Elena Poniatowska: el optimismo a pesar de todo

Texto: Nicolás de la Barrera / Fotos: Marte Merlo y archivo 

 

La noche del 2 de octubre de 1968, Elena Poniatowska Amor se encontró con un baño de sangre cuando llegó a la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, en Ciudad de México. Minutos atrás, una concentración masiva del Movimiento Estudiantil que pedía por más democracia y menos desigualdad había sido reprimida a balazos de francotiradores del ejército ubicados en los edificios que rodeaban la plaza. Faltaban diez días para el comienzo de los Juegos Olímpicos y el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz no quería que el mundo se llevara una “mala imagen” de México en un año convulsionado a nivel global. Nunca se pudo establecer el número exacto de muertes, pero las estimaciones dan cuenta de entre 200 y 500 víctimas.

Ante aquella escena de muerte, Poniatowska desplegó todas sus herramientas de periodista: buscó a los integrantes y líderes del Movimiento Estudiantil que sobrevivieron, los visitó y entrevistó en la cárcel; habló con sus familias; conversó con los opositores a los estudiantes y ordenó todos los testimonios. Tres años después de la masacre, con la publicación del libro y relato coral La noche de Tlatelolco, Poniatowska contó lo que el gobierno mexicano intentó ocultar. La masacre no solo dejó su huella en la historia de México sino que propició a los movimientos armados que más tarde se harían presentes en el país.

“A 50 años de la matanza de Tlatelolco, muchos estudiantes de los que todavía viven y tienen el pelo blanco hablan de la muerte de sus compañeros estudiantes. Todos los días aparecen artículos sobre el Movimiento Estudiantil cuando nada o casi nada se publicó en 1968”, recuerda Poniatowska en una charla telefónica, con su tono de voz apacible que la caracteriza.

A los 86 años, la periodista y escritora, ganadora del Premio Cervantes de Literatura en 2013, cree que todavía se puede conocer mucho más sobre Tlatelolco. “Se acusó a los estudiantes de hasta 18 delitos, como ataques a las vías públicas, asociación delictuosa, se les inventó un montón de delitos y culpabilidades. Todo eso sería muy bueno refrescarlo y recordarlo para hacer un análisis de lo que es la justicia en México. Saber qué sucedió con los que participaron, dónde están, cuándo nacieron, cuándo murieron, todo eso no le hemos establecido y creo que es importante”.

De apellido polaco pero nacida en Francia y emigrada a los diez años a México, Poniatowska -orgullosa de sus tres hijos y diez nietos- habla de la masacre de Tlatelolco pero también de la actualidad en su país y América Latina.

-¿En la noche de Tlatelolco o en otras obras suyas, buscó dejar una constancia de lo sucedido?
-Yo seguí una inclinación natural hacia ciertos temas pero sin ningún análisis previo, uno hace las cosas quizá espontáneamente. Yo de lo que puedo estar segura es de mis intenciones, pero ya de los resultados o la razón psicológica para hacerlo, pues ya eso no es algo que me haya puesto a analizar. Sí puedo decir por qué no hice más novelas o más cuentos. Seguramente, en vez de haber nacido en Francia, si hubiera nacido en México no me hubiera golpeado tanto ni la miseria ni la injusticia porque me hubiera acostumbrado desde niña, ¿no? Pero al llegar a los diez años me sorprendió ver a gente descalza y a muchas mujeres dentro de sus rebozos, que se pegaran a la pared para no estorbar el paso y para que nadie las viera.

-Al comienzo de La noche de Tlatelolco usted cuenta que mientras amamantaba a su hijo Felipe le dijo: “Dentro de 20 años a ti te irá mejor, a ti nunca te va a pasar esto”. Sin embargo, luego sucedió la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa y la represión a los maestros en 2016, y en el medio hubo miles de desaparecidos. ¿Siente que se equivocó en la afirmación que le hizo a Felipe en su momento?
-Creo que Ayotzinapa, además de lo horrible, es un crimen de racismo, porque todos los jóvenes que desaparecieron -que obviamente nunca van a volver a vivir ni a resucitar-, los 43 de Ayotzinapa, eran muchachos de muy escasos recursos que querían ser todos maestros rurales y querían incluso enseñar en escuelas en idiomas indígenas. Y eso fue un crimen que eliminó a 43 jóvenes, como se dice, de un día para otro, lo cual no sucedió en el ‘68. Nunca se ha establecido el número de las personas que murieron. El periódico The Guardian publicó que 300, no se sabe si fueron más o menos. Tenemos una lápida en Tlatelolco a un lado del edificio Nuevo León, en una gran plaza, y ahí hay unos pocos nombres que recogió [el líder estudiantil] Raúl Álvarez Garín. Mandó a hacer esa lápida con esos nombres, pero no hay un número exacto de muertos, mientras que en el caso de Ayotzinapa son todos jóvenes cuyos nombres están, cuyos rostros están. Los padres siguen buscando y claro que el gobierno le apostó al olvido y al cansancio.

-Usted se manifestó y apoyó públicamente a Andrés Manuel López Obrador. ¿Qué le significó su victoria en las elecciones y su llegada a la presidencia de México?
-Ahora yo estoy llena de esperanza porque ganó un candidato que arrolló en las últimas elecciones, pero claro, hereda un país muy conflictivo, difícil, con cada vez más habitantes y cada vez más problemas. Con muchas zonas de gran miseria, de pobreza y de gente que no tiene acceso pues ni a la escuela, y a veces ni siquiera a los alimentos.

-¿Qué espera de López Obrador?
-Bueno, lo que él ha dicho siempre, él ha dicho… (se detiene un momento Poniatowska, y se corrige). Bueno, no sé si él lo ha dicho pero… no sustituir a los de arriba por los de abajo, porque eso no se puede finalmente, pero enseñarles a los de arriba que viven en un país en el que no están solos. Que no es posible olvidar a los de abajo y no pensar en ellos. Una política más incluyente, y menos injusta y sobre todo menos corrupta, que es finalmente la política que caracteriza a todo el continente, la de la corrupción. Ahora le puedo decir que en el gabinete de López Obrador hay igual número de mujeres que de hombres, que eso es muy importante. En una foto del sexenio pasado había una mujer y todos los demás eran hombres. Y ahora son 12, seis mujeres y seis hombres y eso es muy significativo.

-El Ejército Zapatista cuestionó la figura de López Obrador. El subcomandante Galeano afirmó que “podrán cambiar el capataz y los mayordomos pero el finquero sigue siendo el mismo”. ¿Qué lectura hace de la postura tomada por el EZLN?
-Bueno, el ejército zapatista habla pero finalmente, ¿cuál es su actuación? A partir de 1990, que estalló, se ha ido adelgazando cada vez más y lo único que hay son declaraciones esporádicas del subcomandante Marcos, que ahora se llama Galeano. Pero siempre son de crítica y de rechazo a cualquier otro movimiento que no sea el zapatista. Que finalmente no sabemos ahorita quiénes son. Bueno, saber quiénes son parece un término policíaco, pero no sabemos cuáles son sus convicciones, nada. O sea, se ha adelgazado tanto que ya sus declaraciones son simplemente las declaraciones que podría hacer una vieja actriz o un viejo actor que ya no está en el juego, ¿no?

Cualquier campesino, si le ofrecen cultivar amapola y ganar mil veces más de lo que gana sembrando maíz, es normal que él quiera sembrarla y venga una avioneta por su amapola”

-¿Le molesta cuando al hablar de México se refieren como a un narco Estado?
-Bueno, me duele, claro que me molesta y me duele porque además puede ser verdad. Hay tanta corrupción en lo alto… también la hay entre la gente que tiene necesidades básicas ¿no? Pero hay tanta corrupción que siempre cuando un funcionario desaparece de la vida política se dice que está ligado al narcotráfico, y salen fotos de religiosos haciendo sus bendiciones a los hijitos de los narcos o a las esposas.

-La guerra contra el narcotráfico parece ser una causa perdida. ¿Se imagina cómo podría abordarse el problema?
-No sé… En primer lugar, mejorando las condiciones de los hombres que trabajan en el campo. Cualquier campesino, si le ofrecen por su tierra cultivar amapola y ganar mil veces más de lo que gana sembrando maíz, es normal casi que él quiera sembrarla y venga una avioneta por su amapola, ¿no? Todo se hace a posteriori. Hay muchas brigadas de soldados que queman los campos, que queman la amapola, hileras e hileras de droga. Pero si las condiciones de vida son mejores o mejoran, eso es lo importante de cualquier país. Mire usted todas las migraciones en el mundo de gente desplazada como animales y muriendo en el camino, ahogándose…

-Le afectan hondamente las imágenes de migrantes que no pueden llegar a los destinos que eligen.
-Pues claro, a todos nos afectan. Nosotros lo vemos en la pantalla de la televisión, o en los reportajes de los periódicos, pero claro que duele ver tanta gente sin futuro y que lo único que hizo fue nacer y que ya no tiene salida. Es uno de los grandes espantos de nuestros años.

-¿Y la violencia hacia las mujeres?
-Creo que la violencia contra las mujeres es un signo de toda América Latina. Bueno, no sé de Argentina, pero siento que de centroamérica, en donde las mujeres golpeadas son como una costumbre que se deriva también del alcoholismo y de la pobreza. Entre más miseria, más alcoholismo y más maltrato. Es como una ecuación esto, y solamente con una mayor posibilidad económica y un camino equitativo va a cambiar. Y sobre todo con la posibilidad de que la cantidad de niñas que vayan a la escuela sea la misma que la cantidad de niños.

-¿Cree que en el siglo 21 el periodismo puede ayudar a torcer un destino? Por ejemplo, en Estados Unidos Trump ganó pese a una lista extensa de notas en su contra. ¿Cree que el periodismo tiene una estrategia que no es la adecuada o que es una lucha muy desigual ante estas cuestiones?
-Y ahorita (Trump) tiene cantidad de acusaciones en los periódicos y juicios, y uno dice, bueno, si ya lo eligieron cuando se sabía que vivía en Las Vegas y que su fortuna procedía del juego y de todo esto que es bastante deleznable, pues puede ganar otra vez, haga lo que haga. Es una lucha desigual pero es una lucha que va a seguir todo el tiempo porque finalmente pues es una lucha que tiene una enorme nobleza, porque es denunciar, es protestar y es, finalmente, lo que en México llamamos no dejar, no ser pasivo, levantarse. Ahora, podemos preguntarnos si es inútil. Depende de cada ser humano, de la esencia de lo que tenga adentro y de lo que quiera hacer con su vida y, sobre todo, con su país. El periodismo siempre tiene rasgos de heroísmo porque denunciar finalmente en un país donde sabes que te pueden encarcelar o silenciar o matarte en una esquina, pues tiene algo de heroico.

“El ejército zapatista habla pero finalmente, ¿cuál es su actuación? Se ha adelgazado tanto que ya sus declaraciones son simplemente las que podría hacer una vieja actriz  o un viejo actor que ya no está en el juego

-¿Sigue la actualidad de lo que ocurre en el resto de América Latina?
-Sí, leo lo que veo en los periódicos. El periódico que me informa mucho es El País, me parece un excelente periódico español y cubre muchas áreas de América Latina. Pero es un continente muy desunido, en lo que se refiere a libros, a literatura. Pues muchas veces queremos leer a un autor y no lo encontramos porque, salvo que seas García Márquez o Vargas Llosa, es muy difícil que circulen autores que quisieras conocer y que no encuentras sus libros.

-¿Por qué sucede esto?
-Siento que en parte es culpa de los autores, porque donde quieren triunfar todos es en Estados Unidos. Incluso ningún autor busca que lo traduzcan en un idioma indígena. En México, que yo sepa, nadie ha pedido que su libro sea traducido a un idioma indígena, ni siquiera consideran esa posibilidad. Pero en cambio la traducción al inglés ya es una bendición o un triunfo personal. Esa unión de la que habló Bolívar del continente latinoamericano unido nunca se logró. Todos van corriendo al faro que consideran que es Estados Unidos.

-¿Está escribiendo algo en este momento?
-Estoy haciendo algo personal, una novela, pero desde luego el periodismo tiene muchísimo más respuestas en nuestros países que la literatura, que el cuento o la novela. Me gustaría que por ejemplo mis nietos, que son grandes deportistas, leyeran más. Ya no leen porque en la noche se sientan frente a la televisión y creo que la televisión es una asesina de la posibilidad de leer, creo que muchos jóvenes en México de clase media leen lo que les ordenan leer en la escuela y después ya es difícil que vuelvan a abrir un libro. En las redes finalmente leen noticias pero son noticias muy escuetas y sin análisis, y muy inmediatas.

-¿Está muy pendiente de lo que hacen sus hijos y sus nietos?
-Sí, sigo a través de ellos lo que sucede en las escuelas y lo que sucede en los jóvenes en México. Tengo pocas nietas mujeres, solo tres, pero veo que su vida es muy parecida a la de los hombres.

-¿Se siente interesada particularmente en la juventud?
-Pues sí me siento interesada particularmente en la juventud porque es lo sorprendente para mí, lo que me da sorpresas y finalmente lo más vital. Pero también me siento muy interesada en la sabiduría de la gente que tiene mi edad. Ya tengo 86 años.

-¿Se considera una persona optimista?
-Bueno, creo que sí, que soy no solo optimista sino privilegiada, porque finalmente las cosas que yo cuento jamás puedo decir que me hayan sucedido. Yo no tengo parientes en la cárcel ni gente desaparecida. Tengo muertos, como todos, pero no tengo desgracias espantosas. Desgracias finalmente son las de mi país.

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