercial no y al revés.


-Desde 2018 sos artista de Sony Music. ¿Cómo fue ese salto?
-Yo fui a escuchar la propuesta pensando que era más de lo mismo y en el fondo creía que iba a poder darme el lujo de decirle al presidente de la compañía -en una hermosa oficina- que no, que gracias pero que no me interesaba. Y la cuestión es que me encontré con un tipo muy joven y piola. Me dijo que en un punto los artistas somos todos iguales, que conoce nuestras necesidades que son casi inherentes a nuestra “condición de”. Lo primero que le dije es que no quería que me pusieran a cantar reggaeton. Me dijo que de ninguna manera, que nadie pensaba en eso así que confié, acepté y no me equivoqué. Hoy voy a Sony y les digo yo lo que quiero cantar. Ya no existe un chabón atrás de un escritorio que te dice: “vos tenés que cantar lo que yo digo”, no corre más eso.

-¿Que le puede aportar una multinacional a tu carrera?
-Puede darme la vidriera que yo necesito. Me cansé de que inflen a cualquier boludo; yo tengo una historia para contar, sé cómo redactar en un papel y sé cómo cantarlo. Ahora me llaman de todos lados y yo me divierto porque he luchado tanto para esto que es hermoso. Estoy contento, pero a veces pienso que necesito un poco más.

-¿Más qué? ¿Más plata, más estabilidad?
-Todo. Hoy en día me reconoce mucha gente, el periodismo, el ambiente, me invitan a un montón de lugares, me saludan artistas que no puedo creer que sepan quién soy. Hay lugares en los que me invitan como a una celebridad. Me llaman de todos lados, pero no me acompaña la guita.

-¿Y qué falta para que la guita acompañe?
-No sé, es lo que todo el mundo me dice. Yo tengo amigos del medio que viven en countries, en casas tremendas, tipo mansión. Y no pueden creer que yo siga laburando en una fábrica.

«Hoy voy a Sony y les digo yo lo que quiero cantar. Ya no existe un chabón atrás de un escritorio que te dice: ‘vos tenés que cantar lo que yo digo'»

Ese tema, confiesa, le pesa. Lejos de querer ser un auténtico work class hero, prefiere despegarse esa etiqueta y correrse de la nota de color que bien podría titularse ‘Operario de día, estrella de rap de noche’. “Yo no quiero más que la gente diga ‘ay que divino, labura en una fábrica’, al contrario, yo no quiero laburar más en la fábrica, tengo ganas de vivir de mi arte- reconoce. Creo que haber accedido a estar en una compañía es un paso hacia eso. Tampoco quiero ser ‘el tema del verano’ pero sí estoy abriendo más mi cabeza respecto a la música que produzco. Lo necesitaba”.

-¿Te cuesta sentarte a escribir más que antes o siempre fue igual?
-Ahora me cuesta más porque sé la responsabilidad que cargo en la birome. Algunas cosas que he escrito me avergüenzan. Son cambios, etapas que uno intenta dejar atrás, pero al ser artista estás expuesto en una vidriera; vos cambiaste de lugar pero la gente te recuerda puesto en esa vidriera. A mí me pasa puntalmente con un tema que se llama “Desaparece”: aparezco en el video fumando porro y ahora lo veo totalmente innecesario, podría haberlo hecho omitiendo el faso. Todo bien con la marihuana, estoy a favor del consumo y del libre cultivo pero hay cosas que tienen que ser aprendidas con el correr de la vida y no en el clip de Irione.

-Dentro del proceso creativo, desde que te sentás a idear un nuevo disco hasta que se edita ¿cuál es el momento que más disfrutás?
-Las vacaciones, cuando está todo terminado o tengo que ir a buscar un premio. La parte de estar en un estudio, grabar y componer para mí se volvió un estilo de vida rutinario. Antes pensaba a futuro todo el tiempo, hoy trato de disfrutar más el presente que tengo. Disfrutar de que me conozcan y no estar pensando “uy quiero sacar un hit o una bomba con 200 millones de view”. Ya no me interesa, ese partido ya lo gané.

-Existe a veces en algunos artistas cierto pudor a reconocerse como tales. Y vos siempre estás diciendo que sos un artista y hablando de tu arte. ¿En qué momento vos te reconociste como tal?
-Cuando hice el resumen de mi vida y me di cuenta que pintaba cuadros, que hacía grafitis, que improvisaba, que dibujaba, que escribía poesía, ahí me sentí un artista. Un artista más allá de un rapero.

«Sin autogestión en estos tiempos no hay nada, más allá de que estés con una compañía como estoy yo ahora»

-Hoy hay toda una corriente de artistas argentinos de trap, liderada por Paulo Londra, que está teniendo repercusión internacional, ¿te gusta lo que hacen?
-Hay muchos artistas muy buenos y otros que están muy sobrevalorados. La gente en su desesperación de querer acompañar a la moda busca lo primero que tiene a mano. El argentino promedio tiene una adoración por el rubio de ojos celestes, por ejemplo. Emanero es rubio de ojos claros, fue el primer exponente de rap argentino, el segundo exponente fuerte es Paulo Londra, también rubio de ojos celestes. En Argentina particularmente hay una fascinación por el gringo, el negrito no vende. Pasa que a veces no la pueden parar, no se pueda tapar y surge la cumbia villera o el rap villero. A Paulo Londra no lo escuchan en la villa, no suena en el barrio, pasan las playeras con los parlantes atrás escuchando al Irio, o a Fuerte Apache o cumbia villera, el núcleo más profundo de la música urbana. Acá se endiosa a dos o tres referentes, los ponen muy arriba, los inflan a morir y por ahí los que están atrás son diez mil veces mejores.

-¿Por qué hiciste un tema con el Peppo (“Tra tra”)? ¿Cómo se gestó?.
-El Peppo es un amigo, lo conozco desde que salió de la cárcel. La historia con él fue muy loca porque él me contó que en Ezeiza, en el penal, el único rapero que sonaba en el pabellón era yo, ahí se escuchaba mi música. Así que cuando él salió le dijo a un amigo en común que quería conocerme y hacer un tema conmigo. Fui hasta la casa y pegamos la re onda. La gente de barrio tarde o temprano termina haciendo su rancheada.

-Vos hablás siempre del barrio. Describí uno.
-La gente humilde, la gente de laburo, la gente que tiene problemas en serio, el que no llega a fin de mes, la gente a la que se le hace muy cuesta arriba disfrutar de esta vida como cualquiera. Los que están ahora tomando un tereré en la vereda. Yo me halló ahí.

-¿Por qué te llamás XXL Irione?
-Arrastro ese nombre desde la infancia, de cuando empecé a conocer el arte a través de la pintura. Yo pintaba grafitis y necesitaba un nombre para “taggear”, para firmar en las paredes, y un amigo me puso “Iria”. Con el tiempo, por una cuestión de estupidez, a mí me empezó a sonar muy de nena y lo cambié a Irio. Después, le agregué el “one” y finalmente, cuando me desvinculé de una banda de rap decidí sumarle el XXL. Entonces sería: El más grande, el Irio, el único.

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