Vicente Viloni, estrella de 100% lucha: “Es muy difícil reconocer cuando se te termina la carrera”

Texto: Ignacio Dunand / Fotos: Julieta Fernández

 

 

“Yo no soy Superman ni el Hombre Araña, soy un ser humano”, dice Norberto Adrián Fernández, popularmente conocido como Vicente Viloni, estrella del programa 100% lucha. Fue sodero hasta 2008, año en que decidió abocarse únicamente a su pasión: la lucha libre. Creador de frases como “ustedes son mi fuerza” o movimientos como “el vuelo del águila rubia”, hoy lleva adelante un negocio propio: una peluquería infantil en Villa Devoto.

-¿Qué lugar ocupa la lucha en tu vida?
-A los 26 años tuve la oportunidad de conocer en persona a los Titanes en el Ring y subirme por primera vez a una colchoneta. Yo era fanático y espectador, nunca imaginé que iba a terminar arriba de un ring. Fui con la idea de sacarme una foto con ellos y a la semana siguiente debuté en Titanes. Mi primer mano a mano como “Mr Moto” fue con “El coreano Sun”, uno de los villanos más grandes del programa. Lo tenía frente a mí, yo lo miraba por la tele cuando era un pibito. En ese momento supe que la lucha era lo mío y a medida que transcurría el combate fui desarrollando un estilo propio: me mandé un vuelo y me rompí toda la espalda con el piso. Todos me decían que estaba loco. Esos golpes me forjaron una técnica salvaje y arriesgada.

 -Trabajar para la televisión te debe haber limitado un poco, ¿cuánto de guión y cuánto de espontaneidad hay?
-En Titanes en el Ring 2001 no había mucho guión salvo algunos clips de presentación. El resto era lucha. En 100% lucha era todo lo contrario. Había líneas argumentales para cada luchador. Y esto fue en cierta medida un problema, ya que teníamos una sola hora de programa. Al principio metíamos 5 peleas y después tuvimos que recortar una porque no alcanzaba el tiempo. De hecho, la mayoría estaban editadas porque no entraban en la franja horaria que teníamos que cumplir.

-¿Convertirte en luchador fue tu sueño de toda la vida?
-No. Empecé de chiquito como boxeador. Mi viejo era boxeador y me inculcó ese cariño por el deporte. Mi primer par de guantes me los regaló él. De joven me incliné por el fisicoculturismo porque tenía muchas condiciones. Competí en mi primer torneo a los 14 años. Estuve en el fisicoculturismo hasta los 19. Igual, en mi cabeza siempre había otros proyectos: siempre quise ser biólogo marino. Me encantan los animales, en especial los que están en el mar. Pero bueno, mi viejo no me podía bancar los estudios y las vueltas de la vida me llevaron para otro lado. Tuve que salir a laburar de pibe porque no nos alcanzaba la plata.

-¿Tu mamá trabajaba?
-Desde que tengo uso de razón mi mamá siempre fue una persona con alguna enfermedad, así que nos manejábamos con el sueldo de mi viejo. Pese a esto, tuve una infancia feliz, en la calle con mis amigos. Los recuerdos de casa siempre fueron tristes. De sufrimiento, de verla mal a mi vieja. Esas cosas las superé descargándome en el deporte. Me salvó de caer en el abismo. Nunca vi en la droga o en el alcohol una solución a mis problemas.

-¿Tu viejo era un tipo exigente?
-Para nada. Él vio en mí condiciones para pelear y me encaminó para ese lado. Yo creo que el sueño de él hubiese sido que me dedicara al boxeo profesional. Igual creo que no lo defraudé. Las veces que me presenté en el Luna Park, él estaba ahí acompañándome.

-Recién hablaste de tu paso por el fisicoculturismo y tus hábitos sanos en el deporte, ¿usaste esteroides?
-No te voy a mentir, a los 17 años usé esteroides. No aportaron nada sano a mi cuerpo. Entendé que es una exigencia del deporte: vos subís a un escenario donde competís con diez atletas drogados y obviamente vas a perder, por más buena genética que tengas. En la lucha libre, jamás. Si haces una buena dieta y entrenamiento, con la suplementación natural vas a estar con un lomo bárbaro.

“Me sentí muy identificado con Mickey Rourke en El luchador. En la parte en que firma autógrafos, en su decadencia, me sentí muy tocado. Me causa angustia. Me veo así en un futuro. Es muy difícil reconocer cuando se te termina la carrera”

-Después de Titanes, surgió Vicente Viloni, ¿cómo llegaste al personaje?
-Tanto en Titanes en el Ring como en 100% lucha me dejaron ser quien soy. Sacando el nombre artístico, el resto soy yo: me gusta el rock and roll, el metal, las camperas de cuero y las motos. A los 6 años empecé a escuchar Kiss. No te escucho una cumbia ni en pedo. Tanto Paulina Karadagian, la productora de los Titanes, como Eduardo Husni, en 100%, respetaron mi imagen. Si lo analizás, entre Mr Moto y Viloni no hay diferencias. Eso, en parte, se lo debo a la mente brillante de Husni: el hombre detrás de cada personaje. De hecho, yo llegué a 100% lucha gracias a él. Después, Viloni se construyó en la práctica. Era Leo Montero el que me daba el micrófono para que hable. Eso me ayudó a llegar a la gente, a tirar frases que inventaba en el momento pero eran lo que sentía.

-¿Sentiste presiones a lo largo de tu carrera?
-Sí, en el último Luna Park que hice. Ese Luna fue un 12 de diciembre y la cartelera era la despedida de Vicente Viloni. Me sentí muy presionado, el Luna Park se tenía que llenar por mí. Estuve muy nervioso, muy shockeado. Lo bueno, es que el estadio explotó de gente. Ese fue el último 100% lucha original.

-¿Te veías venir el final del ciclo?
-No y fue una pena. Cuando Telefé nos sacó del aire empezaron a pasar programas repetidos y luego, con la llegada de Tomas Yankelevich, repeticiones de novelas de Cris Morena. La promesa del “más adelante vuelven” fue falsa y se dejó de invertir en producción original. Eduardo Husni fue el encargado de anunciármelo. Ahora soy luchador independiente, laburo para la empresa que me llame. Por ahora me va bien, viajo mucho, ya no estoy colgado de un contrato. Ya no soy la cara de un programa, soy un luchador más.

-Titanes fue un hito de la televisión, ¿te esperabas los resultados favorables de 100% lucha?
-Jamás. Cuando arrancamos en 2006 iba a ser un programa de verano. Y con el éxito no paramos. A los dos años estábamos haciendo una película. Yo creo que ni Husni se veía venir tanta repercusión. Estuvimos cinco años en el programa y sin parar. El casting tuvo mucho que ver en la respuesta del público. Los que evaluaban eran Husni y Rubén “El ancho” Peucelle: había compañeros de titanes, muchos luchadores que no conocía y también actores. Una mezcla interesante. Cuando me llamaron para decirme que había quedado seleccionado no dimensionaba todavía la magnitud del show. La posta me cayó cuando conocí los estudios de Telefé y a Osvaldo Príncipi: “Acá hay algo en serio”, me acuerdo que dije.

-De ser luchador a manejar una peluquería hay un cambio muy grande, ¿es redituable la lucha?
-Yo me construí una casa, me compré una moto y formé una familia. Me funcionó. Pero la realidad es que en la mayoría de los casos no es muy redituable.

-Una de las características más llamativas de Viloni es su pelo largo, ¿cuánto tiempo le dedicás a su cuidado?
-Una vez al día me lo lavo. Shampoo, crema de enjuage y secador. No hay ningún truco más.

-Lo que pasa que la figura de Vicente es la de un tipo metrosexual. ¿Lo imaginaste así?
-Al principio me decían que el personaje era un stripper. Lo imaginé fachero pero no me siento metrosexual para nada.

-La constante adrenalina de tu actividad, ¿te llevó a vivir situaciones de riesgo en la profesión?
-Es raro que salgas del ring ileso. Estuve a punto de morir en una de las luchas más recordadas por los fans de 100%: la final por el Cinturón de Campeones y las Fauces de Salaman (2008) contra el escocés Mc Floyd. Hay una escena que si la ves detenidamente muestra el momento exacto del accidente. En un momento, nosotros salimos del ring y trasladamos la acción afuera. En los pasillos de Telefe estaba la puerta del ascensor de carga y, en una toma, Mc Floyd me arroja hacia ahí. El ascensor no estaba, la puerta cedió. El instinto hizo que me quedara colgando en vez de caer al vacío. El ascensor estaba en el piso de arriba. La cara de Mc Floyd se había transformado de la desesperación y me empezó a sacar con ayuda. Salí lastimado y con dos costillas rotas. Desde la producción me dijeron que nunca diga nada porque podía correr peligro el programa.

-¿Te pagaron una compensación?
-No, no. Pero me proporcionaron atención médica de primer nivel. Yo creo que la tuve a mi vieja como un ángel y que eso me salvó. Son gajes del oficio: en el cuerpo lo que más tengo son cicatrices.

“Tanto en Titanes en el Ring como en 100% lucha me dejaron ser quien soy. Sacando el nombre artístico, el resto soy yo: me gusta el rock and roll, el metal, las camperas de cuero y las motos. A los 6 años empecé a escuchar Kiss. No te escucho una cumbia ni en pedo”

-¿Qué sentimientos te provoca haber trabajado con el mítico Rubén Peucelle?
-Un honor. Y pensar que al principio lo tenía más como un mentor del que aprendía constantemente. El momento que me marcó para siempre y terminó de forjar una amistad fue en una entrevista que nos hicieron juntos. En una pregunta dirigida a él le dicen: Rubén, ¿para vos quién es “El ancho” de ahora, tu sucesor? “Vicente Viloni”, respondió. Casi me muero. Lo extraño mucho, fue un tipazo.

-Si hablamos de 100% lucha en el cine, ¿tomaste clases de actuación?
-Nunca pisé una escuela de teatro. Más allá de que me divertí, la primera película que hicimos fue durísima. Me agarra Eduardo un día y me dice: mirá vamos a hacer una película. Te vamos a necesitar 3 meses como mínimo, durante las 24 horas. En el set de grabación, me tiraron un libreto para estudiar. Fue un desastre. Los nervios me fulminaron. Mi personaje era medio tonto, no estaba hecho como era yo arriba del ring. En la segunda película, mejoré un montón de cosas. Me ayudaron mucho y la historia estaba buenísima. Fue una lástima que se estrenó cuando se desató el brote de Gripe A en el país. Los pocos que había en el estreno, fueron con barbijo. Eso condicionó un poco la audiencia. No la sacaron ni en DVD para venta en puestos de diarios. No la pasan ni en Telefé. Pero la conseguís trucha o en Youtube, ya la deben haber colgado.

-¿Tenés una película de boxeadores/luchadores favorita?
-Me sentí muy identificado con Mickey Rourke en “El luchador”. En la parte en que firma autógrafos, en su decadencia, me sentí muy tocado. Me causa angustia. Me veo así en un futuro. Es muy difícil reconocer cuando se te termina la carrera.

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