Padre Pepe: “El verdadero progresista tiene un pie en el barro de la villa”

Texto: Julio De Bonis / Fotos: Mauro David

 

José María Di Paola, el mayor de sus tres hermanos, se crió en Caballito, cerca del parque Centenario. En la secundaria, si bien tenía una inquietud religiosa, se imaginaba un futuro en la docencia, dando clases de historia. Ante su falta de certezas comenzó el curso para entrar a derecho. Su madre, la más católica de una familia muy unida, no pudo ocultar su desazón cuando el primogénito decidió cambiar de rumbo e ingresar al seminario. “Padre, siempre recé por las vocaciones sacerdotales porque me lo pedían en la Iglesia, pero nunca pensé que iba a ser mi hijo”, le confesó al cura que presentó a su hijo al seminario.
La anécdota es de unos treinta años atrás. El hijo es hoy conocido por todos como el padre Pepe, uno de los curas villeros más famosos de nuestro país. En la capilla de José León Suárez, al borde del barrio la Cárcova, recibe a revista Almagro dos días después de lo previsto. ¿El motivo de la postergación? Una muerte violenta.

-En los barrios obreros, en las villas, estamos acostumbrados a convivir con la muerte violenta. Lamentablemente es una realidad mucho mayor de la que se piensa o de la que muestran los medios. La muerte de un vecino hace que, tristemente, muchas veces nuestra primera tarea sea acompañar a las familias y ayudar en lo que se pueda.

-¿Los curas villeros sienten que los medios no reflejan debidamente el nivel de violencia actual?
-No se analiza con profundidad, se parten de los efectos y se habla de si hay que poner cámaras, policías, que es parte de la realidad, pero más importante es buscar las causas de esta realidad que está desmadrada. En el 2009 hicimos un documento que se llamaba “La droga en las villas despenalizada de hecho”, y cuando hablamos de lo que era el fenómeno del paco en las villas de la capital también dedicamos un párrafo bastante grande a las armas. ¿Por qué tiene que haber armas en la calles? ¿Por qué los adolescentes o los niños pueden ya tener un arma? El niño o el adolescente las tienen porque algún adulto se las dio. Entonces hay un tema más profundo que no se termina de analizar. A veces nos desgarramos las vestiduras porque en Estados Unidos está permitido, lo que es lamentable porque es una vergüenza que un país permita tener armas y vivir armados.

 -Y la semana pasada con el Black Friday rompieron los récords de ventas de armas.
-Claro, más con el presidente que tienen ahora. Yo digo, nosotros miramos eso y decimos: “¡Qué vergüenza!”. Y la realidad es que en nuestro país muchísima gente tiene armas. Y muchas de las muertes que hay se evitarían si no las tuvieran. Esperemos que alguna vez la autoridad política toque ese tema. ¿Qué pasa? Muchos de los que llegan a puestos claves en la Argentina nunca han pasado por barrios así. Yo lo que haría, a modo de experiencia para poder analizar las cosas como corresponden, es que quien llega a un cargo público deba por lo menos vivir un par de meses o un año en un compromiso serio en barrios marginales y pobres de la Argentina.

«La denuncia sola no sirve porque hay muchos que están en ese barrio confiando en vos y ven en vos la esperanza de algo. Si te dedicás a la denuncia y te vas, dejaste en la ganchera a un montón de gente».

Sería interesantísimo que un juez, un diputado, un gobernador y las autoridades de cualquier religión vivan el día a día en barrios así para tener una mirada más completa. Bergoglio en parte la tuvo, por eso la diferencia en la mirada. Porque a veces las miradas que tienen son porque fueron a un seminario en La Haya o estudian el tema de la adicción en Suecia… Y qué importante es que la única verdad es la realidad, y la realidad es que tenés un conurbano de quince millones de habitantes en donde hay más de un millón de pibes que no estudian ni trabajan. Esas son las realidades que necesitan respuesta.

-Mencionaste sin nombrarlo a Donald Trump, que ganó las elecciones de Estados Unidos con un discurso muy xenófobo. Marinne Le Pen tiene una altísima intención de votos en Francia con ideas similares y Francisco está preocupado por el rechazo a los inmigrantes que llegan en barcas a Europas. Acá, hace poco Picheto se pronunció de manera muy dura contra los habitantes de países limítrofes, a quienes acusan de venir a delinquir…
-(Interrumpe) Sí, una vergüenza.

«Nuestro planteo es que llega una madre a internar a su hijo y no hay lugar. Hay provincias que no tienen nada».

-Agrego que la ministra de Seguridad Bullrich quiere una cárcel para extranjeros. ¿Cómo impacta el fenómeno xenófobo en los habitantes de las villas? 
-Siempre la gente de la villa sintió este tipo de experiencias. De hecho, me consta que en la villa 21 todos tenían que truchar su domicilio porque de lo contrario no conseguían trabajo.

Después muchos cambiaron porque se dieron cuenta de que los mejores albañiles y de que el mejor personal doméstico estaba en las villas. Sin embargo, esto de ser villero muchas veces es un insulto entre los mismos chicos, que lo habrán escuchado en su familia. Las palabras negro, villero… Esta xenofobia está presente en la Argentina hace mucho y es lamentable que quienes ocupan la función pública, sean del partido que sean, tengan actitudes xenófobas y se permitan eso. Creo que si la misma guasada la hubieran dicho otras presencias del país estarían pidiendo disculpas obligatoriamente. Denigrar a los países limítrofes para algunos es un deporte y también sirve para justificar la inoperancia que hay en ciertos lugares… Muchas veces vemos que el sistema de salud no responde, que a quien necesita un tratamiento oncológico se le retrasa el suministro y la culpa la tienen supuestamente los extranjeros que vienen. Pero no dicen que esos extranjeros que vienen hacen trabajos que los argentinos ya dejaron de hacer. Es una mirada corta. Que una persona común y corriente sea xenófoba habla mal de la cultura nuestra, pero me preocupa que lo asuma ese discurso un político.

-¿Y por qué lo dicen? ¿Buscan un chivo expiatorio para las soluciones que no pueden dar ellos?
-Sí, tienen que ver con costumbres malas. Los políticos estudian dónde están los votos, entonces dicen: para el mundo progresista hago esto, para el mundo xenófobo esto otro. Creo que Trump hizo eso. Más allá de lo que él piense, sabía que políticamente servía eso.

15503014_10211171628554870_1292236487_o

La mirada del padre Pepe parte siempre de la villa. En el seminario ya escuchaba mucho hablar de la opción preferencial por los pobres, de una Iglesia para los pobres. Nunca se desviaría de esa idea. En 1996, Bergoglio lo envió a Ciudad Oculta a atender a sus jóvenes. Después quedó como párroco de la 21, en Barracas, por 15 años. Era por entonces la villa con peores índices de violencia de la capital. Sin embargo, la droga no era un problema a gran escala. Pepe la observaba entre algunas pandillas del barrio, que igual consumían más alcohol que sustancias ilegales. Por esa época creó Columna, un grupo para ayudar a adictos, por lo que podía dimensionar el fenómeno. El 2001 llegó con una tremenda crisis y con desazón el padre observó cómo aumentaba la cantidad de jóvenes en situación de calle. Antes, quienes estaban sin hogar era porque carecían de uno, pero de pronto se trataba de caras conocidas. ¿Cómo este pibe que estaba tan bien, de pronto está así?, se preguntó. La respuesta tenía nombre de colonia juvenil: Paco.
Pepe define al fenómeno de ese subproducto de la cocaína como un tsunami, una ola gigantesca que dio paso a la catástrofe. Eran tiempos de perplejidad. Recurrió al Estado pero se cansó de su “burocracia inoperante”. Recuerda el punto de inflexión: un pibe quería recuperarse y él le consiguió una entrevista en el Sedronar con psicólogos, trabajadores sociales y demás profesionales. Era miércoles. Lo buscó, lo llevó a bañarse, le dio ropa y se presentaron. Los especialistas encontraron aceptable el caso, pero ese era sólo el primer filtro. El joven debía volver a la calle y asistir nuevamente el miércoles siguiente; la vena de Pepe empezaba hincharse. La secuencia se repitió con exactitud en la nueva entrevista. El pibe se agotó: “gracias Padre por lo que hizo, pero yo acá no vuelvo más”. Así se fundó el Hogar de Cristo, el puntapié de los centros barriales.

-Son esas reacciones en las que hay que dejarse llevar por la bronca y por el espíritu. Yo tenía dos parroquias, la Caacupé y la virgen de Luján, en Zabaleta. Esta última era muy grande, así que la partí al medio y dije “a partir de ahora, este es el centro de recuperación de los chicos”. No sabíamos nada, pero dijimos: vamos a hacernos cargo nosotros. Eso permitió ir organizando y dimos en el clavo metiendo a la comunidad dentro de la recuperación. Porque hace 40 años sólo se pensaba que un ex adicto podía recuperar a los chicos, con la ley de salud mental se fue al otro extremo de pensar que sólo un psiquiatra. Mentira, se piensa que el tema adicciones es de un especialista y por eso la comunidad nunca lo asume.

«Está bueno contar con un ex adicto porque va a ser un buen operador terapéutico y está bueno contar con psiquiatras porque nos van a dar un buen diagnóstico, pero si no está la comunidad metida, esos dos no pueden hacer nada».

Nosotros dijimos: es de la comunidad, está bueno contar con un ex adicto porque va a ser un buen operador terapéutico y está bueno contar con psiquiatras porque nos van a dar un buen diagnóstico, pero si no está la comunidad metida esos dos no pueden hacer nada. Entonces los centros barriales que organizamos en esa época y que se siguen multiplicando son una comunidad que se hace cargo de los chicos adictos de su propio barrio. Con encuentros permanentes porque están abiertas de lunes a lunes, almuerzan, tienen reuniones de autoayuda donde vamos conociéndolos. Después de tomar esa decisión pudimos encarar un buen diálogo con Sedronar, estaba Granero en esa época y vio que teníamos estructura: un operador terapéutico, un trabajador social, un psiquiatra, que el chico venía todos los días, así que nos dieron la libertad para que decidamos nosotros a quién y adónde había que internar. Eso cambió el vínculo con Sedronar en forma positiva.

-Encabezaste protestas, hiciste denuncias, ¿te arrepentís en algún punto de haber dado una pelea tan frontal contra el narcotráfico?
-En ese momento me parecía necesario porque de eso no se hablaba, entonces las denuncias de los curas de la villa repercutieron profundamente. Lo malo es que me tuve que ir de la villa 21 y cada vez que voy a la villa 21 no termino de aceptar que me fui.

«Los matan porque la gente tiene armas y los chicos no tienen trabajo, tienen muchas dificultades para llegar al estudio y encima lo único que le das es que puedan fumarse un porro».

-Te generó mucha angustia tener que irte, ¿no?
-Sí, lo siento como mi barrio, mi casa, la llevo adentro. Pero desde el punto de vista de Iglesia y de sociedad, creo que fue bueno. Activó a mucha gente, puso el tema en el tapete, fue flor de lío porque había quienes negaban esto. Cuando explota todo, Bergoglio lo asume y se pone él a la cabeza. Fue realmente muy bueno, pero este tipo de acciones tiene estos riesgos, en el momento que lo dijimos no lo medimos. Y a veces si las cosas se miden mucho dejan de ser espontáneas. Yo ahora siempre le digo al que está en el territorio que no denuncie, que lo haga otro.


Yo tuve la suerte de tener un grupo de curas que siguieron con mi tarea, pero si el cura está solo y se tiene que ir… ¿Quién sigue? Nadie. Por eso es importante para un cura o un militante social saber que la denuncia sola no sirve, porque hay muchos que están en ese barrio confiando en vos y ven en vos la esperanza de algo. Si te dedicás a la denuncia y te vas, dejaste en la ganchera a un montón de gente.

-En diciembre de 2013 se nombró al cura Molina al frente de la Sedronar y estuvo en el cargo hasta mayo del 2015. ¿Molina se acercó a consultarlo? ¿Tuvo algún tipo de relación?
-No.

-¿Cómo evalúa su gestión?
-Lo bueno es que hubo un reconocimiento a todo lo que fue abordaje territorial, modificó un punto que hizo posible que muchos de los dispositivos que hoy existen tuvieran una convalidación por parte del Sedronar y fueron reconocidos. Eso fue importante.

-¿Y le parece compatible un cargo de funcionario público como este con la vida sacerdotal?
-No, creo que es difícil, puede llegar a complicar. Como cura tenés tanta tarea para hacer… Me parece más importante abocarnos al barrio que estás, nosotros en la Iglesia tenemos parroquias de Ushuaia hasta la Quiaca.

-El gobierno de Macri puso como una de sus prioridades combatir el narcotráfico, desde un enfoque más armamentista, de reforzar la seguridad. ¿Le parece acertado este enfoque?
-La represión del narcotráfico le corresponde fundamentalmente al Estado. Muchas veces comprometen a la gente cuando le dicen que denuncien. Los vemos en varios municipios y en charlas que dan ingenuamente quienes no viven en los barrios y no saben que así ponen en peligro la vida de la gente. Hace poco quemaron un lugar por este tipo de denuncias. Creo que los servicios de inteligencia argentinos, en lugar de estar persiguiendo causas políticas, debieran estar trabajando en este contexto.

-¿Ha notado algún resultado positivo, algún avance?
-No, creo que nada. Lo que nosotros planteamos es que se declare la ley de emergencia nacional en adicciones, porque en 40 años el estado no ha hecho nada. (Nota de la redacción: El mismo día de la entrevista, el padre Pepe se reunió con funcionarios del Gobierno en la quinta de Olivos, y pocos días después se declaró la reclamada emergencia nacional en adicciones.) El consumo ha ido creciendo porque las fronteras son un colador, se fabrica acá, hay connivencia de un montón de gente y ha ido creciendo exponencialmente. Pero tampoco se ha trabajado en las causas. La droga creció en su consumo, en su proceso, ha crecido en el mercado rompiendo el tejido social de la Argentina. Como encargado de adicciones del episcopado pido a todos los gobiernos, nacional, provincial, municipal, que atiendan nuestro reclamo. Nuestro planteo es que llega una madre a internar a su hijo y no hay lugar, tiene que ver con lo que te decía de la burocracia. Hay provincias que no tienen nada, uno tiene la mirada de la capital, que nos quejamos pero al menos hay iniciativas. Yo estuve en Santiago del Estero cuando me tuve que ir dos años, e inclusive la ley de salud mental no se aplica porque no hay psicólogos ni psiquiatras que quieran ir a los pueblos. Todos se quedan en Santiago Capital. Y eso pasa en todo el interior.

 -Usted se pronunció a favor del uso medicinal de la marihuana. ¿Es la mirada de la Iglesia o trae problemas puertas para adentro?
-Nosotros nos oponemos al autocultivo, al que llaman cultivo solidario y a cualquier forma de liberación en este momento. Tenemos la planta de la marihuana, si sabemos que una parte es buena, que sea medicamento para esa persona que tiene epilepsia refractaria, no que te den una plantita. Porque esa plantita es el inicio de un consumo problemático para los chicos de la villa, entonces no la tengamos. Que sea como la efedrina, que te ayuda para la gripe. Porque decir tengamos marihuana todos es caer en un falso progresismo.

«Estamos en una etapa de chiquitaje, entonces si el Papa le da un rosario a Milagro Sala, si el Papa hace un congreso en el Vaticano y va un juez cuestionado por una parte… nos quedamos con eso»

El verdadero progresista tiene un pie en el barro de la villa y un pie en el lugar donde vive.

-O sea que el problema no es que en Palermo cultiven si no que legalizarlo abriría una puerta peligrosa en la villa.
-Exacto, el tipo que se dice progresista no puede pensar como un liberal, si no, que se haga liberal. Porque en realidad lo quiere él y después todos se justifican con que lo hacen por los pobres y dicen “hay que aprobar esto porque si no los matan”. Los matan porque la gente tiene armas y los chicos no tienen trabajo, tienen muchas dificultades para llegar al estudio y encima lo único que le das es que puedan fumarse un porro.

15515578_10211171468950880_1930292913_o-Veo muchas imágenes del Gauchito Gil en su parroquia, ¿No hay conflicto con la jerarquía eclesiástica al resaltar estos santos populares?
-No, al contrario, Bergoglio en ese sentido es muy respetuoso de la religiosidad popular. Los curas de las villas manejamos un concepto: cuando vamos a un lugar no vamos a imponer, nuestro modo de ver las cosas es llegar y ver de qué manera reza la gente, cómo se expresa religiosamente. Cuando llegué a la villa 21 era la virgen Caacupé porque los paraguayos son devotísimos de ella. Acá, que la mayoría son argentinos, es San Antonio Gil, que es un católico que le reza a la Virgen de Itatí, que fue perseguido, que buscó valores de justicia, que no va a pelear contra el Paraguay para no derramar sangre de hermanos… Tiene un montón de valores que la gente reconoce. Esta aceptación tiene un efecto muy bueno porque la gente no tiene problema en ser católico, bautizarse y creer en el Gauchito Gil. A Bergoglio se lo he comentado y le pareció bien este camino de respeto de la religiosidad de la gente. Además, cuando uno abandona eso, lo toman otros. La Difunta Correa era una concepción católica y lo tomaron otros, y el Gaucho Antonio Gil lo mismo. Decí que no llegamos tan tarde, pero lo han tomado algunos que lo unen a todo un lenguaje tumbero y con un montón de matices que no son positivos.

-Hablemos de Francisco… ¿No siente que cuestiona su autoridad al declararse abiertamente hincha de Huracán?
-En ese sentido siempre hubo rencillas y motivos de chiste, por supuesto.

-Ninguna acción del Papa pasa desapercibida en Argentina, estornuda y hay mil interpretaciones. ¿Cómo es tener un líder de la Iglesia y contar con un actor político tan relevante a nivel local?
-Lo bueno es que los valores y principios que veíamos nosotros en Bergoglio ahora los puede ver todo el mundo. Se ha convertido en un líder mundial. Hoy nos pasa con él lo mismo que a nosotros nos pasaba con Ghandi, Luther King… más allá de que eran de otras religiones.

-Eso como líder mundial, pero a nivel local es distinto.
-Es que ese liderazgo mundial capaz va a tardar en reconocerse acá, yo creo que Ghandi o Luther King fueron muy reconocidos pero después de un tiempo. Nosotros estamos en una etapa de chiquitaje, entonces si el Papa le da un rosario a Milagro Sala, si el Papa hace un congreso en el Vaticano y va un juez cuestionado por una parte… nos quedamos con eso, estamos con cosas chicas.

-También hay políticos que emergen e impulsan su carrera proclamándose voceros del Papa. ¿Eso es parte del chiquitaje?
-Yo creo que sí. Nadie tiene que ser vocero del Papa. El Papa puede tener mayor vínculo por historias anteriores con uno u otro, pero me parece que su figura tiene que estar más allá de las pequeñas historias argentinas.

-Pero inevitablemente, que él no sonría con Mauricio Macri y sí con Cristina Kirchner o que le haya otorgado mayor tiempo a ella es una forma de comunicar.
-Sí, entiendo que se haga el análisis de lo que decís. Pero muchos de los que los cuestionaron lo hicieron sabiendo que él sufrió en épocas donde lo ningunearon en el kirchnerismo, lo pusieron como jefe de la oposición y fijate que las mismas cosas hicieron después en este Gobierno. Lamentablemente, operadores de un Gobierno y de otro llegaron a la misma conclusión. En sus actitudes con Cristina, creo que tiene que ver con un apoyo a la Argentina para que pudiera terminar bien, que la democracia siguiera fuerte, y también eso de que Cristina nunca lo terminó de conocer a Bergoglio, siempre se manejaron con comentarios de otros y de pronto ella comenzó a conocerlo en más profundidad.

-Y también hubo una decepción en quienes no apoyaban a Cristina, porque lo veían como un opositor y se convirtió en Papa y no actuó como tal, se sintieron decepcionados.
-Claro, sin duda.

-De hecho, me sorprendió en algunas notas recientes que lo tenían a usted como protagonista, recuerdo una en Infobae donde veía comentarios del estilo: “ahora habla este cura K”.
-Sí, creo que también hay un ejército de gente que escribe pavadas todo el día. Primero que no conocen nada de las discusiones que tenemos y creo que el macrismo y el kirchnerismo son dos grupos pequeños. La mayoría puede ser más peronista, con matices algunos kirchneristas, algunos peronistas más tradicionales, otros radicales, grupos de izquierda. Esos son dos grupos que dado la coyuntura de una elección fueron los que hubo que votar, pero no significa que expresen cabalmente a la sociedad. Porque además muestran discusiones carentes de lo que antes pasaba, donde un partido político antes de ir a elecciones tenía su plataforma, se discutía de educación, de trabajo, de salud. Hoy es todo una cuestión de imagen, ponen un tipo porque mide mejor de imagen. Es todo más la sensación que la profundidad del mensaje.

-Acaba de recitar doctrina de Durán Barba.
-Claro, pero lo aplican todos. Debe asesorar a todos los muchachos.

-Volviendo a Francisco, se habla de un Papa reformista pero hay cuestiones de doctrina que parecieran imposibles de cambiar…
-Sí, por ejemplo, el tema del aborto, la Iglesia lo piensa así y los evangelistas también. Sin embargo, van y se pelean con la Iglesia, que no puede cambiar lo que piensa.

-Sin embargo, con la homosexualidad Francisco ha dado señales de abrir puertas a quienes eligen una opción sexual no heterosexual. Es sorprendente y ha despertado críticas internas. ¿Cuál es su postura?
-Creo que hay una apertura muy grande y el Papa lo explicitó. Es una realidad que vivimos en las parroquias, en los grupos, tenemos en el contacto permanente una mirada más amplia. Se habla de la Iglesia, pero la sociedad tiene una mirada mucho más corta en algunas cosas. Los análisis más simplistas te pueden decir “porque la iglesia”, pero es mentira, la Iglesia marca muchas cosas que la gente no cumple hace 100 años. Son miradas de la sociedad más broqueladas, en donde los principios son más moralistas, por así decirlo, que los de una sociedad que quiere ser más comprensiva con lo que le pasa al otro. Más allá que se va avanzando y que la ciencia también demuestra que hay gente que nace con cierta predisposición. Vivimos en un contexto diferente y hay una necesidad de nuevos planteos.

«Quienes llegan hoy a los seminarios por suerte son bien seleccionados, antes llegaban muchos sin vocación para ser cura, gente en busca de un refugio en el mundo».

-¿Acá abren las puertas a los homosexuales?
-¡Pero sí! Siempre. Acá se presenta como un Boca-River porque todas las noticias se discuten así. Por ejemplo, cuando fue el tema de la adopción… Los diputados nunca se preocuparon cuando llevé un montón de casos de chicos que querían ser adoptados por un matrimonio de hombre y mujer de la villa y decían que no porque vivían en la villa y eso no era bueno porque no tenían título de propiedad. Ellos se la pasaron discriminando, pero actúan con celeridad para decir este matrimonio homosexual puede ya tener sus hijos.

No lo voy a discutir eso, pero digo también que este tipo de cosas son llamativas de cómo piensan los pseudoprogresistas. Y durante años nunca pudimos que sólo uno pudiera adoptar un chico. Entonces es una sociedad mentirosa la nuestra, que se ha tragado a los pobres y después se jactan de ser los profetas de la libertad.

-Digamos que además de la igualdad de género, usted reclama la igualdad social.
-Esa no la vieron nunca. ¿Qué les pasa a los muchachos que llegan a la cámara y después se olvidan de esta realidad?

-¿Qué le pasó cuando vio las imágenes de José López tirando bolsos en un monasterio?
-No toca a la Iglesia, toca un hecho judicial, hay que separar. Lo que es judicial, chau, punto, es judicial. Lo que me molesta es que justamente fue, no sé si de cierta casualidad, cuando estaban hablando mal del Papa. Lo descubrieron justo en ese momento y en ese lugar. Pudieron haberlo descubierto muchas veces antes.

-¿Le suena raro que el llamado anónimo de un vecino del conurbano convoque a un patrullero con dos comisarios a bordo?
-Deja que pensar. Lo que sí, todos estos hechos que son judiciales tienen que seguir ese cauce y punto.

-Bueno, también pasa mucho con la política, hoy la primera plana de los diarios de mayor tirada reflejan hechos más policiales que políticos. Hablamos más de offshore o de robos desde del Estado.
-Sin dudas, es muy importante distinguir. Acá hay un ilícito, bueno, pero hay una tendencia de cierto periodismo de manchar a toda una institución con lo que pasa con dos tipos que podrían ser tranquilamente dos diputados.

«Es una sociedad mentirosa la nuestra, que se ha tragado a los pobres y después se jactan de ser los profetas de la libertad».

Encontramos dos diputados afanando, eso no quiere decir que toda la Cámara afane. Acá eran dos religiosas de más 90 años con un obispo, bastante complicado para gran parte de la Iglesia, que se murió; punto. Pero hay cierta tendencia en el periodismo anticatólico de unir estos casos y promoverlos. Ahora, cuando pasa con entornos que tienen que defender en ese momento lo tratan de tapar.

-El otro delito que mancha a la Iglesia fuertemente es el de los curas pederastas. En Boston y en Irlanda ha habido una proliferación notable, en Argentina también hubo varios casos que el propio Francisco condenó. Los sacerdotes, ¿no se preguntan por qué en una vocación tan filántropa sucedieron estos casos aberrantes?
-Han pasado varias cosas… Acá en la Argentina hubo dos o tres casos que son impresentables. Pero primero, uno sabe que la mayor cantidad de abusos, que son muchísimos más de los que aparecen, son dentro de la familia. Eso es una realidad que nos toca ver y con la que trabajamos todo los días. En Estados Unidos, más allá de los casos reales, ha habido una industria del juicio y hubo un talón de Aquiles que encontraron para estar siempre en el tema. Nosotros lo que vemos es que quienes llegan hoy a los seminarios por suerte son bien seleccionados, antes llegaban muchos sin vocación para ser cura.

-¿O sea qué ha habido un gran problema de selección?
-Seguro, gente que llegaba en busca de un refugio en el mundo.

-¿Y hoy piensa que se ha mejorado?
-Sí, son casos generalmente antiguos. Me parece que los obispos debieran tener una mayor presencia de control. Porque si existen estos casos los obispados debieran estar más pendientes de qué hacen y qué no hacen. A mí me consta que hay obispos que lo hacen, internamente manejan bien el tema e incluso pueden adelantarse a alguna situación. Eso es fundamental. Y después ver, porque también hubo denuncias que demostraron no ser ciertas, entonces hay una parte de verdad que la Iglesia debe analizar con seriedad y otra tiene que ver con lugares como Estados Unidos o Canadá, donde está muy metida la industria del juicio. Hay diócesis en Canadá que perdieron todos los bienes, en algunos casos bien perdidos, en otros era mentira. Es importante el análisis crítico en todo sentido, qué se debe prever y qué se debe cuestionar. Fijate que son muchos casos de antes, donde alguien quizás le dijo al obispo una parte y el obispo para no pensar mal de ese cura lo pasaba a otro lugar e iba cometiendo un error bárbaro porque desperdigaba el problema trasladando un tipo que estaba psiquiátricamente mal. Es también lo que pasa con los profesores, el abusador generalmente va a estar siempre con chicos o con jóvenes. ¿Dónde va ir?

firmanota-almagro_chica2

15417747_10211134402344238_693905271_o

5 comments

  1. SILVIA CAROLINA MARTINO

    Excelente artículo. Los felicito. Y rezo para que efectivamente estos hombres que DIOS nos ha regalado puedan seguir su labor y todos los argentinos nos unamos en este empeño y el Estado cumpla su rol.

  2. Walter Gonzalo Costa

    No expresa una solución seria y concreta. Evade el reconocer las causas y va por las consecuencias. Resultados, no excusas. ¿Cuántos extranjeros, cuantos indocumentados, cuantos delincuentes .. . viven en las villas? Eso de que el verdadero progresista es el que tiene barro de la villa en el pie es una clara demostración de frases huecas, sin sentido. Es evidente que vive de los slogans, como la iglesia actual que se mete en temas que desconoce, en vez de reforzar la tarea espiritual para la que nacio..

  3. Jorge Oscar Angerami

    Me.parece.piola.el artículo.
    Como.suele.suceder nos pasamos el tiempo criticando, pero.cuando.llega.el momento en que podes hacer algo,por miedos.pateas la pelota.afuera y para calmar tu conciencia, seguis criticando iinclusiv al que está haciendo lo que vos no hiciste. Nos pasamos.el.tiempo.buscando culpables, en lugar de involucrarnospara encontrar soluciones.a problemas que cada vez joden más a nuestra.sociedad en la.que están involucradas nuestras familias.

  4. Pepe Sanchez

    El trabajo del cura excelente. Encarar la problematica de la miseria desde el punto de vista social-religioso es la única forma viable en la Argentina del siglo XXI, en verdad la forma correcta sería desde el punto de vista de la politica con los políticos encabezando la cruzada para terminar con la miseria, pero mientras que los políticos utilicen a la miseria como un gran “negocio”, desde el chori para todos, los actos de campaña, los bondi truchos para los actos politicos saliendo de las villas, los pago de subsisdios sin control, los comedores escolares, etc, etc, etc. no habrá solución posible. La única cagada es que cura Pepe se cuentan de a pocos y los padres Grassi, los papas Benedictos, los obispos Alois Hudal, etc, etc, etc son mayoría. El rol social de la iglesia particular en Argentina lo cumplen Caritas, los curas villeros, los vicentinos, algunos grupos de congregaciones tipo Don Bosco o Don Guanella y los misioneros, después es solo bla bla bla. Por eso me saco la galera con todos aquellos que colaboran en eso, el resto de catolicos, practicantes o no somos comodo (me incluyo).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *