Enrique Macaya Márquez, el hombre que más mundiales cubrió de todo el planeta

Entrevista: Julio De Bonis y Tomás Robbio / Fotos: Zalo Lynch

 

Entra en el café TABAC, esquina de Coronel Díaz y Libertador, un señor canoso de cara amistosa, un abuelo de Heidi versión criolla que lleva en la espalda un récord absoluto: con 15 presencias consecutivas, Enrique Macaya Márquez es el ser humano que más copas del mundo vio, y este año, de no mediar contratiempos, estirará su leyenda a 16. Para armar el equipo de atrás para adelante, como reza un axioma futbolero, viajaremos a una época donde el mayor espectáculo deportivo no estaba rodeado de la parafernalia actual.

Corren los años 50 y Enrique Macaya Márquez está dando sus primeros pasos en el oficio de periodista leyendo formaciones de equipos de fútbol en un programa dominical de radio El Mundo. Poco a poco aparecen nuevas tareas, como la de recaudar información de todos los clubes desde el teléfono. Su radio actual tiene dupla confirmada para cubrir el Mundial del 58 y viajar a Suecia es una idea que ni siquiera cruza por la cabeza del joven protagonista de esta historia. Pero del mismo modo que hay jugadores tocados por la varita, también pueden contar con esa dosis de suerte los mortales que siguen el deporte desde el otro lado de la línea de cal.

El Gobierno de facto se hace cargo de todas las frecuencias del éter y nombra director de Radio Belgrano a un ex jefe del joven repetidor de alineaciones, que no duda en llamarlo para contarle una idea que ronda su cabeza: quería quitarle a radio El Mundo la exclusividad de la cobertura del Mundial, y le está buscando pareja a Eugenio Ortega. Macaya Márquez acepta el desafío de inmediato.

-Recuerdo el fenómeno que era subirme a un avión. Los aviones no tenían autonomía, salían de acá e iban para Porto Alegre, San Pablo, paraban en todos lados. Encima, arriba del avión nos dimos cuenta que nuestro destino final no era donde nos esperaban, el destino real nuestro era Hamburgo y nos estaban esperando en otro lado. Después, en el tren estábamos en esos compartimentos que se ven en las películas y como nos escuchaban hablar en español, los alemanes nos miraban raro. Yo pensaba: ¿Cómo les podemos decir que somos de Argentina? Y me surgió Fangio. ¡Mirá lo que es la identificación de los deportistas conocidos mundialmente! Y nos dijeron, ah Fangio, argentino. Después ferry a Dinamarca, ferry al sur de Suecia, y llegamos a la concentración en Ramlosa Brunn, que era un lugar donde se iba a tomar baños termales, una cosa aburridísima, era lo peor que podría haber encontrado, pero bueno, los argentinos no tenían la menor idea de nada, ni los dirigentes, ni los jugadores.

-¿Cómo era hacer radio en ese primer Mundial?
-En general, quienes hacían radio venían del periodismo gráfico, por eso hablaban muy bien, porque el que escribe tiene que manejar muy bien el idioma. Una vez que vos manejás básicamente el idioma podés desarrollarlo fácilmente cuando hablás. La diferencia que noté a lo largo de los años es que antes contaban muy bien y muy florido todo lo que sucedía, le daban los tonos emocionales que correspondía a la interpretación del fenómeno deportivo respecto de lo que recibía el oyente con su imaginación.

-¿Se hablaba como ahora de los rivales? ¿Había análisis tácticos?
-Yo me acuerdo que Miguel Ángel Merlo, que era un periodista de automovilismo que también se dedicaba al fútbol, hizo una traducción de Frankfurt Ball sobre cómo jugaba Alemania, que estaba en la primera serie con nosotros y se lo llevó a uno de los jugadores del equipo. El jugador le dijo “no, a papá con estas cosas… nosotros no estamos para esto”. Así nos pasaron por arriba. El técnico alemán había estado el año anterior en la Argentina para ver cómo jugaba Argentina, eso marca la diferencia de cómo nos preparábamos unos y otros.

-¿Ustedes cuándo viajaron tenían en claro quiénes eran los candidatos?
-No, no teníamos vistos los equipos. ¿Cómo los veías? Tenías que viajar a Europa. Y acá no interesaba tanto, quién iba a explicar cómo jugaba Alemania si a nadie le importaba.

“Los europeos progresaron en la parte técnica, que es mucho más difícil que progresar en la parte física. Nosotros tenemos a Messi, pero España tiene equipos como Barcelona, que tiene un trato de pelota que no la hay en los equipos argentinos”

Si un milenial llegara al sur de Suecia, donde Argentina está por disputar el partido definitorio del grupo contra Checoslovaquia, no entendería nada. Tribunas de madera, un estadio del tamaño del de Arsenal de Sarandí con apenas la mitad de las gradas ocupadas y los periodistas en asientos en la mitad de la cancha. Estamos en el 58, no existen las cabinas y el Mundial no aglutina hinchas de distintos lares, apenas a un puñado de locales.
El técnico de radio Belgrano pagó por el servicio de línea telefónica dentro del estadio. No existe el retorno, así que deben hacer la cuenta regresiva, salir al aire y no parar. Tres, dos, uno… ¡Aire! Van cinco minutos de encuentro y el nueve de Checoslovaquia dispara al arco, su tiro sale por encima de la tribuna. Tras ver la jugada, el joven Macaya se envalentona: “a estos los pasamos por arriba, papita para el loro”.
Pero el partido da un giro: la segunda pelota va adentro del arco argentino. La tercera y la cuarta también. Todos los periodistas y dirigentes se miran. Hay desorientación que se contagia del campo de juego, los jugadores albicelestes parecen estacas, nadie les había dado precisiones sobre su rival, sólo habían recibido la sentencia fulminante de un dirigente que había visto el partido previo de la escuadra checa: “no sirven para nada estos checos”.

-¿Qué pasó cuándo quedamos eliminados en primera ronda? ¿Hubo escándalo?
-Fue tremendo el efecto que causó la derrota, sobre todo porque nosotros teníamos esa conciencia, que es la conciencia del argentino, de que comés como no se come en ninguna parte, sos el granero del mundo, tenés la calle Corrientes con luces y restaurantes hasta las cinco de la mañana, y nosotros creíamos que esa era la verdad absoluta. Y cuando nos pegaron ese cachetazo…. Yo volví a fumar después de tres años de haber dejado, no lo podía creer.

-¿Y acá en Buenos Aires cómo era el clima?
-Cuando los jugadores volvieron les tiraron monedas en Ezeiza, un hecho histórico. Muchos jugadores no pudieron jugar en sus equipos la fecha siguiente porque se los repudiaba. ¿Cómo nosotros, los argentinos, íbamos a perder?

-¿Usted también tenía ese gen argentino adentro, de esa grandeza que nunca tuvimos y siempre proyectamos?
-Claro, si encima venía de cumplir una epopeya, había llegado al sur de Suecia saliendo de Ezeiza. Encima con toda la historia, uno crece con eso, se convence. Y además, tenés jugadores argentinos que en el aspecto internacional habían triunfado. Entonces eso te dio un prestigio, pero el periodismo no tenía en claro nada.

“Todo esquema en que los jugadores sean buenos intérpretes puede servir”

-¿Se notaba mucho la diferencia entre la preparación de un equipo europeo y uno sudamericano?
-Sí, y es curioso porque eso te mueve a una reflexión muy puntual de este tiempo, acerca de cómo los europeos progresaron en la parte técnica, que es mucho más difícil que progresar en la parte física. Nosotros tenemos a Messi, pero España tiene equipos como Barcelona, que tiene un trato de pelota que no la hay en los equipos argentinos. ¿Cómo progresaron? Si antes era pegarle para arriba y salir corriendo. Nosotros decíamos que le pegaban con la canilla, pasa que le pegaban con la canilla y la pelota iba adonde ellos querían.

-Volvamos a Suecia. A Argentina le fue muy mal pero Brasil salió campeón.
-Sí, la diferencia entre los brasileños y nosotros tiene que ver mucho con la gira que hicieron los clubes brasileños, entonces siempre alguna enseñanza ha habido sobre cómo jugaban los europeos. Nosotros por razones políticas no lo hacíamos. En época del peronismo, por ejemplo, no se quería competir para no perder, salvo en el ámbito sudamericano donde teníamos bastantes chances porque le seguíamos llevando diez goles de ventaja a Bolivia. Pero como políticamente no convenía competir en Europa, no se iba. Perón preguntó: “¿Hace cuánto que no pierde Inglaterra en Wembley? ¿Nunca? Entonces vamos a ganarle”. Perdimos, pero la idea como posibilidad era buenísima.

-Y si hablamos de táctica, también Brasil se paraba diferente.
-Fijate lo que son las ironías de la táctica futbolística: dos en mitad de la cancha, con poca dinámica de movimiento. Vos podías ver un 4-2-4, que pasó a ser moda. Ya venía con una insinuación con Hungría, que perdió la final en el campeonato anterior con Alemania. Y después, Bilardo en el 86 termina ganando con cinco tipos en la mitad de la cancha. Estos salieron campeones con dos en la mitad de la cancha y Argentina con cinco. Así que todo esquema en que los jugadores sean buenos intérpretes puede servir.

Pasan cuatro años y el escenario mundial se traslada a Chile. El joven Macaya está alojado en la ciudad de Santiago y para ir a la concentración argentina, en Rancagua, cuenta con el auto de unos hinchas sanjuaninos que lo llevan por gentileza. Gauchada mata viático. La información la envían por teletipo, no tanto por teléfono porque esa comunicación es muy cara.

-Segundo Mundial cubierto, segunda vuelta en primera rueda.
-A mí me causa gracia cuando hablan de que Argentina volvió en el 2002 en primera serie. En el 58 se volvió en primera serie y en el 62 también.

-Igual, el Toto Lorenzo dejó una huella, ¿no?
-Claro, ahí se cambia, pasamos a ser europeos. El Toto Lorenzo había triunfado en España, vino acá a San Lorenzo con conocimientos de fútbol europeo y era muy vivo. Lo nombran técnico de la selección y toma la selección para los mundiales de Chile e Inglaterra. Yo aprendí mucho con él, charlábamos mucho. Y tuvo quilombos de conducción, porque los jugadores no lo entendían. Cuando juegan contra Inglaterra lo pone a Rattín de ocho y no entendía el puesto. Aparte de eso le dice a Roma que todos los saques de arco vayan hacia su izquierda para salir de la zona de influencia de Bobby Charlton, y a los diez minutos le tuvo que mandar un tipo con un papelito para recordarle a Roma que estaba sacando todo al revés.

-¿Lorenzo fue el que empezó con lo de regar la cancha antes de los partidos?
-Sí, pero lo traía de afuera eso. El jugaba contra el Real Madrid de Gento, que era un wing izquierdo muy veloz, y lo único que regaba en el campo de juego era la franja izquierda donde jugaba Gento para que se cayera.

El ciclo de cuatro esta vez nos lleva a Inglaterra, más precisamente a Birmingham, donde un Macaya Márquez consolidado hace la conducción de un programa con Diego Lucero para Radio El Mundo. La cobertura en esta ocasión tendrá nuevos desafíos, por ejemplo, perseguir el micro de la selección para verlos entrenar, ya que Lorenzo no informa dónde lo hacen ni siquiera a los jugadores para evitar la presencia de espías.

-¿En el 66 ya empezaban a verse cambios en la organización del Mundial?
-Me acuerdo que los jugadores estaban en el Albany hotel, que tenía una autopista por atrás. Un día estoy charlando con Perfumo y me dice que no se puede dormir en ese hotel por la autopista y el ruido de autos. El hotel tenía televisor al pie de la cama, y yo les decía: ¿Vos tenés televisor en tu casa? ¿Tenés esto? Y se venía a quejar de que pasa un auto en la autopista. Ellos pensaban que después de eso era todo gloria.

-¿Cómo eran los cuidados de los futbolistas en esos Mundiales? Me imagino que al no ser reconocidos por el público general se prestaban a más aventuras.
-Sí, eran de hacer travesuras. Siempre hay alguno que otro en el grupo que quiere salir de noche, pero tampoco era tan fácil. Lo que pasa es que tampoco se cuidaban tanto, no existía la exigencia como concepto.

-¿Cuándo el Mundial se convierte en el fenómeno que es hoy?
-Con la televisión. Además tenés la espectacularidad de la expulsión de Rattín del 66, en donde Argentina pierde con el local. Además es indiscutible que le metieron el perro ante la mirada de los dirigentes argentinos, que se creían los más piolas. Y cuando llegaron los dirigentes sudamericanos al sorteo de árbitros para Argentina-Inglaterra y Alemania-Uruguay ya se había hecho: a nosotros nos tocaba el árbitro alemán y el inglés al otro partido. Y cuando lo echan a Ratín, él decía “no me voy” en español y el otro en alemán le pedía que se fuera. Después de eso, para México 70, inventaron las tarjetas amarillas y rojas.

-Suenan bastantes verdes esos dirigentes, ¿Cuándo empieza Sudamérica a ganar peso en FIFA?
-En el 74, cuando Havelange -que trabaja mucho con todo oriente, con China- agarra los votos de todos los países que no tenían representatividad. Se la sacó a Stanley Rous, que era un inglés que había sido presidente durante varios años, y parecía que no se iba más de FIFA.

-Y después Grondona copia el truco
-Grondona lo superó, no podés comparar, un tipo que salió de Sarandí y fue vicepresidente de FIFA manejando la economía de una entidad que debe ser la que más recauda en el mundo.

En el 70, el ya tradicional periodista de Mundiales viaja a México donde sin el seleccionado argentino se produce un cambio de paradigma con el satélite en la televisión. Las imágenes proyectan a todo el mundo un Brasil campeón, que para Macaya será uno de los mejores equipos basados en la técnica. En la siguiente cita, en Alemania, bajo un fuerte operativo de seguridad por los atentados en los Juegos Olímpicos de Munich 72, encuentra al equipo irrepetible, la Naranja Mecánica -Holanda-. Nunca había visto algo igual ni tampoco lo vería, ni siquiera le parecería comparable ese gran equipo que sería, mucho más tarde, el Barcelona de Guardiola. En tierra teutona ya lo rodean figuritas más conocidas: Marcelo Araujo en Munich, Diego Bonadeo en Hamburgo.

-Le pasó en ese Mundial de Alemania de mirar a algún colega con el que había estado en el 58 o el 62 y decirle: ¡mirá en lo que se convirtió aquello!
-No, era el único sobreviviente. Pero me pasó que era otro mundo Alemania. Los estadios muy buenos. Lástima la Argentina, muy mal en la preparación, fue con tres técnicos, llamaron a Babington a último momento por un reclamo de la prensa.

-O sea que la prensa podía meter un jugador. ¿Cuándo se da cuenta de esa influencia tan fuerte?
-El gráfico era muy fuerte, ya había satélite, había televisión y opiniones varias que eran potentes. Y la radio todavía estaba fuerte. Ya todo el mundo sabía de qué se trataba un campeonato del mundo, los intereses en juego, además se nos venía el 78, que ya nos había sido adjudicado.

-En el 78, ¿se podía criticar a Menotti?
-Vino la orden de no criticarlo, porque eso era ir en contra de los intereses del país. A Menotti lo quisieron rajar por zurdo no bien llegaron, pero resulta que como fue el primero que organizó bien la selección, trajo equipos europeos a jugar acá y ya tenía cierto prestigio, si lo sacaban perdían ¿Quién corría el riesgo? Nosotros fuimos a hacerle una nota con Fernando Niembro y Marcelo Araujo, el día que anunciaba quienes iban a ser sus ayudantes. Nombró a Saporiti, con quien tengo muy buena relación, pero en ese momento nosotros preguntábamos ¿Y Pastoriza? ¿Y Labruna? No estaba ninguno y lo matábamos, y así salió la nota en el noticiero. Lo que pasaba en ese entonces es que el golpe distribuyó canales y radios por área, a canal 7 le tocó Ejército, a otro le tocaba Marina, ellos se fijaban cuándo aparecían en algún acto, pero no eran estrictos en lo que hacía al deporte.

Ya no es necesario viajar, en el 78 se juega el Mundial en casa, en el escenario menos deseado, bajo una cruenta dictadura militar. El experimentado comentarista Macaya Márquez mantiene su color natural de pelo, en el futuro existirá algo llamado Google para que las nuevas generaciones lo comprueben. Un día viaja con sus compañeros a disputar un partido contra el equipo del cuerpo técnico del Flaco Menotti en el estadio Defensores de Belgrano. Había pica y sus rivales habían armado un conjunto para humillarlos, pero el resultado favorece a los periodistas, que cuando termina el encuentro empiezan a corear el nombre de “Lorenzo” para desatar la ira de sus adversarios.

-¿Qué pasó en el famoso partido con Perú del 78?
-No lo sabe nadie, los protagonistas de entonces se contradicen. Uno dice una cosa, otro que fue Videla. ¿Videla le va a ir a decir a los peruanos que los iba a matar a todos? Creo que se hubiera denunciado antes. Fue un partido raro porque ya es raro antes de empezar el partido. Vos necesitás ganar por tantos goles, el arquero contrario era argentino… pero bueno, la cuestión es que ganaste la final, con angustia, lo que sea, a Holanda.

“Grondona superó a Havelange, no podés comparar, un tipo que salió de Sarandí y fue vicepresidente de FIFA manejando la economía de una entidad que debe ser la que más recauda en el mundo”

-¿Cuándo empieza a ser reconocido en las calles y cómo fue su reacción?
-Con Fútbol de primera, en el 86. Hay quienes están a favor, en contra no tengo porque no soy combativo, porque preferí siempre explicar desde otro lado, y eso se agradece. Además yo tuve que inventar el trabajo, cuando empecé no había comentarios en la tele, entonces tuve que pensar cómo lo hacía, en qué me basaba. Arranco con Mauro Viale al principio, que tenía el estilo muy europeo. Nombra a los jugadores, ta, ta, ta, que se me ocurre es más adecuado para la televisión. Hoy los relatores de televisión hacen radio y gustan, son esos misterios que se dan. La gente quiere que griten el gol como si fuera la final del mundo, no paran de hablar, se calla el relator entra el comentarista, se acaba el comentarista entra el de vestuario, que da una estadística de hace 20 años que no le puede interesar a nadie.

-Y si no, preguntan qué hicieron la noche anterior.
-Eso lo inventó Marcelo Araujo. Pero más allá de eso, Mauro relataba así, y yo trataba de usar la imagen para explicar lo que creía que había que explicar. Me apoyaba en la imagen pero además anticipaba, yo podía decirte “si el ocho se adelanta puede pasar tal cosa”, y se daba. Tampoco es que es tanto misterio.

-¿Y eso lo aprendió de otros países?
-No, no, yo era un tipo de radio, la televisión había que practicarla. Eso lo inventé yo, no lo digo como si fuera un hallazgo, no lo copié porque no había de quien copiarlo. Después laburaba mucho con la edición, mirando las polémicas. Aparece el telebeam y no había la tecnología de ahora. Aprendí a ver cómo trabajaba el operador, que me decía mirá esto, me mostraba que el tipo quedaba enganchado, iba para atrás, lo miraba de nuevo, eso te va nutriendo. En las primeras repeticiones había que poner un papelito en el rollo del tape en el gol o en la jugada polémica, y rebobinarlo, ponerlo, esperar a que se estabilice la imagen, no era inmediato. Para nosotros era muy interesante.

-¿Cómo ve las relaciones históricas entre los planteles de las distintas selecciones y el periodismo?
-El periodismo antes estaba más alejado del protagonismo, hoy en día cada equipo tiene un periodista especializado en ese equipo.

“A Menotti lo quisieron rajar por zurdo no bien llegaron, pero resulta que como fue el primero que organizó bien la selección, trajo equipos europeos a jugar acá y ya tenía cierto prestigio, si lo sacaban perdían”

-Que suele ser amiguero.
-Demasiado. Tira centros, rema a favor, pero consigue notas. Ahora todo termina con la opinión del líder, si siente que lo tratan mal se enoja y convence a los otros de no hablar más. Dice “no le hablemos más a estos tipos que se ganan la vida con nosotros y encima nos pegan”. Ese es el concepto, porque el jugador no tiene una idea de lo que es la esencia del periodismo, ni le interesa tenerla.

-¿Usted dice que no estamos viendo nada nuevo con este plantel entonces?
-No, en absoluto. En la época de Bilardo -viste que los diarios necesitan tener la información el día del partido para publicarla-, y yo se la conseguía y se las daba a los muchachos de Clarín, porque yo sí tenía una buena relación con Bilardo. ¿Pero te das cuenta? Era una cuestión así, estaban muy enfrentados.

-¿Cómo se construyó su relación con Bilardo?
-Fueron hechos casuales. Yo lo conocía a Osvaldo Zubeldía, de su cuerpo técnico. No estaban los once jugadores en la mesa y yo sí cuando se diagramó tácticamente el partido de Estudiantes contra el Manchester, en el 68. Yo tenía confianza con Zubeldía porque hablaba mucho de fútbol con él, entonces los técnicos me tenían en consideración. Y ahí lo conocí a Bilardo, que jugaba en ese equipo, y yo sabía cómo pensaban los jugadores de Estudiantes. Después iba a ver los entrenamientos del equipo de Bilardo, que era una cosa extraña. Jugaba de líbero con Brown, que no tenía equipo, jugaba con dos stoppers… meter cinco tipos en la mitad de la cancha, eso de viajar con los videos…

En Estados Unidos, el espectáculo está en su auge. Argentina ya no es una selección que debe ser y no es. Tiene dos Copas del Mundo en sus espaldas y cuenta entre sus filas con Diego Armando Maradona, el genio número uno del deporte. Macaya, que peina canas y es una estrella de la televisión, está viajando hacia el hotel donde están su representante y el preparador físico. Habla con ellos y les confirma lo peor: dio positivo el doping por efedrina. Macaya medita: “Yo tomo Decidex, que tiene efedrina, que es para descongestionar”, les dice. Entonces, al representante Franchi se le ocurre que la traiga. “¿Qué le voy a traer yo la efedrina?”, responde Macaya.

-¿El periodismo ya sabía que Maradona podía dar positivo?
-Cuando Diego juega acá sin control el desempate, ahí seguramente le dijeron: “Mirá que esta es la última, de acá en adelante, olvidate”. Y él tenía a Cerrini, que lo preparaba en un gimnasio de Devoto, y a su preparador físico Signorini. Pero yo sabía que en cualquier momento podía saltar la liebre.

-¿Sigue teniendo relación con el Diego?
-Tengo una relación de un día bien, un día mal. Yo estuve tres años sin hablarme, sin hacer una nota, pero él tuvo cosas muy buenas también conmigo. Un día me peleé en el Trece, en un programa que iba a la noche. Nosotros trabajábamos juntos, él tenía que ir a Japón a jugar un partido, pero decía que estaba cansado. Yo dije al aire que había que cumplir con los compromisos. Cuando salgo del estudio me contesta en el aire: “Macaya no sabe lo que dice, si yo llego a mi casa y no puedo levantar a mis hijas”. Entonces le pedí al director que me ponga al aire y digo: “Miré Diego, usted no puede ir a su casa y levantar a sus hijas porque está mal entrenado”. Al otro día nos fuimos a Chile, que jugaba la selección, y me dice que quiere tomar un café conmigo. Fuimos a un bar, tomamos el café y me dio la razón, y después lo admitió en cámara. No te lo hace cualquiera eso. Pero es jodido, no está bien.

“Ahora todo termina con la opinión del líder, si siente que lo tratan mal se enoja y convence a los otros de no hablar más. El jugador no tiene una idea de lo que es la esencia del periodismo, ni le interesa tenerla”

De un café con Diego, volvemos al café Tabac, donde Macaya Márquez mira la hora, ve que ya pasó bastante más del tiempo acordado con Almagro Revista y no quiere adicionar ni un minuto más. Con una energía que oculta su edad, mira a sus interlocutores y señala el reloj. En tres minutos se eyectará de la silla y saldrá disparado por la puerta que da a Avenida Libertador.

-¿Qué siente al haber cubierto quince mundiales?
-Es muy lindo porque todo el mundo te dice lo mismo. Y vos no podés dejar de reconocer que si en el invierno argentino yo me hubiera resfriado no tendría quince mundiales, no hubiera viajado.

-Superó a todos, ¿no?
-A todos, y al más cercano ya le debo sacar dos o tres. Vos calculá todo lo que se tuvo que dar. Trabajar en los medios que lo cubrían, cuando no lo cubrían me la rebusqué y fui por la mía. Así que cuando no fui por un lado fui por el otro, siempre encontraba algún lugar. Pero tuve mucha suerte, si no tenés suerte es imposible, se dieron circunstancias favorables.

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