#NiUnaMenos: chicas abusadas, familias cómplices y abusadores libres

Texto: Julio De Bonis / Fotos: Zalo Lynch

 

A principios de año, la psicóloga Paula De Martini, directora del hogar María del Rosario, subió a uno de los estrados de Comodoro Py para declarar como testigo en un caso de abuso y proxenetismo de menores. En frente suyo, dos abogados querellantes, que patrocinaban la causa, y el abogado defensor del delincuente MQ, que estaba detrás de los tres. La escena era proyectada en una pantalla gigante de la sala. El abogado defensor enfocó sus preguntas en la salud mental de la damnificada: ¿Estaba en condiciones adecuadas para declarar? ¿Su testimonio no estaría viciado por algún trastorno?

Y la verdad que la víctima -la llamaremos Marta para proteger su identidad- seguro que estaba trastornada, porque sufrió abusos aberrantes. Su padre murió antes de que ella cumpliera cinco años y su madre, que siempre la maltrató, decidió entregársela al hijo de su nueva pareja, MQ, para que la llevara a Buenos Aires. En Villa Fiorito, Lomas de Zamora, a veintitrés kilómetros del obelisco, este hermanastro la prostituyó junto a otras menores de entre once y quince años. También las obligaba a tomar cocaína y de tanto en tanto iba una médica a practicarles abortos.

Tras varios intentos frustrados, Marta, a sus doce años, logró escapar. Tras vivir un tiempo en la calle, la Defensoría de Niñez y Adolescencia del Gobierno de la Ciudad la acercó al hogar María del Rosario. “Ingresa acá en 2011, cuando tendría quince años. Una piba muy sobreadaptada, iba a la escuela, hacia talleres de actividades recreativas, iba a la Iglesia, se sostenía mucho en la religión. Tenía ciertos amigos, se armó una red, era copada, muy tranquila, cero agresiva, todo iba bien encaminado”, recuerda Paula.

Un día, el hermanastro se apareció en la puerta del colegio y la amenazó para que volviera a prostituirse. Para firmar la seriedad de sus palabras, la tajeó con una navaja. Tras su relato, desde el hogar realizaron la denuncia. El Estado demoró un mes en otorgarle una consigna policial y un botón antipánico, durante ese período la chica no pudo salir mucho del hogar ya que el mismo no disponía de personal para acompañarla a todos lados. Dejó la escuela, sus otras actividades, sufrió un brote psicótico e intentó ahorcarse. La internaron en el Neuropsiquiátrico Don Torcuato de Alvear y su hermanastro, MQ, volvió a rastrearla. Ella lo identificó ante presencia policial y él se dio a la fuga. Finalmente fue apresado e imputado por abusos y trata de menores.

Cuando Paula De Martini salió de declarar, tenía la sensación de que un camión la había pasado por encima, aunque también sentía ciertas ínfulas de Superman: por primera vez desde que trabaja en el Hogar, un violador terminaba tras las rejas. Sí, lector, leyó bien, las veintipico de chicas menores de edad que viven en el hogar actualmente saben que sus abusadores están libres. No sólo eso, siguen viviendo con sus familias, con sus hermanos, con sus madres. La Defensoría de Niñez y Adolescencia del Gobierno (CABA) comprueba el abuso, separa a las chicas y las envía al hogar, pero la justicia no avanza en el castigo de sus victimarios.

Al momento de esta entrevista, una tarde nublada en Parque Chas, en el hogar María del Rosario, MQ ya quedó nuevamente en libertad y el uso de iniciales es un pedido expreso de Paula De Martini para evitar represalias.

-¿La gran mayoría de las chicas que llegan es por abuso sexual?
-Sí, intrafamiliar, por parte del padre biológico o padrastro o algún familiar o amigo de la familia. Se considera intrafamiliar o incesto, desde la mirada psicológica, toda situación de violencia o abuso que se realice de un adulto hacia un niño menor de edad que sea dentro de la familia o extensiones, porque afecta diferente a la mente de ese niño. Que la familia no haya hecho nada es lo que más traumatiza a cualquier joven que viene acá. En la gran mayoría de los casos que están acá, las madres o los familiares no aceptan la situación, hay relaciones muy tóxicas o incestuosas que pueden ver esto como algo normal, aunque parezca mentira.

-¿Qué te lleva a trabajar con chicas abusadas?
-Un poco la casualidad, siempre quise trabajar con niños y adolescentes… Cuando terminé la facultad fui a la concurrencia al Piñeyro de niños y adolescentes, que es un posgrado en psicoanálisis, y también pinto…. y veía como una conexión entre el arte y el psicoanálisis, cómo encontrar una forma de expresarse para aquellos que no lo logran a través del lenguaje verbal y quizás sí pudieran hacerlo a través del arte. A partir de ahí estudié arte-terapia y armé varios proyectos sociales. Después conocí a alguien del Gobierno porteño que me llevó a trabajar con chicos que estaban en situación de calle. Me pareció interesante, quería conocer un hogar, no sabía ni que existía, de hecho pocos saben que existen, y en el 2005, menos. Al poco tiempo llegué a este hogar, que es de puertas abiertas, donde las chicas ingresan y salen con horarios regulados, pero van a la escuela, van a comprar cosas, tienen sus salidas.

-¿Cómo llegan las chicas al hogar y cuáles son los primeros pasos de su tratamiento?
-Nos llaman de la Dirección de Niños, nos dicen tenemos una chica y nos mandan un informe, lo más detallado posible. Después se hacen, por lo general, tres entrevistas, una de ellas psicológica, que incluye una psiquiatra. En el hogar trabajan veinticinco personas, de las cuales doce son profesionales y las otras son operadoras. Dentro del equipo profesional tenemos una coordinadora que es psicóloga y entrevista a las chicas que deriva la Dirección General del Niño, que nos llama porque nosotros estamos en convenio, nos pagan una beca por cada chica. Con ese dinero, que no alcanza, se subvenciona parte de esta organización. Se hace una entrevista, se diagnostica el cuadro clínico, si está en condiciones de bancarse el plan de trabajo, también si está para estar en esta institución o si quizás está con otra problemática, de consumo por ejemplo, y no está para la institución…

-Y después, ¿cuál es el método de trabajo? Imagino que debe atenderse cada caso, pero debe haber planes generales.
-Primero se definen particularidades, según la edad a qué colegio tiene que ir, si ya estaba yendo ver cómo le iba para ver si hay que realizar un cambio o no. Vemos el tipo de tratamiento necesario, si además de psicológico debe ser psiquiátrico, vemos temas de recreación, de capacitación laboral.

“Las veintipico de chicas menores de edad que viven en el hogar actualmente saben que sus abusadores están libres”

Armamos distintas actividades que tiene que hacer cada chica para primero insertarse socialmente y, después, restituir los derechos, porque hay que chequear si tiene la documentación bien o hay que sacarle el documento, por ahí es una chica que ingresó al país de manera ilegal. Han pasado casos que ni tienen partida de nacimiento, eso es todo un trámite en migraciones. Así que vamos desde lo más básico, como el documento, a la ropa que cuentan, cómo están de salud física y mental, y ahí definimos un plan de acción, pero lo primero que les decimos es que van ir al colegio y a una terapia, que es todo por fuera. Cuando ingresa, no sabe quiénes somos porque no nos conocen. Es tremendo, una chica de trece entra en un lugar donde no conoce a nadie, entonces hay que darles tiempo. Hay nenas que igual hablan un montón, pero hablar no significa que esté conectada con lo que está pasando.

  
-Hablando de lo que le está pasando, ¿cómo interpretan las chicas los abusos que sufrieron? ¿Comprenden la magnitud de la atrocidad vivida?
-No, no tienen mucha conciencia del exceso que ha sido para ellas. Empiezan a darse cuenta cuando denuncian, ese es el primer contacto con esa realidad, porque además se dan cuenta tarde. Tengo muchas chicas que son abusadas desde los seis, siete hasta los catorce, y a los catorce denuncian porque lo hablan con alguien, porque es una edad en la que empiezan a confrontar su realidad. Les empiezan a pasar cosas con alguien, algo de lo sexual se les está generando en ellas y se dan cuenta de que hubo una situación con el padre, allegado o lo que fuera, que no entendían muy bien o que no entendían si estaba bien o mal. Es un trabajo que se hace durante años para tomar la dimensión de lo que fue elaborar esa situación.

“Que la familia no haya hecho nada es lo que más traumatiza a cualquier joven que viene acá”

-¿Tienen a veces el sentimiento de ser culpables por haber estado en esa situación?
-Sí, culpables también de haber tenido algún tipo de satisfacción, aunque parezca muy fuerte. Culpables de haber estado ahí, de no haber denunciado antes… También se sienten súper mal a medida que empiezan a tener contacto más cercano con la situación, que es donde empieza a empeorar el cuadro clínico.

Por eso tenemos que estar muy atentos, nosotros promovemos a hablar, pero… ¿Qué es lo que hace todo ser humano? La mente está preparada para evitar el sufrimiento, si se murió alguien yo no voy a estar todo el tiempo pensando en eso. Uno con las cuestiones que le angustian usa distintos mecanismos, por eso después, en terapia, se empieza a hablar y aparece la angustia. Con ellas pasa lo mismo, sumado que vienen soportando una situación en la cual tuvieron que desasociarse muchísimo para poder sobrevivir, porque la verdad, muchas veces digo: ¡No puedo entender cómo esta piba está viva! Porque fueron sometidas a cuestiones de abuso, de haberlas quemado, maltratado… Tenemos una chica que tiene todo el cuerpo quemado por la propia familia, otra que un tipo la abusó y la quemó… viste cuando decís: ¡¿cómo estamos acá frente a esta niña, que tiene quince, sufrió todo esto y tiene ganas de estar acá?! Entonces, cuando empiezan a tomar contacto, las acompañamos. Para esto sirve mucho lo individual y lo grupal. Acá hacemos intervenciones individuales y, por ejemplo, ahora están todas las chicas en el piso de arriba en una asamblea grupal, que es un grupo terapéutico, y eso también ayuda un montón, porque se identifican con las vivencias. Fue el día del padre y ellas piensan en su papá y muchas se quieren matar, es todo un tema.

-El día del padre pasa a ser trágico…
-Y sí, porque no les queda otra que conectarse con eso. Vengo evitando, tratando de no pensar en mi papá y salgo a la calle y veo en una farmacia que dice Día del padre. Por más que lo quieran evitar, aparece por todos lados. Entonces la vida les da este golpe de realidad. Viene una chica muy angustiada y te cuenta una situación de abuso, te empieza a contar que está mal, que está elaborando y decís: “qué bueno, está conectando, es consciente de que eso estuvo mal”.

-Ese proceso debe traer aparejado mucho sufrimiento…
-Exacto, y ahí vemos que esa chica está en peligro, porque es muy probable que después de eso pueda pasar algo. ¿Qué puede pasar? Puede autolesionarse, se puede querer morir, se puede escapar, puede sentirse culpable y volver con la familia.

-¿Ha habido muchos casos donde llegado a ese punto de toma de conciencia tratan de autolesionarse o se escapan?
-Sí, se han escapado y hubo intentos de suicidios. Es muy heavy, no te quiero abrumar, pero es la realidad. No pasa todo el tiempo, pero sabemos que puede pasar. Tratamos de anticipar, pero a veces no podés. En este momento hay veintiún chicas viviendo, es un número, porque si bien somos muchas, no estamos todo el día sino por turnos, y hay que contener, estar atentas a todo. Tenés que ver con quién se relacionan, los novios que tienen, madres que llaman, padres que quieren intervenir y llevárselas.

“Son chicas en general muy desconfiadas, les cuesta mucho armar un círculo afectivo, de confianza, pero a la vez tienen mucha necesidad y están en riesgo de engancharse con parejas violentas”

Todo esto, sumado al cuadro clínico de las chicas, que presentan altibajos. La que sobrevive a este proceso sale bien. ¿Qué quiere decir esto? Que puede estudiar, conseguir un trabajo y logra egresar con un proyecto autónomo, que eso es ya a la mayoría de edad, porque al hogar pueden ingresar hasta los diecisiete, si pasan ese límite quedan a la deriva, sonaron.

-¿Y hasta qué edad pueden quedarse?
-Acá hasta los veintiuno, pero tenemos casos de hasta veintitrés. Porque hay chicas de dieciocho que no están en condiciones de trabajar, porque se desencadenó el cuadro psiquiátrico más tarde y es muy grave, chicas que no van a poder zafar y necesitan otro tipo de tratamiento.

-Mencionaste al pasar que muchas tienen novio… Me hizo ruido pensando en cómo recuperan la confianza en la sociedad, después de que tu primer círculo social te reventó.
-Sí, es un tema. Son chicas en general muy desconfiadas, les cuesta mucho armar un círculo afectivo, de confianza, pero a la vez tienen mucha necesidad y están en riesgo de engancharse con parejas violentas, esta es la realidad.

-¿Por qué se dan casos donde buscan a alguien parecido al drama del que escapan?
-Porque está naturalizado. No es que por el hecho de trabajarlo o estar acá ya lo desnaturalizan, no es tan sencillo.

-¿Es más probable que una chica que sufrió abusos se enganche en una relación violenta?
-No siempre, pareciera que sí. Para mí es todo tan singular y objetivo que no te podría dar una estadística, pero muchas chicas tienen relaciones donde hay maltrato, incluso ellas maltratan a sus parejas, les gritan, hay violencia. No es siempre así, pero pasa, porque además son adolescentes, siempre se dice que el adolescente es como una enfermedad, tiene todas las categorías complicadas de lo que está bien o lo que está mal, de lo privado y lo público. Y encima les pasa esto, bueno, son pibas que están muy complicadas. Entonces, armar una relación estable, sana, sí, algunas, y la gran mayoría no.

“El machismo no es del hombre, es una ideología que está en nuestra cultura y que implica autoritarismo, sometimiento, y también está presente en las mujeres”.

 -Centrémonos en el victimario, ¿Se pueden establecer patrones de conductas similares en los violadores o en los abusadores?
-Nuestra mirada es psicoanalítica, creo que hay dos perfiles de abusadores. El psicópata, que te diría es incurable porque no va a asumir una situación, no va a ir a terapia y no va a aceptar ningún tipo de tratamiento. Hay patrones de la psicopatía, los psicópatas hacen pasar las cosas que están mal como si fueran buenas.

Ahora, otros patrones son muy difíciles, porque los psicópatas son muy inteligentes. Después hay otro perfil, siempre hablando del hombre, que es el de los muy depresivos, que tienen recursos mentales muy básicos, debilidades mentales como si fuesen niños. En ese caso, hay más posibilidades de recuperación. Hubo casos de estos perfiles que se recuperaron, pero llevaron diez años de tratamiento.

-Es interesante que hables de las posibilidades de cura porque está muy extendido el concepto de que un violador es irrecuperable. ¿El irrecuperable sería el psicópata?
-Quizás algún caso hay, yo no conozco ninguno. La perversión en ese punto de psicopatía es muy difícil de curar. Primero porque su estructura no le da para poder afrontar una terapia, no pueden aceptar lo que hicieron. Piensan que lo que hicieron no está mal y es muy probable que lo vuelvan a hacer.

-¿Las chicas siguen conectadas con su familia a pesar de que en muchos casos hayan sido cómplices de los abusos?
-Sí, un montón.

-¿Y cómo se relaciona con esa familia? Me imagino que al tratarse de abusos comprobados, los abusadores están presos…
-No, no están presos, eso es lo que vos y yo quisiéramos, pero no, ese es el problema. Hay procesados, hay Cámara Gesell, pero ninguno está preso. De los veinte casos, salvo dos que son por violencia, el resto fueron abusos y ninguno está preso. Ninguno. A las pibas les quema la cabeza.

-O sea que las chicas no pueden creer en su familia, porque uno la abusó y el resto fue cómplice, y tampoco puede confiar en el Estado porque no mete preso a nadie.
-No, y pasa eso, vos trabajás con esa población. ¡Imaginate cómo están! ¡Hechas pelota! Porque dicen “a mí me abusaron y estoy acá, y toda mi familia sigue su vida normal”. Ellas tienen que dejar de ver a su mamá, a sus hermanos y el tipo sigue ahí. Ellas te lo dicen… es que la justicia es un desastre.

A la charla se incorpora Laura Fernández, psicóloga del equipo profesional, que suma detalles aberrantes de situaciones impunes. Cuenta sobre una chica de doce años que ingresó hace poco con un embarazo del padre, donde hubo un aborto no punible, pero esa evidencia no dejó al criminal tras las rejas. Relata otro episodio donde el violador, que era el tío, se presentó en la ceremonia de egresados de su sobrina abusada y se quedó sentado viendo pornografía en su teléfono. Y otro caso de dos hermanas violadas y obligadas a consumir cocaína, donde el acusado fue condenado pero apeló y sigue en libertad.
Tantas historias cruentas hacen que no se sorprendan cuando se les comenta que el juicio político al juez Carlos Rossi, que otorgó una libertad temprana al asesino de Micaela García, está trabado. Les da bronca, pero saben que es así.

-Se enfrentan todos los días a esta realidad indignante. ¿Qué le pasa a ustedes cuando escuchan a Gustavo Cordera diciendo que hay chicas que necesitan ser violadas?
-¿Qué nos pasa? Nada, me parece que ese pibe es un psicópata o un estúpido, lo que es igual de peligroso. Es grave y no merece ser escuchado. Que sea público la verdad que es tremendo.

-Bueno, estos últimos días volvió a tocar en la Trastienda y subieron chicas a bailar con él su tema La Bomba Loca en el escenario. Pareciera una falta de conciencia fuerte en ese público…
-Sí, claro. Pero bueno, eso pasa un montón. El machismo no es del hombre, es una ideología que está en nuestra cultura y que implica autoritarismo, sometimiento, y también está presente en las mujeres.

-Hace poco Carlos Bilardo dijo: “Una mujer no puede vestirse como quiera”, y fue muy repudiado. Ahora, me imagino que acá deben tener un dilema con el vestuario de las chicas, porque por un lado suena inadmisible tener que poner límites en la indumentaria porque existen degenerados, pero por otra parte acá están las víctimas. ¿Cómo manejan ese tema?

“Nuestra teoría es que el psicópata cuando ve una marcha de estas, más quiere realzar su poder”.

-Tratamos de educarlas para que tomen conciencia de que el cuerpo es algo privado. La verdad, tenés razón, la chica debiera salir vestida como se le cante, pero lamentablemente tenemos que decirle: “no salgas así porque hay tanto degenerado…” Igual, es difícil, salen como quieren, muchas veces con la remerita muy en top, hasta con frío, y es complicado porque se agrega a la confusión que traen por las experiencias que sufrieron. Son más vulnerables a que las tome cualquiera. No toman conciencia del peligro.

-Pasemos a los femicidios y el #niunamenos, ¿Por qué con tantas marchas y tanta publicidad siguen aumentando los femicidios año tras año?
-Hay un problema institucional de la Justicia, porque esto de que no se meta preso a los abusadores ni a los violadores es un tema. Eso es no discriminar ante la sociedad qué está mal y es un delito grave. Entonces la sociedad se confunde, estamos desamparados por la justicia.

Laura Fernández: Sí, acá también pasa que la chica es la única que queda afuera de la casa y el abusador sigue ahí, en muchos casos abusando a sus hermanos.

-Y a nivel femicidio es lo mismo, si obviamos un montón de denuncias de violencia y no pasa nada. El tipo que es psicópata lo que más quiere es romper la ley… y viste qué casualidad, ahora cada vez que hay una marcha de #niunamenos, en esos momentos hay muchos femicidios. Nuestra teoría es que el psicópata cuando ve una marcha de estas, más quiere realzar su poder. Es una cuestión de poder, de sometimiento, pasa por ahí. Y va a seguir pasando hasta que el Estado haga algo, hay que tomar medidas más rápido.

INFORMACIÓN DEL HOGAR

El hogar María del Rosario es una asociación civil, que trabaja desde 1993 en la recuperación e reinserción social de chicas abusadas. Si bien el Estado realiza aportes por cada chica, los mismos no cubren más del 30 por ciento de los gastos, por lo cual en cada reunión directiva sobrevuela el miedo del cierre, por eso, todo aporte es bienvenido.  Para más información y si desea colaborar con el hogar, se puede ingresar a www.hogarmrsannicolas.org.ar

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