Lucrecia Carabajal, la jocketa que ganó más carreras en la historia argentina

Texto: Lucas Villamil / Fotos: Francisco Odriozola

 

Hay personas que nacen con más certezas que dudas, como si delante suyo hubiera un solo camino por andar. Parece ser el caso de Lucrecia Carabajal, una mujer que desde muy temprano eligió aferrarse a su pasión y ese convencimiento le dio frutos en abundancia y a toda velocidad. Se trata de la jocketa con mayor cantidad de carreras ganadas en la historia del turf argentino, nada menos que 613 victorias.

Carabajal es hija de un reconocido entrenador, tiene un hermano entrenador y otro veterinario y está en pareja con un entrenador. Está claro cuál es su mundo. A los 15 años entró en la escuela de jockeys a pesar de la resistencia de sus padres, y a los 17 salió a correr. “Yo quería correr caballos, después, todo lo demás se fue dando con trabajo, yo no creía que iba a ganar las carreras que gané y que me iba a ir como me fue”, dice.

Ahora su realidad es la misma pero muy diferente. En las caballerizas del hipódromo de San Isidro, cerca de los caballos y con la pequeña Nina, de cinco meses, en brazos, la jocketa récord revivió los hitos de una carrera particular y, poco adepta a hacerse preguntas de más, prefirió no hablar del futuro y de las pistas.

-¿Cómo fue la primera carrera que corriste?
-La primera fue con una yegua de mi papá con la que aprendí a varear. Aprendí a andar en montura, lo que es un liviano, un galope largo, un media carrera, una partida… Se llamaba Cataña y tenía un problemita que era que no largaba bien, siempre largaba con desventaja y perdía carreras por muy poca diferencia. Pero yo la montaba a la mañana y la llevaba a las gateras y conmigo salía como para correr una cuadrera. Entonces, cuando se cumplieron los dos años de escuela debuté con esa yegua. Fue en febrero, de noche, entré sexta. Lo mio fue debut debut, porque ahora en la escuela los mandan a los chicos a correr al interior y cuando debutan acá ya ganaron un montón de carreras. Yo no conocía ni la cancha de pasto.

-¿Cuándo ganaste por primera vez?
-Fue con la misma yegua el 21 de marzo de ese año, el día de mi cumpleaños y -ahora- el de mi hija Nina. Era a la tarde y en la foto está toda mi familia menos mi mamá que se había quedado haciendo el asado. Del Diario Popular me habían hecho una nota en la que yo decía que volvía a correr con Cataña y que quería ganar porque era mi cumpleaños. Mi papá dice que “datié” a todo el hipódromo y la yegua pagó re poco en las apuestas porque yo dije que iba a ganar.   

-Después ganaste 613 carreras. ¿Llega un momento que te acostumbrás a ganar?
-Marina Lezcano ganó 611 y fue la más importante de las jocketas, ganó la cuádruple corona y muchos clásicos que yo ni siquiera llegué a correr… Y cuando me faltaban pocas carreras para superarla era una motivación extra, porque si no medio que era siempre lo mismo, ganar una carrera era solo un empujoncito más para seguir trabajando, pero no era la misma emoción. Entonces, en 2016 arranqué ganando mucho, era un enero que no quería que se terminara nunca porque venía ganando todas las semanas y me faltaban siete para llegar al récord, y el 3 de febrero me di el palo más grande de mi carrera.

-¿Cómo fue?
-No me acuerdo de nada. Lo vi recién después de que dejé de correr, durante todo el tiempo de recuperación no lo quise ver porque no quería que me quedara esa imagen, tenía que aprovechar que no me acordaba de nada. Pero cuando dejé de correr la vi veinte veces. Fue en el codo de la pista, venía corriendo tercero y de repente desaparecí del mapa. Atrás mío cayeron tres más. Me fracturé siete costillas, me saqué una pierna, me luxé la cadera, tenía líquido en el pulmón… Me desperté en la guardia, mi marido me dijo “rodaste” y me volví a dormir. Recién a los dos meses volví a montar, y a los tres, a correr, y gané con Thabor (el caballo de la foto).

“El 3 de febrero de 2016 me di el palo más grande. Durante el tiempo de recuperación no lo quise ver porque no quería que me quedara esa imagen, tenía que aprovechar que no me acordaba de nada”

 -¿No te quedó miedo?
-No, las rodadas están dentro de lo que te puede pasar, vos salís a correr sabiendo que te puede pasar y por eso todos volvemos. Yo en mi carrera tuve fracturas de todo tipo. Lo bueno de esa rodada es que no me acuerdo de nada, entonces a qué le voy a tener miedo, si no se lo que me pasó.

-En el turf hay muy pocas mujeres. ¿Arriba del caballo tienen alguna ventaja los hombres por sobre las mujeres?
 -Yo veo que no. Tal vez para algunos caballos, sí; no son todos los caballos iguales. Un hombre tiene más fuerza que una mujer, claro que sí, pero no siempre hace falta eso. Pero a mí me ha pasado de subirme a caballos que hacían tanta fuerza que no los podía manejar, y preferí no subirme más. 

-¿Cómo es el equipo alrededor de un caballo de carrera?
-Enorme, desde el peón, el capataz del stud, el sereno, el herrero, el veterinario, el que trae el pasto y la avena… El jockey por lo general lo monta a la mañana, para conocerlo, y a la tarde lo corre. Aunque yo gané con muchos caballos del interior que los corrí directamente sin conocerlos. Eso depende de la relación que cada jockey tiene con el dueño o el entrenador.

“Un hombre tiene más fuerza que una mujer, claro que sí, pero no siempre hace falta eso”

-¿Los jockeys cobran por carrera?
-Se llevan el 9 por ciento del premio, y hasta el quinto puesto hay premio. Además hay jockeys contratados por las caballerizas para que tengan exclusividad.

-¿Qué te puede enseñar un caballo?
-Un montón de cosas, porque los caballos no hablan y vos vas arriba tratando de entender qué es lo que le pasa, que le duele, por qué tiene un día malo…

-¿Qué es lo que te hace una jocketa ganadora?
-El caballo. Si no hay caballo no hay jockey. 

-¿Y qué es lo que hace que te den los buenos caballos?
-Que al entrenador le guste cómo opinás a la mañana, que te vean con pocos contratiempos…

-¿Tenés que saber leer cada carrera?
-Sí, si es que no te dieron una instrucción específica, porque hay entrenadores que te dicen “correlo adelante” y vos, por más que sientas que el caballo está para otra cosa, tenés que esforzarlo para hacer lo que el cuidador te pidió. Lo mejor es darle libertad al jockey, que es el que va arriba.

-¿Nunca te retobaste?
-Sí. Una vez, yo había corrido mal con un caballo por seguir las instrucciones que me habían dado, y decidieron sacármelo y dárselo a (Pablo) Falero. Pero justo Falero estaba de viaje y yo lo volví a correr, y como ya sabía que me lo iban a sacar decidí correrlo como yo quería, y gané. Después, en la foto les dije: “ahora dáselo a Falero que lo corra como vos querés”.

-Después de años de dedicarte a esto, al retirarte, ¿no sufrís un bajón de adrenalina?
-Si. Yo me retiré por Nina, mi hija. Gané el récord un jueves 9 de julio, al miércoles siguiente volví a ganar y el viernes me hice un evatest que dio positivo. O sea, creo que las últimas dos carreras que gané estaba embarazada. Y desde que el evatest dio positivo no me subí más a un caballo.

“Gané el récord un jueves 9 de julio, al miércoles siguiente volví a ganar y el viernes me hice un evatest que dio positivo. O sea, creo que las últimas dos carreras que gané estaba embarazada”

-¿Pensás volver a correr?
-No tengo muy pensado el futuro, tengo ganas de disfrutarla a Nina. Estuve dieciocho años con los caballos, sin ir a reuniones familiares porque corría… Yo tenía que ser la madrina de uno de mis sobrinos y le dije a mi hermana que no iba a poder ser porque el día del bautismo corría la Carrera de las Estrellas. Imaginate hasta qué punto me dediqué a lo que me dediqué.

  

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