Elisa Carricajo: “La producción independiente necesita de confianza, amistad y del deseo de crear juntos”

Texto: Lucas Villamil / Fotos: Rocío Ruete

 

Elisa Carricajo es marplatense pero a los 18 años vino a Buenos Aires para estudiar teatro y, por si acaso, Ciencias de la Comunicación. Hoy su cara ya es conocida en el cine independiente argentino, uno de sus últimos trabajos pudo verse recientemente en el Bafici en la película Cetáceos, de Florencia Percia.

Una mañana soleada de otoño, con mate, budín y un embarazo de siete meses, recibió a Almagro Revista en su terracita de Boedo. El leitmotiv de la charla fue la forma de producción artística independiente, una corriente que prioriza los procesos creativos grupales por sobre la iniciativa individual. Un ejemplo claro es la compañía teatral Piel de Lava que Carricajo integra junto a Valeria Correa, Pilar Gamboa y Laura Paredes, que en sus trece años de existencia ya realizó cuatro obras de teatro y una película de más de nueve horas que se está empezando a estrenar por partes. Se trata de La Flor, dirigida por Mariano Llinás, y promete convertirse en un hito en la historia del cine nacional.

-¿Cuál es tu criterio para elegir los proyectos?
-Hay un criterio, claramente, pero ni sé cómo nombrarlo porque es un poco intuitivo, se va desarrollando en el momento. En general, en teatro cada vez más me gusta trabajar con proyectos en los que estoy adentro y afuera. Con Piel de Lava estamos trabajando juntas hace trece años y actuamos, dirigimos y escribimos las obras, y algo de ese laboratorio de ir probando, estar afuera y adentro, probar el rol del actor en todos los lugares o la capacidad de estar adentro pero también estar pensando en la totalidad, todo eso es lo que más me llama últimamente. Esto va ampliando la cabeza del actor, tiene que ver con generarse los propios materiales para actuar, se crea una relación distinta del actor con los materiales, más involucrado, hacer entendiendo que ese hacer está insertado en una totalidad y que es para esa totalidad para la que se está trabajando. Y en cine me gusta trabajar con amigos o con películas que a mí me gustaría ver después, que son muchas y son heterogéneas. Me gusta algo como de la sinceridad del director con los materiales, cuando uno sabe lo que quiere, y le gusta, y es honesto con eso desde el principio… Eso me parece re lindo. El cine tiene estructuras que requieren mucho trabajo previo y uno muchas veces se suma a algo que ya está, entonces está bueno sumarse a ese tren en movimiento cuando el que va a la cabeza está claro con lo que quiere y con su deseo.

-Vos arrancaste bastante joven con todo esto. ¿Cómo te fuiste dando cuenta que te gustaba esta forma de trabajo?
-Yo me formé en talleres, más que nada, primero con Pompeyo Audivert y después con Alejandro Catalán, y básicamente con un grupo de alumnos que después empezamos a hacer obras con Rafael Spregelburd, y de ese grupo de gente salió Piel de Lava.

“Cada vez más me gusta trabajar con proyectos en los que estoy adentro y afuera”.

Mucha gente con la que fui trabajando y que son mis colegas y mis amigos a lo largo de los años salieron de ese lugar, que era un lugar que ya nos proponía formarnos como actores generando nuestros propios materiales, eso ya estaba.

-Más allá de que el azar te hizo estar en un grupo de gente, hubo decisiones que fuiste tomando…
-Llegué ahí y me gustó, pero estuve en otros lugares que no me gustaron y me fui. Pero sí, también tiene que ver el azar, dónde te hacés amigos… eso es re importante, trabajar con amigos en el mejor de los sentidos, aprender a generar vínculos de amistad en los procesos de trabajo. En los lugares donde me hice amigos me quedé y fui laburando.

“Es re importante trabajar con amigos en el mejor de los sentidos, aprender a generar vínculos de amistad en los procesos de trabajo”.

-¿Cómo es la forma de trabajo con Piel de Lava?
-Hicimos cuatro obras hasta ahora, y la película. En la película, si bien en términos de producción hay un proceso muy coral de construcción y de sostenimiento de ese proyecto a lo largo de los siete años que llevó filmarla -y casi ocho que va a llevar estrenarla-, Mariano (Llinás) es el director y guionista y hay una serie de cosas que se van hablando pero hay una cabeza más clara.

Nosotras, en general partimos de una idea o de una investigación que en general tiene que ver con la actuación, algo que nos gustaría probar, y a partir de ahí -sobre todo porque todas nos reconocemos más como actrices- probar el lugar de creación. Entonces se trae una idea, se prueba, se investiga, se vuelve a probar… Hasta ahora fueron así todos los procesos, lo que no quiere decir que la próxima vaya a ser así, por ahí trabajamos con un texto en algún momento.

-En el trailer de La Flor, el director dice que es una película sobre las actrices, y además es un proyecto de siete años, o sea que se fusiona la vida de ustedes con la película. ¿Los personajes están nutridos de la vida de ustedes?
-No, la película es super ficcional, salvo un episodio que se supone que tiene cierta cuota documental y en realidad es un chiste sobre eso, no la tiene. Sí se nutre de nosotras porque cuando empezamos a hacer la película prácticamente ninguna de nosotras había trabajado en cine, y en este tiempo que llevó hacer la peli todas empezamos a tener una relación con la actuación en cine, y es una serie de reflexiones sobre eso y sobre cómo se diferencia del teatro, el rol del actor y qué se yo. Somos un grupo y nos interesa investigar, eso pasó a ser un tema de charla. ¿Qué es ser un actor en cine? ¿Qué es ser un actor en cine industrial? ¿Qué es ser un actor en cine independiente? ¿Qué se espera? Todas esas cosas la película las va retratando periféricamente, la relación que las actrices van teniendo con el cine y el paso del tiempo, el paso del tiempo que a parte es anárquico, eso está buenísimo. Uno tiene una idea del paso del tiempo como de Boyhood (la película de Richard Linklater) que es la historia de un pibe que crece, entonces vos ves un paso del tiempo más lineal, hay algo muy claro. A nosotras esta película nos agarra de finales de los veinte a los finales de los treinta, y el paso del tiempo es raro, lo que produce… Hay momentos que estás como más vieja pero fue hace siete años, y ahora estás más joven… el paso del tiempo es caótico.

-Como si la vida fuera una película que cada tanto hace flashbacks.
-Hace flashbacks, claro, va y viene. Ahora estamos con un baby boom, dos de las chicas fueron madres el año pasado y en el episodio final de la película están embarazadas las dos, y cuando lo vi… pasa algo extraño, ¿viste? Con los cuerpos… Pero después, va y viene el tiempo.

-¿Cuál es la idea que vos intentás transmitir de la actuación? ¿Cuál es la diferencia entre la actuación en teatro y en cine?
-Creo que tiene que ver con buscar esta idea de que el actor sea alguien que puede entender la totalidad del material. No solo es virtuoso en representar la parte que le toca sino que es alguien que está involucrado con la totalidad de los materiales, que es una obviedad por otro lado. Más allá de desplegar ciertos virtuosismos personales, la actuación puede ser un lugar de creación conjunta con el director, con los otros rubros técnicos. En el teatro independiente, esta tradición está muy asentada, hay un montón de colegas que investigan en esta línea, de hecho la mayoría. En cine hay estructuras más rígidas donde el actor se inserta recién al final de los procesos, está la cosa de la estrella, ese rol del actor que lo separa del resto del equipo. Me parece que lo que nos interesa a nosotros, y de lo que habla el proceso de La Flor periféricamente y muchos otros proyectos que se están dando -también trabajé así con Matías Piñeiro, con Florencia Percia para Cetáceos…-, es de un vínculo de co-creación, que es lo que me interesa.

-¿Es algo generacional?
-Creo que sí, que es algo super generacional y que tiene que ver con la forma de trabajar del cine independiente también, con lo que planteó el cine independiente. Porque aparte, en tanto y en cuanto vos no sos una persona que te contratan por un período determinado y qué se yo… hay algo de producir de forma independiente de decir “mirá, empezamos esta película y no sé cuándo la terminamos”, que tenés que tener una relación de confianza y amistad y tiene que haber un deseo de compartir ese tiempo, crear juntos. Por supuesto que después se puede pasar a otras formas de producción en las que te contratan por un tiempo determinado.

-Más allá de la forma de producción, ¿cómo es tu método para componer un personaje?
-No se si creo mucho en la idea de personaje, como que es una palabra de otra técnica. No sé cuál es la mía pero no sé si usaría la palabra personaje. A veces hacés un personaje y es divertido, y eso tiene más que ver con la observación, creo que un actor es alguien que necesariamente se divierte observando a los demás y tiene capacidad de analizar los gestos, las formas de hablar y todo eso, tiene una mirada puesta sobre eso porque es algo que después vas a tener que traer de alguna manera. Entonces eso sería hacer un personaje, recordar a alguien, traerlo, hacer una lógica. Y después también creo que hay mucho humor sobre uno mismo, creo que es necesario, como que uno trabaja siempre en un borde que dialoga con lo que uno es pero no es, con lo que uno podría ser… hay algo de reírse de uno mismo, que me parece que es clave. De las formas que uno tiene. Uno también compone cuando vive. Hay que mirarse desde afuera, no tomarse con tanta seriedad cómo uno es para poder, con eso, hacer algo. Hay algo de cómo uno se defiende en el mundo que tiene que ver con una composición.

 -¿Tu vida personal incide mucho en todos tus personajes? ¿Sos vos?
-Creo que siempre hay una cuota de algo autobiográfico, pero a diferencia de otros métodos que trabajan con lo autobiográfico en términos más sentimentales, acá lo autobiográfico son materiales que uno tiene a disposición. Nadie tiene que saber cuánto de autobiográfico tiene, pero siempre se parte de algo que uno sabe o que uno vio.

“No se si creo mucho en la idea de personaje, como que es una palabra de otra técnica. No sé cuál es la mía pero no sé si usaría la palabra personaje”.

 

-¿Vos de chica sabías que querías actuar? ¿Venís de una familia de artistas?
-No, en mi familia son todos abogados. A mí me llevó unos años visualizarme como actriz. Igual terminé el colegio y me vine a estudiar actuación, lo tenía claro, pero después hay que aceptar toda una dinámica de lo que es la vida de una artista, las disrupciones que se tiene, los tiempos, las cosas… Es menos lineal que otros procesos. No tuve una gran oposición familiar ni nada de eso, simplemente que por ahí venís de una estructura que es de una forma y vos te tenés que crear como otra forma de pensar, inventártela, no está tan dada. De por si el freelance es así. Sobre todo la actuación tiene procesos muy intensos que empiezan y terminan, eso siempre es así. Los rodajes, las obras… te involucrás mucho, te conocés con un montón de gente, tenés ese trabajo, esa rutina, esa cosa… y eso se termina y tenés que aprender que viene otra cosa o que hay tiempos que no hay nada y que tenés que aprender a esperar.

-¿Hoy te podés imaginar haciendo otra cosa?
-Sí, de hecho lo hago porque si no me angustio un poco. Pensar que voy a hacer siempre lo mismo… Después uno se adicta un poco, me parece, a la dinámica de cambio. Pero a veces pienso que a los sesenta años me gustaría dedicarme a otra cosa, me imagino pegando un volantazo, dedicarme a cosas que tengan que ver más con la investigación, un trabajo más teórico. Pero son proyecciones que uno hace para organizar la cabeza.

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