Graciela Zar: las dimensiones ocultas del grabado

 

Del monotipo al collage y del collage más artesanal a lo digital, Graciela Zar hace uso de las técnicas disponibles porque así lo fue haciendo en su camino de artista. Formada en el grabado y con una larga y reconocida trayectoria, Zar dice que si se hubiera quedado en solo esa forma de hacer arte sería “un desastre”. “Me parecería aburrido”, dice.

A mediados de los ochenta integró el llamado Grupo 6, junto a Matilde Marín, Alicia Díaz Rinaldi, Zulema Maza, Olga Billoir y Oscar Manesi. En esos años, la premisa del grupo, según Marín, era “crear una idea distinta sobre el grabado, que el grabado compita con las otras especialidades, que sea un grabado de imagen justamente y un grabado abierto”.

En su recorrido, Zar recibió un diploma al mérito de la Fundación Konex, un Gran Premio de Honor de Grabado del Salón Nacional y el primer Premio Bienal de Grabado arteBA en 2002, en otros.

Ahora, parte de su obra puede visitarse en la muestra “Ecos del tiempo”, en el espacio de arte del Banco Ciudad, en donde al mismo tiempo su marido exhibe una colección impresionante de fonógrafos, de marcas y orígenes diversos.

En el caso de Zar, un recurso se repite en la gran mayoría de las obras: sobre monotipos o collages, la imagen de una postal suele captar la atención de sus trabajos.

“Me enganché con las postales… no es lo único que hago, hago otro tipo de trabajos donde la postal no figura, pero el sentido que tiene es que la postal transporta la imagen y el afecto y creo que el mundo de los sentimientos es lo más importante del ser humano, lo que más me importa a mi, por lo menos. En la postal hay un tema de comunicación de alguien que envía una imagen o un saludo. Es una conexión de una persona a otra y eso para mi es muy importante”, afirma la artista.

Las postales, muchas de ellas fotografías de esculturas de la Grecia antigua, dice, le sirven como un trampolín para la creación de más contenido de su obra. “De la punta que me tira la postal me interesa crear un ámbito”.

-Incluso hay dos trabajos con postales de Frida Kahlo y Diego Rivera. ¿Ellos tienen una influencia particular en usted?
-A mi ella como personalidad me resulta sumamente interesante. Fue una mujer muy sufrida, físicamente. Las relaciones entre ellos fueron muy conflictivas, pero en realidad fueron muy importantes el uno para el otro. Y me gustó trabajar con la imagen de Frida Kahlo. Pero tiene que haber una imagen de esa postal que se integre con una imagen interna mía y que pienso que pueda crecer algo de ahí.

Zar cuenta que si bien ella se especializó en grabado y, más en detalle, en grabado en metal, lo suyo son las aguafuertes. “Viene del término acqua forte”, explica. “Un grabado en metal donde actúa el ácido nítrico.” En la muestra, no obstante, la técnica mixta es la que denomina la propuesta.

-¿Qué es el grabado para usted?
-¿Viste cuando uno se pone a trabajar? Yo me di cuenta que a mi me gusta dibujar. Primero fue a lápiz, después trabajé con lápices negros y de colores, y después me fui volcando al grabado, porque el aguafuerte también te permite dibujar como si fuera un dibujo. Así se fue haciendo mi vida, o sea que en realidad siento que es la técnica que me refleja. Evidentemente es mi manera de expresión, pero a lo largo del tiempo esa forma de expresión se ha ido modificando, porque yo me fui modificando.

-¿Esta variedad de técnicas responde a que si bien tiene una formación en grabado después se aburrió?
-No es que te aburris, pero son tantos años que grabás, imprimís, seguís y empezás a usar otros materiales. Van surgiendo cambios. Sino estarías haciendo toda la vida lo mismo, un desastre, me parecería aburrido.

-En esta inclinación y habilidad por ir de una técnica a otra, ¿qué influencia tiene su participación como integrante del Grupo 6?
-El Grupo 6 nació en la década del 80 y nos juntamos porque queríamos hacer otras cosas, porque antes el grabado era muy ortodoxo, blanco y negro, tierras, y en aquel momento empecé a usar unos colores intensísimos. Antes, cuando uno hacía grabado había todos unos códigos que se seguían, que uno los puede seguir si quiere, es todo válido, pero de repente nosotras dijimos “¿por qué la tirada de un grabado tradicionalmente eran todas estampas iguales?”. De repente nosotras dijimos “¿por qué no pueden ser todas las obras diferentes?”. Todas distintas, con distintos colores. De hecho Alicia Díaz Rinaldi me acuerdo que imprimió sobre pedazos de cuero, sobre un pedazo de mármol, sobre nailon, montones de cosas.

-¿Hay una tradición en el país de que el grabado sea realizado mayormente por mujeres?
-No, hay montonazo de grabadores hombres, tal vez pueda ser que a veces haya más mujeres porque en realidad hacer un grabado es un tema. Tiene un proceso el grabado, hay cierta cosa alquímica con el tema de los barnices, ácidos, de los papeles y en todo ese proceso las mujeres parece que nos enganchamos más. Por eso el grabado tiene un nivel de ejecución, de exigencia, mucho más logrado a veces que la pintura. Como pintar es relativamente fácil – agarrar los colores, los pinceles y ponerse a pintar-, en el grabado hay un proceso que uno va entintando, metés en el ácido, en mi caso, cuando hacés grabado en metal, si pensas que no lograste lo que querías volvés a poner los barnices… Después de todo ese proceso viene el tema de la impresión y todas búsquedas llevan un montonazo de tiempo y energías. Entonces pienso a lo mejor que todo ese masoquismo jajaja, tiene más que ver con las mujeres que con los hombres. Pero hay un montón de hombres muy talentosos.

-Carlos Alonso por ejemplo.
-Sí, lo que pasa es que Alonso siempre ha tenido un dibujo sobresaliente. Spilimbergo haciendo Emma, una serie de monotipo, es una obra de arte para caerse de rodillas.

-Hay y ha habido buenos artistas en el grabado, ¿pero hay mercado para el grabado?
-Muy poco. En realidad, en nuestra querida tierra no hay mercado para nada. Por ahí, de repente, sí hay muchos coleccionistas que se están volcando mucho a lo que se considera ahora el arte contemporáneo. Porque si bien contemporáneos somos todos, como diría Orwell, hay contemporáneos que son más que otros. Entonces, la gente de nuestra querida patria puede tener un televisor en cada ambiente, pero nunca va a tener un original en pocos ambientes. Qué se yo, no consumen. Nadie piensa que alguien se casa y le pueden regalar una obra, ya no hablemos de grabado, de obra en general. A mí hay veces que me fascina mirar la Ciudad de Buenos Aires con tantos edificios. ¡¿Qué ponen en las paredes?! Me intriga. Y te puedo asegurar que en otros paises de Latinoamerica consumen proporcionalmente mucho más arte que nosotros. ¿Por qué uno ve que en los remates internacionales, los mexicanos, los brasileños, las obras de sus artistas de ahora o de 50 o 70 años valen un millón de dólares, dos millones de dólares, y acá nunca pasan de los 700 mil y tiene que ser un Pettoruti?

-Usted ejerció la docencia, ¿nos falta educación entonces en el arte?
-Yo creo que sí, que faltan conocimientos. En tres ocasiones distintas en España se hace una feria que se llama Estampa. Está dedicada al grabado y a los múltiples, pero fundamentalmente al grabado. Y yo veía -ojo que se fue complicando y deteriorando el panorama y en España también. Pero me acuerdo que la primera vez que aterricé ahí fue en el año 96, y veía que la gente afluía, pero aparte no se cuestionaban las imágenes. No es que porque era abstracto no les interesaba. Sino que les interesaba todo y de repente preguntaban “¿esto es prueba de artista?”. O sea, está bien tuvieron a Goya, han tenido a Picasso, hay una tradición de gráfica muy antigua, pero los tipos saben. Acá nunca saben. Yo porque soy bastante didáctica y me pongo a hablar pero a un pintor lo llamás y no le preguntás cómo hace las cosas. de repente te das cuenta que el tema de la gráfica no es tan accesible -para que la gente lo acepte- como puede ser la fotografía o el video. La fotografía es más pregnante, es la imagen que todo el mundo entiende. A un grabador lo llaman y le pregunta cómo hace. No entiendo, siempre gira la cosa en la misma situación. Pero no importa, yo trabajo en lo que realmente me gusta.

La muestra de Graciela Zar se puede ver en La Caja de cristal, en la casa matriz del Banco Ciudad (Florida 302), hasta fin de agosto.

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