Bigolates de Chocote: Jugar y cantar como forma de vida

 

Bigolates de Chocote es una compañía teatral y musical para chicos y grandes formada hace seis años por un grupo de amigos que trabajaban haciendo talleres de juego y creatividad. “Surgió nuestra inquietud de empezar a componer las canciones para cantar en esos talleres y renovar el repertorio. De ese impulso surgieron más cosas y en realidad no salió como lo pensábamos porque tuvimos que dar un paso más y crear nuestro propio proyecto para cantar como queríamos y componer y agregar a las canciones lo que habíamos aprendido a hacer: narrar, generar risas, sorprender…”, recuerda María Marcela Herrera, una de las integrantes de Bigolates, que hoy se completa con Adriana Paula García, Verónica Belloni y Patricio Famulari.
“Teníamos dudas, miedos, no sabíamos hacia donde ir con claridad. Pero lo que nos pasó fue más fuerte que todo eso. En cuanto empezamos a sentarnos en ronda y cantar y jugar, los chicos se nos acercaban con total apertura y alegría. Y con ellos llegaban sus padres, los adultos, también asombrados, con ganas de escuchar, de aplaudir y participar. Ahí vimos el camino que queríamos hacer”, agrega Marcela. Tras un recorrido que los llevó por teatros y escuelas de todo el país, los Bigolates de Chocote acaban de estrenar su nuevo espectáculo, Deseos Inquietos, nada menos que en el Teatro Nacional Cervantes, donde estarán durante las vacaciones de invierno y hasta fines de agosto.

-¿Cómo se crea un espectáculo para niños? ¿Cuál fue el disparador, por ejemplo, en el espectáculo que presentan en el Cervantes?
-Como somos una compañía musical y teatral las canciones suelen ser nuestro disparador para hacer un espectáculo. Pero además se retroalimentan mutuamente: a veces las ganas de representar algo crea la canción y otras veces una canción despierta una escena. Las obras teatrales nacen, surgen y se transforman cuando nos ponemos a jugar juntos en los ensayos.

“Un encuentro de calidad entre chicos y grandes, de disfrute compartido, de juego y risas compartidas. Esa es la oportunidad que queremos brindar”.

Empezamos a ensayar con una idea que nos guía y abrimos el campo para que todo lo demás aparezca… y aparece. Bajo la mirada de un director que nos acompaña desde hace varios años, Martín Joab, que nos da rienda suelta a crear y también nos acota y nos enmarca. Fundamental es que nos tenemos que divertir, nos tiene que hacer reír a nosotros, nos tiene que sorprender lo que estamos generando. En el caso de “Deseos Inquietos” el disparador originario y allá lejos fue la idea de festejar nuestro cumpleaños como grupo, y de allí salió la idea de los deseos de la torta… pero eso se modificó y hoy es una obra que recorre varios deseos de cada uno de nosotros desde un absurdo, un humor y una visión lúdica de lo cotidiano que nos caracteriza. Y se nutre de canciones de nuestro primer disco, “Bigolates de Chocote”, que ya se puede escuchar online en todo el país y de algunas del segundo que estaremos lanzando en estas vacaciones de invierno y se llamará “Me pone alegre”.

                                                                                                                           fotos: G. Gorrini

-¿Es diferente pensar un show para hacer en las escuelas del país y pensar en algo para presentar en un teatro nacional?
-Desde la creación del grupo nuestra intención fue llevar lo que hacemos a cualquier parte. No queríamos que una escenografía (por poner un ejemplo) nos limitara a viajar, recorrer, a llegar donde tenemos que estar; y como grupo independiente era algo a considerar. El Teatro Cervantes nos dió la oportunidad de pensarnos en una sala determinada, en un marco muy preciso, en fechas fijas, y eso nos abrió la posibilidad de modificarnos teniendo todo eso en cuenta. Y sabiendo además que las escuelas van a venir a nosotros. Entonces se amplió el espectro de lo posible para Bigolates. A eso se suma que la producción del espectáculo es del Teatro, eso hizo que pudiéramos incluir otros condimentos, hermosos condimentos para dar nuestra mejor versión en el lugar en el que estamos en este hoy: escenografía, objetos, títeres, vestuarios; todo acorde a nuestra estética de la reutilización y el reciclado pero ampliado por esta posibilidad del trabajo conjunto. Por eso la invitación es a que vengan a ver esta conjunción de Bigolates y el Teatro Cervantes. En cuanto al contenido, energía y disposición… en donde sea: es con todo.

-¿Cuáles son los estímulos a los que mejor suelen responder los niños en sus espectáculos? ¿Hay mucha diferencia según el lugar en el que tenga lugar el espectáculo?
-Un estímulo que no falla son los títeres y objetos sorprendentes. Son lo más contundente. Pero una invitación a imaginar, jugar, bailar o cantar, aunque sea implícita, es un bombón que los chicos disfrutan y agradecen. Respecto del lugar, a veces lo que hace la diferencia es la inclusión o no de los adultos, su disposición a escuchar, a estar presentes. Lo nombro porque la mayor diferencia la vivimos cuando hacemos funciones en eventos o lugares donde los chicos tienen que prestar atención mientras los grandes hablan entre ellos. Ahí es donde más nos cuesta llegar a los chicos, esa es la diferencia más grande que hay. No es el caso del teatro, porque es un lugar privilegiado para que se produzca lo que buscamos: un encuentro de calidad entre chicos y grandes, de disfrute compartido. De juego y risas compartidas. Esa es la oportunidad que queremos brindar, a lo que los invitamos.

“Hay un nuevo mundo en materia de educación. (…) El cambio de paradigma está ocurriendo”.

-¿Hay alguna esencia que sea común a todos los niños que hayan conocido?
-Hay chicos que quieren participar, otros que prefieren que ni los miren. Mientras unos mueren de vergüenza, otros quieren saltar en el escenario… está el que habla arriba tuyo, el que canta bajito, el que mira serio, el que se ríe a carcajadas…

Si quedáramos sujetos a lo que se vé, sería difícil establecer una medida de lo justo, lo correcto, lo que necesitan y esperan o lo que los hace iguales. Pero es en nosotros mismos que abrimos un lugar de juego y desde el que invitamos a jugar. Y nuestra confianza es que si ese lugar está disponible en nosotros, tiene que estar en los demás: desde ahí los buscamos, los invitamos. Con la confianza de que ese lugar de “juego” existe, nos movemos y avanzamos. Esa sería la “esencia común”.

-¿Cuál es la visión de Bigolates respecto al sistema educativo mayoritario? ¿Qué cosas deberían mejorar?
-Gracias al trabajo que hacemos en Bigolates tuvimos la oportunidad de entrar en muchas escuelas y es a partir de esas visitas y esa visión que voy a responderte. En este acercamiento a las escuelas notamos cosas que estaban naturalizadas en nuestra propia educación, que nos empezaron a hacer ruido. Conocimos escuelas donde los chicos no hacen filas, ni toman distancia, donde se habilita la exploración, donde se contribuye al autoconocimiento, donde se enseñan actividades esenciales, donde está permitido tocar, donde se revuelve la tierra, se amasa, se piensa, se valoriza el opinar, decidir, cuidar el propio cuerpo, se trabaja en generar autonomía, en el poder proponer; y no porque sean jardines de infantes, hablo de escuelas primarias que piensan a los chicos como seres a los que se los acompaña en sus procesos de aprendizaje. Y entonces fue como descubrir que había un nuevo mundo en materia de educación. Y ahí empezamos a notar las diferencias, la contraposición con otro modelo más rígido, menos natural, más orientado a resultados estandarizados… en definitiva: más común pero más difícil también. Pensamos que el cambio de paradigma está ocurriendo. En muchos lugares ya es una realidad. Como padres y consumidores del sistema educativo somos también responsables de nuestras elecciones para nuestros hijos y de elegir las propuestas que tengan que ver también con nuestra visión y valores. Los padres también son parte del sistema.

Deseos Inquietos, de Bigolates de Chocote, se presenta en el Teatro Nacional Cervantes los sábados y domingos a las 14.30 hs., y durante las vacaciones de invierno estará de miércoles a domingos en el mismo horario.

Entrada: $100

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