Rosario Bléfari: «El presente es mujer, y hace rato que lo es»

Texto: Walter Lezcano / Ilustración: Nicolás Valdés 

 

Cuando el escritor Roberto Arlt habló de “prepotencia de trabajo” (fue en el prólogo a su novela Los lanzallamas, la segunda parte de Los siete locos) estableció un nuevo paradigma ideológico de cómo posicionarse frente a los sistemas de poder que siempre imperan en el terreno de la Cultura argentina. Pero es algo de lo que Arlt ya venía hablando. Por ejemplo, en El juguete rabioso, su primera novela, Silvio Astier, el protagonista, roba los libros con los que se educa a su modo. Es decir, Arlt siempre nos dijo lo mismo a lo largo de su obra: a la Cultura se la interviene por asalto porque los sistemas de legitimación se vuelven infernales para quienes no tienen el linaje y los contactos necesarios. Entonces, un mortal cualquiera (alguien sin prosapia ni alcurnia ni doble apellido) debe saquear el sistema legal –en el sentido de habitual, de frecuente- de cómo hacer un camino dentro del arte y que no se vuelva un espacio propio de las elites de un país. O sea: Arlt nos planteaba una revolución (porque hubo un tiempo en el que la única revolución posible fue la independencia) que algunos escucharon y llevaron adelante (pensar en Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, pero también pensar en Suárez). Lo que nos lleva directamente a Rosario Bléfari (Mar del Plata, 1965).

En el 2018, Rosario Bléfari sacó un disco (Pintura de guerra) con su proyecto Los mundos posibles, editó Hogera (adelanto de Sector apagado, su disco solista del 2019), su primera canción solista en 7 años, publicó un libro de cuentos, Las reuniones (Rosa Iceberg) y actuó en el cortometraje Seis episodios en la vida de una poeta en el proyecto Cine Guerrilla que se puede ver por YouTube. Y en lo que va de 2019 publicó el libro Poemas de los 20 en los 80 (Iván Rosado) y protagonizó la película Planta permanente de Ezequiel Radusky que se estrena en algún momento del año. Mientras esto ocurre, Rosario Bléfari volvió a reunir a su histórica banda Suárez (con la incorporación de Gustavo Monsalvo aka Niño Elefante en la guitarra tras el alejamiento de Gonzalo Córdoba), y toca casi todas las semanas con sus proyectos Paisaje escondido o Sué Mon Mont o sola con su guitarra acústica. ¿Es mucho? Para nada. Son las posibilidades de trabajo y de expresión que se volvieron para Bléfari un modo de vivir y transitar una existencia singular. Donde la independencia y lo impredecible irrumpen por encima de cualquier plan de la cultura oficial y del poder. Algunos lo llaman prepotencia de trabajo.

-¿Cómo te explicás a vos misma las constantes incursiones en territorios diversos?
-Yo trato de darle curso a las cosas que me dan ganas de hacer, mentiría elaborando una respuesta diferente. Se me ocurren cosas y me dan ganas de hacerlas. Ahora tengo muchas ganas de escribir más cuentos, de hacer una película para la que estoy escribiendo el guión, de seguir actuando. Quisiera llevar a cabo estos experimentos con Suárez, entrando en una zona de libertad donde la experimentación no es solo musical -cómo tocar esos temas o qué temas componer- sino que es una experimentación en el tema de las relaciones humanas, de la vida: qué será de nosotros, cuánto podremos hacer. Todo eso me da ganas de verlo, me encanta pensar en el por qué no, cuando algo parece inconveniente o no parece tener un propósito ulterior, me da ganas de ver qué pasa. Escribir un cuento es esa aventura, escribir una canción, hay tantas cosas que tengo pendientes, quiero escribir un libro de lecciones para guitarra, aunque no soy guitarrista, juro que lo voy a hacer, porque quiero ver qué pasa. Salieron por Iván Rosado los Poemas de los veinte en los ochenta, porque son los poemas que escribí a los veinte años en la década del ochenta, quiero ver qué pasa con ese imposible, con ese desafío al tiempo, animarme, a costa de todo, porque no pasa nada en realidad, los miedos no existen porque en verdad lo que parece un riesgo no lo es tanto. Me imagino a alguien pensando cómo voy a hacer eso, cómo voy a cantar, cómo voy a escribir, para qué, qué me van a decir, a quién le puede interesar. En algún momento también se me cruzan algunas de esas preguntas pero las pobres quedan en el camino porque me respondo que justamente porque no son la gran cosa, porque se trata solo de canciones, cuentos, poemas, cosas que no pueden hacerle mal a nadie, y menos a mí.

«Me encanta pensar en el por qué no, cuando algo parece inconveniente o no parece tener un propósito ulterior, me da ganas de ver qué pasa (…) los miedos no existen porque en verdad lo que parece un riesgo no lo es tanto»

-¿Cómo estás viviendo esta nueva época respecto del feminismo y qué opinión tenés del pedido de cupo de mujeres en los festivales?
-Hace poco dejé un post en redes sociales con el fin de juntar toda la data posible de los proyectos musicales de mujeres en lo que va de 17/18 y 19 (material presentado todo el año y adelantos incluidos). Las mujeres nos sentimos capaces de actuar en cualquier campo desde hace mucho tiempo y no necesitamos que nos habiliten para hacerlo, eso supongo que está claro, que se sabe, pero no podemos tolerar que se siga dejando de lado, o minimizando la visibilización de nuestro trabajo en sí, que se siga sin ver, sin dar luz ni lugar a la obra misma, que como materia artística también revoluciona las representaciones del mundo, de los géneros musicales, de las relaciones, de los sentimientos, de la lectura de la cultura misma, nuestras canciones y ejecuciones, sus particularidades y similitudes, su ser parte de lo artístico como patrimonio.

-El amor a la libertad es imparable, decía Pedro Lembel.
-La noticia de la lucha feminista es importante, claro, pero que sus motivos sean lo que no debe faltar en esa exposición, en ese anoticiar del que se encargan los medios. Tampoco sirve si se da cuenta de esta lucha de manera tendenciosa, parcializada, generando hinchadas a favor y en contra como si se tratara de un campeonato ridículo. Y mientras tanto, y eso es lo importante, el «mientras tanto…», se sigue dejando de lado nuestro trabajo, no se habla de nuestras obras, no se incluyen los trabajos de tantas mujeres a la par del de los hombres y se elaboran «panoramas» de esto o lo otro poniendo por delante siempre a los mismos tipos de siempre que no queremos saber más, ni siquiera queremos seguir sabiendo de sus errores o decadencias, porque siguen robando el lugar de quienes sí hacen cosas. Queremos que sean el treinta por ciento ellos, no nosotras, que se reduzca su espacio.

Que no siga siendo mayor noticia su deconstrucción. ¿Por qué no se juega alguna publicación de música, por ejemplo, un suplemento de espectáculos, una publicación digital a sacar sus números enteros de ahora en más donde el 70 por ciento de la publicación esté ocupado por trabajos de mujeres y se le deje el treinta a los señorotes de toda la vida del rock, que ya está, que ya se sabe todo de ellos? Pero es fundamental que no se diga nada, que no se titule: «Número dedicado a las mujeres» como si fuésemos una cosa homogénea y aparte, una especie de masa de rarezas, por el solo hecho de que «hay que darles espacio». Después de tanto tiempo de agarrar una revista o un suplemento -ya no lo hago más porque me aburre- y ver caras y nombres de tipos, me pregunto cómo a nadie se le ocurre ponerse al día y dar cuenta del enorme legado que forma parte del todo y que están dejando en las artes y en todo, las mujeres, sin querer cercarlas en lo que parecen reivindicaciones pero termina siendo una forma más de encierro. De todas maneras soy optimista y creo que así como un día empezamos a votar (nos cuesta creer que desde hace poco esto fue posible), podremos algún día ser libres y estar tranquilas y todo lo que venimos haciendo -no solo la lucha y sus motivaciones- sino lo que hacemos, nuestro trabajo en sí, nuestra parte en la historia de la humanidad, no solo en las ciencias, en las artes, en la vida política, sino también (y al mismo tiempo, porque las mujeres podemos hacer varias cosas al mismo tiempo, no como los hombres que se han venido haciendo servir por mujeres con la excusa del trabajo) en la vida cotidiana, en los afectos, en los cuidados, siguen siendo las mujeres las que se ven -en su mayoría, siempre hay excepciones- cuidando a los enfermos en los hospitales, cuidando y alimentando a los niños, pensando en los demás cuando nadie lo hace. La lectura es a nivel social, en números enormes, estadísticas que aún siendo parciales dan cuenta del lugar que ocupamos y el que no se nos reconoce.

-La disidencia siempre fue el camino elegido, ¿no?
-Seguiremos invisibilizadas, si no decimos nada, hasta que se le antoje a alguno. «El futuro es mujer» proclaman por ahí, diciendo que ya llegará el momento, algún día incierto, donde «existirá un rock hecho por mujeres», por ejemplo, y mientras tanto, porque esa es la frase, vuelvo a repetir «mientras tanto…» hace años, estoy rodeada de mujeres cercanas (y hay muchas más que no son cercanas) que tocan todos los fines de semana y hay de todo: las que componen canciones tremendas, graban discos, tienen varios proyectos, son instrumentistas geniales, algunas hacen otras artes también al mismo tiempo. Y yo misma soy una de esas. Tuve que soportar esta invisibilidad todo mi camino musical, y escuchar siempre que se hacen inventarios de lo que pasa que se nos deja afuera o se nos menciona adentro del «apartheid de mujeres», como excepciones freak, casi diría, o como promesas (que es otra forma de negar). Traté siempre de hacer caso omiso de lo amargo e injusto de esa situación para no paralizarme y poder seguir adelante haciendo música que es lo que me importa, pensando en todas las personas que sé que aprecian nuestro trabajo y hacen que valga la pena. El presente es mujer, y hace rato que lo es. Y no solo hacemos rock (sí, hacemos rock, pero no se dan cuenta parece) y pop, tango, salsa, melódico, folklore, cumbia, rap, trap, hip hop, reggae, jazz, experimental, electrónica, todos los géneros habidos y por haber, somos instrumentistas y compositoras, dominamos la escena como queremos, hace rato, hace mucho rato, pero hay quienes no se enteran de nada, o prefieren seguir poniéndonos en una sala especial. En vez de denunciar esa situación empiecen a hacer lo que hay que hacer y listo, empiecen a reconocer, a ver y a escuchar. Sino todo queda en la denuncia de eso como gran acto. Otro tema es el de la herencia de la cultura. Resulta que algunos proclaman que para que se nos reconozca algo tendremos que hacer algo fuera de la historia, fuera de la tierra. Para que finalmente tenga valor nuestro trabajo tenemos que despojarnos de la cultura toda y hacer algo de cero. Qué vivos, los hombres sí pueden travestirse y tomar todas las formas que se les antojen, así se quedan con todo mientras nosotras, si queremos existir, tendremos que inventar un mundo nuevo, como si no hubiésemos sido nunca parte de su hechura. La historia de la cultura, el arte y la ciencia, está hecha de hombres y mujeres y tenemos tanto derecho a heredarla como los hombres, exigirnos que nos despojemos de ella porque está «manchada» por el patriarcado es como querer usar contra nosotras nuestros propias armas de defensa. Es como dejar a los esclavos libertos en la calle sin nada: ¿querés tu libertad? ahí tenés, arreglátelas ahora sin nada. Qué crueldad y qué viveza. Porque esa historia también nos pertenece, también la hicimos nosotras, y la tomaremos para heredarla, reinventarla, dialogar con ella, tenemos derecho porque la hicimos, en las peores condiciones, pero la hicimos, en el lugar de la trastienda, pero la hicimos.

«Me reconocí en esa orquesta, en ese baile, me vi siendo una piedrita que lleva y trae el mar y siendo también la marea»

-Contame un poco de tu nuevo disco solista. ¿Cómo surge, en qué momento de tu vida te encuentra y qué tenés ganas de contar con este nuevo disco?
-Este disco, Sector apagado, habla de muchas cosas cruzadas, una de ellas es la posibilidad de armar, desarmar y rearmar, que es un tema que en los últimos años me ocupó y del que me ocupé, como los mismos elementos y los elementos nuevos se realinean, aparecen y desaparecen en las relaciones personales, en las personas mismas, en la música y en las historias que podemos contar. Es un tema eterno para mí, pero fue como si en los últimos tiempos asistiera a una especie de puesta en escena de todo ese movimiento, y me sentí parte de él, no como observadora solamente sino como la cosa en movimiento y recombinación y como artífice de uniones y desuniones, me reconocí en esa orquesta, en ese baile, me vi siendo una piedrita que lleva y trae el mar y siendo también la marea. De eso hablan las canciones, del dejarse llevar y conducir.

-Pensando en que sos independiente: ¿qué manejo hacés del tiempo y del dinero?
-Trabajo mucho todo el día, como casi todos y todas las artistas que conozco, y no me alcanza el tiempo, porque además de escribir y tocar y actuar tengo que ocuparme de mi comida, mi limpieza, todo lo que es la vida del cuerpo. Siento que cada vez me queda menos tiempo, eso sí, pero todavía siento todo posible, ojalá sea así hasta mi último segundo. Con el dinero no sé cómo hago, no hago ninguna previsión, voy al día, como pavo ciego, hago y hago y hago pensando que seguro eso vuelve pero nunca sé bien cuándo voy a cobrar ni cuánto salvo algunos trabajos más puntuales donde hay un acuerdo de cantidad y fecha, pero las fechas siempre son relativas, así que no cuento con nada. Es un vértigo permanente. Por eso empecé a escribir el Diario del dinero para poder ver ese fluir del dinero, para poder verlo, como viene y se va. Este año lo publico. Pensé que ya que el dinero se va y se va apenas llega lo mejor era escribirlo para retener algo de él. Es increíble el dinero, es algo con lo que estamos en contacto permanente, más que con nada, más de lo que sospechamos, por eso el diario, para ver lo que no se deja ver, lo más efímero del mundo, el dinero.

-¿Qué diferencias ves en la independencia actual respecto de la independencia de cuando vos empezaste?
-No sé, realmente no sé, ser independiente para mí sigue siendo lo mismo en el sentido de no tener que rendirle cuentas a nadie salvo a quienes me escuchan, me leen, me ven actuar y a quienes hacen las cosas conmigo, mis compañeros y compañeras de banda, editores y editoras, directores y directoras que me llamen para un papel, a quienes amo cada vez más, y no sé si está bien eso, pero agradezco tanto que alguien quiera escuchar, leer, tocar conmigo, editarme, y todas esas personas me permiten ser independiente, porque independiente no es capricho solitario, es contar con otros, al margen del capricho del capital inversor, independiente de lo que invierte solo para hacer dinero y si no lo considera posible no te elige o te descarta. Hasta ahora pude hacer mis cosas sin tener que ponerme bajo su consideración, no hice casting para que alguien decidiera si invertir o no en mis canciones o en mis bandas. No hubiera soportado tener que pasar por eso.

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