Constanza del Sol Ferreyra: «Hay mujeres muriéndose de calor porque no quieren mostrar su cuerpo»

Texto: Fernando Ghersini / Fotos: Harwin Kruteler

 

Constanza del Sol Ferreyra (24) terminó sus estudios secundarios en Junín de los Andes y se instaló en La Plata para estudiar medicina. Dos años más tarde, tras probar la misma carrera en la UBA durante un año, resignó por completo ese legado. Compró una máquina de coser, aprendió a usarla y a diseñar su propia ropa; en simultáneo empezó a estudiar diseño de indumentaria en la FADU.

Durante 2016, a través de su emprendimiento textil Metanoia, lanzó una línea de ropa interior que amplía la representación de cuerpos de mujeres. La campaña y sus modelos evidenciaron otra curva de talles, aún vetada en la publicidad gráfica argentina.

-Dejaste medicina por un campo totalmente nuevo y diferente. ¿Cómo te apropiaste de ese lugar?
-Cuando me decidí por diseño me compré una máquina de coser. Nunca había cosido en mi vida, no tenía experiencia. Para aprender lo básico usé tutoriales y para empezar a hacer ropa hice un curso de moldería durante el verano de 2015. Ni siquiera sabía que la ropa se hacía con moldes. Descubrirlo tuvo mucho sentido. Fue muy liberador tener mi propia máquina de coser y hacer mi propia ropa. En particular, porque siempre me costó conseguir ropa que me guste, que me quede bien y que la pueda comprar. Siempre había algo que no terminaba de encajar. Me pasó miles de veces salir a comprar ropa con cierta cantidad de plata y volver con las manos vacías. Fui desarrollando mucha frustración al respecto, porque si bien nunca tuve la autoestima más alta del mundo, no me consideraba un monstruo.

«Al principio lo que me molestaba puntualmente es que no hubiera variedad de talles. De hecho, la ley de talles existe, pero no se cumple y a nadie le importa»

 -¿Como consumidora sentías que no había variedad ni tenías un espacio en el mercado textil?
-Me pasaba desde chica que salía a comprar ropa con mis amigas e íbamos a los tres negocios de ropa que había en Junín y casi nunca encontraba algo para mí. De nuevo, no es que yo era particularmente deforme, la ropa no estaba hecha para mi cuerpo. Siendo adolescente es algo que te hace re mal, te sentís lo peor del universo. Yo la pasé muy mal siendo adolescente con todo lo que tiene que ver con la imagen corporal y la autoestima.

Fueron años de sufrimiento, ese era mi drama. Siento que ahora, siendo relativamente adulta, encontré una forma de canalizar todas estas frustraciones que tuve en algo lindo. Reivindicar eso y poder ayudar a otras personas a que sepan que está bien cómo son y que no tienen que cambiar nada de sí mismos para sentirse bien.

-¿Cómo llegaste al diseño de ropa interior?
-Me salió un aviso en Facebook de un curso de lencería de un lugar que ya tenía fichado. Aprendí bastante. La página de Metanoia la tenía abierta porque había intentado vender polleras, pero nunca le puse demasiada onda y no terminó de despegar. Tenía la página y quería intentar hacer otra cosa: la ropa interior. Pensé en cómo publicitarlo: sacar las fotos y subirlas a la web como hacen todas las marcas. Lo primero que pensé fue lo tradicional, buscar dos modelos que trabajen por intercambio porque tampoco tenía presupuesto para contratarlas. Esa idea me duró aproximadamente treinta segundos, porque a lo largo del tiempo fui desarrollando una serie de valores morales y no considero que esté bien la forma en que nos venden indumentaria hoy, en especial las campañas clásicas de ropa, y en especial la falta de representación de distintos tipos de cuerpos. Cuando la gente no se siente representada eso causa problemas de autoestima, que no te sientas bien con vos mismo, que no te sientas válido o que haya algo malo en vos. Todo eso se traduce directamente en problemas de depresión hasta no poder relacionarte con otras personas ni tener un buen desempeño en tus estudios o en tu profesión. Si la gente sí pudiera sentirse representada, los ayudaría a sentirse bien consigo mismo y tener mejores relaciones interpersonales.

-¿Cómo fue la experiencia de trabajar con las modelos?
– Tres de las modelos ya las conocía, pero dos eran prácticamente desconocidas. Las elegí porque conocía sus tipos de cuerpos y sabía que iba a haber diversidad. Me sorprendió porque vinieron a mi casa y cuando les conté la idea de lo que quería hacer y por qué, se re coparon y me dijeron que sí. Fue un día muy lindo, la pasé muy bien y las chicas también. Había mucha buena onda: charlamos un montón entre nosotras, lloramos, estaba muy emocionada porque venía de trabajar un montón y estaba física y mentalmente agotada, pero feliz. De hecho, ese día me levanté temprano para comprar las flores para hacer las coronitas. Creo que ni siquiera había realmente un concepto, había pensado los diseños y quería que hubiera coronas de flores porque me parecen hermosas. El concepto terminó siendo un grupo de mujeres siendo felices de modo lúdico, tranquilas y cómodas entre ellas.

-Sobre la producción de la campaña y su publicidad, ¿cómo fue el proceso?
-Las fotos las saqué yo, que no soy fotógrafa profesional bajo ningún punto de vista. Estuvimos cerca de cuatro horas para sacar las fotos y las seleccionamos entre todas. Las monté en las láminas y sólo llevan edición de luz, contraste y color, no retoqué los cuerpos de ellas. Las chicas me dieron el ok y las subí al Facebook de Metanoia y al mío. Había puesto en mi página una publicidad, pero como nunca lo había hecho no estaba segura de cómo funcionaba. Hay un período que ellos se toman para revisar que la publicidad cumpla con sus políticas. De repente, empezó a entrar un montón de gente en la página, tenía un montón de likes y la compartían mucho. Estaba muy sorprendida y pensaba que debía ser por la publicidad y no me había dado cuenta que en realidad no estaba corriendo porque ni siquiera la habían aprobado. Esperaba una reacción mediana porque había quedado hermoso y el concepto se entendía, transmitía un mensaje que hacía falta. Esperaba que pegara, pero no tanto. Me llegaron un montón de mensajes de mujeres que se habían sentido identificadas con lo que habían visto, otras me contaban sus historias y que habían tenido ese problema toda su vida. Fue movilizador. El hecho de que lo compartieran tanto y haya llegado a tanta gente fue lo que más me sorprendió. Pensar que fue algo que hice en mi living con cinco amigas sin ningún tipo de profesionalismo y que haya llegado a tanta gente es lo que más me shockeó.

-¿Qué fue lo primero que cosiste?
-Un vestido. Ahora lo miro y digo qué desastre. No lo usaría, está lleno de revés y es medio deforme, lo guardo por cariño.

-Uniste dos mundos: esa oferta que no existía y la problemática que te atravesaba.
-El proyecto en sí fue creciendo. Al principio lo que me molestaba puntualmente es que no hubiera variedad de talles. De hecho, la ley de talles existe, pero no se cumple y a nadie le importa. Además de falta de talles tampoco hay representación visual ni gráfica porque incluso marcas nacionales que sí tienen variedad de talles no lo traducen en sus publicidades. Las modelos siempre son las de talles chicos. Si hacés el talle, ¿por qué no ponés a la modelo que lo represente?

-¿Tenés referentes que inspiraron tu diseño?
-Pasa que esto es algo que antes no se veía. Desde hace un par de años me inspira el Body Positive Movement, un movimiento que es muy grande en Estados Unidos, Europa e incluso en Brasil. Las mujeres en particular están cansadas de los estándares de belleza absolutamente irreales que nos alimentan y tener que responder a eso y están pidiendo otra cosa. Muchas marcas se están dando cuenta a un nivel de “acá hay plata y nadie lo está explotando” y están saliendo con esas líneas alternativas no sólo para talles más grandes sino para distintos tipos de cuerpos. Sin embargo eso no llegó acá todavía, no entiendo por qué.

«Hay una industria gigante y millonaria que se dedica a venderles a las mujeres una serie de productos que les prometen llegar a ese ideal de belleza»

-En tu búsqueda querés visibilizar los “cuerpos sin patrones” .
-Hay todo un tema que para mí pasa por la sociología. Por qué ese modelo en particular, por qué tenés que ser flaca y alta. El modelo de belleza fue cambiando a lo largo de los siglos y hay muchas teorías. En lo personal, considero que es así porque hay una industria gigante y millonaria que se dedica a venderles a las mujeres una serie de productos que les prometen llegar a ese ideal de belleza. Siempre me sorprendo cuando veo cuánto salen los tratamientos contra la celulitis. Vas para que una tipa te embadurne en una crema o que te haga masajes y le pagás $5.000 para tener menos celulitis, vos y millones de personas más. La cantidad de plata que junta esa industria es tremenda, obviamente le conviene que cuando una chica se mire al espejo y vea que tiene celulitis sienta que eso está mal. Otra cosa que no podés hacer para entrar en el modelo de belleza convencional, es envejecer. Entonces, esa industria junta millones de dólares al año prometiendo a las personas que pueden cambiar sus cuerpos con tratamientos y que si lo hacen van a ser felices porque van a tener el cuerpo perfecto. Por otro lado, en especial para las mujeres, me parece que es un tema de presión. Los estándares de belleza no se les imponen a los hombres como a las mujeres con ese grado de real violencia. Es un tema de presión porque si las mujeres no se sintieran obligadas a pasar tanto tiempo y gastar dinero en alcanzar ese ideal de belleza que igual saben que nunca van a llegar, podrían dedicarse a un montón de otras cosas.

-El mercado de accesorios e indumentaria, además, es mucho más amplio para las mujeres.
-Como mujer estás obligada a tener una serie de vestimentas. Por ejemplo, vi un video con una entrevista que le hicieron a un noticiero donde están el presentador y la presentadora. Él estuvo un año poniéndose el mismo traje, literalmente iba con la misma ropa y nadie le dijo nada. En el montaje está el tipo exactamente con el mismo traje todos los días mientras que la presentadora está siempre con ropa distinta. Lo hizo para probar que él como hombre podía ir un año exactamente igual al trabajo y nadie iba a batir una pestaña mientras que la chica si se ponía lo mismo dos días seguidos hubiera sido un escándalo. Hay una serie de exigencias para las mujeres que no aplican para los hombres. Lo que está mal no es que quieras, eso me parece importante resaltar. Si vos genuinamente pensás que algo te hace feliz, hiciste un análisis y decís esto lo hago porque me hace feliz, hacelo. Por ejemplo, a mí me encanta el maquillaje y es algo que descubrí este año y ahora me parece muy divertido. Me encanta hacerlo y lo hago porque a mí me gusta. Lo que quiero es que la gente reflexione sobre sus decisiones, me parece mal la obligación. Hay que analizar y replantearnos por qué hacemos las cosas que hacemos, no hacer todo automáticamente. No podés decirle a una mujer que se depile porque es un asco.

-En Argentina específicamente, no noto que haya un avance para mostrar en publicidades ni medios gráficos los cuerpos disidentes.
-Es un tema extremadamente importante. Es algo que a la gente le afecta en sus decisiones de todos los días. ¿Vos sabés la cantidad de mujeres que hay en verano que no se ponen una pollera o un short porque no les gustan sus piernas? Se mueren de calor, hace 40º y la tipa con pantalón porque hay algo en sus piernas que le dijeron que estaba mal y le da vergüenza. Eso es algo de todos los días. En este momento, hay mujeres muriéndose de calor porque no quieren mostrar su cuerpo.

-¿Pensás en una estética erótica cuando diseñás para otras?
-La idea es que fuera lindo y sensual, pero también está el concepto de qué es lindo, qué es sexy, qué se ve bien. Y volvemos al cuestionamiento de por qué hay gente que no se puede imaginar una mujer gorda disfrutando de su sexualidad y su sensualidad. No lo entienden porque piensan que seguro se odia a sí misma y que no tiene sexo. Obviamente no es así. En esta sesión de fotos en particular, si bien la idea era que fuera lindo y sensual, también quería que fuera más personal. Usar ropa interior es algo que verías vos y algún compañero sexual que tengas, pero perfectamente podría ser sólo para vos.

-Es tu declaración de principios y comienza desde la ropa interior.
-Empecé con la ropa interior porque me gusta mucho diseñarla, y me parece súper importante, pero mi idea a futuro es abrirlo y atacar otros frentes.

-¿Cómo te apropiaste de esa reacción inesperada que tuviste con Metanoia? En especial porque es un terreno poco explorado.
-Esto es algo que realmente tiene el potencial de mejorar la vida de miles de personas. Hay mucha gente que ni siquiera se lo cuestiona y la sigue pasando muy mal. La reacción y los mensajes de las mujeres fueron movilizadores. Mi idea es que con el trabajo de buscar a las modelos, hacer los conjuntos y finalmente con el premio en indumentaria del concurso de emprendedores del Gobierno de la Ciudad, es poder escalarlo. Trabajé en una escala súper chiquita: sólo dentro de Capital Federal, por pedido y a medida. Eso no puede crecer demasiado porque soy una sola persona y es imposible. La idea era mandarlo a hacer a algún taller. Esa parte trajo una serie de responsabilidades e incógnitas respecto de a dónde lo mando a hacer porque la industria textil tiene un gravísimo problema de trabajo esclavo que es muy propio del sector. En la ropa es tan poco transparente el proceso al punto de que realmente no tenés idea. Vas a comprar algo, no importa si a La Salada o al Alto Palermo, y no tenés idea de bajo qué condiciones se confeccionó eso. Ninguna marca tiene transparencia respecto a los procesos productivos en el área textil e indumentaria. La marca más pedorra hasta la que factura cien mil pesos por mes, las dos lo hacen en el mismo taller y bajo las mismas condiciones horribles para los empleados, desde el que está en negro o el que está esclavizado, que puede ser un boliviano al que le retuvieron los documentos y no puede salir del lugar. Hay una serie de grados, pero no lo sabés porque no se habla del tema y casi ninguna marca es transparente respecto a eso.

«Hay gente que no se puede imaginar una mujer gorda disfrutando de su sexualidad y su sensualidad. No lo entienden porque piensan que seguro se odia a sí misma y que no tiene sexo»

 -¿Es un trabajo arduo ejecutar cada detalle para tener tu colección de acuerdo a lo que pensabas inicialmente?
-Lo que no entiendo es cómo no estar atenta. Cómo voy a hacer ropa interior de distintos talles con una representación positiva del cuerpo para que las mujeres puedan sentirse mejor con ellas mismas y tener vidas más felices, en un taller clandestino donde hay una persona que la está pasando horrible mientras cose esa ropa. Es incompatible. Me explota la cabeza con sólo pensarlo. En mi mente no entran esas dos cosas en la misma bolsa. Prefiero ir avanzando de a poco cuidando esos detalles. Está normalizado que no pensemos en eso.

Fashion Revolution tiene como consigna que un día al año que salgas a hacer quilombo y veas quién hizo tu ropa. La idea es que uno como consumidor le pregunte a la marca que está comprando dónde, cómo y quién hizo esa ropa.

-También está la ONG La Alameda que trabaja sobre esos temas y denuncian talleres clandestinos.
-Por eso, es algo que puede parecer ajeno, que la gente piensa que sólo pasa en África o en el sudeste Asiático, pero acá pasa también. Por un lado, es falta de información y se naturaliza no preguntarnos estas cosas.

-Después de lanzar tu primera campaña, junto con la formación académica que estás adquiriendo, la capacitación del programa de Emprendedores Jóvenes y el aprendizaje que vas incorporando, ¿cuál es tu visón hoy?
-Me siento tremendamente afortunada de estar en este lugar y poder aprovecharlo. Siento que la visión que tengo y lo que estoy haciendo es importante. Tengo la posibilidad de afectar positivamente la vida de miles de personas y es necesario que pase. La forma en que opera el mercado hoy está mal, desde la falta de talles a los estándares de belleza irreales construidos en photoshop que nos alimentan, hasta la forma en que se produce lo que nos venden. Son un montón de cosas que hace un año no tenía planeadas incluir en mi vida, por eso es raro encontrarme en este lugar donde todo el tiempo estoy aprendiendo cosas nuevas, pero es extremadamente placentero poder tomar toda esa frustración e injusticia, y poder aunque sea de forma chiquita transformarlo en algo lindo, positivo y que haga sentir bien a las personas. Quiero lo opuesto a lo que hace la publicidad tradicional. Pienso que está totalmente relacionado con el feminismo porque justamente se trata de la libertad de elegir cómo querés ser y que nadie más te lo imponga. Eso es feminismo: la libertad, la igualdad y la posibilidad de elegir lo que querés. Los estándares de bellezas que se les imponen a las mujeres son violentos, un tipo de violencia patriarcal. Siento que cada una elige sus batallas y hay tantas cosas que están mal en el mundo que lamentablemente uno no puede solucionar todo, pero si tenés ganas de hacer algo al respecto hay mucho para elegir y hacer. Particularmente, yo terminé eligiendo esta problemática.

2 comments

  1. Carlos Caramello

    Lo que sigue a continuación lo escribí hace muchos años como respuesta a una nota de Clarín

    A propósito de “gordas”

    Respondo a su pregunta: no, Kolesnicov, no.

    Le contesta “un varón” que ha amado más de una “gorda”. Y que sabe del éxtasis que producen sus tetas hipnóticas contenidas siempre en brassiers de 120 de taza y sin necesidad de siliconas.

    Las he amado hasta mis fuerzas. Sus traseros vastos como llanuras; sus sexos recónditos y tibios, ocultos siempre por pliegues perfumados.

    Las he amado y mis amigos, compañeros de trabajo, jefes y personajes varios que me rodeaban, las han amado.

    Quizá no de entrada pero luego, cuando los contagiaba la risa plena de mis “gordas”; cuando compartían con ellas libar como cosacos o comer costillares enteros con la mano… entonces, Kolesnicov, no sólo las amaban sino que hasta me envidiaban. Mucho me envidiaban porque había naturalidad, talento, agudeza y cierta preeminencia en ellas, como si todo les importara un pito… pero no.

    No se imagina, Kolesnicov, lo cómodos que se han sentido mis amigos con mis “gordas”. Sin tener la obligación de seducirlas. Halagándolas por otras razones que casi siempre son mejores que unas piernas como remos o pechos que son poco más que pezones erectos por el frío.

    Mis “gordas” nunca fueron dañosas para mi imagen o mi prestigio. Sólo me tiñeron con la idea de un estética cuasi “felliniana” y provocaron que varias “flacas” hicieran apuestas para ver cuál de ellas me levantaba.

    Extraño a mis “gordas”. La turgencia de sus cuerpos amigables, su manera de comer, beber y amar como si fuera la última vez.

    Cometí un error. Engordé junto a mis gordas y a las gordas les gustan los flacos.

  2. No más mujeres que se mueran de calor por no querer mostrar su cuerpo! Me ha encantado este tema, lo comparto por mis redes sociales.

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