“Un gesto amoroso, por más leve que sea, cambia de algún modo al mundo”

Texto: Gustavo Grosso / Fotos: Seba Miquel

 

Si existe un mundo adentro del mundo, lo habita Lorena Astudillo con sus músicas, sus sueños y sus desafíos. Su forma de decir y de contar la exponen desde el corazón, allí donde se muestran las almas llenas de sensibilidad. Lorena es cantora, compositora, produce su arte, enseña a cantar, y también es Licenciada en psicología.

Editó su primer disco en 1998, Lorena canta al Cuchi, y se convirtió en la primera mujer en plasmar una obra integral dedicada de forma exclusiva a la obra de Gustavo Leguizamón. Con el tiempo llegaron Ojos de Agua y Tras de una Ausencia; en 2010 grabó junto a Daniel Maza Solo los dos, un encuentro de orillas rioplatenses. Su quinto disco fue Un mar de flores, integrado casi totalmente por obras de propia autoría, que le valió la nominación a los Premios Gardel 2014 como Mejor Álbum artista femenina de folclore.

El flamante trabajo –que presentará el sábado en una colmada sala del CCK– recrea otra vez piezas del cancionero del maestro Gustavo Cuchi Leguizamón, esta vez con la dirección orquestal de Patricio Villarejo. “En El Cuchi de Cámara confluye mi profundo amor por la obra del Cuchi Leguizamón y por la música académica. A 18 años de mi primer disco dedicado a su universo musical, este abordaje es diferente. En este disco lo más movilizante es el encuentro entre lo folclórico y la música clásica, con el gran desafío que conlleva no perder la esencia popular y emotiva de la obra en esta creativa fusión”, dice Lorena.

-¿Por qué este disco en reconocimiento al Cuchi?
-La obra del Cuchi Leguizamón me pareció perfecta para esa confluencia entre el folclore y la música clásica, además de ser una obra que de un modo u otro sigue acompañando mi camino tanto en discos como en recitales.

-Se cumplen en 2017 los cien años del nacimiento del Cuchi, ¿cuál crees que fue la grandeza de su simpleza? ¿Por qué trascendió su música?
-La obra del Cuchi es inmensa, inabarcable, sumamente compleja, absolutamente original en sus búsquedas y encuentros con estilos diversos: la raíz folclórica del norte argentino, el jazz, la música clásica. Esa complejidad sin embargo no pierde la emocionalidad, la franqueza del decir sin pretensiones pero desplegando las inmensidades del alma. La grandeza de la obra es parecer simple cuando en realidad es enormemente compleja. Para mi trasciende por la belleza, porque logra tocar el alma, por el lenguaje comprensible y emotivo, por reconfortar, por permitirnos sentir orgullo y valía, porque musicaliza momentos de nuestras vidas; porque fundamentalmente nos acompaña, y esa es la verdadera tarea de un gran artista.

-Decía el Cuchi: “Hacer música no me alcanza para vivir pero me hace vivir”. ¿Por qué hacés música, Lorena?
-Exactamente por lo mismo: me ayuda a vivir. Yo vivo para hacer música, “de” la música no.

-Sos maestra de canto, enseñas tu oficio, ¿qué aprendés cuando enseñas?
-Creo que aprendo más de lo que enseño porque con cada alumna/alumno voy descubriendo matices, motivos, detalles, sutilezas de este inmenso arte en cada ser humano. Cada persona es un mundo y me maravilla ir descubriendo de qué modo elije el canto para su vida, cómo toma este camino; siempre es un modo trascendental se dedique o no profesionalmente, siempre el canto esta entramado fuerte y profundamente con su alma, su historia y su trascendencia.

“La obra del Cuchi es inmensa, inabarcable, sumamente compleja, absolutamente original en sus búsquedas y encuentros con estilos diversos”

-Tu primer disco fue con canciones de Leguizamón y este flamante y bello trabajo discográfico también. ¿Qué pasó en tu vida musical en el tiempo que transcurrió entre un disco y otro? ¿Qué más descubriste de la vida y la obra del Cuchi?
-Pasó la vida, los años, las experiencias. Hice música con muchísima gente y eso por suerte fue cambiando mi voz, así como fui cambiando yo en muchísimos aspectos, aprendí una inmensidad y fue hermoso volver a cantar algunas de las obras que estaban en mi primer disco, hace casi 20 años atrás y descubrir que hoy suenan tan distinto… eso me hace sentir viva y en permanente evolución de algún modo. De la vida y obra del Cuchi sigo aprendiendo mucho, tengo la suerte de estar en contacto con su familia, con sus hijos que siempre me acompañaron y siempre tienen un relato hermoso a mano para compartirme y disfrutar. Conté especialmente con la compañía de Juan Martín y Delfín Leguizamón que siempre generosamente me aportan detalles históricos y musicales que me suman muchísimo. Para este trabajo discográfico, donde también tienen enorme importancia las poesías del Cuchi mismo, de Manuel Castilla, de Tejada Gómez y de Miguel Ángel Perez, seguí descubriendo detalles, sutilezas, nuevas anécdotas. También vivimos (como me pasó en mi primer disco) en el estudio de grabación situaciones mágicas y casi inexplicables que ya son parte del folclore de grabar al Cuchi Leguizamón. El Cuchi es casi mítico, nunca se sabe a ciencia cierta si las cosas fueron así o son como él mismo las contaba dado que muchísimas veces se divertía haciéndole creer a la gente cosas que nacían de su imaginación y no de la realidad cotidiana.

 

-¿Cómo vivís el momento actual de la música folklórica?
-Me encanta acompañar el nacimiento de las obras de los músicos jóvenes, me honra, me hace feliz, siempre que puedo estoy con ellos tanto en sus discos como en recitales donde me invitan. El momento de la música folclórica y argentina en general es casi de post guerra, no puede vivir más adversidades, ya casi es imposible salir a tocar, ni soñar con vivir dignamente de esta profesión. Vivimos un momento donde las políticas culturales son casi inexistentes. Por otra parte el público argentino prefiere pagar fortunas una o dos veces al año por artistas extranjeros y toda propuesta que venga de afuera pero no cree que sea necesario hacerlo con los artistas nacionales -salvo algunos poquísimos artistas muy reconocidos-. Cada vez hay menos espacios para tocar en vivo y acceder a ellos también es muy muy difícil, los discos que nos salen fortunas a quienes los producimos no revisten mayor interés a la hora de adquirirlos. Pero a pesar de todo eso y en definitiva cuando uno empuja fuerte va sacando músculos a medida que vence resistencias y así se va fortaleciendo… Así y todo en la aridez total de un pueblo que mayoritariamente no cuida ni protege sus bienes culturales porque básicamente no se valora a sí mismo. En lo inhóspito del paisaje desértico la música puede más y siguen apareciendo más y más brotes de buena música y de enormes artistas en formación que no se callan y que tienen maravillas que ofrecer.

“El momento de la música folclórica y argentina en general es casi de post guerra, no puede vivir más adversidades, ya casi es imposible salir a tocar, ni soñar con vivir dignamente de esta profesión”

-¿Seguís componiendo? ¿Tenés en mente algún proyecto con canciones propias?
-Sí. Tengo en mente ahora mismo otro proyecto, muy diferente a este que estoy presentando. Aunque parezca loco en medio del trajín de sacar este disco nuevo y todo lo que implica, en mis poquísimos ratos libres ya estoy soñando un nuevo material que justamente incluye algunos temas míos, sobre los que actualmente estoy trabajando.

 


-Tu anterior trabajo discográfico, Un mar de flores, está dedicado a las mujeres y a sus diversidades, ¿por qué?
-Porque lo escribí yo que soy mujer en varias funciones: madre, esposa, amiga, hija… Y de tanto padecer y no terminar de aceptar la naturaleza tan cambiante e inestable de mi esencia femenina empecé a abordarla a través de las canciones, tal vez como una forma de aceptar amorosamente esa naturaleza. Además muchos de los temas están inspirados en mujeres importantes de mi vida: madre, hermana, hija, amigas, maestras, mujeres de la ciudad y del interior. Igualmente el disco también está dedicado a esos maravillosos hombres que como jardineros fieles nos acompañan a las mujeres y con el mayor amor del mundo posibilitan nuestro crecimiento y realización.

-En ese disco, una frase invita a pensar que “no es posible mover una flor sin perturbar una estrella”, ¿qué “perturbás” desde tu disco?
-En realidad me refiero al universo en general, a que todo lo que nos rodea y conocemos en nuestra existencia está conectado por sutiles y casi imperceptibles lazos, algo así como la teoría del caos: un etéreo movimiento aquí puede resultar un enorme movimiento allá. Y también lo relaciono con las actitudes humanas… y con esto de algún modo busco apelar al destino destructivo que aparentemente lleva el mundo. El gesto amoroso, por más leve que sea, cambia de algún modo al mundo, lo inclina hacia un mejor lugar. Tal vez sea “solo eso” y “todo eso”, un leve movimiento que agita el aire y en el mejor de los casos las emociones y sentimientos humanos.

-¿Y qué se logra construir a través de la música, del arte?
-Una grata y maravillosa compañía. Coincido ciento por ciento con Roberto Juárroz -que es mi poeta amado y de cabecera-, quien palabras más palabras menos expresa que el arte no da respuestas, no cura, no da formulas ni soluciones… lo más valioso para el hombre, sea o no artista, es que el arte lo acompaña, que no es poco…

-¿Cuáles fueron los sonidos de tu infancia, tus primeros recuerdos con la música?
-Mercedes Sosa en el disco Mujeres argentinas (Ariel Ramírez – Félix Luna) y mi papá con su guitarra enseñándome zambas del Cuchi Leguizamón y de Falú, Dávalos, cada tarde que regresaba de su trabajo.

“El arte no da respuestas, no cura, no da formulas ni soluciones… lo más valioso para el hombre, sea o no artista, es que el arte lo acompaña”


-¿Cómo es el mundo que habita Lorena Astudillo?

-El arte de mi oficio es la total convicción de que hago lo que amo absolutamente. Respecto de mi mundo, ¿tenés tiempo? Es un mundo inflamable, es decir un mundo plagado de emociones que son lo más lábil y cambiante que tiene el ser humano. Mi mundo es fundamentalmente emocional con todo lo bueno y malo que eso conlleva, creo que por eso me dedico al arte porque es una manera de morigerar mi mundo, de transformar las emociones en algo más estable como los sentimientos y de elevarlas como para poder llegar a un otro, para que podamos vibrar en una frecuencia más universal y en el mejor de los casos más altruista. Mi mundo es un mundo que aún no tiene mucha paz pero si hay algo que no pierdo son las esperanzas de encontrarla… tal vez ese día que la encuentre no necesite cantar o lo haga de otro modo… tal vez allí pueda contar y crear otras historias.

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