Victoria Donda: “Mucho de lo que vivimos hoy es el resultado político y cultural del kirchnerismo”

Entrevista: Juliana Quintana con colaboración de Julio De Bonis / Fotos: Francisco Odriozola

 

Antes de descubrir que su nombre no era Analía, Victoria fue criada por el militar Juan Antonio Azic y su esposa Esther Abrego. Había nacido en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los principales centros de detención clandestinos de la dictadura, mientras sus padres, ambos montoneros, se encontraban en cautiverio. La fecha de su nacimiento no fue el 17 de septiembre de 1977, como lo dispusieron sus apropiadores. “Nunca festejo mi cumpleaños. Mi tía Lydia, que es re de los horóscopos, dice que soy Leo, pero yo por ahí entro también en Escorpio”, dice.

La tía Lydia es Lydia Vieyra, una ex detenida en la ESMA que ayudó a María Hilda Pérez de Donda durante su embarazo y la asistió en el parto. Cuando nació Victoria le perforaron los lóbulos de sus orejas pasándole una cinta azul, con la esperanza de que pueda servir para reconocerla una vez que las separaran.

Adolfo Miguel Donda, el tío biológico de la niña, es quien había detenido personalmente a su hermano José María Laureano Donda y a su cuñada -los padres- y quien luego entregó a Victoria a la familia Azic. En 2003, cuando Vicky tenía 26 años, se contactó con la agrupación H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y la Justicia Contra el Olvido y el Silencio) y las Abuelas de Plaza de Mayo. Aunque al principio fue reticente a realizarse los estudios de ADN, un año más tarde se convirtió en la primera “hermana” recuperada por H.I.J.O.S. Esto, que parece extraído de una tragedia griega, es la historia de la nieta recuperada número 78, la mujer más joven en la historia en ingresar a la Cámara de Diputados y la actual presidenta de la Comisión de Derechos Humanos.

Cuando Victoria Donda entra a las oficinas del bloque del Movimiento Libres del Sur para la entrevista con Almagro Revista el ambiente se inunda con su perfume dulzón. Lleva una camisa escotada escarlata, del mismo color que sus labios, un pantalón claro rotoso y unas plataformas beige. “Y esto no es nada, cuando fui a parir me hice la planchita y me puse taco aguja. Antes muerta que sencilla”, comenta orgullosa. Se acomoda con las piernas cruzadas en un sillón e invita a los periodistas a compartir un mate.

-Lydia Vieyra fue quien los casó a vos y a Pablo Marchetti, ¿cómo fue eso?
-Fue entre los dos y bastante natural. Queríamos casarnos, queríamos hacer fiesta, queríamos festejar nuestro amor pero no queríamos hacerlo ante la Iglesia, y ante el Estado la verdad es que no nos significaba nada, así que nos pareció más importante comprometernos ante alguien que los dos queríamos mucho, y pensamos en la tía Lydia.

-Fue ella quien te contó la anécdota del hilito azul en el lóbulo de la oreja, ¿no?
-Sí, eso fue parte de la investigación de Abuelas. Lydia estuvo al lado de mi madre cuando nací, fue como la partera y hoy es mi tía, la persona que estuvo más cerca de mi mamá biológica. Y es como mi pariente, mi hija Trilce le dice “tía abu”, la lleva al parque todas las semanas.

-Cada vez que aparece un tema de coyuntura vinculado a la dictadura te vuelven a entrevistar, y hay veces que parece que te fastidiara. ¿Te cansa que la gente te pregunte por tu historia?
-Hay momentos donde me rompe la paciencia y otros que no. Como todo, supongo. Es como: otra vez de huérfana… a veces no tengo ganas de hablar.

-Cuando hablaste por primera vez con tu tía María Iris y con tu abuela Leontinta, ¿cómo te preparaste? ¿Hablaste con alguien antes?
-No sé si hay una forma de prepararse. Primero lo llamé a Humberto Tumini. A mi abuela la llamé un poco después, desde Abuelas. En realidad lo que me preocupó un poco es que ella está en Toronto y yo en Buenos Aires, y era una señora grande. La llamé y se puso contenta. Después fui a verla en el 2006. Le había dado un principio de Alzheimer, y quería verla antes de que avance esa enfermedad terrible.

“El humor sirve mucho para poder salir de situaciones. Igual, hay veces en los que el día es muy malo y el humor no ayuda. Vengo de perder una votación que era muy importante y no quiero que me hagan chistes”

-¿Te acordás de algo de ese encuentro?
-Mirá, fui en marzo. Me acuerdo de la ropa que tenía puesta cuando viajé. Tenía un pantalón todo roto, roto, roto, de esos medios anchos, una remerita con mucho escote. Yo creo que mi abuela casi se muere cuando me ve. Fui a la casa de ella que vivía en un departamento muy chiquito. Me hizo sopa de verduras. Yo estaba comiendo y estábamos las dos solas. Cuando me preguntó qué hacía, yo le empecé a contar que militaba en un partido de izquierda y vi que se iba poniendo seria y de repente se agarra así la cabeza y me dice: “¡Me tocó otro zurdo!”.

-¿A qué mujer de figura fuerte rescatás de tu historia, como modelo a seguir?
-Mi mamá de crianza, en algunas cosas. Como toda madre (risas).

-¿Cómo era tu relación con tu familia apropiadora?
-Yo tuve muy buena relación antes y después.

-En tu biografía Mi nombre es Victoria le cambiás el nombre a varios personajes.
-Sí, porque no lo escribí pensando en que iba a salir en Argentina. De hecho, la hice con una editorial francesa. No tenía tantas ganas en ese momento de poner los nombres reales. No quería invadir su intimidad. Son dos personas, mi hermana de crianza y mi mamá de crianza.

-¿Con tu hermana biológica tenés contacto?
-Sí, desde que nació Trilce empezamos a tener una relación linda.

“Yo empecé a militar muy chica, a los 17 años. Tenía un pensamiento crítico acerca de la sociedad, de las desigualdades sociales, económicas, de la construcción productiva económica imperante, pero no acerca de la organización de género”

-En el libro contás que militabas libremente y que tu padre apropiador nunca te desanimaba a que lo hicieras. ¿Eso contribuyó a tu sorpresa cuando te enteraste de que él era tu apropiador?
-Sí. Lo vivo todo el tiempo, porque es parte de mi vida. A veces lo llevo mejor, otras veces lo llevo peor. Trato de que sean pocos los días que los llevo muy mal porque, si no, sería insoportable. Y tengo una vida feliz. Yo sé que en ese momento lo único que pensé fue a dónde iba a ir. Esos días fueron, no sé… Nunca tomé ácido pero lo más parecido a eso, ¿viste? como una nube. ¿Y ahora qué hago?

-¿Te ayudaron en ese proceso las Abuelas de Plaza de Mayo y los H.I.J.O.S.?
-Sí, y mis compañeros. Yo nunca dejé de militar, eso ayudó mucho.

-¿Hoy tenés alguna relación con H.I.J.O.S.?
-Con la agrupación no, pero tengo amigos ahí y con las Abuelas me llevo también muy bien. Tengo otros amigos con los que me llevo bien. También a veces me agota un poco, ¿viste? Y como yo milito de antes… Los que se casan entre ellos no entiendo. Dos huérfanos juntos, es mucha cosa. Es una competencia imposible. Yo a Pablo siempre le gano, ¿entendés? Acá hay un punto en el que vos te ponés a discutir con alguien y apelás a determinadas artimañas para ganar. Él me dice: “Bueno, no vale, porque con eso de la ESMA me ganás a todo”. ¿Cómo hacés con dos que pasaron por lo mismo?

-¿Tenés alguna anécdota en la que discutís así con Pablo?
-Me acuerdo cuando estaba embarazada, discutimos una vez porque él no le quería hacer aritos a Trilce. Me decía: “¿cómo vos que sos feminista vas a meterte en el cuerpo de otra mujer? No le hagamos aritos hasta que ella no nos pida”. En un punto yo ya no tenía más argumento, entonces me puse a llorar y le digo: “Bueno, pero vos tenés que entender. Para mí los aritos son importantes porque los hilitos azules…” Bueno, todo no. Tuve que apelar a eso y no hubo caso.

-En muchas ocasiones te valés del humor para sobrellevar lo que viviste en tu pasado.
-Es que el humor sirve mucho para poder salir de situaciones, y en eso coincidimos mucho con Pablo y él hasta incluso tenía como más pruritos a veces, aunque parezca mentira. Pero bueno, creo que ahora ya lo superó. Y desde que está conmigo como que se puede permitir hacer chistes de desaparecidos abiertamente. Me sirve mucho su compañía. Igual, hay veces en los que el día es muy malo y el humor no ayuda. Vengo de perder una votación que era muy importante y no quiero que me hagan chistes.

“El único proyecto de ley que tenemos que discute el lugar de la mujer en la sociedad es la legalización del aborto”

-¿Te gusta ser diputada?
-Cuando entré, no, pero ahora creo que puedo hacer cosas que están buenas. Sí, me gusta el trabajo legislativo. Cuando entré pensé que estaba todo mal, que no me iba a salir, que no estaba formada, que no me alcanzaba, y un poco me deprimió.

-Claro, te tranquilizó la comparación, cuando viste que hay cada uno…

Victoria se ríe y, mientras se ubica para las fotos, habla de su hija Trilce y comenta que su serie animada preferida es Peppa pig. “¿Sabés por qué ahora andan diciendo que tiene mensajes subversivos? Porque es una cerdita feminista. Lo mismo hicieron en su momento con Los Pitufos y el mito que decía que cada uno representaba a un pecado capital. Pasa que era una metáfora del comunismo y a la sociedad eso no le gusta. Todos tenían acceso a la vivienda, uno cocinaba, el otro limpiaba, era un ejemplo de la vida en comunidad”.

-Está claro que una no nace feminista y que llega un momento en la vida de cada una en la que comenzamos a desnaturalizar determinadas prácticas machistas, y esto se da como una suerte de “revelación”. ¿Cuándo y cómo fue para vos ese momento?
-Me parece que hay una práctica inconsciente y una práctica más consciente. Yo empecé a militar muy chica, a los 17 años, y no tenía una elaboración o un pensamiento crítico acerca de esto. Sí tenía un pensamiento crítico acerca de la sociedad, de las desigualdades sociales, económicas, de la construcción productiva económica imperante, pero no acerca de la organización de género. Me parece que eso se va formando, después uno tiene prácticas. Mi práctica, si querés, de mina independiente con más carácter, lo fui formando en la preadolescencia. Pero el ejercicio de autodefinirme feminista consciente y el por qué no hace mucho tiempo, ya estaba en la Cámara de Diputados. Entré chica al recinto de la Cámara y empecé a ver cómo cuesta ser mujer. Empecé a formarme más en el tema, y cuando quedé embarazada y me enteré que era una nena, como que le puse más ahínco.

-Pareciera que los medios de comunicación insisten en sexualizar tu imagen, en hablar de tu cuerpo, de cómo te vestís, de tu vida como madre. ¿Con qué crees que tiene que ver esto?
-Sí. Los medios de comunicación, muchos, tienden a sexualizar o a construir determinadas imágenes femeninas de las mujeres en general, no solo de mí. Nos ubican en distintos roles pero nos estereotipan en uno de los lugares como tradicionalmente aceptados. O sos la madre de familia asexuada o sos la trola. Difícilmente a mí en un programa de televisión me digan doctora, por ejemplo, cuando soy abogada y a cualquier otro abogado se le dice abogado.

-¿Encontras a la política un ámbito particularmente machista?
-No, es que en realidad es lo mismo porque el ámbito político no es algo que está por fuera del ámbito de la sociedad. Quienes hacemos política somos parte de la sociedad y muchas veces para mal o para bien es un reflejo también de la sociedad. Como en todos lados, hay gente buena, mala, gente honesta, gente corrupta, machistas y no machistas. Digamos, no sé si hay en mayor o en menor medida. Llega todo como está en la sociedad, entonces, como vivimos en la sociedad machista hay mucho machismo en la política. Lo que pasa es que tal vez se ve más porque las mujeres en el ámbito político peleamos por espacios de poder, que es desde donde nos sacan todo el tiempo. Entonces, si vos te dedicás a otra cosa que tiene un ejercicio como más tradicionalmente asignado al rol femenino tal vez se nota menos que en estos roles que son tradicionalmente asignados a lo masculino.

“Los niños no deben nacer en las condiciones en las que yo nací. Ahora, si sobreviví y mi mamá pudo estar conmigo por quince días y pudo darme la teta es porque el ser humano es más fuerte de lo que uno piensa”

-¿Cuál crees que es ahora mismo el tema que más nos urge en la agenda feminista?
-La legalización del aborto, porque es la que más cuesta. Hace dos años cuando presentamos el proyecto de ley de acoso callejero, que lo presenté yo, salieron muchas notas en medios, sobre todo audiovisuales. Me decían: “¿Cómo vas a ilegalizar el piropo si te están diciendo cosas lindas? Es cultural”. Yo ahí pensé que no iba a salir pero al menos pusimos el tema en discusión. Y ayer (viernes 17 de noviembre) sacamos un dictamen, está en condiciones ahora de ir al recinto y que saquen la ley. O sea, ahora esos temas que vos decís bueno, por ahí no salen, siempre y cuando no se metan tan profundamente en la discusión de romper con la organización de género en la que un género subordina al otro, puede pasar. Y el único proyecto de ley que tenemos que discute el lugar de la mujer en la sociedad es la legalización del aborto.

-Y hoy en día es algo que va a costar muchísimo por parte de cualquier político que lo logre porque además va a tener que enfrentarse a un Papa argentino.
-Vos sabés que yo creo que eso no… Lo que pasa es que creo que la prohibición del aborto es tan profunda como la propia iglesia, y que ya en un punto estás empapada de la Iglesia. Yo ya no sé si la Iglesia argentina hoy tiene tanta influencia política. Si no, Macri podría estar más corto con el Papa y no es así, entonces, descreo de eso, es más una excusa la Iglesia que la realidad. Me parece que la prohibición del aborto tiene que ver con el lugar de la mujer en la sociedad y lo que los Estados construyeron como valor cuando se formaron. Los Estados, cuando se forman como Estados decían: “Bueno, cuanto más personas tengamos más grandes van a ser los mercados internos, cada ser humano es un valor que nosotros tenemos. Entonces, cuanta más gente tengamos viviendo dentro de nuestros Estados, más ricos vamos a ser”. Desde ese punto de vista, la madre se convirtió en una máquina de reproducción y el útero de la mujer en algo protegido por el Estado. La Iglesia ayudó pero el Estado lo protegía. Y lo que tenemos que romper es con eso, la mujer no es una incubadora.

-La contraparte de eso es de un pensamiento muy de derecha, históricamente, el argumento conocido de “se embarazan para cobrar planes”.
-Pero eso es más nuevo. La sociedad en el siglo XII soportaba el aborto cuando eran mujeres pobres. Me parece que tiene que ver, antropológicamente, con la concepción del Estado. Lo tenemos que pelear desde el lugar de la mujer pero tenemos que pensar desde dónde viene la prohibición, porque si no es difícil pelear contra ella. Empezás a pelear contra la Iglesia cuando, en realidad, hoy la Iglesia, si vas a los lugares más humildes, no tiene el mismo nivel de inserción, ni de extensión, ni de influencia.

-En la Argentina, el aborto es la principal causa de muerte materna en el país. Se practican 500.000 abortos ilegales anualmente que terminan con 80.000 internaciones y 100 mujeres muertas, y un tema del que no se habla demasiado es el de la violencia obstétrica en el post-aborto.
-Yo creo que no se habla de la violencia obstétrica de ningún tipo. Ahora empezó a hablarse más en algún sector más de clase media y empieza aparecer toda esta idea del parto en la casa, del parto respetado. Yo creo que lo que hay que instalar es el concepto del parto respetado y que tiene que ver con que cada una tenga la información necesaria para poder tener el parto que deseamos. La que quiere tener en la casa, en la casa; la que quiere que sea en un hospital, en un hospital; la que quiere que sea sentada, sentada; la que quiere que sea acostada, acostada; y la que quiere que sea cesárea, cesárea.

-¿Vos qué preferiste cuando diste a luz a Trilce?
-Yo tuve mucho conflicto interno con ser madre biológica, por mi historia. En mi sexto mes de embarazo me llama un compañero y me dice que me recomienda una amiga que es doula. Yo, la verdad, nada más lejos de tener un parto en mi casa. Yo quería mucha enfermera alrededor. Hospital, médicos, lo único que me salió decirle a mi amigo fue: “Para parto natural ya estuvo mi mamá en mi familia, no quiero parto natural, quiero parto con anestesia, no me jodas”. Quería que fuera distinto, lo más diferente posible al parto natural. El embarazo te conecta mucho con tu bebé. Los niños no deben nacer en las condiciones en las que yo nací. Ahora, si sobreviví y mi mamá pudo estar conmigo por quince días y pudo darme la teta es porque el ser humano es más fuerte de lo que uno piensa. Me quería alejar de esa experiencia.

“Mucho de lo que estamos viviendo es el resultado de que una parte grande del progresismo, de la izquierda, de un sector más popular argentino haya confiado en un proyecto político que, en un momento donde lo podíamos hacer, no impulsó una democratización sindical”

La habitación se oscureció con el transcurso de la charla, hasta que entra Trilce con un helado chorreando. “Hola mi amor”, dice Victoria y le sonríe. La sube sobre sus piernas y continúa mientras se mima con su hija. Victoria y Pablo encontraron el nombre Trilce en un poemario del poeta peruano César Vallejo. Algunos estudiosos opinan que Trilce es la mezcla entre las palabras “triste” y “dulce”, y que esto da lugar a un ser capaz de vencer a la tristeza.

-Te iba a preguntar si diste de amamantar a Trilce y me acordé que fuiste a la teteada masiva en la plazoleta de San Isidro el año pasado.
-Sí, yo le dí la teta a Trilce y ahora que tiene tres años se acuerda y me pide, y yo le digo: “No, las nenas no toman teta, las bebés toman teta”. Y ahora me pide coca y yo le digo: “No, las nenas no toman coca, las mamás tomamos coca con fernet”.

-¿Crees que la legalización del aborto podría significar una transformación en el trato que reciben las mujeres por parte del sistema médico hegemónico?
-Mmm no, yo creo que puede llegar a mejorar un poco. Imaginate que hoy cuando vos vas a parir te tratan mal aunque no estés violando ninguna ley, entre comillas. Si existe violencia obstétrica en el parto, cómo no va a existir la violencia obstétrica post-aborto, esté o no legalizado. Es porque la violencia obstétrica tiene que ver con otra cosa. Con la concepción de la profesión, con las leyes vigentes, con hacerse cargo de las pautas. Si vos no tenés forma de sancionar leyes para que se cumplan es un poco difícil. Puede bajar un poco pero tiene que ver con la carrera en sí, y con las formas del ejercicio de la carrera.

-¿Preferís pelear por los derechos de las mujeres en la calle o en la legislatura?
-En la calle. Jajaja, si. Pero bueno, entiendo que cada uno tiene un rol… Me gusta pelear por los derechos de las mujeres, y pelear es pelear donde te toque. Si me preguntás prefiero la calle con mis compañeras pero hoy me toca estar acá adentro y trato de hacerlo lo mejor posible.

-¿A tu papá de crianza todavía lo vas a visitar al penal de Ezeiza?
-Sí, todavía voy a verlo.

“Creo en las alianzas, en los frentes políticos, no en los partidos únicos. No creo que hoy un partido puede interpelar a una porción grande de la sociedad, creo que en un momento en que la sociedad es diversa, los frentes se deben construir igual de diversos”

-¿En qué condiciones te parece que se encuentra el sistema carcelario?
-Las cárceles federales son un mundo. Más allá de los detenidos en el pabellón por delitos de lesa humanidad, yo como presidenta de la comisión de Derechos Humanos visito cárceles. Las cárceles de la provincia de Buenos Aires son la antesala del infierno, el último escalón al infierno, y las cárceles federales son el anteúltimo. Así están. Son malas las condiciones carcelarias, tenés algunos penales, los más nuevos, que quizás están mejor adaptados y hoy tenés algunos avances de muchas cosas. La política carcelaria federal mejoró un poco más con esta gestión que con la anterior. Hay determinadas partes de la política carcelaria de las que nadie se ocupa, que tiene que ver, por ejemplo, con las condiciones de las visitas. Y eso viene mejorando lentamente, pero bueno, porque nadie se ocupa de eso.

-¿Cómo son las condiciones de visita?
-En las cárceles de hombres tenés varios trámites para hacer y todo tiene un nivel de burocracia increíble. Un poco porque el personal del sistema penitenciario está formado para otra cosa, está formado desde un punto de vista militar. Tenés que estar a las nueve de la mañana en Ezeiza o Marcos Paz o el que te toque para que termines ingresando al mediodía. En el medio vos vas a visitar con bolsas llenas de mercadería porque la comida escasea ahí adentro. En Ezeiza hay días que no te dejan entrar con capucha, otras veces no te dejan entrar con campera negra o gris, otras veces no te dejan entrar con zapatillas y otras veces no te dejan entrar con zapatos. Además de eso pasás por el escáner. A los nenes chicos les hacen inspección ocular genital, algo que está prohibido. Entrar es difícil, estar ahí es difícil.

-¿Qué diferencias notás en relación a las cárceles de mujeres?
-Una cosa es el sistema penitenciario federal, donde el 70% de las mujeres están detenidas por infracción a la ley de estupefacientes. Hay una diferencia muy clara entre las cárceles de mujeres y las cárceles de hombres que tiene que ver con las visitas. A las mujeres no las visita nadie. Sus parejas, o están presas o no las quieren ir a ver, y sus familiares mujeres están cuidando a sus hijos. Con lo cual hay mucha menos cola para visita en las cárceles de mujeres.

-¿Por qué pensás que en los últimos años del kirchnerismo había muchos paros pidiendo por ganancias y en todo lo que va del macrismo, con leyes que se perfilan avasallando nuevos derechos, hay menos paros?
-Yo creo que mucho de lo que vivimos hoy es el resultado político y cultural del kirchnerismo, ¿sabés? Yo creo que hay que hacer una autocrítica. Yo no me siento ni representada ni siento que los intereses de los trabajadores sean representados hoy por parte de esa cúpula sindical, obvio. Pero estoy convencida de que mucho de lo que estamos viviendo es el resultado de que una parte grande del progresismo, de la izquierda, de un sector más popular argentino haya confiado en un proyecto político que, en un momento donde lo podíamos hacer, no impulsó una democratización sindical. O sea, hasta en eso vuelven los 90.

-Vos, que te has ido de varias alianzas, ¿a qué límite llegás de participación en estos frentes?
-Yo creo que cuando te das cuenta de que la dirección del espacio político donde vos estás participando tiene un rumbo que no compartís, es como que te tenés que ir. Y en eso a mí me parece que estuvimos demasiado con el kirchnerismo. Yo le creí a Kirchner cuando convocó a hacer una nueva política, por eso entramos en el 2004. Ahora, en el 2006 cuando apoyó a Rovira, ex gobernador de la provincia de Misiones, en la re reelección, le dejé de creer. Así que si eso es hacer una nueva política y en Misiones seguís apoyando a lo mismo de siempre prefiero irme. Yo no creo en los microemprendimientos ni en las cosas individuales aisladas, creo en los colectivos.

“El progresismo le hace mucho daño a la política cuando se niega a discutir casos de corrupción, por ejemplo. Seguir defendiendo a Boudou, a De Vido, lo único que hace es consolidar que una parte de la sociedad siga siendo amarilla. Creo que la foto de los referentes kirchneristas con el complejo penitenciario atrás se las recomendó Durán Barba”

-¿Y por qué Sergio Massa?
-De todas formas no terminamos en una alianza con Massa, pero Massa es un dirigente con quien tengo alguna mirada común. Las políticas sociales, por ejemplo. Me parece que hizo una muy buena gestión de la ANSES, hizo una muy buena gestión en el Municipio de Tigre. Malena, su compañera, que es parte de esa estructura política, es una dirigente con la cual me siento identificada en cuanto a cómo encarar la política social en el territorio y porque creo en las alianzas, en los frentes políticos, no creo en los partidos únicos. Yo no creo que hoy un partido puede interpelar a una porción grande de la sociedad, creo que en un momento en que la sociedad es diversa, los frentes se deben construir igual de diversos. ¿Por qué en un momento me parecía Massa una salida? Porque cuando vos tenés que consolidar ese espacio político, que es a la hora de armar el programa, todos los espacios tenemos que poder discutirlo, y si mi espacio político no puede discutir el programa de gobierno, para mí, es un problema porque yo quiero discutir no sólo las políticas sociales sino también la política de seguridad.

-Antes hablábamos de la CGT, pero pareciera que la sociedad ha vuelto a un discurso de los 90, si se quiere, y está muy pintada de amarilla.
-Es el resultado político que quedó del kirchnerismo. El 50% que votó a Macri, al gobierno Cambiemos, una parte de eso -por ahí un 20- la votó a Cristina en alguna otra oportunidad. ¿Qué, se volvieron fachos de repente? ¿Qué pasó? Y, pasó la excepción de la política. Yo creo que el progresismo le hace mucho daño a la política cuando se niega a discutir casos de corrupción, por ejemplo. Seguir defendiendo a Boudou, seguir defendiendo a De Vido, lo único que hace es consolidar que una parte de la sociedad siga siendo amarilla. Vos podés criticar por qué Boudou hoy tiene prisión preventiva, en eso tenés que reformar la Justicia pero también a una parte de la sociedad que cree que si mete todo adentro de un penal resolvimos el problema. El 70% de los presos tienen preventiva. Entonces, yo critico la preventiva para todos. Ahora, yo no veo a ninguno armar un frente de liberación de Lázaro Báez, y también tiene preventiva. Y de ahí a decir que Boudou es un perseguido político, muchachos, o sea… era un vicepresidente, un poco de autocrítica. Yo creo que ese tipo de acciones lo único que hace es conseguir favores al macrismo. Creo que la foto de los referentes kirchneristas con el complejo penitenciario atrás se lo recomendó Durán Barba. La verdad, no entiendo.

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