María Fernanda Azcoitia: “La tendencia fuerte es al aumento del suicidio adolescente”

Texto: Lucas Villamil / Fotos: Mariano Campetella

 

Según la Dirección de Estadísticas e Información de Salud del Ministerio de Salud de la Nación, en 2016 –el último año con información disponible– en la Argentina hubo 3.139 muertes por suicidio o secuelas de intento de suicidio. De ellas, los datos indican que 850 correspondieron a adolescentes y jóvenes de entre 15 y 24 años, el grupo etáreo más vulnerable de todos. Dicho de otra manera, en promedio murieron 8,6 personas por día a causa de suicidio, y dos de esas personas no llegaban a los 25 años de edad. La tasa oficial de suicidios es de alrededor de 7,5 muertes por año cada 100.000 habitantes, y supera a la tasa de homicidios, que en 2016 era de 6,6.

“Las estadísticas son todo un tema complicado, porque al no haber una ley ni un programa referido a la temática del suicidio no hay forma de recolección fidedigna de datos ni de comparación”, advierte María Fernanda Azcoitia, psicóloga especializada en suicidología. Y agrega: “Por otro lado, a pesar de que se ha avanzado un montón, el suicidio sigue siendo un tema sumamente tabú. Hay un montón de muertes por sobredosis que en realidad son suicidios, tienen que ver con una falta de cuidado de la vida. Hay un montón de accidentes que figuran como accidentes pero, ¿cómo determinás si estrellarse contra una columna fue un accidente o fue un acto intencional? ¿Cuántas muertes certificadas como un ataque cardíaco en la casa fueron en realidad un suicidio que es tapado por la familia? Porque es muy estigmático el suicidio, lo fue históricamente”.

Tal como explica la psicóloga, las estadísticas no alcanzan a reflejar la dimensión del problema, y a pesar de que el 11 de marzo de 2015 se sancionó la Ley Nacional de Prevención del Suicidio, no existe desde el Estado un programa activo para su abordaje.

Azcoitia es parte del equipo de voluntarios que llevan adelante el Centro de Asistencia al Suicida (CAS), una organización fundada en 1967 que vio pasar gobiernos de todo tipo. “No sé bien qué pasa porque no es cuestión de un gobierno u otro, no es una cuestión ideológica porque hemos pasado por distintos tipos de gobierno, el CAS existe desde hace más de 50 años y siempre dependimos del voluntariado”, aclara mientras sigue las instrucciones del fotógrafo y mira de reojo hacia la sala de al lado, donde ya empiezan a llegar los aspirantes a voluntarios.

El CAS se sustenta con una cuota mensual que aportan los mismos voluntarios y la página web fue desarrollada y es mantenida por uno de ellos. La sede actual de la organización es una pequeña oficina del barrio de Congreso prestada por una Obra Social, con una computadora y un teléfono que pudieron comprar con un subsidio del Ministerio de Desarrollo Social. Desde allí, unas 20 personas hacen turnos de cuatro horas para atender la línea telefónica 135, el número de atención al suicida. El teléfono suena todos los días, muchas veces al día y la atención es anónima, las conversaciones no se graban y tampoco hay identificador de llamadas.

Para llegar a ser voluntarios, los aspirantes realizan una capacitación que consiste en reuniones semanales todos los jueves e incluye una parte teórica y mucho entrenamiento. “Entre los perfiles hay de todo. Muchos estudiantes de psicología se ofrecen, pero pocos son los que siguen. Además de psicólogos hay una entrenadora, un ingeniero químico, un comerciante, una administrativa del Gobierno de la Ciudad, un guionista y profesor de teatro, una ama de casa y madre de tres chicos…”. Después de varios meses de entrenamiento, los aspirantes empiezan a escuchar guardias con voluntarios más experimentados, y después de ese largo proceso comienzan a hacer sus primeras guardias acompañados por un padrino o madrina. “En total dura casi un año. Es necesario para ir madurando la decisión de estar. Hay gente que hace todo el entrenamiento y una vez que empieza a hacer turnos, deja”, explica Azcoitia. Además, los voluntarios se reúnen cada 15 días para revisar casos, aprender y compartir experiencias. “Es un aprendizaje constante, las situaciones son siempre diferentes, las personas somos todas diferentes”, dice María Fernanda, quien ya lleva 37 años trabajando en el CAS, desde el comienzo de su carrera de psicóloga.

-Yo no me acerqué al CAS porque me interesara el tema del suicidio. Recién recibida, una profesora me dijo que estaban necesitando gente que dé una mano y a mí me motivó la colaboración comunitaria. Después me comprometí y en todo este tiempo aprendí muchísimo. En este momento estoy comprometida con la temática, con el cuidado de la vida y la prevención de las conductas de riesgo. El suicidio es una conducta de riesgo más, es el final de un proceso de mucho sufrimiento para una persona. Pero en esencia, lo que me atrajo fue trabajar solidariamente, porque somos todos voluntarios. Las decepciones y la rabia y la impotencia por todo lo que se podría hacer y no se hace es grande, pero la gratificación también es grande.

“El suicidio es multicausal. Por supuesto que hay enfermedades mentales que culminan en suicidio, pero cualquiera puede suicidarse. El suicidio es un proceso que empieza en un momento, con algo muy leve, que va creciendo”

-¿Qué es lo primero que tiene que saber un aspirante a voluntario?
-Hay que saber que se requiere de mucha práctica y que el entrenamiento es fundamentalmente en comunicación, en escuchar y en preguntar, conocer a la persona que llama, saber qué pide y qué necesita. No siempre lo que pide es lo que necesita. Tenemos muy claro que esta no es una línea terapéutica sino una línea de atención en crisis, no necesariamente suicida: las personas que llaman no todas están con ideación suicida y no todas llaman por una emergencia. Por supuesto que hay esos llamados de emergencia, que son en los que la persona ya tomó una decisión o la concretó, y son llamados más técnicos, se busca que nos den los datos para poder enviar al SAME y rescatar a la persona. Pero son los menos, la gran mayoría de llamados son personas que están en situación de crisis por diversas razones. La única certeza es que suena el teléfono y no sabemos qué pasa del otro lado. Por eso al voluntario se lo entrena en escuchar y preguntar, para conocer al otro y ayudarlo a encontrar alternativas, a buscar soluciones y agrandar el horizonte, que en la crisis está achicado.

-¿Cuáles son las razones de ese horizonte achicado? ¿Cómo se llega a esas crisis?
-Soledad, problemas familiares, problemas de adicciones, problemas de enfermedades terminales… También hay mucha consulta por terceros, preocupación por hijos, por esposas, por maridos, por amigos que están pasando una situación difícil. Hoy en día ha crecido mucho en adolescentes y jóvenes, muchas veces motivado por temas de bullying. La tendencia fuerte, lamentablemente, es al aumento del suicidio adolescente. Muy fuerte. No solo en Buenos Aires, en todo el país. El crecimiento del bullying -y sobre todo del cyberbullying-, y el consumo de droga, son situaciones que conducen a esta situación. La otra tendencia es que hay cada vez más gente que se interesa por el tema.

La tarea que realiza el CAS, como todo, tiene su correlato en las redes sociales. En Instagram, el ámbito en el que seguramente buscan eco a sus dudas y angustias muchos adolescentes, basta con poner la palabra “suicida” para dar con usuarios sorprendentemente populares. Suicidas unidos– 17.200 seguidores: “Meta? Sacarles una sonrisa siempre”. Xsuicidasx12– 11.600 seguidores: “Todos tenemos ese lado oscuro, necesitas ayuda?” Angeles caídos– 16.000 seguidores: “Deja de llorar, suelta la cuchilla, mañana será un mejor día”. Suicidas.359– 40.000 seguidores. Sonrisas.suicidas– 38.000 seguidores…

Para el CAS, ese todavía es un terreno por recorrer. Hoy, sus canales de ayuda son la línea telefónica y el sitio casbuenosaires.com.ar. Allí se pueden encontrar artículos y consejos sobre diferentes aristas del problema. “Cuando una persona muere a causa de suicidio, sus familiares, amigos y conocidos, en general, se muestran sorprendidos, no pueden creer “que haya hecho algo así”. Luego, mirando en retrospectiva, tal vez puedan identificar algunas señales que en su momento no supieron reconocer, y quizás hasta un pedido de ayuda al que no supieron responder”, dice uno de los textos.

Más abajo, el mismo texto brinda herramientas concretas para desarrollar la escucha ante esos pedidos de ayuda. “La experiencia muestra que el riesgo disminuye cuando la persona puede poner en palabras sus sentimientos. No se trata de dar ideas sino de generar un espacio de diálogo donde el otro pueda expresar sus propias ideas. Así, si nuestro interlocutor nos dice, “quisiera irme y no volver más”, “tuve ganas de subir a la terraza” o “me tomaría algo para dormirme y no despertarme nunca más”, debemos preguntar, “¿qué quéres decir con no volver más?”, “¿para qué subirías a la terraza?”, “¿qué tomarías y qué significa exactamente no despertar nunca más?”, y así seguir el hilo de la charla hasta salir de la metáfora. Incluso, si las ideas suicidas surgen más claramente, no deberíamos temer a realizar preguntas como “¿realmente pensás en suicidarte?” o, “¿pensaste en cómo hacerlo?”. No olvidemos que hablar sobre sus pensamientos suicidas puede resultarle muy difícil a nuestro interlocutor, debemos facilitarle el camino para que pueda hacerlo y a partir de ahí comenzar a trabajar sobre ellos”.

-¿El suicidio es un problema de salud mental pública?
-A mí me parece que el suicidio es un tema de salud pública, claramente, y tiene que ser encarado así. Y no solo de salud mental porque el suicidio es multicausal. Por supuesto que hay enfermedades mentales que culminan en suicidio, pero cualquiera puede suicidarse. El suicidio es un proceso que empieza en un momento, con algo muy leve, que va creciendo y que si no se aborda esa problemática en un determinado momento va pasando del conflicto a la crisis, de la crisis a las ideas negativas, de las ideas negativas a las ideas de muerte, y después empieza a amigarse con la idea de no existir más. Y después empieza a planificarlo, ese es el proceso. Es multicausal porque hay razones psicológicas, emocionales, razones económicas, razones sociales, razones médicas… Uno de los factores de riesgo es el sufrimiento crónico, el dolor, las enfermedades terminales.

-¿Qué consejo se le puede dar a una persona que está preocupada por alguien cercano?
-El primer consejo es antes de que aparezca la idea suicida, estar atentos a todos. Primero, al propio sentir y los propios procesos personales, para estar atentos a pedir ayuda cuando vemos que algo crece y no le encontramos solución o no le encontramos la vuelta. Luego estar atentos a los que nos rodean. En los colegios, ¿quiénes son los primeros que se dan cuenta de que un chico está solo, aislado, que ha cambiado de conducta, que está más triste…? Sus compañeros, sus pares, sean amigos o no. Uno de los síntomas más importantes es el cambio de conductas habituales: cambio de grupos de amigos, cambios de hábitos, mayor tristeza, mayor aislamiento… Empezar a emitir señales, esto de “ya no tiene sentido”, “me gustaría irme de viaje y que todo se solucionara”. En los colegios cada vez hay más conciencia, pero siempre están todos preocupados por los chicos que causan mayor revuelo, que se portan mal… yo diría que presten atención también al que está calladito en el fondo, que no dice nada, que nunca trae ningún problema.

“El suicidio no deja de ser un misterio. ¿Por qué se suicidó? ¿Es valiente o es cobarde? No es ni valiente ni cobarde, es una persona que está sufriendo, y hay un momento que hay que aceptar el misterio”

-¿Qué pasa con las personas de alrededor, con los afectados por el suicidio?
-Cuando hay intentos de suicidio hay que prestar atención a los primeros seis meses posteriores porque es altamente probable que haya otro intento, y en el caso de los afectados por un suicidio hay que seguir muy de cerca a cada uno. Cualquier muerte y cualquier duelo puede ser devastador, pero por suicidio es una muerte que deja más preguntas que respuestas. Es muy difícil tratar a afectados por suicidio. Por supuesto que se sale, y mucha gente hasta transforma su duelo en ayuda a los otros, pero deja más preguntas que respuestas, el suicidio no deja de ser un misterio. ¿Por qué se suicidó? ¿Es valiente o es cobarde? No es ni valiente ni cobarde, es una persona que está sufriendo, y hay un momento que hay que aceptar el misterio, no tenemos las razones que llevan a una persona a suicidarse.

Si usted o algún familiar o allegado suyo está atravesando una crisis emocional de cualquier tipo, siente que nada tiene sentido o se encuentra atrapado en una situación a la que no le encuentra salida, no dude en llamar al 135 (línea gratuita desde Capital y Gran Buenos Aires) o al (011) 5275-1135 desde todo el país.

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