Alberto Kornblihtt: “No es que la ciencia enuncia verdades, pero transita por la búsqueda de la verdad”

Texto: Carolina Cabana / Fotos: Estrella Herrera

 

El edificio a medio construir del IFIBYNE (Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias) es una incógnita, como tantas otras cosas del futuro de la ciencia en Argentina. En el tercer piso, el único habitable por el momento, tiene su oficina Alberto Kornblihtt, biólogo molecular argentino que se doctoró en la fundación que dirigía Luis Leloir y se incomoda cuando escucha que algunos estudiantes lo consideran una celebridad.
Actualmente pertenece al grupo Ciencia y Técnica Argentina, junto con el ex Ministro de Educación, Daniel Filmus, el ex Presidente de CONICET, Roberto Salvarezza y Dora Barrancos, que es actual miembro del Directorio del Conicet. Es un espacio desde el cual vienen realizando convocatorias y declaraciones para reflexionar sobre temas de la realidad argentina.

-Con los recortes en ciencia del presupuesto 2017, ¿cuál es la situación de los graduados en carreras científicas que quieran seguir la carrera de investigación?
-Con la reducción del presupuesto disminuye el número de personas que entran a la carrera de investigador, que esos son ya doctores formados. El año pasado entraron novecientos de todas las disciplinas y este año son menos de la mitad. Ahora, si el Ministro consigue una cifra extra presupuestaria que garantice que entren más, puede ser que el directorio del Conicet haga entrar más. Pero si tenemos que vernos con la cifra actual aprobada por el Congreso, solo entraría menos de la mitad. Y eso es una gran cachetada. No puedo predecir el futuro pero mucha gente va a estar enojada y mal, y con razón. Siempre hay una selección, obviamente, una cosa es que de los 1.300 que se presentan entren 800 y otra es que de los 1.300 entren 400 o 380.

-Como para poner en contexto estos cuestionamientos, ¿cómo ves el desarrollo en ciencia de los últimos años?
-Yo lo veo en dos planos distintos. Por un lado, hay actividades que se iniciaron y que propulsó el gobierno de los Kirchner en el terreno de la tecnología autónoma e independiente. Después, en el ámbito de la ciencia básica, en la ciencia del descubrimiento no necesariamente aplicado, yo creo que ha habido un cambio cualitativo muy importante en estos quince años. Por empezar, se reabrió la entrada de la carrera de CONICET, ha habido repatriación de científicos y si bien las cosas no eran perfectas había un apoyo que se visualizó en la construcción de nuevos edificios, en el aumento de la cantidad de ingresantes a la carrera de investigador del CONICET, en el aumento de las becas, en el aumento del número de doctores de las universidad que son pagados por becas del CONICET y todo eso redundó en una mejora de calidad de la producción científica argentina en todas las disciplinas. El llegar a niveles de revistas internacionales que antes no se llegaba y en una mayor visibilidad de nuestra ciencia. Yo creo que eso fue muy importante, por supuesto que hubo algunos factores del cambio de la modalidad de hacer ciencia en el mundo que también confluyeron, como el hecho de la Internet. En ese sentido también ha habido una dinamización de la ciencia argentina que le ha ocurrido también a otros países latinoamericanos. Pero en particular creo que el nuestro, ya teniendo una tradición científica bastante sólida, sobre todo en las ciencias biomédicas y en las ciencias sociales, la inyección de dinero que hubo, por más que no sea extraordinaria, fue muy bien aprovechada y para mí tuvo un efecto cualitativo muy importante para la mejora.

“Una cosa es que de los 1.300 que se presentan entren 800 y otra es que de los 1.300 entren 400 o 380”

-¿Y cómo ves a la ciencia argentina en el contexto regional o en comparación con países más avanzados?
-Yo creo que una de las claves del éxito comparativo es el alto nivel de nuestras universidades públicas que son gratuitas, abiertas y por supuesto tienen también sus problemas.

No es un jardín de rosas pero eso ha generado y sigue generando graduados muy creativos y muy bien preparados. Eso se visualiza en que, si bien la inversión en ciencia en otros países de la región es mayor -es un porcentaje mayor del producto bruto interno que el de la Argentina, como por ej. Brasil, y su producción científica es numéricamente muy superior a la nuestra, esto lo recalcó la revista Nature el año pasado- el impacto o la calidad del menor número de publicaciones de nuestro país es mayor. Incluso se ve con respecto al compromiso y a la mística que tienen los jóvenes graduados argentinos, que en los países centrales está faltando. Creo que hay un cierto orgullo nacional de no querer ser cola de león sino cabeza de ratón. Hay una voluntad de nuestros jóvenes y de los investigadores científicos de generar cosas acá, de tener un cierto dominio sobre el tema que se investiga. Eso no implica que el tema sea autóctono, que sea telúrico, pero sí que haya una clara definición de que lo generamos acá, aunque sea un tema de trascendencia internacional. Hay muy pocos norteamericanos, por ejemplo, que quieran seguir la carrera científica comparativamente. Entonces los países periféricos somos una fuente de mano de obra y de cerebros.

-Y ahí aparece el peligro de la fuga…
-Por eso es peligroso cuando hay recortes y restricciones en nuestros países, porque inmediatamente la gente sabe que son bien valorados, sabe que pueden encontrar un lugar afuera porque tienen buena formación.

Kornblihtt está en un momento de reconocimiento de su carrera y siente que con su experiencia puede servir de ayuda a los que vienen. Para él, sin pasión no se puede hacer ciencia y no es necesario aplacar la angustia existencial con religión, sólo hace falta canalizarla a través del arte, la poesía y la cocina. Como con las obras de arte conceptual que copia sin ningún empacho, sólo porque le gustan y las quiere tener en su casa.

-¿Qué rol ocupa la ética en tu trabajo?
-En mi tema de trabajo, nosotros trabajamos con células en cultivo, no con seres humanos, trabajamos con plantas. Y no tenemos una aplicación biotecnológica. Yo pertenecí por más de quince años al Comité de Ética en Ciencia y Tecnología de la Nación, y ese Comité se preocupa por los aspectos éticos tanto de la ciencia, de los individuos y las instituciones y no específicamente de los bioéticos. Ahí hemos analizado y discutido y tratado como casos, problemas que tienen que ver con organismos genéticamente modificados, con intervención en el genoma, con el fraude o el autoritarismo en la actividad científica, con la privacidad de los datos genéticos, una serie de temas que tienen que ver con la ética. Yo creo que es muy importante que los científicos y los estudiantes de ciencia se pregunten estas cosas pero también que tengan una mentalidad amplia, porque tampoco los cuestionamientos “éticos” pueden llevar a la parálisis de la generación de conocimiento. La ética en principio es tratar de hacer el bien, o sea no hacer el mal de manera arbitraria. Parece ridículo lo que estoy diciendo, medio trivial, pero en realidad está muy relacionado con no hacer el bien para unos que cause el mal para otros. Sería eso la ética básicamente, está relacionada con los derechos humanos y con la política, obviamente.

-Para poder decidir la sociedad tiene que estar informada…
-Y en ese sentido los científicos y la divulgación científica tienen que informar. Vamos a poner un ejemplo actual. Que la iglesia se opone al aborto y uno de los argumentos es que el embrión ya es un ser humano, y eso es discutible. El embrión está formado por células vivas, y células vivas pueden ser los espermatozoides o las células de la piel y nadie se preocupa porque está tirando a la basura células vivas. Ahora, un embrión durante un tiempo es un conjunto de células vivas, recién a partir de un cierto número de semanas desarrolla un sistema nervioso, etc. Yo creo que en ese sentido estoy muy de acuerdo con la legislación brasileña, ellos consideran que la persona humana se determina con el nacimiento. Eso sin perjuicio de que haya legislación que le otorgue derechos al embrión. ¿Cuáles son los derechos del embrión? Que mientras está en gestación la madre tiene que tener buena alimentación, cuidados de salud, chequeos periódicos, protección social, pero eso no quiere decir que el embrión sea una persona. Entonces hay una confusión entre vida, vida humana y persona humana, y esa confusión, más allá de las ideas religiosas, la tienen que de alguna manera poner en juego los científicos. A mí lo que me apasiona de la ciencia es que rompe con ideas previas, que son consensuadas a partir de lo que llamamos sentido común o intuición y la ciencia es profundamente anti-intuitiva. Cuando los conocimientos científicos te dicen: no, mire, esto que usted pensaba que es asá es así, ahora tome su decisión. Si está prohibido el aborto está claro que el médico abortero, por más que se le compruebe el delito, nunca va a tener una pena tan grande como la de matar a una persona. Y debería tenerla si es que se considera a ese embrión una persona, porque encima está indefensa. Y el hecho de que todas las legislaciones, aún las más estrictas, no lo castiguen como si fuera un homicidio, ¿qué te está diciendo? Que tiene otro status. Ya la misma legislación está diciendo que es otra cosa, que hay una diferencia, aunque no lo quiera admitir.

 -¿Cuál es tu opinión sobre la divulgación científica en el país?
-Hay diversas iniciativas que en nuestro país están siendo desarrolladas desde hace mucho tiempo. Me parece fundamental una buena divulgación científica porque los científicos que estamos financiados por el Estado tenemos la obligación de rendir cuentas a la sociedad de lo que estamos haciendo, la sociedad tiene que ser partícipe de alguna manera de lo que hacemos. Pero por otro lado, la divulgación también cumple una función didáctica.

“Lo que me apasiona de la ciencia es que rompe con ideas previas que son consensuadas a partir de lo que llamamos sentido común o intuición, es profundamente anti-intuitiva”.

Al divulgar cómo funciona la ciencia y cómo las verdades son transitorias, cómo no existe el principio de autoridad, cómo hay que fundamentar las cosas que se dicen, de alguna manera se está erradicando un pensamiento mágico o místico en el cual se diga una afirmación sin ningún grado de sustentación, cosa que ocurre muy a menudo en la política. El pecado de la divulgación es la exageración. En términos de querer sobrevenderlo desde el antes y el después. Yo creo que los divulgadores, por lo menos los que yo conozco, son serios en cuanto al rigor de lo que se muestra que ocurrió. Lo que pasa es que muchas veces el título del artículo no lo ponen ellos.

-Yo pensaba antes que la ciencia era la verdad y que era definitiva. No que es una búsqueda de consenso y que las verdades son transitorias.
-Una cosa es que haya una búsqueda de consenso y otro es que las verdades son transitorias. Debo diferenciarme de eso, si no entramos en una filosofía del new age que exacerba el relativismo cognitivo y dice que las afirmaciones que dice un científico son un conjunto de intersubjetividades que se ponen de acuerdo para afirmar tal cosa. Por ejemplo, el rey está desnudo pero todos afirmamos que el rey está vestido. Eso sería minar las bases de la ciencia. En el otro extremo estaría el absolutismo de decir que la ciencia solamente tiene enunciados de verdad. Pero ni un extremo ni el otro.

“El científico, aunque no sea consciente, es materialista en el sentido del marxismo. La realidad existe independientemente del observador”.

 -Con consenso me refería al sistema de validación del resultado de una investigación.
-Hay algo fundamental de la ciencia, que además de no tener principio de autoridad y que las verdades son transitorias hasta que no sean refutadas, tiene que tener reproducibilidad. O sea, otras personas, en otro ambiente, en otro lugar, de otra edad, en otra institución tienen que poder llegar a las mismas conclusiones. Si no, la afirmación pasa por ser algo incomprobable, demasiado arbitrario.

Hay que saber distinguir una afirmación que es una hipótesis de una afirmación que es la conclusión de lo que se conoce hasta el momento. Son dos cosas distintas. No es que la ciencia enuncia verdades, pero la ciencia transita por la búsqueda de la verdad. Entonces, ese tránsito te permite llegar a verdades transitorias. Yo puedo discutir cualquier evidencia pero de repente no es que todos nos ponemos de acuerdo en que el avión cuando llega a cierta velocidad despega. El avión despega, es un hecho objetivo. Y despegaría aunque yo no lo observe, aunque yo me muera. Entonces uno podría luego interpretar por qué despega, podría saber las causas de por qué despega, puedo corregir en el futuro, mirá: no era por esto, es por otra cosa. Pero que el avión despega es un hecho incontestable. Porque en definitiva el científico aunque no sea consciente es materialista, en el sentido del marxismo. En el sentido del materialismo, ¿qué quiere decir? Que la realidad existe independientemente del observador. El observador puede perturbar de alguna manera el conocimiento a través de su subjetividad pero eso no implica decir que la realidad no existe. Quizás el hecho ocurre y no exista manera de saber por qué ocurre pero ocurre. Entonces ese concepto del materialismo por lo menos en mí se ha hecho carne antes de ser científico. Yo era materialista antes de saber que iba a seguir ciencia. Yo era ateo y materialista cuando era chico por la familia en que me crié y que viví. Y eso era una convicción de una visión del mundo que antecede o que se cristaliza estudiando ciencia, pero lo antecede.

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