Tomás Abraham y su pelea eterna contra los “indignados berretas” y los “entusiastas delirantes”

Texto: Ale Duchini / Fotos: Mariano Campetella

 

 

El filósofo y escritor Tomás Abraham se muestra entusiasmado en algunos momentos y preocupado en otros. Cuando habla de su pasión futbolera, por ejemplo, le brota el entusiasmo. Pero si habla de la situación del país parece escéptico; a punto tal que sugiere que no pongamos el acento de la charla en la situación social argentina. O sea, la distensión con la que contesta preguntas se corta cuando el tema político y económico nos ocupa.

El Tomás Abraham con el que nos encontramos en su nuevo estudio de Palermo cuenta que se la pasa escribiendo y leyendo. Sólo interrumpe las actividades para escuchar a Fernando Niembro en la radio, ver algún programa deportivo y otro de farándula (“conozco bastante del tema”, sorprende), caminar por el barrio durante una hora cada tarde y ver series en Netflix. Mira partidos de fútbol y durante junio-julio estuvo a merced de la pantalla que transmitía desde Rusia el Mundial. La Selección, de la que se considera más hincha que de su querido Vélez, no lo sorprendió: “Sólo de milagro podíamos ganar el Mundial”, dice.

-Tengo varios aparatos de radio. Escucho a Fernando Niembro, Closs, López. En la tele miro Estudio Fútbol y el de Fox, con Vignolo. Me descansa la mente. Me permite vaciar, y de paso escuchar el sentido común futbolero. Niembro es un tipo interesante, viejo zorro. Es un operador de Macri y Angelici, pero es transparente, no lo oculta, y al mismo tiempo es un periodista animador que crea debates artificiales entre menottistas y bilardistas. Un poco anacrónico, nostálgico. No sé por qué motivo hizo una campaña terrible contra Ariel Holan. Le dedicaba programas, lo difamaba. Ahora cambió, lo elogia. Debe ser porque hay un acercamiento entre Angelici y Moyano. Entonces se dedica a demoler a Gallardo, o a Messi.

-¿Desde los medios de comunicación se puede influir en la opinión de la gente común?
-Está comprobado que la gente no es pasiva sino reactiva. Vos podés hacer una campaña mediática tremenda por un candidato y te ganó el otro. La gente no consume información e imagen como consume fideos. La gente lo procesa… creo que hay una visión de que los medios de comunicación respecto a la gente funcionan como una moda, que a la sociedad de consumo se la domestica y esclaviza y entonces todos quieren comprar lo mismo. Es muy elemental eso. Creo que los medios son más esclavos de la gente que la gente de los medios. Por ejemplo, en el tema de la votación a favor o en contra del aborto legal: estos senadores no creen en nada. Algunos sí, como Gabriela Michetti en el grupo celeste. Pero en general hacen encuestas para ver qué les conviene, como Cristina Fernández en el grupo verde. Dependen más de la opinión pública que palpan todo el tiempo. Más ahora, cuando el público anónimo es protagonista.

-¿Las redes sociales ocupan el rol tradicional de los medios de comunicación?
-Las redes sociales ocupan a la gente, la chupa, crean adicción. Son tremendamente fuertes. Te ponen en conexión con cientos y cientos de personas. Lo que sucede es históricamente revolucionario. En general, el circuito de comunicación era muy limitado: esposos, amigos, hijos, familia, compañeros de trabajo. Y si te querías conectar a la distancia usabas el teléfono. Ahora estás comunicado permanentemente en redes de WhatsApp, Twitter, Instagram. Podés estar conectado todo el dia. De hecho, hay gente conectada todo el día. Salgo a la calle y veo a la gente sonriendo a su teléfono celular. Si no me desvío me chocan porque le sonríen al celular. No tiene nada que ver con el contenido, que es catárquico: la gente expulsa lo que le sale. Ahí ves cómo es el ser humano, que tiene una cuota de agresividad muy grande. Las redes sociales permiten darte cuenta de que el ser humano no es tan humilde sino complicado y que en la medida en que lo dejás opinar de forma inmediata, en libertad y sin costo, le sale una agresividad tremenda. Por eso las redes sociales son una cloaca. Se ama, se odia, se adora, se insulta; en suma, es una fábrica de estupidez, con raras excepciones. Ésa es la famosa espontaneidad. Las redes sociales permiten ver cómo actúa la gente con espontaneidad. Muchos aprendices de sociólogos fascinados con la palabra “narcisismo”, que da para todo, escriben largo y tendido sobre las selfies. Les cedo la palabra.

-Las redes reflejan algo muy viejo.
-Que siempre pasó. Si no, no podés explicar las guerras, el terrorismo, la crueldad, el sadismo. No es que ahora la gente se volvió agresiva por las redes sociales. Las redes sociales te permiten mandar a la mierda a alguien desde tu casa, tomando mate, sin riesgo. La persona que está en un café con amigos no es la misma que cuando está en las redes sociales. En el café se mide, en las redes sociales te dice “hijo de puta”, porque no tiene costo, es gratis. Son un buen lugar para eso.

-¿Las utilizás?
-Tengo Facebook y un blog, Pan Rayado (https://tomabra.wordpress.com/), en los que he publicado unos mil trescientos textos. Cada día o cada dos días publico un texto de filosofía o de actualidad. No interconecto cosas personales: no cumplo años, por ejemplo, ni hablo de mi familia. No uso las redes sociales para algo personal. Son un modo muy útil para editar y difundir textos. Mis últimos libros publicados los fui adelantando antes en las redes sociales. Voy mandando fragmentos y después saco los libros. Las redes me permiten también recibir apreciaciones. Tanto el blog como el muro son un modo de conectar. Lectores de libros son cada vez menos, como decía María Elena Walsh: no hay interlectores.

“Las redes sociales permiten darte cuenta de que el ser humano no es tan humilde sino complicado y que en la medida en que lo dejás opinar de forma inmediata, en libertad y sin costo, le sale una agresividad tremenda. Por eso las redes sociales son una cloaca. Se ama, se odia, se adora, se insulta; en suma, es una fábrica de estupidez, con raras excepciones”

-¿Cuántos libros llevás publicados?
-Unos 30.

-¿Qué es el libro para vos?
-Es lo que hago: escribo. Hace muchos años todo lo que hago es para escribir. Incluso cuando doy clases en la universidad. Si no escribo, no pienso. Tengo que escribir para pensar. No puedo pensar sin escribir. Cuando me dediqué a la docencia como profesión, mis energías estaban destinadas a la exposición oral. Me preparaba para eso. El resultado de mi pensamiento se preparaba para ser hablado. Ahora es escrito. No te puedo decir “tengo una idea” si no está escrita. La idea se arma mientras escribo.

-¿Publicás menos en los medios tradicionales?
-Antes escribía todas las semanas, pero eso lo dejé. No quiero hablar de política ni de nada. Tampoco voy a medios: me llaman mucho pero no voy, salvo algunos casos puntuales, como María O’Donnell, vos. Pero en general trato de no ir porque después de batallar tanto por mis ideas desde una orilla en la que casi no había nadie, me cansé. Dosifico mis apariciones, y salgo a la palestra cuando hay algo que me parece abominable y que nadie comenta. Lo que pasa es que quienes ocupan la platea mediática están divididos en dos grupos. Si no pertenecés a ninguno recibís cascotes de los dos. Me peleé con el kirchnerismo y entonces tengo que ser macrista por obligación. Pero mandás un palo contra Macri y quedás en el medio. ¿Para qué? Si no sirve para nada.

-Se te nota desencantado.
-Es que se creó una especie de ambiente por el cual hay una fábrica de odio distribuida en ciertos lugares de la Argentina. Porque Argentina son varios países: el NOA es un país, Buenos Aires es otro, el conurbano otro. Hay una fábrica de odio. La gente está intoxicada. Hay mucho encono, resentimiento, bronca que se retroalimenta. Y voy a utilizar una palabra antigua: la mala educación es hegemónica. Dentro de un ambiente así es difícil pensar: si te atacan tenés que responder, si no respondés te la comés y si te la comés dormís mal. Entonces es un ambiente malo, en el que no es gratis opinar. Por supuesto que el que opina con nombre y apellido tiene un costo. Yo no tengo más espaldas que la mía: no pertenezco a un grupo político, a una universidad, a una cúpula cultural, a un medio de prensa, no soy progre, ni de izquierda, ni peronista, ni kirchnerista, ni troskochic, ni comulgo con Ravi Shankar ni juego al golf, ni nada. Entonces me la tengo que bancar, pero tampoco quiero estar en ese ambiente de encono, de frases adecuadas para ser aplaudido, de indignados berretas o entusiastas delirantes. Hay cosas más lindas en la vida: jugar con un nieto, ver una película en Netflix, comer rico o estar con gente que te da algo, estudiar, leer a Foucault, escuchar a Glenn Gould, Leonard Cohen, perder al tenis. No es bueno vivir con bronca y como hay cosas que me dan bronca no quiero tener esa especie de morbo, de estar permanentemente en contacto con lo que no me gusta.

“Hay una fábrica de odio. La gente está intoxicada. Hay mucho encono, resentimiento, bronca que se retroalimenta. Y voy a utilizar una palabra antigua: la mala educación es hegemónica. Dentro de un ambiente así es difícil pensar: si te atacan tenés que responder, si no respondés te la comés y si te la comés dormís mal. Entonces es un ambiente malo, en el que no es gratis opinar”

-¿Tenés esperanza de que haya un cambio?
-No. Siento que estamos en una mala situación, lamentablemente. Me da tristeza, temor. La red de responsabilidades es muy grande. Hay como una bomba financiera abajo. Una bomba financiera muy peligrosa. Eso me da un poco de temor. No mido la cosa en términos de esperanza. Nunca medí en esperanzas. Sí en términos de posibilidades, proyectos, voluntades. Eso nunca se pierden las ganas, el entusiasmo, a veces más, a veces menos. La energía, los desafíos, el obstáculo son cosas muy activas. La esperanza es pasiva.

-Las divisiones en Argentina no son nuevas.
-La historia argentina es una historia de divisiones permanentes. Hubo pocos momentos que tuvieron una organización que permitió que las divisiones no sembraran un caos sin rumbo. Las crisis pueden ser dinámicas, como pasó en la época de Roca, cuando Argentina explotó porque las divisiones se pudieron integrar en un proyecto. Después fue muy difícil hallar un momento en el que la sociedad estableciera un rumbo. En el siglo XX, del 30 al 45 fue proscripto el radicalismo. Después, 17 años proscripto el peronismo. Eso habla de divisiones.

-¿La vuelta de la democracia de la mano de Alfonsín fue la última época feliz para los argentinos?
-Del 84 al 87 fui feliz. Fue el momento en el que entré a trabajar en la cultura. Fueron un par de años muy lindos para mí. Y también para mucha gente. Hasta el 87, cuando los militares volvieron. Luego me dediqué a pensar en Argentina. Empecé a pensar por qué pasó lo del 89. Se tuvo que ir Alfonsín y se terminó muy mal. Esa ilusión no la viví nunca más. Hubo una posibilidad de hacer un corte con el pasado militar y dictatorial, con el pasado de la violencia, que no es sólo de los militares, y de la posibilidad de un proyecto. Eso no se vivió más. Quería entender por qué pasaba aquello. Estaba rodeado de gente del alfonsinismo que culpaba a Menem, a los militares. Pero hay que hacerse cargo de los errores en vez de pensar en que la gente mala no te dejó gobernar. Ahí empecé a escribir sobre la actualidad en mi revista La caja, en El amante cine, en los diarios, y a escribir libros sobre la coyuntura política argentina. El menemismo fue una irresponsabilidad política, una frivolidad, con víctimas como en la Amia, y Cabezas, entre otros. De la Rúa no existió, estiró el menemismo hasta la debacle. Y el kirchnerismo instaló una división muy dañina. Ahora creo que se desarticuló un poco la dupla amigo-enemigo que instaló el kirchnerismo; es decir, el modelo de la guerra: lo desarticuló transitoriamente el macrismo, porque no tiene doctrina ni ideología de cruzados. Pero instaló una cosa muy peligrosa, que es la bomba financiera. Desbloqueó por un lado el amigo-enemigo que hace que todos se odien pero lo que tenemos ahora es un problema que tiene que ver con el pan de cada día.

-Mirás televisión, me contabas.
-Permanentemente veo series. Soy un hombre de series. No voy casi nunca al cine. Veo la pantalla de mi casa.

-¿Qué viste últimamente?
.Succession. Diez episodios. Excelente. Antes una croata periodística que se llama The paper.

-También sos futbolero. Supongo que el reciente Mundial habrá sido de sufrimiento, ¿no?
-Soy como Macaya Márquez: vi muchos mundiales. Siempre sufrí; algunas veces celebré. Pero siempre fui un hincha fanático de la Selección. En este Mundial fue distinto: la Selección me pareció un equipo malo desde Martino en adelante. Con Martino me pareció que podría llegar a formar un equipo. Hubo un partido contra Estados Unidos en el que ganamos 4 a 0, pero con elegancia. Recuerdo que no jugaba Di María sino Galván. Jugaba Messi pero el equipo no giraba alrededor de Messi. Me gustaba ese equipo. Pero nunca vi tan mal a la Selección como ahora. Fue uno de los peores equipos de la Eliminatoria y no sé si no fue uno de los peores del Mundial. Fuimos al Mundial esperando un milagro. Pero vi el partido con Islandia y no, no hay milagro. Esa es la realidad. Entonces empiezo a pensar, como con Alfonsín en el 89, ¿por qué estamos así? Decir que Messi o Grondona tienen la culpa no me sirve. ¿Qué está pasando? ¿Hasta dónde llega la crisis del fútbol argentino? Creo que hay una crisis de talentos, de cantera y de semillero, una crisis social muy fuerte… No hay hinchadas visitantes, pero se matan entre los hinchas del mismo equipo. Eso refleja algo que va más allá del fútbol. Algo que refleja la parte social. Después tenés la parte política, donde Tapia, Moyano, tienen poder gremial, con tropa. Angelici es un rey de juego asociado al poder político y judicial. El único momento, entonces, en que el fútbol era autárquico fue con el sultán: Grondona. ¡Mandaba él! Grondona era tesorero de la FIFA. Argentina era el niño mimado. Le faltaba guita a un equipo y Grondona le podía solucionar el problema. Muere Grondona, muere la FIFA, los meten en cana y se cae una estructura. Entonces tenés a Messi, el mejor del mundo, que viene y se encuentra con esto. ¿Qué le vas a decir? ¿Qué selección podés armar? ¿Qué lista vas a armar si los técnicos ya confiesan que las listas las tienen que hablar con los intermediarios? Así como te digo prendí el televisor para ver Argentina-Islandia. Mi fervor estaba bajo. Fue mi primer Mundial con fervor bajo.

“Hay una visión de que los medios de comunicación respecto a la gente funcionan como una moda, que a la sociedad de consumo se la domestica y esclaviza y entonces todos quieren comprar lo mismo. Es muy elemental eso. Creo que los medios son más esclavos de la gente que la gente de los medios”

-Uno de los más atacados fue Sampaoli. ¿Qué opinión te merece él?
-Cuando asumió dije “por fin viene un tipo que tiene sangre en las venas. Viene un loco, como el Loco Bielsa, si querés. ¡Al fin un poco de energía! Y en la primera conferencia habla de que es peronista, que le encanta Callejeros, se hace el tribunero, endiosa a Messi… ¿Qué le pasa? Pero no creo que sea un mal técnico: entró perfecto, entendió el sistema. Borghi tiene razón: Argentina no tendría que haber clasificado al Mundial.

-¿Cómo ves al fútbol argentino post Mundial?
-Después de ver el Mundial, en el que hubo lindos partidos, puse el televisor para ver algunos amistosos. En el primero, sacan del medio, se la pasan atrás al arquero y el arquero la revolea. Empezó el fútbol, me dije. ¡A dividir! ¡A dividir! Eso en el Mundial no pasaba. Los jugadores que salen del semillero a los seis partidos se venden. No queda nadie. Ése es el fútbol argentino: desfinanciado, sin capital propio y con jugadores que se van a los 16 o 18 años mientras vuelven los de 30 y pico. ¿Cómo puede ser lindo un fútbol así?

3 comments

  1. Marcelo

    O sea que si no fuera por lla “bomba financiera” el macrismo pacifico a la argentina, la salvó de los odios cxreados por los k. Pero la bomba esa es parte fundamental de la cuestión, por los intereses que representa. En resumen, un pobre análisis…..

  2. Maria

    Realmente , pobre ! Una persona de la que , por su intelectualidad , se espera analice la actualidad política e ideológica , para tratar de cerrar divisiones , siente que no puede … que queda para la gente menos formada !

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *