Marcha del Orgullo: la salida del clóset colectiva más grande del país

Texto: Sole Vela / Fotos: David Radosta

 

En las veredas, en los cordones y en la calle. Todos los años, la Avenida de Mayo se transforma en el escenario de la salida del clóset colectiva más grande de la Argentina. Arriba y alrededor de la carroza Loca bailan sin parar, cuerpos en movimiento que son festejo y lucha. En la carroza, se deslizan bajo las luces de tubo con los colores del orgullo que se prenden y apagan al ritmo de la música de los DJ’s. Fiesta y baile en la Marcha del Orgullo, una respuesta política a la intolerancia que aún persiste en ciertos sectores de la sociedad.

Las carrozas son el corazón y la columna de la marcha que arranca cada año en Plaza de Mayo y termina en el Congreso. La puerta de entrada y salida a la plaza es un arco iris inflable por el que pasaron todas. El sol todavía ilumina y calienta. Por eso, las gafas y los abanicos son los accesorios básicos para pasar la tarde de orgullo.

La música se puede cambiar de una carroza a otra como si fuera el dial de una radio vieja. Mientras en la Loca toca la DJ chilena Andrea Paz, en las otras suenan Miss Bolivia, Bandana y Gilda. La diversidad de la música también se ve en las formas de venir y de vivir la marcha: con familia, con amigues, con compañeres de militancia y activismos, sola o en pareja.

Rosaura es periodista de las radios La Retaguardia y La Tribu. Esta vez no vino a cubrir la marcha sino a vivirla con su novia Rocío. Acá se encontró con amigas y con su hermano y su hermana: “No había venido nunca y lo vivo como una fiesta. Me parece un espacio muy divertido y amoroso”. No está cerca de las carrozas ni eligió un lugar en particular, lo que más le interesa es con quiénes comparte este espacio de libertad.

Cuando salió del clóset, fue bien recibida en todos los lugares que habitaba. “En algunos, fue algo tan natural como para mí -recuerda- quizás porque mi clóset era más pequeño. Igual fue una decisión muy importante que tomé después de mucho tiempo de haber elaborado una salida interna y externa”.

“Ir con mi novia a pasear con mi sobrino -cuenta- es una vivencia cotidiana del orgullo”. Tiene una mirada alegre sobre el orgullo aunque cree que su experiencia es privilegiada por su entorno y por la época en la que le toca vivirlo. Porque reconoce, por otro lado, todas las historias de sufrimiento que hay detrás de la palabra.

La marcha también es un grito colectivo de rechazo al odio que todavía campea en las calles. Según el informe elaborado por el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires junto a la Federación Argentina LGBT, 67 personas murieron en nuestro país el año pasado por crímenes de odio basados en su identidad sexual y por la falta de acceso a derechos básicos. Fueron asesinades 11 mujeres trans y 6 varones cis gays y murieron por ausencia o abandono del Estado 43 mujeres trans. El informe también incluyó 7 s

uicidios. Y además, registró 80 ataques contra personas LGBT.

Al respecto, la consigna principal de este año fue claro: “Por un país sin violencia institucional ni religiosa. Basta de crímenes de odio”. La activista travesti Florencia Guimaraes lleva un cartel hecho en computadora que reclama “#Ni una menos Basta de travesticidios”, y otre con un vestido negro y la cara pintada como una calavera mexicana, levanta uno hecho a mano sobre un cartón -con dibujos de flores rosas- que insiste: “No somos peligrosas, estamos en peligro”. Uno de los pedidos de justicia presentes fue por La Chicho, asesinada en La Plata de 40 puñaladas.

Entre el glitter y el humo del chori
La bandera del arcoíris, creada en San Francisco por el artista y activista Gilbert Baker a finales de los 70, se mezcla con el pañuelo verde de la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito. Una bandera y un pañuelo por el derecho a amar, desear y elegir en paz. Un chico con un pantalón y una musculosa blancos flamea los colores del Orgullo frente a la carroza Loca. Levanta la mano derecha -en la que tiene una pulsera con los mismos colores- y saluda con los dedos en V.

Cristián vino a la marcha con una amiga para divertirse y encontrarse con otras personas. A la altura de la Avenida 9 de Julio, se suma a los que bailan alrededor de la carroza: “Lo que más me gusta es venir a escuchar música, pasear y compartir con los demás”. La música electrónica como forma de encuentro y comunión es algo que disfruta cada vez que va a escuchar a un DJ con sus amigos y amigas.

Piensa en la discriminación más allá de los márgenes de la diversidad. “Discriminación hay en todos los ambientes y todo el tiempo -cuestiona- no solamente por elección sexual. Sería hipócrita si dijera que no discrimino porque todos lo hacemos. Pero cada uno tiene que sentirse orgulloso de lo que es”.

El glitter se volvió un clásico al igual que las parrillas. El brillo y el perfume de una marcha popular y masiva hecha fiesta. Este es el día que Leyla, lesbiana militante de La Sublevada y estudiante de Ciencias Políticas, esperaba con ansias: “La del Orgullo es una de las marchas más felices de mi vida como militante. Junto con la del 24 de marzo son las que más me movilizan en lo político y lo emocional”.

Vino con el frente de Mujeres, tortas, putos, bis, travas, trans y no binaries de Nuevo Encuentro de la ciudad porque cree que la organización política es la mejor herramienta de cambio. “Para mí el orgullo a priori es un privilegio porque más allá de ser lesbiana y disidencia -aclara- soy blanca, de clase media alta, universitaria y vivo en Capital. Pero también es una respuesta política ante un sistema que todo el tiempo nos invita a estar avergonzades”.

 

Tuvo tres salidas del clóset. Por eso, cree que es un proceso que no se termina más y que cada une debe vivir como quiera. Hasta los 17 vivió en General Villegas, la ciudad de Manuel Puig, el autor de El beso de la mujer araña y Boquitas Pintadas. “La tercera fue mi primer día del orgullo como lesbiana. Hice un posteo en Facebook y se enteró todo el mundo. Me sentí muy querida, fue re lindo y re cuidado”.

El pasado y el futuro del Orgullo
La primera Marcha del Orgullo fue el 3 de julio de 1992. Muchas personas marcharon ese día con máscaras por miedo a ser discriminadas o echadas de sus trabajos, con frío y a oscuras. Gustavo Pecoraro es periodista y escritor y fue uno de los convocantes a aquella primera marcha junto a su amigo Carlos Jáuregui: “Este es el día más esperado del año porque sé de dónde venimos y soy muy feliz. Es muy importante no poner barreras porque la marcha del orgullo es con todes”.

Vivió durante 10 años afuera del país y cuando volvió en el 2010 coincidió con los festejos por la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario. Hace 5 que marcha con la carroza Loca, una propuesta alejada de la solemnidad pero no por eso menos política. La marcha tiene consignas políticas claras pero también es un espacio de diversión y libertad: “Nosotros no somos tristes, amamos la libertad, nos festejamos. Nos gusta ir en culo, en tetas, chapar, bailar, fumar porro y tomar cerveza porque somos libres”.

El colectivo LGBT hace 28 años que sale a la calle con una convicción profundamente democrática. “Uno de los grandes logros de la marcha -concluye- es la pasividad y heterogeneidad porque nadie expulsa a nadie. Podemos tener nuestras diferencias, chicanearnos o mirarnos mal pero nadie es violento con nadie. Evitamos la violencia machista y eso también demuestra a la sociedad quiénes somos y qué no nos gusta. Somos firmes en nuestros reclamos pero no violentos”. Así es como compartieron las calles militantes del trotskismo, la Coalición Cívica y del Frente de Todes sin que exista ningún hecho violento.

La carroza de la fiesta y el orgullo frena a la altura de Chacabuco. Gustavo se detiene a observar a tres pendejites que bailan felices arriba del techo de un kiosco de diarios. Se encuentran en ese instante las generaciones que dieron los primeros pasos y las que los van a seguir: “Fue emocionante y mágico verlos porque de eso se trata el orgullo del que hablamos. Siento que ya ganamos una parte del presente y del futuro”. Un colectivo intergeneracional, diverso y festivo que hace historia en cada marcha del orgullo y recuerda que al clóset no vuelve nunca más.

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