La chica que se carteaba con Monzón: “El asesinato de Alicia Muñiz fue el comienzo para un cambio social”

Texto: Julio De Bonis / Fotos: Zalo Lynch

 

Julieta Gómez Martí era Julián en la mente de su padre, Ramón Gómez, que le auguraba futuro en el ring, a tal punto de tener planificado su rotura de nariz de pequeño para cumplir con un requisito implícito de los pugilistas. Pero la partera aplicó un cross de derecha al mentón del sueño paterno al anunciar el sexo femenino. Y si bien Ramón había tirado la toalla onírica, la campana todavía no había sonado. Es que a principios de los ochenta, después de ver en diferido la pelea en que Monzón le quitó el título de los medianos a Benvenuti, la primera entre ellos, la pequeña niña quedó maravillada. “¿Viste cuándo algo te enamora? Me dije ‘quiero ser boxeadora’, pero no había chicas boxeadoras.”

 Desde entonces, sus rituales favoritos eran esperar que hubiera alguna transmisión de boxeo para que Ramón cocinara pizzas. Se sentaban juntos frente a la televisión y también acompañaba a su papá los sábados al Luna Park. Y si bien conocía a los distintos contendientes, ninguno le había despertado la admiración del gran campeón de los medianos argentinos. A sus doce años, estaba veraneando en San Clemente cuando se enteró de que su ídolo estaba acusado de haber matado a su mujer, Alicia Muñiz. No dudó en pedir autorización para escribirle. El padre dio luz verde, y así comenzó una relación epistolar, cuya primera respuesta llegaría el ocho de marzo de ese año, antes de que se cumpliera un mes del crimen, y concluiría tras cincuenta cartas cuando un trágico accidente terminó con la vida del remitente original.

En su reciente libro, “Monzón, la biografía definitiva”, el periodista Carlos Irusta dedica unos párrafos a la chica de las cartas, Julieta Gómez Martí, que actualmente, tras haber practicado boxeo amateur, es una de las seis árbitros mujeres de dicho deporte, ejerce como abogada laboralista, como docente de derecho Romano tanto en la UBA como en la Universidad de José C. Paz, y acaba de estrenar su título de mediadora. De risa estruendosa y contagiosa, en pareja y sin hijos, su amor por los guantes se refleja hasta el día de hoy en los nombres de sus perros callejeros: Oscar Natalio (Ringo), Mohamed Alí y Luis Ángel Firpo. También cuando cae en knock-out contra su almohada y su inconsciente la proyecta arbitrando en el Madison Square Garden un título del mundo.

En su estudio de la calle Perón, a metros de Tribunales, Julieta se presta a una charla íntima con Almagro, donde repasará su relación epistolar con el femicida más reconocido del país y sus perspectivas de género.

-Yo lo de Monzón lo tomo más desde el lado humano que del boxístico, a partir de la muerte de Alicia Muñiz hubo un quiebre en la sociedad con la visibilización de la violencia de género, a mí me capto más esa parte humana que cubría el campeón. Estaba con mi mamá y con mis hermanas en San Clemente veraneando, y cuando pasó lo de Alicia Muñiz me pregunté: ¿qué pasó acá? Y me agarró como un sentimiento de ternura hacia él y le pedí permiso a mi papá. “Escribile”, me dijo, “te va a contestar”.

-En ese entonces él esperaba el juicio en Mar del Plata, ¿no?
-Claro, después pasa a Junín y sobre el final de la condena va a Santa Fe (su ciudad natal). Yo le escribí en los tres períodos y revisando esas cartas, se traza su vida en la cárcel y la que estaba teniendo yo, que iba al secundario, que quería estudiar derecho, que quería boxear. Ese trabajo de revisión me lo puse a hacer cuando pasó lo de Irusta (se refiere al contacto del periodista con su libro sobre Monzón) porque en realidad las cartas estaban ahí y nunca pensé que tenían ningún valor más allá del que yo le adjudicaba.

-¿Qué evolución encontrás en él y en vos?
– La de él primero es esperar el juicio y proclamar su inocencia, un poco una crítica a la opinión pública y a los medios de comunicación, algo de lo que hoy se habla mucho.

-¿Vos le creías?
-Sí, después cuando fui más grande me di cuenta que no, pero él ya había muerto. Tampoco estaba establecido el femicidio, ni las movidas de las políticas de género, a las cuáles apoyo a todas.

“Yo le decía a Monzón que quería ser boxeadora y él me decía que no, que estudie, que el título de abogada era un cinturón que nunca me iban a sacar. Me insistía en que era muy dura la vida sin un estudio”

-¿Cuál es la tu evolución?
-Yo era una nena muy inocente, todo lo veía con ojos de nena, preguntándole más cuál era su vida dentro de la cárcel, cuáles eran sus esperanzas, sus anhelos, le contaba que iba al colegio, le preguntaba por boxeadores. Él me contaba las series que les gustaba ver: Mac Gyver, Los profesionales. Su amor por su hijo Maximiliano.

-Te hablaba del hijo que tuvo con Alicia Muñiz, ¿sabés si él tuvo tipo de contacto con Maximiliano?
-No, en las cartas que yo tengo no me lo demuestra y aparentemente el niño se fue a vivir con los abuelos maternos. Él guardaba la esperanza de un reencuentro, al único hijo que me nombra es a él, a los otros no.

-¿Cómo era el trato hacia vos?
-Como de un tío a una sobrina, con mucha ternura. Yo le decía que quería ser boxeadora y él me decía que no, que estudie, que el título de abogada era un cinturón que nunca me iban a sacar. Me insistía en que era muy dura la vida sin un estudio. Cuando yo le contaba lo que hacía con mi mamá y mi papá, él me decía que cuando saliera iba a venir a mi casa, íbamos a hacer pizzas y ver boxeo.

-Vos contás en el libro de Irusta que esa relación epistolar generaba críticas en tu entorno.
-Yo tuve una educación católica muy fuerte, no tanto por mis padres, sino en virtud de la educación que me querían dar. Fui un colegio al que iba todo el día, entonces para mí era muy común llevarme cosas para hacer en los recreos, entre esas cosas estaban las cartas de Carlos Monzón. Y mis compañeros fueron a mí banco, sacaron las cartas, y me empezaron a cargar, ahora sería bullying. Hubo todo un episodio con las autoridades, acerca de si mis padres sabían que yo me carteaba con una persona privada de su libertad, que hoy en día puede ser hasta progre pero en ese momento era muy tabú, y más siendo Monzón boxeador, era una carga muy pesada.

-¿En qué momento hacés el click y te das cuenta de que Monzón fue un femicida?
-Eso no me pasó sino hasta hace poco tiempo atrás cuando tuve una nota con Gisela Busaniche para Telefé. Yo les mostré las cartas y en un momento hago un posteo en mi Facebook sobre la primera carta, el ocho de marzo, y pongo: “qué paradójico que en el día de la mujer recibí la primera carta de Monzón a mis doce años”. Entonces Gisela pone: “Es un ídolo, pero mató”. Ahí es donde caigo, y vos dirás: sos media pelotuda, porque pasaron treinta años, sos abogada, ya estaba la ley de femicidio, pero mi relación con él nunca se encaminó a hacer una nota o a hacer algo con esas cartas. Yo era tan chiquita que lo viví naturalmente, lo incorporé y nunca vi nada más especial que el escribir una carta a alguien que fue un ídolo para mí.

-Conociste a un femicida desde el cariño, eso es interesante porque un poco lo corre de ese lugar monstruoso en el queda atrapado tras la atrocidad del crimen cometido. ¿Pensás que se necesita mostrar el lado humano para entender precisamente la naturaleza humana del femicida?
-No creo que el femicida tenga el lugar ese de villano, de hecho, la violencia que se ejerce intrafamiliar habla de una retroalimentación de esa violencia, hay alguien que la ejerce y alguien que la soporta, y la termina visibilizando con una denuncia o cuando ya es tarde. Hay mucha bibliografía que habla de una primera instancia, que es controlar el celular, la segunda etapa que ya va medio a los golpes, la tercera que es el estallido, eso está científicamente comprobado.

“Yo me involucré mucho con los casos de violencia de género desde mi profesión y no quiero que me malinterpreten y que piensen que digo que a la mujer le gusta que la fajen, a nadie le gusta, pero son relaciones que se encuentran viciadas. El estallido está dado por el femicidio, por la violencia económica, sexual, y ya la mujer llega al hospital cortada, o violada, pero esa es la exteriorización, después para atrás hay todo un camino”

-¿Y te parece que un femicida puede ser recuperable? ¿Monzón era recuperable?
-Hoy existen muchos grupos terapéuticos para hombres que tienen este tipo de episodios. Los grupos son muy buenos, he trabajado con hombres violentos y no es que son recuperables, sino que tratan de subsumir esto que los hace estallar. Yo me involucré mucho con los casos de violencia de género desde mi profesión y no quiero que me malinterpretan y que piensen que digo que a la mujer le gusta que la fajen, a nadie le gusta, pero son relaciones que se encuentran viciadas. El estallido está dado por el femicidio, por la violencia económica, sexual, y ya la mujer llega al hospital, cortada, o violada, pero esa es la exteriorización, después para atrás hay todo un camino. Me ha tocado ir a audiencias, con personas que tenían restricciones y la mujer cuando termina dice “yo me voy con él”, cuando le están diciendo que no puede porque tiene una perimetral. “Bueno, pero él tiene la SUBE”, dicen, ese tipo de excusas.

-Vamos a la imagen de Monzón, que era apodado “El Macho” y su característica arriba del ring era ser una máquina de matar y en su vida era la imagen de una máquina sexual. ¿No es el reflejo de la proyección de un ideal machista?
-Sí, claro. Hoy también hay muchos componentes machistas en la sociedad. Sin ir más lejos acabo de venir de buscar una medicación por una dolencia que tengo, una enfermedad machista, que no está visibilizada y entonces te tildan de loca, de histérica, y las obras sociales no te quieren dar la medicación que necesitás.

La enfermedad de la que habla Julieta es la endometriosis. Y si bien trata de mantener la guardia en alto, su lengua ya no fluye con soltura y entre el humo del cigarrillo se trasluce una mirada que madura cristalina. Cuando le diagnosticaron hace cinco años la enfermedad que produce el crecimiento del tejido del útero fuera del útero, ella intentaba ser mamá. Sufrió malos tratos en su operación, a punto tal de que una semana después se encontró con que no tenía un ovario y que le habían puesto un DIU en su cuerpo sin aviso. Actualmente, junto a un grupo de mujeres que se juntaron a través de las redes sociales, están peticionando una ley para que se involucre la endometriosis dentro de los controles de rigor que debe realizarse una mujer.

-Me imagino que después de lo vivido cuesta encontrar fe en los médicos
-Sí, es terrible, en España se especializan en endometriosis y tienen todo: nutrición, psicología, ginecología, endocrinología… Acá recibo mails y mensajes de redes sociales de los grupos donde estoy, de chicas que te dicen que viven en un pueblo en La Rioja y se tienen que ir hasta Catamarca con hemorragias muy fuertes.

Como de costumbre en su vida, las experiencias tienen un correlato arriba del ring. El último sábado largó la competencia deportiva plena porque inicia el año y Julieta pidió permiso al presidente de la Federación para usar un lazo amarillo y visibilizar la endometriosis. El director aprobó la petición, pero ninguna mujer se lo puso, ni ninguna le preguntó qué era eso, a diferencia de la mayoría de los hombres que sí sintieron curiosidad al respecto. “Si vamos a hablar de igualdad me parece que la mujer debiera hacerse más cargo de una causa como esa, me llamó la atención”.

-Boxeaste y sos árbitro de boxeo, ¿cómo describirías el ambiente?
-Desde mi óptica es pasión, subo a arbitrar una pelea y siento electricidad en el cuerpo. Pocas personas comprometerían su fin de semana o días en un campeonato por muy poca plata o por el honor, relegás muchas cosas, no te ves con tu familia, no salís con tu marido. Y no me considero marginada del boxeo por el ámbito de machismo, creo que me respetan mucho.

-¿Nunca te miraron raro por ser una mujer que boxea?
-No sé si por mí onda o por como soy, pero nunca tuve ningún problema con nadie, al contrario, se me para un director técnico, un boxeador, una autoridad de mi federación y me pongo a hablar de igual a igual, no me siento marginada.

-¿Y las mujeres te han discriminado por boxear?
-Te lo estaba por decir, a veces las mujeres sí. Hace muy poco me pasó algo muy loco, me eliminaron de un grupo de WhatsApp de docentes por una diferencia que tuve con uno de los miembros y una amiga me manda unas capturas del grupo donde me dicen la boxeadora, la marginal, pero son mujeres las que lo dicen, no son varones. El varón hasta siento que dice: “¡Sos árbitro! ¡Qué copado!” Ahora voy a dar clases en educación media y el director me dijo: “decile a los chicos que sos árbitro que se van a re copar”, pero fue un hombre el que me lo dijo. Creo que más allá del boxeo a la mujer nos cuesta la solidaridad, de vibrar y hasta de ser cómplices con la otra. Al hombre no le cuesta tanto eso, no sé si de chiquitos con el fútbol, con esa cosa de equipo los acostumbran o si son así ustedes, pero siento que son más pares que la mujer. Quiero caer en un concepto de igualdad, no de machismo, eh.

-Un poco del concepto de que hay mujeres más machistas que los hombres.
-Parte de la cultura patriarcal que tenemos, hay mujeres machistas, yo creo que es cuestión de relajarnos e ir educando con el ejemplo. Podés tener una regia relación con un tipo, y podés ser árbitro de boxeo por más que esté más asociado a los hombres, aunque sólo seamos seis las árbitros mujeres.

“Me da miedo de que, al feminismo, cómo decía Platón, lo coma el germen de su propia corrupción. Me parece que no pasa por feminismo o machismo, pasa por igualdad”

-¿Como profesora hablaste con tus alumnos del caso Monzón?
-Sí, marcó un hito muy importante para lo que primero fue la ley de violencia intrafamiliar y lo que posteriormente en el 2000 fue la sanción de la ley de femicidio. Antes una mujer tenía un ojo en compota y nadie se metía, a lo Mirtha Legrand con el “vos qué hiciste para que te peguen”. Pero el caso de Alicia Muñiz con esa tapa de Gente fue muy fuerte. Un cuerpo desnudo, estampado contra el piso, y siempre cuando hablo con mis alumnos de Roma, les digo que el primer femicidio tuvo lugar en la Monarquía/República, y Tito Livio que era un autor muy famoso de esa época dice que el cuerpo de la mujer servía como cambio social. Y esa tapa de Alicia Muñiz fue eso, el comienzo para un cambio social, para que ya no sea vea como un crimen pasional. No existe la violencia de género, existen hombres violentos, existen mujeres violentas, pero obviamente que el ordenamiento jurídico siempre va a tender hacia el más desprotegido que en este país es la mujer.

-Hay una paradoja trágica en la Argentina actual: mientras más se visibilizan las marchas de Ni Una Menos, los femicidios siguen en aumento. ¿Encontrás alguna explicación al respecto?
-Es que tenemos muchas generaciones pendientes de educación sexual integral, de la empatía con el otro, de no ser tan flexible en la educación de los niños. Tiene que haber educación desde la igualdad, el no es no, el sí es sí, porque eso también se ve mucho, me dijo que “no”, pero era que “sí”.

-El viejo mito de que cuando una mujer te dice que no en realidad te dice que sí.
-Te está histeriqueando. No, macho, es no. Y lo mismo para las mujeres, si te dicen que no es no. Lo que pasa es que más dulce la piba que va a buscar, el tipo que persigue es un acosador. Tenemos una tarea muy grande como personas y como padres, porque la primera educación te la dan tus padres, o quien ejerza esa función.

-Hace poco leí un artículo en el New York Times acerca de cómo la pornografía profesional era una referencia primordial en la educación sexual de las nuevas generaciones. ¿Hace falta hablar más de sexo?
-En el sexo hay un tabú muy grande porque fuimos criados con esta cultura católica. De hecho, antes del catolicismo estaba todo bien, decían que Julio César era un hombre para diez mil mujeres y a nadie se le movía un pelo. El catolicismo vino a talar un poco eso y dejar el sexo tabú. Yo viví muchos años en México y un antropólogo me decía que el sexo es lo más lindo que hay, y hay que hablar del sexo como hablamos de comida, de cine, de fútbol, y a nadie debiera caérsele ningún anillo.

-Te comento el tema sexual, porque es un aspecto presente en todos los femicidios.
-Como dice Galeano, la maté por miedo, porque era mía, por ese sentido de propiedad sobre el cuerpo del otro. Nadie es de nadie. Yo soy yo, vos sos vos, tu cuerpo es tu cuerpo, y esa educación te la tienen que dar en tu casa. Y después en las escuelas no te lo tiene que dar un preceptor, sino que haya un plan para que gente idónea transmita estos conocimientos.

“Hubo todo un episodio con las autoridades de la escuela a la que iba, acerca de si mis padres sabían que yo me carteaba con una persona privada de su libertad, que hoy en día puede ser hasta progre pero en ese momento era muy tabú, y más siendo Monzón boxeador, era una carga muy pesada”

-Muchas veces se debate acerca de cuál debiera ser el rol del hombre en las marchas de las mujeres, ¿cuál es tu postura?
-A mí me da miedo de que, al feminismo, cómo decía Platón, lo coma el germen de su propia corrupción. Me parece que no pasa por feminismo o machismo, pasa por igualdad. Y el hombre que acompañe, yo porque tengo un marido que me acompaña a todos lados, pero me parece que el hombre se tiene que involucrar, como ahora con el debate del aborto, tiene que tomar cartas porque no es nada más responsabilidad de la mujer, el hombre también puede hacerse una vasectomía, usar preservativo en cada relación sexual.

-Hablemos del aborto legal y gratuito, ¿la prohibición no es una forma de femicidio?
-Veo positivo que hayan abierto este debate y ver a tantos hombres involucrados. El otro día, mi mamá me decía, ¿Vos te pensás que porque no haya ley no va a haber abortos?

-Es que los hay.
-Y los va a seguir habiendo, mejor que haya ley que nos proteja como mujeres, porque yo también sufrí la violencia ginecológica entonces sé perfectamente de qué se trata. Me encantaría que todas las chicas que no quisieran tenerlo tengan un lugar adonde concurrir, pero también vivimos en la Argentina donde hay una corporación que no va a querer que le saquen ese negocio. Por otro lado, el aborto debiera ser la emergencia, la rueda que tenés en el baúl del auto cuando pinchás, por eso hay que hablar claramente con los chicos de los métodos anticonceptivos, porque si te crían con conocimientos es muy raro que llegues a una situación extrema.

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