Mil y una noches de sexo: la vida de la mujer que hizo del swinger un estilo de vida

Texto: Nicolás de la Barrera / Fotos: Alejandra Rovira

 

 

Todos los martes, miércoles, jueves, viernes y sábados, Laura Liliana Domínguez recibe a decenas de parejas que, atraídas por historias de sexo salvaje que escucharon por ahí o leyeron en alguna página de internet, llegan al club swinger del centro porteño a hacer volar las fantasías que previamente moldearon entre sus sábanas, en la intimidad.

Laura (51) es coordinadora de Sweet, el club más grande del swingerismo local después de Anchorena -actualmente cerrado, considerado un clásico de la noche porteña-.

Hace 16 años llegó al ambiente swinger y ahí sigue, noche tras noche. Laura está en todo lo que ocurre en el lugar, es la encargada de que todo funcione a la perfección. Al mediodía, cuando se despierta, comienza con su tarea rutinaria: redes sociales de Sweet, reservas en el restaurante del club, la atención de las consultas de los que no conocen y quieren probar.

Laura dice que vio “de todo” y que ese de todo es mucho más que sexo, que sabe más que nadie sobre las parejas que visitan el lugar. “Escuché historias de vida, vi separaciones y parejas que se conocieron acá o en ‘Ancho’ y que después me vinieron a contar que tuvieron bebés.”

Solo hacen falta unos minutos para darse cuenta de que lo que cuenta es así. Las parejas que, se nota, ya tienen más confianza, se acercan a hablarle. Tiene una fórmula para que eso pase: “Si vos estás preguntándole a la gente por qué vienen acá y qué buscan, no te van a contestar nada. Pero te acercás y les preguntás cómo están, y te contaron todo.”

Se emociona con algunos recuerdos. Se le forma una sonrisa amplia cuando relata la anécdota de los españoles que hicieron crecer a la familia en Anchorena. “Era una pareja que había venido a visitar el lugar y ella quedó embarazada acá, entonces a la hija le pusieron mi nombre. Eso fue genial, por poco me muero”, dice, todavía sorprendida.

Claro que no siempre las cosas se dieron con la naturalidad de hoy. Los primeros pasos en el swinger, por el contrario, no le resultaron un trámite. “Yo llegué de la forma más insólita y de la que menos recomiendo llegar: de casualidad, con alguien que no conocía, que después fue mi pareja durante nueve años. Fui a un boliche, conocí a una persona y me invitó a ir a Anchorena, que yo no sabía ni lo que era. Cuando me dijo que era un club swinger no tenía la menor idea de lo que era e hice lo que nunca hice en mi vida ni lo volví a hacer: me fui con un tipo que no conocía a un lugar que no tenía idea. Cuando llegué -imaginate, te estoy hablando hace 16 años-, era todo muy distinto. Era un jueves y había muy poquita gente. Cuando entré y vi eso le dije ‘yo acá ni sueñes que voy a hacer algo'”.

“Había estado casada 20 años con la misma persona. Seis meses tuvo que remarla para que yo hiciera el primer trío, que fue con otro hombre, que siempre digo que es con lo que te enganchan los hombres.”

-¿Por qué decís que la forma en la que llegaste es la menos recomendable?
-Porque la modalidad del swinger es una pareja consolidada. No hablo de papeles, sino desde el sentimiento, desde otro lugar para poder disfrutar de esto, porque si no es un sexo vacío y banal y ese no es el sentido del swinger. El swinger es ver a tu pareja disfrutar y vos disfrutar viendo cómo tu pareja esta con otra persona y viceversa. Con una persona que no conocés no tenés ese sentimiento. En mi caso, en un primer momento, fue como sexo vacío. A mí me gustaba mucho esa persona, entonces fue como darle el gusto para que se quedara conmigo. Por eso digo que no es lo más recomendable, porque no tiene mucho sentido.

-¿Cómo fue entonces que te enganchaste con el swinger?
-Porque la relación fue cambiando y siempre le repito a las mujeres que vienen, que una en el swinger se siente como deseada, codiciada, hermosa. Imaginate que yo tuve un hombre durante 20 años que me decía “vos sos una gorda”, “no servís para nada”, “si te separás a dónde vas a ir a trabajar”. Es decir, totalmente denigrada. No digo que todos los matrimonios sean iguales, pero después de 20 años imaginate que tu marido no te atiende, o no te desea, o no te ve de la misma forma. Entonces vos llegás al swinger y está bien, después de un tiempo yo me di cuenta que los hombres te desean por un ratito, que es el mismo ratito que después una los desea a ellos. Pero yo llegué en jean, polera, botas, toda tapada, y a la semana ya me fui con una mini, y así es cuando veo a una mujer que llega acá y me da como un orgullo, no desde el ego, sino como “qué bueno, empezaron a ser mujeres otra vez”.

“Yo puedo ver a mi pareja tener sexo con otra mujer o con otra persona y no me produce nada, me da placer. ¡Pero lo veo tomando un café y lo mato!”

-¿Para vos hay algo reprimido?
-¡Obvio! Si no, no aceptás venir a un lugar así o no caés en un lugar así. Siempre pregunto a una mujer: “¿Miedo de qué tenés? ¿Que te digan atorranta, esas cosas?”. Cuando le conté a mi mejor amiga de veintipico de años a dónde había ido me dijo que era una atorranta y me escondía al marido cuando iba a la casa. Yo le decia que no es que yo, porque soy swinger, me voy a querer garchotear a todos los hombre que vea. No, el swinger es en un lugar y con ciertas personas, nada más.

-¿Qué creés que siente o le pasa a una mujer cuando llega al swinger?
-Básicamente, que podés olvidarte de todo lo que reprimiste por mucho tiempo, sentirte deseada, y después que podés ser libre de decirle a tu pareja “uy, qué bueno que está ese flaco o esa chica”, y no te va a decir “qué decís, desubicada”. Y lo mismo él te puede decir. Yo una vez di una entrevista y el título me encantó porque fue la parte que menos bolilla le di: yo puedo ver a mi pareja tener sexo con otra mujer o con otra persona y no me produce nada, me da placer. ¡Pero lo veo tomando un café y lo mato! Es así, porque es ese momento de placer, y punto.

-El swinger entonces no excluye los celos.
-Si, hay, yo he tenido cada berrinche de celos… pero si no no sería humana, ni mujer, ni nada. Pero bueno, pasa, como todo.

-¿Hay machismo dentro del swinger?
-Sí, hay machismo, hay veces que estás haciendo un intercambio o algún juego, y siempre hay un hombre que te quiere dirigir. “Hacé esto, hacé lo otro”. Esa es la parte machista que ellos no se dan cuenta que siguen teniendo a pesar de que dicen “soy liberaaal, no tengo problemas, no soy machista”.

-¿Y la histeria existe acá?
-Sí, muchísimo, hay gente que provoca y después se va para atrás. Y bueno, quizás es un morbo el histeriquear y después irte.

Laura, en cambio, fue para adelante. La pareja con el hombre que le hizo conocer un mundo nuevo siguió, incluso tras una separación de más de un año. “La segunda etapa fue soñada, porque llegamos los dos a entender bien lo que queríamos, como éramos, todo. Puedo decir que esa segunda etapa fue la que viví en plenitud lo que era ser swinger”, dice. La llegada al ámbito laboral swinger, fue, sin embargo, rara: “Un día fui persiguiéndolo a él porque no creía que se había ido a Entre Ríos y el encargado de Anchorena en ese momento me dijo ‘Laura, viniste sola, ¿no querés trabajar acá?'”. Laura, profesora de yoga y educación física, empezó del escalón más bajo en el ambiente de la noche en general. “Necesitamos gente para levantar los vasos”, le dijeron. “Senté a mis cuatro hijos, les conté que iba a trabajar en un swinger y les expliqué lo que era también. Y bueno, empecé levantando vasos, y si faltaba la recepcionista iba a la recepción, si faltaba la del guardarropas iba ahí…”

-¿Y qué pasó cuando le contaste a tus hijos?
-Mis hijos lo tomaron más natural que yo. Son grandes, en este momento tienen 32, 30, 26 y 22, pero en ese momento eran adolescentes. Lo que yo le digo a la gente que viene acá y me dice “ay, Laura, mis hijos se enteraron”, es como si vos dijeras los chicos saben que papá y mamá hacen el amor. Pero vos no le contás “hice esto, hice lo otro”. Esto es lo mismo, no le vas a contar si estuviste con una chica, con cuatro hombres, o intercambié con tres parejas. A ver, no se puede vivir en el secreto o la vergüenza. Sé que no es algo que lo entiende todo el mundo y uno sabe a quien contárselo. Después mis hijos trabajaron en Anchorena y trabajaron acá, así que no hay problemas, pero obviamente que no iba a hacer algo delante de ellos, porque no da.

-De levantar copas pasaste en un momento a recibir a las parejas. ¿Qué pasó en el medio?
-Cuando yo me voy, porque renuncié varias veces, y me vuelven a llamar, les dije que lo que quería era ser coordinadora, para poder evitarles a muchas parejas aunque sea el uno por ciento de lo que había sufrido, porque cuando yo empecé no había coordinadores. Vos entrabas y te ibas enterando a medida que te iban pasando las cosas.

-Decís sufrir, ¿por qué?
-Sufrí de verdad. Los celos, el decir que sí porque quería complacer a mi pareja… está bien que era algo personal y soy una persona grande, pero muchas chicas vienen a decirme “yo no quiero tal cosa, pero él me insiste”. Es aconsejar desde el lado de adentro, que no es lo mismo la persona que lo vivió que la que no lo vivió. Entonces me preguntaron cuál era mi idea. Yo dije que recibirlas, mostrarles el lugar. De a poco uno va cambiando las formas, pero en ese momento yo les hablaba todo junto y después me di cuenta de que la gente cuando llega, llega con el mismo miedo que llegué yo y no te escucha. Vos no le podés preguntar a la pareja que recién llega y nunca pisó un swinger qué están buscando, porque no saben qué están buscando. Vinieron porque tienen los ratones sueltos. Ese fue el primer paso.

“La orgía es lo que piensa la gente, un todos contra todos, que vos entrás a la orgia y te agarra uno, te agarra otro, vos agarrás a fulano… pero no. Acá todo es de mutuo acuerdo, todos tienen que estar de acuerdo para llegar a concretar algo”

-¿Qué les decís a las parejas la primera vez que vienen?
-Yo ahora no hago toda la coordinación de arriba y demás, pero cuando los recibo primero les pregunto si conocen otro lugar, y después les digo que no es igual a otro lugar. Porque es así, a pesar de que se hagan las mismas cosas, cada club tiene sus reglas, sus códigos, sus formas. Gracias a Dios conozco a todos y de todos los dueños soy conocida. Entonces sé cómo se manejan, y lo primero que les digo es que acá nadie está obligado a nada y que esto no es una orgía generalizada, que es lo que la gente piensa.

-¿Cuál es la diferencia con una orgía?
-La orgía es lo que piensa la gente, un todos contra todos, que vos entrás a la orgia y te agarra uno, te agarra otro, vos agarrás a fulano… pero no. Acá todo es de mutuo acuerdo, todos tienen que estar de acuerdo para llegar a concretar algo. Muy pocos son los que llegan y no tienen esa idea. También les digo que no tengan miedo, que el no es no, que no hay gente desnuda ni teniendo sexo en cualquier sector, porque también piensan que al entrar vamos a estar todos en una orgía romana. Y después se le explican los códigos, las reglas.

-¿Qué es lo que aseguran esos códigos?
-Un buen clima, de respeto, de tranquilidad. No podés estar en un lugar a donde viniste a pasar un buen momento cuidándote que no te toquen la cola, o que no vengan y se zarpen de cualquier otra forma.

-Al comienzo decías que el swinger es para parejas consolidadas. ¿Es la única forma que hay de vivir el swinger?
-No, están los solos, las solas, están las parejas de amigos para esto, que mientras ellos respeten los códigos como pareja esté todo bien, nosotros no les pedimos una libreta de casamiento, y quizás se comportan mejor unos amigos que una pareja consolidada.

-¿Creés que el swinger es un estilo de vida?
-Sí, que lo podés dejar cuando vos quieras, pero igual es un vicio, siempre vas más allá.
Salvando las distancias… esto es adictivo. Es como que más sexo tenés, más sexo querés, y más se te despiertan los ratones y más cosas se te ocurren. Se empieza -generalmente, que no fue mi caso- con una chica. Concretan con una chica y ya van a buscar a la pareja, de la pareja te pasan al solo, del solo al gang bang, del gang bang te pasan al grupal, te pasan al privado, a Palos Verdes (N. de la R.: un campo nudista), travesti, crossdresser, y después volvés a cualquiera de las que te gustó más.

-¿Con tu pareja valía todo?
-Yo tuve una pareja bisexual, y a mí me preguntan si soy bi y se ríen porque digo que soy amplia, porque a mí me gustan hombres, mujeres, gays, travestis, crossdressers, todo me fascina. El hombre siempre… Yo, que tuve una pareja bisexual, cuando decía en un grupo de amigos swinger que fuimos de levante a la zona roja, por poco me mata. Es decir, el hombre muy rara vez lo acepta.

-¿Pero creés que…?
-(Interrumpe) El 90 por ciento que son bisexuales los dos, pero no te lo van a aceptar nunca.

-¿Cómo llegaste a…?
-(Vuelve a adelantarse a la pregunta) Porque son muchos años, entonces es como que vas viendo gestos, palabras, publicaciones, ese tipo de cosas. Es un sexto sentido, como cuando sabés la cantidad de sal que lleva la comida… no tengo idea (se ríe). Acá en este mundo no hay sorpresas.

-Después de tanto tiempo en el ambiente, ¿seguís viviendo el swinger como el primer día?
-No, porque no tengo pareja y no me gusta ser tercera o estar con un solo, porque para mí eso no es ser swinger, así que lo vivo desde afuera, escuchando a la gente que viene con sus consultas, o sus cosas. Es muy difícil encontrar una pareja, y si decís que sos swinger, peor todavía. En el afuera es como que “uh, el swinger” (pone una voz de duda o desconfianza), y en el adentro es “uh, me engancho con esta que es swinger y trabajo ahí…”.

-No podés ser swinger de cualquier manera.
-No, hay muchas chicas solas que vienen y lo disfrutan, pero yo no. Para mí ser swinger es estar con mi pareja y proyectar: “me voy a vestir así porque esta noche vamos a…”, o entrar a una página y decir “mandale un mensaje a esta pareja que me gusta”, y hacer todo ese preludio antes del encuentro, tener el encuentro, volver a tu casa con toda esa adrenalina y al otro día empezar otra vez.

“Esto es para parejas que están fuertes en la relación, que vienen a disfrutar, no a salvarse ni, como te decia, a darle el gusto al otro”

-¿Cuál es el momento más lindo que puede vivir una pareja swinger?
-Cuando llegás a tu casa.

-¿Por qué?
-Porque ahí revivís los momentos que pasaste, las cosas que hiciste. Las parejas tienen más sexo cuando llegan a su casa que en el mismo intercambio. Es como un cebador.

-¿Y qué tiene que tener una pareja, para vos, para comenzar en el swinger?
-Siempre tienen que hablar entre ellos muchísimo y saber que cuando vienen acá y cuando van a cualquier otro lugar quizá no es lo que imaginaron. Una cosa es la imaginación, otra cosa es la realidad. Y si alguno se arrepiente o no está preparado, entender, no enojarse. Es decir, la comprensión, poner sus propios códigos. Cada pareja tiene los suyos, y algunos son muy locos. Hay parejas que no besan, o parejas que no pueden acabar con otra persona, que quizá son una locura para uno, pero para ellos está bien y si lo disfrutan así es maravilloso.

-Hay una idea, y es que acá vienen las parejas que están yéndose a pique y que toman esto como un último salvavidas para la relación.
-No, para nada. Y es lo peor que pueden hacer. Esto es para parejas que están fuertes en la relación, que vienen a disfrutar, no a salvarse ni, como te decía, a darle el gusto al otro. Eso no sirve, acá los dos tienen que tener ganas de vivir esto.

-¿Por parte parte de los hombres no hay miedos acerca del rendimiento?
-Sí, seguro, pero ninguno te lo acepta eso. Hay mujeres ahora que te reservan para el restó, que dicen que le van a dar una sorpresa al hombre, pero es una en 50. La mayoría te trae, pero después se dan cuenta que tienen que rendir para dos o tres y ahí se quieren matar (se ríe).

-Y los enamoramientos, ¿ocurren?
-Sí, viste que desde hace un par de años están de moda los cuatrinomios (sic), digamos y te lo presentan, ella es la novia de mi esposa… una locura.

-Vos tenés la mente abierta, pero…
-Con límites. Si vos venís al swinger porque querés abrir tu pareja para incorporar más gente porque, no es la palabra pero “te aburrís”, para cambiar, para ponerle más adrenalina o lo que fuera, y te vas a “casar” con otra pareja para estar nada más que los cuatro juntitos, para todos lados, la verdad no le encuentro sentido. O a las novias: a veces hay matrimonios de tres, ¡con novias!

-¿Una pareja con una chica?
-También se lo llama poliamor, pero bueno, cada uno disfruta como quiere.

-Hace 16 años entraste al swinger, ¿hubo cambios en la movida desde ese tiempo hasta acá?
Sí, cuando fui el primer sábado, era muy poquita la gente que había. Cuando cerró había un montón de parejas y cada vez más jóvenes.

-Cuando empezaste…
-Era gente de más de 34, 40, 45 y ahora ves muchísimas parejas de 18, 20, y son parejas de verdad.

-¿A qué atribuís la llegada de los más jóvenes?
-Porque ahora podés decirle más abiertamente a tu pareja. “Probemos otra cosa”, o “¿abrimos la pareja?”. Y que tengan corta edad no significa que no sean consolidadas o estables.

-¿Para vos, qué busca una pareja que llega al swinger?
-Placer. Busca placer, busca agregarle adrenalina a la pareja, algo nuevo, el vestirte para ir a un lugar a seducir a los demás, aunque después termines con tu pareja y no agregues a nadie.

-¿En tu experiencia, cuáles son las cosas más placenteras que has vivido?
-Una noche fue muy especial porque era el cumpleaños de mi pareja y nunca me lo voy a olvidar, y él nunca se lo olvidó. El día que nos separamos me dijo “yo hasta que me muera me voy a acordar de ese dia”, que fue en su cumpleaños. Entramos a un sector que había en Anchorena, y ahí no se cómo nos agarraron dos parejas, y no sé cómo terminamos él con cinco mujeres y yo con cinco hombres. Terminamos y estábamos en el baño y entró una pareja… y terminamos como cuatro parejas en el baño. La cuestión es que salimos a las cinco de la mañana y fue todo con mucho placer. Y después, la vez que agregamos a una travesti a la pareja. Yo quedé tildada como dos días, no me podía sacar de la cabeza a una mujer con pito… y fue así como “guau”. Me costó como dos años convencerlo.

-¿Fue una iniciativa tuya?
-Fue una insistencia que lo volvía loco, y un día salíamos de una fiesta, también swinger, que fue alucinante, y me dijo “si no es hoy, no es nunca”.

“A veces me preguntan, ¿hoy viene gente linda? Yo qué sé lo que es lindo para vos, y después, no siempre lo lindo es lo que te va a dar placer”

-¿Cuando una pareja swinger se termina hay una doble pérdida, por la relación y por el estilo de vida que llevaban?
-Sí, pasa eso. Pasa que vienen parejas que se separaron y después viene cada uno por separado con otras parejas. Pero ellos la encontraron. A mí me pasó de no encontrar una pareja que esté a la par conmigo, que tenga mis mismas búsquedas. Por más que yo conozca un hombre que sea swinger, y yo siendo swinger, no siempre se busca lo mismo.. Yo no dejé de ser swinger porque no me gusta, a mí me gusta. Hay veces que me quedo mirando desde una baranda, y veo una pareja, que te das cuenta que están hablando y se acercan, y después concretan. Es un “ayyy qué lindo” (se ríe).

-¿El hombre y la mujer viven igual el swinger?
-A ver, vamos a una situación de un reservado. A la mujer, si le gusta -no vamos a la que viene para darle un gusto al marido-, le pone todo el empeño, pero el hombre no hay una vez que no esté mirando para otro lado a ver a quién puede agregar, no importa si es la bruja cachavacha. La mujer tiene que tener piel, porque al principio vos buscás a algún tipo lindo, a un Brad Pitt, y después te das cuenta que quizá con el Brad Pitt no tenés piel y es un boludo. En cambio, a mí me ha pasado de estar una vez con alguien que me tocaba y me soplaba la nuca y me secaba con unas servilletas. A mí me daba como escozor, pero no lo veía. Cuando me di vuelta no era mi Brad Pitt realmente, pero me dio tanto placer que ahí me di cuenta de que uno tiene que buscar la piel.

-¿Tuviste sexo con alguien que no le habías visto la cara?
-Claro, a veces me preguntan, ¿hoy viene gente linda? Yo qué sé lo que es lindo para vos, y después, no siempre lo lindo es lo que te va a dar placer.

-Ahora está cerrado pero, ¿qué es Anchorena para el swinger en Argentina?
-A nivel mundial, te diría. Mi hermana que vive en Estados Unidos, cuando le dije donde trabajaba me dijo “¿en el swinger?” Es algo que ni yo misma sabía lo que era. Es al día de hoy que hace tres años que está cerrado y recibo más llamados por Anchorena que por Sweet. Yo fui hace quince días y subía por el ascensor y… tu, tu tu (simula el latido del corazón, se le quiebra un poco la voz y la emoción la invade)… eran momentos y recuerdos, y cosas que una pasó ahí adentro. Que este lugar también lo tiene, pero no es de acá (se señala el corazón). Anchorena tiene olor a sexo.

7 comments

  1. Josefina

    Excelente entrevista! hay que abrir la cabeza, dejar de ser tan pacatos y conservadores. O lo que es peor, caretas. Una relación sincera es fundamental en la búsqueda de la felicidad.

  2. Daniel

    Excelente su comentario. Para los que tenemos poco o nada de experiencia nos disipo todas las dudas. Gcias por su generosidad puesta de manifiesto en lo que relató

  3. Jose Bartolome

    Muy buena nota , te felicito Laura porque tanto a mi mujer como a mi nos aclara muchas cosas, nunca fuimos a un lugar asi, pero nos ratonea y nos diste ganas de ir a conocer ese lugar y llevar a cabo nuestra fantasia. Gracias

  4. romanow maximiliano

    yo q voy a sweet con mi esposa lo considero lejos el mejor lugar.ubicacion atencion y despues de esta nota me convenso mas de que quien coordina la tiene muy clara

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