Jason Beech mete el dedo en la llaga de la educación: ética, intereses e ideologías de un debate invisible

Texto: Brian Majlin / Fotos: Francisco Odriozola

 

El efecto Greta Thunberg podría tener, como el aleteo de una mariposa, réplicas impensadas en costas tan lejanas como la educación. Con su cuestionamiento al modo de organización social, a los intereses productivos y de consumo que mueven -y destruyen- al mundo, que lo despojan de humanidad, cavó una trinchera en la que pueden acodarse todos aquellos que promueven una visión de mundo distinta. Allí aparece, entre otros, el especialista en educación Jason Beech, preguntándose en diálogo con Revista Almagro “para qué estamos educando”.

Doctor en Educación por la Universidad de Londres, director del doctorado de la especialidad en la Universidad de San Andrés, donde también es investigador asociado, además de ser investigador adjunto del CONICET, Beech ha forjado una extensa trayectoria en el universo académico al que, sin embargo, llegó de casualidad. Él también supo ser un joven estudiante sin saber bien qué estudiar, qué carrera y estilo de vida seguir y con un trabajo que no le gustaba “como la mayoría de los seres humanos”. Pero recaló, tras viajar varias veces por el mundo y un período de desempleo, en la educación. Cuando cursaba el CBC de abogacía -su carrera de grado es Derecho-, había sido preceptor en una secundaria porteña, pero fue algunos años más tarde, esa primera tarea como docente particular para chicos con problemas de aprendizaje, la que dejó una huella en su trayectoria. Marcó un hito. De allí a Londres para una maestría en Educación Comparada, conoció el universo académico y ya no se fue.

“Hablábamos hace un rato de Greta, que metió el dedo en la llaga -dice Beech-. Es algo que se vio con el tema de género y violencia contra la mujer; estamos lejos de estar bien, pero ha habido cambios radicales en esto, en cómo concebimos el asunto y hay gente que ya ha quedado en offside. Ya no se puede decir cualquier cosa en cualquier momento. Es un cambio evidente a nivel social y es probable que lo mismo vaya a pasar con este tema de la sustentabilidad, que en el fondo es una discusión a largo plazo de modelo económico. Por eso es difícil, porque estás tocando temas de intereses muy complicados. Y no digo que el patriarcado sea menor, claro, pero esto que se viene puede promover un cambio de lógica de para qué estamos educando. Y es esta generación de pibes de 16 o 18 años la que lo promueve. Y quizás es cierto que no va a desaparecer la Tierra, pero somos nosotros los que vamos a desaparecer, como los dinosaurios”.

Beech, que ha escrito tres libros específicos y decenas de artículos académicos, está centrando sus investigaciones en globalización y educación, en dos grandes áreas: políticas educativas y ciudadanía global. “El gran desafío ético en términos de formación de niños y jóvenes del mundo globalizado. Donde aparece muy fuerte el tema de migraciones y contacto entre culturas y cada vez más fuerte el tema de la sustentabilidad, el medio ambiente y, en pocas palabras, en relación a políticas educativas, la trayectoria de las políticas desde su gestación en las ideas hasta que llegan a las aulas”, explica.

-¿Qué rol empieza a tener el docente en todo esto?
-La docencia se ha convertido en una actividad muy compleja. Antes aplicabas un método, los pibes daban más o menos bola, había herramientas disciplinares, hoy es más complejo. A futuro, si me preguntás, todas las propuestas que circulan sobre educación implican más docentes. Y se necesita que sea profesional, aunque el término suscita debates, pero sí que esté muy formado y mucho mejor remunerado. Y luego aparece el tema de la inteligencia artificial, la automatización de empleos y la presencia de la tecnología; la tecnología puede liberarnos de un montón de tareas rutinarias y esto puede verse como una distopía y que todos nos quedamos sin laburo o como una oportunidad de vivir en un mundo mejor. ¿Dónde está escrito que todos tengamos que laburar de 9 a 17 o de 9 a 22 como hacemos acá? La enseñanza de los niños y la crianza y el aprender a vivir con otros me parece un tema clave de la humanidad. Pero en las condiciones actuales se resuelve de manera privada y se ve difícil eso.

«No hay muchos países del mundo donde los sindicatos tengan que sentarse a negociar y a renegociar salarios: es un problema de contexto donde todo el tiempo los sindicatos tienen que estar defendiendo el salario y hay muy poco tiempo para pensar qué tipo de ciudadano querés formar»

-Hay temas que son de interés personal, pero otros, como la educación, son colectivos…
-Totalmente. Si vos criás un nazi, aunque dudo que haya muchos que quieran criar un nazi, ese chico va a ser un problema público, así que cómo lo eduques sí me importa. O vamos a algo más pragmático: si criás un chico que no sepa leer ni escribir va a ser un problema público porque quizás no logra desempeñarse en algo para autoabastecerse y lo mantenemos entre todos, por decir algo economicista que quizás les llegue más a otros sectores. La película de Viggo Mortensen, Captain Fantastic, es muy buena para ver eso: es el currículum perfecto y los chicos son re cultos, pero no pueden vivir en la sociedad esos chicos.

Cuando Jason Beech dice que estudia la trayectoria de las políticas y el modo en que llega a las aulas, se refiere a que quiere entender qué cosas pasaron antes, qué debates permearon para que se definieran esas leyes, esas normas y resoluciones. Y luego, claro, ver de qué modo se aplican en las escuelas.

-Hace poco estuve dando clases en Uruguay, había gente de allí, de Brasil, de aquí y de Chile, y en los tres países salieron leyes o resoluciones sobre educación sexual integral en los últimos años. ¿Es una casualidad? No, es una problemática que se da en todos lados por cambios sociales, por discursos globales sobre educación, pero también sobre la sociedad. Entonces me interesa también ver todo eso, quiénes están influyendo en lo que pensamos sobre educación.

-¿Los organismos internacionales?
-Sí, pero no solo. La academia, empresas como Pearson, que tiene una influencia enorme. Es difícil distinguir a veces una cosa de otra, qué es filantropía, qué es sin fines de lucro, qué es una empresa. Hace años que la licitación para hacer la parte técnica de PISA la ganó Pearson, que es una mega empresa que hace eso, va desde venderle a los estados y particulares materiales para educación, consultoría para políticas educativas, y demás. Y si los estados quieren que les vaya mejor en PISA, ¿a quién van a contratar? Su negocio más grande hoy son las low fee private school: escuelas para pobres en India y África. Escuelas muy económicas para pobres.

«La tecnología puede liberarnos de un montón de tareas rutinarias y esto puede verse como una distopía y que todos nos quedamos sin laburo o como una oportunidad de vivir en un mundo mejor. ¿Dónde está escrito que todos tengamos que laburar de 9 a 17 o de 9 a 22 como hacemos acá?»

-¿Públicas o privadas?
-Bueno, es un tema, porque en muchos de esos lugares la educación pública, estatal, como la conocemos, no existe. Se les cobra a las familias. Esto aparece como privado en algunos países y en otros lo financia el Estado y es private public partnership. Lo que es fascinante para los que estudiamos, pero en sus efectos no sé: es un movimiento enorme y constante, empresas que se compran entre sí. Un ejemplo: la OCDE o el Banco Mundial promueven una solución para Liberia, y cuando ves qué aconsejan tiene a una empresa de Pearson detrás, que no siempre es evidente. Mi idea es ver cómo funcionan esas grandes ideas por detrás de la política educativa y ver cómo funcionan después cuando llegan al aula.

-Estás abarcando todo…
-Algo así. El otro día hice un experimento: estamos todos con el discurso del respeto a la diversidad, la Unesco saca una declaración en favor de eso como derecho humano, que me parece muy bien, pero en términos históricos pasamos en muy poco tiempo de la escuela con la idea de la homogeneidad, de guardapolvo blanco, rituales e himno, a esta idea; es un desafío muy grande. ¿Qué pasa con esas cosas que entran al sentido común cuando llegan al nivel del aula?, ¿qué significa ese mandato y cómo lo convierto en prácticas interactivas con mis estudiantes? Puedo tardar 10 horas en armar una clase, pero no voy a poder hacerlo siempre. Y ahora empiezo a vincular todo este tema, que antes lo veía escindido, con la idea de ciudadano global, con qué tipo de ciudadano estamos educando y qué tipo de discursos se están promoviendo. Ahí me preocupa mucho la lógica esta de PISA-Pearson, de capital humano, de que estamos formando sujetos para que entren al mercado laboral, para que ganen plata y consuman. Y entonces pareciera que el problema de ISIS es que estos tarados no se dieron cuenta lo bueno que están los Ipads y los jeans, pero que cuando se den cuenta se solucionó el problema. Sin embargo, y ahí meto el tema sustentabilidad, ahora necesitamos un mundo y medio, pero si vemos cómo viven en Estados Unidos y analizamos eso, vamos a necesitar cinco mundos para replicar ese modelo de consumo.

«Todas las propuestas que circulan sobre educación implican más docentes. Y se necesita que sea profesional -aunque el término suscita debates-, y que esté muy formado y mucho mejor remunerado»

  -En todos estos discursos que se van instalando en el sentido común, ¿alguien debate para qué se educa o se trabaja a modo de parches y manotazos ante cuestiones del contexto?
-Yo te diría que todos estamos pensando y debatiendo eso, pero parcialmente. Pearson es intercambiable, ojo, sus intereses económicos son pasajeros, pero va más allá de ellos. Es la lógica general, se creó un sistema educativo para un engranaje más general, donde nos olvidamos que la escuela cumple determinados roles. Tenés a la neurociencia diciendo que los estudiantes tienen el cerebro seteado, que los pibes deberían estudiar desde las 10, pero ¿qué hacemos con los pibes, cuando la escuela es una guardería para que los padres vayan a trabajar? Se olvida todo eso. Hay una crisis del sistema en general y hay gente debatiendo estos temas.

-¿Cómo son esos debates?
-Hay dos grandes líneas, la de las escuelas eficientes y de cómo enseñar mejor, que por ahí no se cuestiona mucho el modelo sino cómo mejorar esto. Y mucha otra gente que dice, pará, no estamos seguros de que hacer esto sea bueno para la humanidad. Y ahí ya tenemos que ver qué impacto tienen esos debates o qué efectos tienen prácticas individuales de los docentes en las aulas. Con respecto a esto, el otro día hice un experimento porque me invitaron de la Unesco y aproveché: le pregunté a estudiantes de maestría si conocían el informe de Jacques Delors -o por su nombre “El tesoro de la educación”- y nadie sabía. Pero los cuatro pilares de la educación que salían de ese informe los sabían de memoria. Ver cómo estos informes -este es un encargo de la Unesco de 1996 y es una mirada humanista muy linda de la educación- acaban influyendo mucho en la manera de pensar la educación y en nuestro lenguaje. Bueno, hoy la Unesco está pensando en lanzar un nuevo informe para contrarrestar esta visión del capital humano que domina con una mirada más humanista. Ahí hay toda una disputa por el conocimiento científico, la legitimidad del conocimiento, y lo de PISA tiene una ventaja ante la mirada general de la sociedad que es que lo presenta como algo muy científico: números, estadísticas, datos. Lo de Unesco, en cambio, no podés verlo tan así, sino que pensás más en todo como parte de un mundo. Y ahí ya agrego algo mío: ¿cómo ser feliz si el mundo se está destruyendo? No puedo ser feliz si mi comunidad no es feliz. Pero es menos marketinero en un mundo performativo del ranking y donde se busca un número.

-En este marco, ¿quién gobierna o maneja la educación?
-Si me apurás, hoy existe este concepto de gobernanza o gobierno en red donde el Estado ya no puede ni quiere gobernar por sí mismo y abarcar todo por sí solo, y empiezan a aparecer estos organismos, Pearson y otros actores que lo influyen en sus ideas. O, como cuando querés llegar cada vez a más complejidad, por ejemplo, Conectar Igualdad con 5 millones de computadoras, tenés que ir a transar con el sistema privado de producción de computadoras, porque no las produce el Estado. O con el Plan Fines, con el que el Estado quiere llegar a las poblaciones más alejadas del propio Estado, ¿y cómo funcionó? Se trabajaba con organizaciones barriales de la sociedad civil, financiado por el Estado, pero con esas organizaciones, donde el Estado no puede llegar y recurre a asociaciones territoriales que llegan al barrio, que conocen a los pibes, y eso tiene ventajas y desventajas: llegás pero funcionaba en lugares no habilitados o con mal estado. Eso habla de que el gobierno de la educación tiene muchos actores y podés enfocarte en esas influencias, en los docentes que son los que traducen todo eso y en el que está en el medio que es el Estado. Y si lo pensás en Argentina tenés una economía súper inestable, un Estado que no innova. En general se habla mucho de los sindicatos, y es posible que tengan responsabilidad en algunas cuestiones, pero no veo mucho al Estado proponiendo y a los docentes frenando propuestas. No hay muchos países del mundo donde los sindicatos tengan que sentarse a negociar y a renegociar salarios: es un problema de contexto donde todo el tiempo los sindicatos tienen que estar defendiendo el salario y hay muy poco tiempo para pensar qué tipo de ciudadano querés formar. Todo se enfoca y se gasta la energía en eso, todo es emergencia. Los discursos globales son todos parecidos, entrá en la web de los ministerios de Educación en todo el mundo y ves cosas parecidas, hay escuelas mejores y peores que acá, y eso depende muchas veces de la capacidad estatal. El Estado sigue siendo un actor clave.

«¿Cómo ser feliz si el mundo se está destruyendo? No puedo ser feliz si mi comunidad no es feliz. Pero es menos marketinero en un mundo performativo del ranking y donde se busca un número»

-¿Hay voluntad política por parte de los actores que están en el Estado para pensar en profundidad la educación más allá de la emergencia?
-No, no hay. Si mirás la inversión en educación ves que se hace pelota en los 70, recupera un poco en los 80, cae de nuevo en los 90, se da el pico a la baja en los 2000, recupera en el kirchnerismo, pero cuando lo miras a larga duración es recuperar lo previo a los 70, y vuelve a flaquear. En el caso del último gobierno, a nivel dinero solamente, no fue una prioridad: hubo fuertes ajustes. Los hubo en otras áreas, pero aquí es más evidente y se sigue viendo la educación como gasto, lamentablemente. No hay voluntad política. El otro día escuchaba a Kicillof, que va a ser el próximo gobernador y es un tipo formado, inteligente, que puede gustarte o no pero que está muy capacitado, que debería tener en su cabeza el problema de la educación, y nombró ocho prioridades y no entraba este tema. Si mirás los números de PBA, imagino que hay entre 30 y 40% de presupuesto en Educación… pero el problema no es Kicillof, el problema es que a los argentinos nos gusta echarles culpa a los políticos, pero ellos funcionan en base a este mercado o economía política del voto, es así en todo el mundo, buscan qué problemas le preocupan a la gente y sobre eso plantean resoluciones, más allá de si las cumplen. En educación no hay promesas incumplidas, ni siquiera se habla. Y termina siendo un problema privado en el que solo me importa resolver la educación privada de mis hijos.

-Pero cuando empiezan las clases cada año, todos saben de educación y hablan…
-Sí, pero es muy cortito todo eso. No sé cómo es en otras provincias, donde quizás está más presente en los diarios o medios locales, pero siendo porteño-céntrico, en los diarios de Buenos Aires no sale. O sale la historia de la ONG o docente que gana el premio Nobel, o el chiquito que hace megaesfuerzos para ir a la escuela, o si no las huelgas docentes. Yo admiré mucho y fui amigo del ex ministro Juan Carlos Tedesco y cada vez que fue a la televisión solo le hablaron de los salarios o las huelgas docentes. Con esto no libero de culpa a los políticos y estaría bien que ellos fueran más allá de lo que la gente pide y se meta en esas cosas, como la educación, que es tan a largo plazo. Es raro que para la sociedad la educación no sea un problema público.

-Para vos sí lo es…
-Claro, porque, así como me río de las frases hechas como ‘la educación va a salvar el mundo’ o ‘la educación te va a sacar de la pobreza’ o ‘la educación va contra las enfermedades venéreas, el embarazo adolescente y los accidentes de tránsito’… por supuesto que eso es ridículo, pero un país sin educación es inviable. Acordémonos que no hay país que haya tenido tal destrucción de la estructura social como la de Argentina, hay más pobres o más ricos, pero ninguno que haya tenido la destrucción como la de acá. Lo veo difícil que salgamos adelante sin una educación más equitativa y de mejor calidad. Tenemos una educación con cosas espectaculares, pero que en lo general no está funcionando demasiado bien.


-¿Y cómo hacés para que no sea una educación fragmentada y que reproduzca las desigualdades sociales…?
-Que reproduzca desigualdad social es muy difícil de evitar. No sé si hay sistemas a nivel global hoy, más allá de algunas experiencias en países de lo que fue la Unión Soviética en su momento, no sé cómo estará el sistema cubano hoy. Pero incluso si ponés normas, suponete que todos tenemos que mandar a los chicos a escuela pública, la reproducción de la desigualdad sigue porque cada uno tiene un cantidad de plata y un capital cultural diferente que reproduce eso por otro lado: lo mando a inglés, a deporte, etc. La única forma de que la escuela no reproduzca la desigualdad es tener una sociedad sin desigualdad.

-¿Y qué hacer ante ese panorama?
-Lo que sí podés es bajar la desigualdad, pero para eso el Estado tiene que discriminar a favor de los que menos tienen. Y eso está muy lejos de suceder en la Argentina. Hay un video de ACIJ, El sur también existe, que muestra cómo en la CABA las escuelas de zona norte y sur son diferentes, y eso lo ves sin saber nada de pedagogía. Y eso no es Macri o Filmus… bah, son Macri, Filmus, Telerman y todos los que vinieron antes, es el Estado: es estructural, sobre cómo se asignan docentes, los que pueden elegir van a donde hay mejores condiciones. Tenés que generar un sistema que a los buenos docentes les convenga ir a zonas desfavorecidas, no podés depender y apelar a héroes en la docencia.

-¿Cómo ves la educación a futuro donde las propuestas innovadoras hablan del fin de la escuela física y presencial como la conocemos en algunos sectores sociales, mientras acá hablamos de la función de guardería y de que la escuela ayude a los que menos tienen?
-Creo que, aunque suene idealista, el desafío de la humanidad -y no solo en educación- es cómo aplicar todas las innovaciones que estamos produciendo de un modo ético. Estamos en un mundo en el que está muy fuerte el discurso del cambio permanente, y como no sabemos cómo será el futuro, hay que formarse para ser flexibles y adaptables, ¿pero flexibles y adaptables a qué? ¿Cuál es el motor del avance? ¿La tecnología? Esa idea de adaptarnos al cambio tecnológico me parece una estupidez enorme, adaptarnos al avance científico ya lo vivimos con la bomba nuclear. Hoy estamos cerca de clonar gente, ¿es bueno para la humanidad o no? Eso tenemos que discutir. Lo mismo pasa en educación con la inteligencia artificial, que ahora se está investigando y desarrollando, ¿va a ser una herramienta para educar en lo mejor a los que menos tienen sin control humano o para forjar escuelas boutique para ricos? ¿O vamos a pensar cómo eso nos ayuda como conjunto? Es ético el debate. ¿Vamos a pensar en cómo distribuir la tecnología para que contribuya a la humanidad o no? No soy optimista, pero creo que ese es el camino a seguir.

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