Ramiro Abrevaya: “Soy un obrero del arte”

Conversa: Franco Spinetta / Fotos: Nati Bordesio

 

El último disco de Ramiro Abrevaya, Luma, es un hallazgo en medio del bombardeo frenético de propuestas musicales de dudosa calidad. “Condena de la búsqueda perpetua, no queda más por hacer, que caminar”, canta en el segundo tema del LP, una propuesta que enciende un sendero de bellas canciones de pop-folk, algo de rock y mucho de introspección.

-¿Qué significa este disco para vos?
-Luma es un paso adelante en varios aspectos. En lo profesional significa un redoble de apuesta, una nueva ilusión, el inicio de un camino nuevo que es parte de otro camino que ya tiene su recorrido, y eso me hace sentir fuerte y experimentado. En lo personal representa un logro, me da mucho gusto pensar proyectos y después verlos realizados, ahí es donde se hace la diferencia entre quienes tiene buenas ideas y quienes las levan a cabo

-Algo que me pasó escuchándolo fue la percepción de esa madurez, con un sonido muy acabado y la sensación de que las canciones están redonditas. ¿Eso lo trabajaste o lo pensás como parte algo que sale solo, producto de tu momento?
-¡Interesante! Un poco y un poco. Calculo que hay algo del recorrido, de la experiencia, del músculo de componer, pero a la vez hay una parte muy racional en la búsqueda sonora y de forma. Hay un gran laburo de producción y es la primera vez que co produzco artísticamente. Arian Frank fue mi coequiper.

“Kevin Johansen, el antihéroe estrella, dijo una vez algo que me marcó a fuego y que está en línea con lo del obrero del arte: ‘Vos dale para delante, no pares nunca'”

-¿Cómo fue esa experiencia?
-Preciosa y fundamental. Estaba bastante negado a laburar con otro porque soy un productor nato, tengo cancha y me cuesta delegar. Pero acá quería generar algo nuevo, algo que yo no tenía para darle a los temas. Suelo ser muy barroco en mi forma de crear, y Arian es un tipo minimal, limpio, despojado. Estuvo bárbaro la verdad como experiencia. Hubo momentos tensos, pero el resultado es muy bueno por complementación.

-La mirada del otro te destruye o te hace crecer.
-Woo… ambas. Destruye y construye desde abajo, algo así. Me cambió el coco mal esta experiencia a ese nivel. Vas a la raíz para construir

-Bueno, en el disco participa Darío Sztajnszrajber, que habla mucho de la deconstrucción.
-Darío es un GENIO, el ídolo de este nerd. Lo admiro mucho. Yo vibro mucho en ese plano filosófico que el maneja a la perfección.

-¿Qué encontrás en lo que él plantea?
-Amigarse con la angustia, con el vacío, con la muerte, con todo lo horrendo, jaja. Yo tengo más de una década de techista mental (psicólogo) y tengo el hábito de pensar mucho, a veces de más. Y la filosofía, particularmente Darío, es un amigo de la reflexión y los cuestionamientos.

-Eso se nota en las letras, bastante
-Sí, lo sé. Es adrede, y me gusta. Espero no pecar de bodrio.

-¿Cómo te pensás en el momento actual de la música argentina? Me refiero a que hoy parece todo una gran nebulosa, y al mismo tiempo repleta de nichos, ¿no?
-A full. La nebulosa es porque hay mil propuestas. Se dice que hay más músicos que publico. Es difícil eh… una síntesis a la que llegué es que nosotros somos los nuevos “mi hijo el doctor”, pero “mi hijo el artista”. La venganza de nuestros viejos con los suyos, jaja. Es complejo lo de los nichos, pero funciona así, tal cual. Yo le digo Tuppers porque hay grupos de artistas, no solo músicos, que arman colectivos, lo cual es grosso, pero a veces se genera una especie de hermetismo en esos grupos. Quizás siempre fue así, quizás debe ser así, de hecho yo tengo el mío, de alguna manera. Dentro de este momento musical que mencionás, me pienso como un tipo que viene sembrando hace unos ocho años como solista, y que apuesta a la constancia como forma de sacar la cabeza a flote. El tiempo dirá, pero lo que está a mi alcance es la perseverancia y laburar duro como un obrero del arte.

-Esa imagen difiere del imaginario de años atrás…
-La estresha… de una. Lo suelo decir mucho, venimos de esa generación. Soy del 78, curtí mucho “ídolo” y esos son mis referentes. Es muuuy frustrante, lo de los ídolos es duro porque en un momento te das cuenta que eso es medio un bluf, una varita que toca a unos pocos. Entonces solo queda calzarse las botas. Kevin Johansen, el antihéroe estrella, dijo una vez algo que me marcó a fuego y que está en línea con lo del obrero del arte: “Vos dale para delante, no pares nunca”. Eso lo uso un poco como bandera, ojalá me lleve al estreshato, jaja.

-Kevin tiene razón. No se puede medir todo con la vara del éxito. Ahí está la fuente de la frustración.
-Es jodido, porque te lo dice un tipo exitoso. Pero es el gran misterio, justamente en terapia en algún momento hablé de que “el éxito”es poder hacer lo que te gusta, más allá de que esté sostenido con otras actividades menos apasionantes que te den el morfi

-¿Cuáles son esas otras actividades?
-Estudié una carrera de productor de medios, que me dio herramientas muy variadas audiovisuales: diseño gráfico, video, montaje, fotografía, guión. Por ahí complemento. También tengo mucha cancha haciendo músicas para pelis, documentales, publicidades, audiovisuales en general. Pero el sueño es componer mis canciones y que esa sea mi actividad central.

-¿Antes era más fácil vivir de la música?
-Eran otros mercados también, otro mundo sin internet, sin home studios, con ventas de cds

-Hoy tenés que hacer reggaetón para subir de esa manera, y no es un comentario despectivo.
-No, yo banco a todos, justo ayer hablé de eso: laburantes todos.

-Es que el prejuicio del rock no va más.
-Te quedás en un nicho. De hecho Rock suena choto a esta altura, viejo, con telarañas. Pero, la verdad, es que el rock sigue estando en nuestros corazones. Mirá el Indio, La Renga, Divididos…

-Mencionás esos gigantes y te das cuenta de que casi no hay renovación.
-No, es verdad.

-Lo nuevo suena viejo.
-Tenemos a El Mató a un Policía Motorizado, otros obreros del arte

-Los Espíritus también.
-De una. Ahí tenés un caso, ellos son rock, mal, son los 60, 70

-Al mismo tiempo actuales.
-No pretenden contemporaneidad o mejor dicho, la replantean porque son LA banda. Es tremendo.

-¿Vos sentís que encontraste tu sonido?
-Buena pregunta. En mis discos creo que sí, tengo algo mío. En los vivos cambia todo el tiempo. Siempre estoy yo, y ahí está el estilo, o me gustaría creerlo pero no pasa tanto por el audio como en casos como Los Espíritus, que tienen una formación y una tímbrica fija. Pensá que yo he tocado mucho solo, o en dúo, trío, y también mucho en banda, pero no hay una constante sonora en los vivos. Así les pasa a los solistas, en general. Yo soy muy sincero en los vivos.

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