Payuca del Pueblo: la vida como un acto transformista

Texto: Lucas Villamil / Fotos: Alejandra Rovira

 

La Payuca del Pueblo es de géminis, usa tacos cuarenta y cada fin de semana se vuelca todo el glamour encima para ser la reina y anfitriona de las fiestas Plop y Puerca, iconos de la cultura gay porteña. A los once años, en su Pergamino natal vio un circo y supo que su destino era artístico. Empezó con la acrobacia, al poco tiempo se pasó al teatro y cuando terminó el secundario se mudó a Buenos Aires para estudiar arte dramático. Eran fines de los noventa, una época de cambios para el país y para él.

Nos encontramos en un bar de Plaza Serrano con un café de por medio, hace calor y la Payuca lleva puesta una musculosa de red. No está maquillado pero sus gestos y su piel son de una extraña femineidad. Debo reconocer que estoy desorientado, no sé por dónde empezar. Entiendo que el transformismo es un arte, sí, pero imagino que no cualquiera está dispuesto a poner el cuerpo hasta las últimas consecuencias.

-¿Cómo se define al transformismo?
-A ver… lo mío, el transformismo, es un arte y lo que hace el transformismo lo hace un actor, un artista, es el cambio de sexo con un fin artístico. Va atrás del maquillaje, el vestuario, el modo, los gestos, la forma de hablar; es como una composición que se utiliza para un show, para una performance, para una obra teatral y eso es lo que fui componiendo a través de los años. Llevo ya diez años y siento que estoy como a mitad de camino, es un proceso que no tiene un final. Sería un poco precario, no sería artista decir “bueno, hasta acá llegué, soy lo máximo”. Personalmente siento que hay que ir creciendo y buscando cosas todo el tiempo. Más con el bagaje que uno lleva: yo soy actor, bailo, intento cantar…


-¿Buscás comunicar o provocar algo con tus shows transformistas?

-Es una expresión, te cargas de todo eso para expresar algo. A mí realmente me gustaría tener una llegada más masiva, siento que el transformismo de a poco se está abriendo más pero sigue siendo en el plano de boliches, de pubs, de obras teatrales, no en un plano más popular. Desgraciada o afortunadamente donde hay más llegada es a través de la televisión. Lo que yo busco es la perfección de lo femenino. De a poco fui perfeccionándome y ahora me ves y decís “te clavás un rimmel y un delineador y ya sos una mina”. Hay cosas que ya está, no me las puedo sacar en el día y no me molesta llevarlas. Hace un año y medio dejé de usar peluca y uso mi propio pelo en los shows, es un cambio enorme, puedo revolear la cabeza tranquilo. Además me hice depilación definitiva en la cara, super doloroso. Este… a los pechos no vamos todavia, jajaja…

-O sea que si tu vida fuese un show de transformismo vos estarías en la mitad, si hoy te tuvieras que definir en términos de sexualidad o de género estás…
-En un punto rarísimo. ¡No se ni cómo catalogarme!

-¿Te sentís cómodo?
-¡Siii! Sí, sí.

-¿Tu familia siempre te apoyó?
-Sí, siempre. Mi papá es sodero y mamá portera de un colegio. Actividades pueblerinas. Y siempre me apoyaron, mi madre me llevaba a los entrenamientos de acrobacia todos los días. Mis viejos me vienen a ver a todas las obras que hago y me aman y son críticos del amor, para ellos todo lo que hago está bien.

-¿Todos te conocen como Payuca?
-Sí, sí… El apodo surgió hace una bocha porque un amigo me dijo payuca viendome en una obra de teatro que hacía un personaje que era una campesina, con un guardapolvo de escuela y unos zapatos ordinarios horribles, y dijo “¡Qué payuca sos!” Como ¡qué campesina!

“Me identifico mucho con Payuca. Payuca es Marcelo cinco potencias más arriba”

Entonces mi grupo más cercano de amigos me decía Payuca, Payuca. Cuando empecé con el arte del transformismo necesitaba un nombre y no me quería poner ningún nombre tipo Daisy, Diva, Glam, nada muy obvio. Entonces dije: ¡Payuca!

-¿Tu identidad es Payuca?
-Y… prácticamente. Sí, Payu, Payuca. Bueno, igual ahora mis más amigos a veces no me dicen Payuca, me dicen Marce, que es mi nombre de pila, el del DNI. Pero me identifico mucho con Payuca. Payuca es Marcelo cinco potencias más arriba, así que vamos un poco de la mano.

-¿Tenés íconos, modelos a seguir?
-No. A ver… cuando era chico amaba a Antonio Gasalla, que también es un transformista. Yo amaba sus personajes. Amaba a Urdapilleta y Tortonese, el trío que ellos armaban en el palacio de la Risa para mí era maravilloso. Cuando llegué acá conocí a Gustavo Moro, transformista, maestro, profesor de danza, me gustaba mucho la estética que tenía. La primera vez que lo vi no lo podía creer, fue en el boliche Contramano y quedé impactado con su estética. Pero nunca tuve a alguien a quien seguir o imitar, inconscientemente fui tomando de varios.

-¿Qué vínculo hay con las drag queens?
-Para mí es otra rama del actor. Igual hay muchos que no se consideran actores, se consideran artistas y crean el monstruo que crean. Hay drags y drags. El drag exacerba los rasgos femeninos con los tacos, el maquillaje y sus casquetes, y el resto es más andrógino. A veces cuando trabajo en boliches del interior me piden más dragueado y no tan minita montada. Voy con un amigo que es drag y me divierte, la paso bien.

-¿Hoy qué buscas?
-Me gusta actuar. En este momento me gusta armar personajes que sean femeninos.

-¿Toda tu vida está vinculada con tu proyecto artístico?
-Y sí. Me pongo a entrenar porque quiero tener un mejor cuerpo para cuando me monte, trato de hacer dieta y es para que me entre el corset. Mientras tanto me mudé quince veces, fácil. Recorrí todo: Almagro, Microcentro, Avellaneda, Lanús, en Lanús me mudé tres veces, viví en Dock Sud… Casa, casita, piecita compartida, departamento. Con dos, tres, con cinco amigos…

-¿Tuviste pareja en todo este tiempo?
-Bueno, bueno, bueno… es complicado, les cuesta. La mayoría te conocen viendo lo que hacés y es por lo cual te hacen como un celamiento… Yo saludo, hablo con la gente, me saco fotos…

-Es difícil estar con una diva.
-¡Ay, por favor! Jajaja… Sí, bueno, algunos te tiran esa y es como: cortala, estoy acá abajo al lado tuyo, no pasa nada. Una cosa es arriba del escenario…

-¿Es algo que te molesta?
-No sé, tengo etapas. Pero la profesión está primero y si no bancás lo que hago yo no lo voy a dejar para armar una vida en pareja. Me conocés asi, soy esto, vengo con este combo. No voy a dejar algo que considero prácticamente mi vida: vivo de eso, soy eso.

-¿Sentís la vibración del público con la Payuca?
-En las fiestas Plop hay un clima muy agradable. Creo que es porque la mayoría son adolescentes y muchas veces necesitan tener algún fanatismo.

-¿Tenés fans?
-Fans, fans… Gente que te saluda todos los fines de semana y te dice diosa, divina, reina, sacate una foto conmigo. Me cuesta creerme todas esas cosas, pero me encanta que la gente me quiera, me salude. Estar abajo con la gente y charlar me hace más humana. Cuando estoy arriba del escenario soy una diosa, diva, pero abajo charlo y te pregunto si tenés calor o tenés frío. Mi transformista, mi drag es así. En el teatro es distinto porque ahí la crítica es de un espectador viendo algo que a mí me interesa mucho más, que es actuar, crear un personaje.

“De a poco me fui perfeccionando y ahora me ves y decís “te clavás un rimmel y un delineador y ya sos una mina””

 -¿Tenés algún proyecto en mente?
-Ahora tengo ganas de expandir el arte del transformismo y me gustaría mucho trabajar en una serie de televisión, en este mismo momento estoy tirando algunas redes para ver qué surge. Aparecieron algunos castings de Pol-ka, Underground, y la verdad que me gustaría mucho estar ahí.

Siento que estaría bueno que el arte transformista sea más vox-populi. Y además porque soy actor y me gusta actuar, quiero más.

-¿Hay prejuicios en la cultura hacia el arte transformista?
-Hay prejuicio. Hay prejuicio por no saber, por no entender y creer que sos un travesti o un transexual, o que vas en la vida así… No se termina de entender. Es un hecho artístico.

-En tu caso, ¿el hecho artístico expresa una voluntad?
-No seas atrevido… No, por ahora no, no me veo, por ahora disfruto así. Disfruto esto, disfruto el cambio que se produce en mí.

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