Fernando Noy: «El cuerpo es el verdadero cauce y causa de todos los placeres»

Texto: Pablo Díaz Marenghi / Fotos: Alejandro Míguez

 

¿Quién es Fernando Noy? Si hay algo que lo caracteriza es lo multifacético, pero también lo descarnado, la sensibilidad poética y el fragor artístico; cuerpo y mente en pos de la creación. Noy, nacido en 1951 en Río Negro, es, a todas luces, un poeta. Pero también es actor y performer. Fue protagonista y testigo privilegiado del under porteño de los ochentas. Cemento y el Parakultural fueron el teatro de operaciones en donde junto a Batato Barea (de quien escribió su biografía coral, Te lo juro por Batato), Humberto Tortonese y Alejandro Urdapilleta forjó un movimiento artístico-performático-teatral que puso al cuerpo como protagonista del destape que le decía “nunca más” a la dictadura a los gritos y en bolas.

En la antesala a este encuentro se dio un diálogo a través del chat de Facebook que ilustra (algunos) aspectos del inabarcable Noy. Luego de preguntar si en la entrevista habrá fotos responde en mayúsculas y desaforado, fiel a su estilo: «AHH.. POR EL RIMMEL..JAAA..HASTA YAAA !!!!”. En libros como Historias del under (2015) y Peregrinaciones Profanas (2018) Noy narra cuarenta años volcados a lo artístico: el hippismo, la bohemia de los sesentas en el Instituto Di Tella, el Tropicalismo brasileño, la «Primavera Democrática» under. Por allí desfila una lista interminable de personalidades destacadas de la cultura, muchos de ellos rescatados del olvido por Noy. Desde Pedro Lemebel hasta Alejandra Pizarnik, Vinícius de Moraes o Miguel Abuelo. Su misión parecería ser dar testimonio de los genios con los cuales le tocó compartir aventuras.

A los 67 años se lo ve activo e imparable. Está escribiendo una nueva novela cien por ciento ficcional, aunque admite que le es imposible correrse del todo de su propia vida, que él es una novela en sí mismo. Como le dijo una vez la escritora y amiga María Moreno: «Vos escribís todo el tiempo, sin papel ni lapicera. Escribís en el aire».

La entrevista, por momentos, se torna un diálogo en donde se hace difícil meter bocado en su torrente de nombres, información y recuerdos. Cuando el grabador se apaga, Noy se ilumina y se le ocurre otra frase que le parece genial. «Graba esto», exige. El grabador se prende y captura otro destello: “La poesía es como una especie de revelación que me posee. No es hombre ni mujer, sino como un ángel en llamas”. También pide, por favor, cortar la grabación. Sí, entre tantos recuerdos, Noy también elige reservarse algunos.

-¿Cómo fueron tus comienzos en la poesía y el teatro?
-La primera vez que publiqué poesía tendría catorce años. Fue gracias a una profesora de castellano que tenía contacto con una revista. Iba al colegio Dámaso Centeno. Justo coincidí con Charly García. Era para hijos y nietos de militares. Después también fue ahí Hilda Lizarazu, que fue la fotógrafa de mi primer libro, que publicó María Luisa Bemberg. Luego vino mi primer libro y ya voy por el sexto. De poesía. Después tengo otras cosas: mi biografía, cuentos, novela; una novela que voy a cerrar ahora. La prosa me es más fácil de sentir si está bien o mal. La poesía nunca sabés hasta dónde llegas. El ego es distinto. En teatro empecé a los quince. Fue con la obra La Cenicienta. Yo hacía de príncipe. Una actriz, que hacía de madrastra, se enfermó y tuve que hacer también ese personaje. Fui el primer travesti para niños.

-¿Qué te atraía del teatro?
-Era fascinante. Sobre todo en ese tiempo, 1968-1970, porque todo era un gran Cinecittà, los estudios de Fellini, ¿te acordás?. Creo que nunca va a haber esa potencia. No creo que las épocas se consuman, creo que continúan, como ahora por las redes, que es distinto. Con la red cambió todo. Avenida Corrientes, en ese tiempo, era maravillosa. Era como estar en Cartago, en Bizancio. Además las drogas eran gratuitas casi, comprabas anfetaminas por dos mangos. La gente no conocía el perfume de la marihuana, fumabas por la calle. He fumado con Miguel Abuelo por la calle y nadie sabía todavía qué era eso. Como yo usaba pachuli, qué se yo. Y Musk, otro perfume fuerte. Hasta que de pronto me tuve que ir porque tenía muy largo el pelo, fui muchas veces preso. Había un edicto policial que prohibía a los gays, ser gay era ilícito, un pecado, un crimen.

-¿Ahí te vas a Brasil?
-Me iba a ir a Francia, porque tenemos parientes franceses. Era amigo de la cantante Ginamaría Hidalgo. Todavía no era tan célebre, ojo, pero estaba haciendo en el Astral una comedia y una noche me invitó a ver a un brasilero en el Teatro Embassy, un teatro que ya no está. La acompañé porque la adoraba, nos queríamos mucho uno al otro. El brasilero resultó ser Vinícius de Moraes. Fue impactante porque cambió mi cabeza. Ya no quería ir a Europa, quería irme al lugar de donde venían esas canciones. Mi padre aceptó la propuesta con tal de que dejara el país. Mi viejo y yo tenemos en común esa clarividencia, ese saber de antemano, porque él también era un poeta. Un poeta sin libros, pero un poeta de la vida, de la existencia. Mi abuelo era el malevo del Abasto (N.de.R: Su abuelo aparece citado como “El Noy” en la letra de “El cantor de Buenos Aires”, 1936, de Enrique Cadícamo, popularizada por Roberto “El Polaco” Goyeneche). Y “El Noy” era un decidor de poemas. En los cortes de los biógrafos, como se llamaba el cine antiguamente, él recitaba o había una orquesta de señoritas, siempre como número en vivo. Iban a cuatro, cinco, seis lugares por noche. Al Teatro Fenix de Flores y otros lugares que ya no están. Él vivía acá a dos cuadras. Se había hecho amigo de todo el malevaje. Era uno de los más poderosos caudillos.

«La poesía es como una especie de revelación que me posee, no es hombre ni mujer, sino como un ángel en llamas»

-¿Siempre escribís?
-Uno siempre está alerta. Sus antenas con la poesía. Uno a veces ni siquiera está escribiendo sino que es escrito, es tomado, poseído. Me he pasado de estaciones en el subte porque me bajaba una metáfora y luego otra y no podía parar, porque si no después me olvido y ya me ha pasado muchas veces. Escribo en un cuaderno. Jamás escribo un poema puesto a hacerlo, no me siento muy feliz haciéndolo. La poesía es como una especie de revelación que me posee, no es hombre ni mujer, sino como un ángel en llamas. Si escribiera poesía a medida no podría considerarla tal. De vez en cuando voy reuniendo, buscando, en mis propios cuadernos y descubro los poemas.

-¿Qué creés que tiene la poesía de diferente en relación a otros lenguajes?
-La poesía es un ingrediente imprescindible en todo arte. La pintura, el teatro, lo que fuere. Es el sustento primordial. Sin poesía no hay creación. La poesía es el alma máter de toda la creatividad, y no solo está en los libros. A veces aparece en la ciudad, en las calles. El poeta es, un poco, el que revela eso que surge con su mirada de tercer ojo.

«No importa si Franz Kafka es nacido en Praga y Oscar Wilde en Inglaterra o Clarice Lispector en Brasil. Lo que ellos hacen lo incorporo dentro de un mar de creatividad que no tiene fronteras»

-Tuviste tu paso muy destacado por el under de los ochenta…
-Todo coincide como una especie de rompecabezas, como si lo hubiera planeado, y yo, que lo veo desde afuera, no lo puedo creer. Primero el hippismo, donde yo era el “hippie-Tella”, porque era uno de los pocos hippies que iba al (Instituto) Di Tella. Aunque ahí tocó Tanguito, por causa de Miguel Abuelo y un grupo de amigos. Yo me iba con mi amiga, cruzaba el obelisco y ahí ya cambiaba el mambo. El hippismo estaba hasta el obelisco. También en mi infancia el puterío de Merlo era hasta Liniers, a la capital no podías entrar porque te quemaban vivo. Ahí seguía y me quedaba viendo grandes cosas que el Di Tella presentaba. Roberto Villanueva dirigiendo al Grupo Lobo, a tantas estrellas. Parece mentira porque todo se va organizando como un puzzle. Después del hippismo y del Di Tella me voy, por causas del proceso, a Bahía, y viene el Tropicalismo, en 1971. El año anterior había llegado Janis Joplin con Keith Richards y Mick Jagger. Llegué cuando habían estado, pero me tocó la vuelta de Gilberto Gil y Caetano Veloso del exilio en Londres. Y el nacimiento de una década que la represión oficial, el horror que estábamos viviendo, no había tenido en cuenta porque creían que los hippies eran unos locos lindos. Cuando se dieron cuenta que los hippies tenían filosofía, eran fundamentales, como los poetas que tenían, cantantes, ya era tarde. Habíamos pasado una década de felicidad alucinante. Después me echaron de Brasil, fui expulsado por la Ley Cóndor, que es una ley anti extranjeros, un pacto entre Videla y Figueredo cuando vino acá. Yo estaba en Brasil cuando fue el golpe. Por suerte no tenía antecedentes, porque la misma izquierda me había descartado, por loca, por trola. Pude volver a Argentina y justo ahí empieza el Parakultural e inaugura Cemento. Ahí comprendí que por algo había sido mejor estar ahora aquí que estar allá. Después de doce años de placer infinito empezaba otra época.

-¿Cómo recordás esos años?
-He escrito mucho sobre el tema. Descubrí que podría ser como una loba. Viste que vino y parió a Rómulo y Remo. Rómulo sería Batato y Remo Urdapilleta. Vine de diez años de fiesta y felicidad, a pesar de la represión, porque también estaba la dictadura en Brasil. Pero acá comenzamos a legitimar cosas que todavía no estaban. Por más democracia que había llegado era difícil salir del Parakultural a las seis de la mañana y la cana, que siempre fue atroz, aún hoy. La represión estaba muy al día todavía. Igual seguimos e hicimos cosas impresionantes. Se mezclaba el teatro, la performance por primera vez con el rock. Sumo, Virus. Luca terminó cantando con nosotros. Virus empezó en Cemento, con el gran Omar Chabán. Son cosas que están en mi mente, que las viví. Que transmito porque será que es un modo de hacerlas redimensionar y que la gente las comprenda. Si bien hoy hay una periferia creativa, no está tan ligada como antes. La gente antes iba a Cemento o al Parakultural y hoy va a ver a Susy Shock o a Sofía Viola porque ya sabe quienes son en Facebook. Va por los medios. Hoy la red es el gran teatro, hoy el boca a boca confirma el placer.

-Tuviste un rol importante como comunicador y difusor de estos temas. ¿Por qué te interesó eso?
-Ese libro de memorias míos (Peregrinaciones Profanas, Sudamericana) fue parcial. Hay muchos recuerdos. Voy a hacer una nueva edición. “Etcétera imprescindible” se va a llamar. Uno menciona a Batato (Barea) y algunos no saben quién fue, tenés que explicarles. Con Alejandra Pizarnik pasaba un poco lo mismo. Diez años estuvo velada su obra, tuvieron que editarla en España para que acá la volvieran a imprimir. Diez años después sale un libro de ella, Textos de Sombra y últimos poemas, que lo imprime nuestra amiga Olga Orozco, gran poeta, en Seix Barral, y provoca un escándalo que hoy sería trending topic. Siempre pasa lo mismo de alguna figura que está un poco opacada. Quizás pase lo mismo conmigo. Porque a mí me importa más que Alejandra, Olga o que muchas poetas, casi todas mujeres, se lean. Tengo ese lesbianismo poético. No sé por qué. Me decía la gran María Moreno: «Vos escribís todo el tiempo, sin papel ni lapicera. Escribís en el aire». Otra gran narradora que está en la contratapa de mi libro, Mariana Enríquez, me dice: «Qué maravilla, así como hablás, escribís». Eso es maravilloso. Tengo que tratar de callarme y seguir con mi novela nueva.

«Por más que los derechos humanos hayan tenido, por suerte, una enorme evolución, hay machos alfa secretos, hay una tiranía alfa secreta que es la que no podemos dominar, porque es atávica. Está en la raíz»

-¿Cuál creés que es el legado del under de los ochenta?
-Lo que quedó es una necesidad casi obvia de expresarse y poder decirlo sea donde fuere. Nosotros también laburábamos en bowlings, boliches que nadie conocía, en peluquerías abandonadas, en garages, patios. Le llamábamos espacios no convencionales. Creo que era el espacio imprescindible que un artista debía tener para que se sienta a su gusto y pueda expresar en su lugar, no dentro de la cultura oficial mainstream, sino dentro de algo que es más bohemio y menos comprometido con horarios y esas cosas. Eso está siempre, en todas las nuevas figuras y las que, a veces, estamos necesitando rescatar del olvido.

-¿Eso aún lo ves en el under actual?
-El under ahora es, yo diría, la periferia. El engrudo, como le decíamos nosotros, porque éramos rebeldes con los yanquis. Nosotros considerábamos que de Estados Unidos sólo nos interesaban sus artistas, y de cualquier país. Porque el creador es una patria aparte. No importa si Franz Kafka es nacido en Praga y Oscar Wilde en Inglaterra o Clarice Lispector en Brasil. Lo que ellos hacen lo incorporo dentro de un mar de creatividad que no tiene fronteras. Detesto a (Donald) Trump pero venero a muchas figuras dentro de la creatividad norteamericana. Y también en Londres y en todas partes. El único verdadero subversivo es el creador, porque ni siquiera lo busca. Es natural eyectarse de los sistemas y ser parte de alguna de las musas de los olimpos. Ahora hay muchas de esas cuestiones dentro del área no oficial. Es interminable. Y me alegro. Siempre va a haber continuidades con el antiguo underground porque significa “lo que está debajo”. Son las raíces. Siempre habrá raíces, por suerte, del arte nuevas.

-Esa época se definió como “el destape”.
-Acá fue muy marcante porque hubo un antes y un después. Argentina toda necesitaba hacer una evolución dentro de los temas eróticos, de su propia represión. De ser un país de mataputos pasó a ser un país gay friendly. Siempre vinieron los gays a sufrir torturas pero, igual, a buscar sus amantes a nuestra Argentina, llena de seres maravillosos, hombres y mujeres. Hoy ya no hay tal problema.

-¿Creés que algunos temas siguen siendo tabú?
-Hay temas que todavía están en archivo, cerrados. Por más que los derechos humanos hayan tenido, por suerte, una enorme evolución, hay machos alfa secretos, hay una tiranía alfa secreta que es la que no podemos dominar, porque es atávica. Está en la raíz. Pero ya lo lograremos. Creo que la opresión se logra dominar con mayor libertad. El hecho de que ya no haya edictos y esas cosas va a permitir que podamos seguir adelante. Me acuerdo que en París, las locas argentinas eran las más divinas. Yo decía: «Argentina exporta travestis como si fueran Aberdeen Angus». Lo mejor de la carne humana estaba ahí. Y es verdad. Hoy ya no es tan así porque lo trans, por suerte, está en todas partes. No hay problema con eso.

«Mientras haya artistas, creadores y gente que no se traiciona a sí misma vamos a poder tener un poco de luz en medio de tanta monstruosidad»

-Se amplió el debate en torno al género.
-Los debates ya fueron. Ahora hay que llevarlo a la praxis. Creo que no se tiene que hablar tanto sino llevar a cabo los derechos necesarios. Por ejemplo, Lohana Berkins fue mi hermana, y hoy ella es un ícono de la liberación absoluta. Un show de Susy Show me enseñó que la mejor revolución es crear. La creatividad, ir creando. Yo lo sabía pero necesitaba escucharlo de otro. Mientras haya artistas, creadores y gente que no se traiciona a sí misma vamos a poder tener un poco de luz en medio de tanta monstruosidad.

-Hay cosas que se van modificando, estructuras hegemónicas que se van rompiendo.
-Jamás pensábamos que la humanidad volvería a la era de las cavernas, del orangután que golpea con palos. Estos momentos son fatales para Latinoamérica y el mundo. La extrema derecha es atroz.

-¿Eso te afecta a la hora de crear?
-Cuando creo me considero libre de todo. Y un poema no se inserta dentro de una bandera, sino que la traduce. La exalta pero es autónoma. Y un cuadro pintado por Marcia Schvartz o Goya también, tienen vida propia.

-Comentabas que no te llevás muy bien con la tecnología.
-Soy una especie de discapacitado informático. Mi vida cambió un poco con el Facebook. No me quejo, pero no tolero tanta invasión, es como tener la casa llena de invitados sin saber quiénes son. Es una plaga. Por eso me escapo para escribir.

-Es interesante el lugar que ocupaba el cuerpo en el under de los ochentas.
-Sí, porque el cuerpo no estaba demonizado por el sida, que es un atentado a la libertad erótica pergeñado por la CIA. Ya estamos con certeza que fue una manera de retener la libertad sexual, porque por algo fue la «peste rosa» famosa. Se les fue de las manos, porque hay muchos gays que ni saben que son, sus mujeres o sus hijos o sus padres y que son canutos, maricas tapadas, pero que también ejercen su libertad. Y no tienen por qué gritarlo tampoco. Hasta entonces estaba todo bien y después vino el forro. Aquella increíble celebración, esa fiesta interminable de los sentidos y del cuerpo se encontró con cierta petrificación. Antes, cuando nos tocó a nosotros… yo que tengo esta edad no tengo sida, es rarísimo. Tuve la desgracia de perder tantos amigos, tantos amores. El cuerpo es el verdadero cauce y causa de todos los placeres, de la libertad más absoluta y que no es permitida, es cercenada. Es necesario tener al hombre bajo control para que vaya a laburar, que haga esas cosas de falsa democracia. El hombre va muriendo por dos mangos. Es terrible lo que pasa, pero yo no puedo solucionarlo. No me gusta decir cosas que no encuentro la solución. Quizás la solución será soñar con los fines de semana y hacer otra cosa. Creo que el hombre va a salvarse, también creo en la luz de los dioses. Dioses sin templo, nada de Vaticano.

-¿Creés que el sistema se encarga de reprimir el goce, el placer y el deseo?
-Sí, porque es un modo de dominio para saber dónde está el papá, la mamá y el nene. Ese «Dios, patria y hogar» anacrónico es una fórmula para dominar la humanidad. ¿Por qué no puede haber un ser que ame a un hombre o a una mujer? Son millones los arquetipos del erotismo que no conocemos y están siendo investigados. Por ejemplo, una amiga, Laura Cantore, una gran feminista, hizo un libro donde ella investiga más de cien cariotipos, se llaman, los arquetipos eróticos. Que en realidad siempre estuvieron, pero bajo un velo. Hoy algunos ya no. Hay muchas posibilidades y ella las narra.

«El cuerpo es el verdadero cauce y causa de todos los placeres, de la libertad más absoluta y que no es permitida, es cercenada. Es necesario tener al hombre bajo control para que vaya a laburar, que haga esas cosas de falsa democracia. El hombre va muriendo por dos mangos»

-Nombras con mucho afecto a tus amigos. ¿Qué pensás de la amistad?
-Borges decía que «la amistad no es menos peligrosa que el amor» cuando habla de Bioy (Casares). También creo que la amistad es como un amor sin sexo. A veces brilla tanto. Mi amor por el director de cine Luis Ortega, por ejemplo. Es como de una madre, un padre, un tío, no, es el amor de un amigo. Es el de una vieja trola, que lo adora y lo venera porque lo quiero infinito. Además lo admiro, por sobre todo. Desde siempre. Porque él es un poeta permanente. No es solamente un artista cuando filma, tiene una filosofía impresionante.

-Otro amigo que mencionás en Peregrinaciones Profanas es el escritor chileno Pedro Lemebel.
-Ahí se da un vínculo que se repite. Como con Urdapilleta, con Batato. Más que amistad se da una complicidad. A él no le gustaba que le dijéramos hermana porque le parecía trillado, entonces decía «las primas». Néstor Perlongher fue una hermana. La perla. También con (Manuel) Puig tuve bastante relación, pero Puig era muy paranóico. Tenía razón, pobre, porque yo era una escandalosa total (risas). Cuando nos encontrábamos en algún lugar y caminábamos por Florida, por ejemplo, él se ponía tan paranóico, porque la cana te mandaba a Devoto. Él me decía: «Si sigo en la Argentina voy a enloquecer. Voy a hablar con un director de cine para que me dé 20 mil dólares para irme de este país». ¡Y era Bapsi! (Leopoldo) ¡Torre Nilsson, que era amigo de mi padre! Entonces me quiso saludar y le dije «No, pará que voy a saludar a Bapsi». Quedó violeta.

«Las drogas maléficas son, para mí, el alcohol y la cocaína. Las demás son sagradas. Creo que están prohibidas porque, también, si la gente tuviera acceso a ese universo metafórico ya nadie podría ser domesticado ni domado»

-En tus memorias hablas de tu experiencia con drogas. ¿Cuál es tu mirada sobre el tema?
-Soy uno de los más libertarios. Las drogas maléficas son, para mí, el alcohol y la cocaína. Las demás son sagradas. Creo que están prohibidas porque, también, si la gente tuviera acceso a ese universo metafórico ya nadie podría ser domesticado ni domado, por eso las puertas de la percepción, de las que habla Aldous Huxley, se cierran pero no es porque estén cerradas, sino porque te ponen un velo para que no tengas acceso, y es la prohibición. Eso incluye una repercusión boomerang, porque a la vez cada vez es mayor el deseo de curtirla. Creo que cada cual debe definir su propio destino. No hay más destino que lo que pasó. Y que el futuro nos pertenezca a cada uno y que hagamos lo que queremos.

-¿Siempre te sentiste del mismo modo creando poesía o actuando?
-Creía que la poesía había que llevarla a la taberna, al bar, al Parakultural y eso era la premisa fundamental de Batato. Por algo él se decía a sí mismo clown travesti literario. Él era el primer clown travesti literario del mundo. Son etapas. Creo que todo el mundo tiene un momento que quiere brindarse poéticamente desde cualquier posición. Luego viene la necesaria huida, para seguir produciendo más poesía. Es medio raro. Como dice Albert Camus, para ser un gran escritor hay que estar en tres lugares al mismo tiempo: la soledad, el silencio y la llama. A mí llegar a eso me cuesta más que un pasaje a Egipto. Pero lo voy a lograr, porque soy muy obsesivo con las condiciones necesarias para crear. Uno encuentra su propio antídoto.

-¿Qué le dirías a las personas que atraviesan un conflicto en torno a la conformación de su identidad?
-En estos momentos, esas personas ya tienen quien los guíe, sus faros. Diría que escuchen a sus pares y sigan esa línea que está reivindicando permanentemente. Yo soy mártir del tema. Pero la militancia de los que buscan el derecho de su propia genitalidad es perpetua y cada vez está más accesible. Hay lugares ideales, como Casa Brandon, y la demonización no es tan fuerte. Uno tiene que buscar para poco a poco liberarse de las piedras del karma ajeno. Porque son proyecciones de otros. Es muy difícil decir esto, yo sufrí una represión terrible. El sistema sigue en pie, está en la mente de los hombres, de la humanidad. Vaya novedad. Pero siempre uno tiene que seguir luchando. Mi refugio son las musas.

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