Dick El Demasiado, entre la performance, la cumbia experimental y sus caracoles

Texto: Carolina Cabana / Fotos: Gentileza Dick El Demasiado

 

“Esto es bien bizarro, eh”, me dijo Dick apenas empezamos a charlar, y me dejó tan perpleja que lo único que pude tartamudear fue: “Pero… ¿bizarro diferente?” Tal fue la sorpresa de escuchar justo de él esa expresión, una de las primeras que surgen al intentar explicar lo que hace este artista multifacético holandés.

En ese momento se refería a la breve gira que lo tuvo unos días en Buenos Aires para promocionar el documental “Es verdad pero no aquí”, de su compatriota Luuk Bouwman, que se proyectó en el Bafici y que lo tiene como protagonista.

Dick Verdult hace radio, cine, escultura y tiene un par de novelas publicadas, aunque en Buenos Aires se lo conoce más por su cumbia experimental. Se hace llamar Dick El Demasiado, y no quedan muchas dudas de por qué el apelativo después de ver una de sus excesivas performances en vivo.

Acá hablamos un poco sobre lo que hay detrás de su “menú de fascinación”.

-En la peli decís que no vale de nada tener una sola visión de la vida, ¿qué querés decir con eso?
-No sirve para nada tener una visión única. Tiene que ver no tanto del individuo sino que estar consciente que una situación dada, cualquiera, está vista y percibida por diferente gente de una manera bien naturalmente otra. Es decir, no es que se la buscan. Es porque ellos tienen otro contexto, y otra cultura, y otro pasado, y otra asociación con palabras. Entonces la misma situación es vivida diferentemente por la gente. Y no es que sea bonito -bueno, sí es bonito también-, pero en todo caso no hay que negar eso porque no sirve. Si negás eso quiere decir que vos querés imponer la tuya, no hay otra manera. Mirá, yo soy un blanquito, digamos, y yo me crié obviamente con el automatismo que la versión mía es más explicable, digamos, como: “uy, sí claro, así es”, que la versión de un ghanés, o algo así. Pero ya cambió el mundo y hasta yo me doy cuenta que ya no sirve el concepto de explicar todo según una variante nomás, una trama. Que ya no hay tramas para todos. Todo el mundo tiene su trama, pero para cada uno es otra, ¿no? Y hay que lograr encontrarle la broma, o el chiste de eso, la poesía y la apertura para saber que es así. Y gente muy inteligente no lo logra, es decir, digamos… habrá gente bien filosófica que sabe eso y que es sabia.

-Y que lo puede actuar, porque capaz que uno lo puede pensar pero después… 
-Claro, vos quedás siempre igual. Y, tu educación es una cárcel, ¿no? De la cual te escapás pero igual te marcó.

 -Es como un ejercicio continuo de la consciencia de eso, ¿no?
-Sí. Igual lo tenés que hacer con placer. No es como una terapia, no es como un ejercicio. Tenés que ser consciente. Yo viví en muchos países, muchos.

“Ya no sirve el concepto de explicar todo según una variante nomás, una trama”.

Y eso ayuda porque estoy muy dispuesto, no tanto a comprender en otro sino que a bajar un poco la mía, jeje. Entrás en un país y decís, ¡puta, lo mío no funciona acá! Entonces lo voy a bajar y voy a ver qué viene del otro lado. Y eso es muy bonito. Así que ni siquiera es un intercambio cincuenta por ciento uno y cincuenta por ciento otro. Sino que estar dispuesto a que dejes entrar completamente la otra percepción de las cosas. Eso me encanta, me encanta. No me pone en pánico.

-No pone en riesgo tu identidad.
-No, para nada. Pero para nada.

-Porque lo que pasa muchas veces es que uno se siente amenazado por la visión del otro, ¿no?
-Sí, claro. Y mucho lo que pasa es que también la gente de repente se frustra en su propia cultura y decide que la otra es mejor o algo así, ¿no? Como, te vas a Tíbet o algo así. De repente se ponen tibetanos. Eso tampoco funciona. Eso es una tontería también. Entonces no sé, cada uno, es como… la jirafa tiene una nuca larga, ¿no? Un cuello largo. Y el oso tiene una piel muy calurosa, y tenés que saber eso, tenés que saber que sos así. Y ya con eso… Hemos llegado a un momento en que, si queremos, nos podemos informar del otro. No tan bien, pero por lo menos algo. Y saber que cada uno cumple un cierto papel en esta obra de teatro que somos todos.

-No es común escuchar hablar así a alguien de tu edad.
-Es que agarré el ritmo desde muy joven de jugar con las perspectivas. Yo me fui de Guatemala cuando tenía cuatro años, así que fue antes de los cuatro años que una vez mi madre me dejó encerrado en el coche -tal como ahora no se hace pero en esos tiempos se podía hacer- para ir a buscar algo al mercado. Entonces estaba encerrado en el coche y se vino un borracho indio a alegrarme, ¿no? Como tenía simpatía por mí, pero el tipo era como un freak borracho, ¿comprendés? Y lo tenía pegado contra la ventana haciendo esfuerzos como para alegrarme y atrás había buitres sobre el mercado, era todo como Edgar Alan Poe. Eso me impresionó mucho. Saber que las leyes mías no contaban, digamos. Que hay otra gente que también tiene sus leyes, ¿no? Y desde muy joven sentí eso. Yo me mudé como 20 veces en los primeros 20 años. Y cada vez que te mudás tenés que de nuevo hacer una topografía de tu entorno. Entonces cada vez estás consciente de que esa topografía es diferente, ahora estás en un barrio cheto, ahora estás en un barrio peligroso, ahora estás bien tranquilo, ahora la gente te mima, ahora la gente te está mirando como qué es ese tipo. Y cada vez tenés ese ejercicio de renovar tu visión del mundo, y eso como alguna gente aprende piano, yo aprendí eso, jeje.

“Hemos llegado a un momento en que, si queremos, nos podemos informar del otro. Y saber que cada uno cumple un cierto papel en esta obra de teatro que somos todos.”

 -¿Y tenés hijos? Eso es algo que no se ve en la película.
-¡Sí! Yo estoy enamorado y casado desde los 21 años con la misma mujer. Y tenemos tres hijos, todos de treinta y pico.

-¿Y ellos qué dicen de tu actividad artística?
-Bueno, en casa soy como -no el tolerado, porque me quieren mucho, no es eso- pero soy como el gato que siempre agarra la bola de lana para jugar o algo así.

Siempre me busco una situación con la cual pueda jugar. Entonces como me dejan un poco con eso. Si bien sí que les pasé mucha información y que tuvo su función pedagógica, mi esposa -que también es artista, es pintora-, ella más bien le vio el fin de la educación, ¿no? Yo más bien veía presente toda gente alrededor y manejar eso y divertirse con eso. Cuando tenían unos diez años tenía un grupo súper anárquico y bizarro, con el que hicimos un montón de cosas y los chicos se divertían con eso, ellos fueron parte de eso como una cosa muy natural. Ellos no supieron juzgar cuando eran pequeños si eso era inusual o no. Y era solamente a través de sus amigos que venían a casa que ellos vieron el valor de lo que estábamos haciendo. En su propia percepción les parecía anormal pero de la manera como “no tenemos un coche nuevo”, o algo así, pero al ver a sus amigos disfrutar tanto de tanta explosión de pensamiento, ellos dijeron “uy, aquí hay algo”, ¿no?

-¿Qué rol le das al humor en tu obra? ¿Te molesta que la gente se ría o lo buscás?
-No me molesta que se rían. Al contrario, lo tengo previsto. Porque lo manejo como un instrumento musical. Son diferentes niveles de intensidad. Pero vos no podés todo el tiempo dar un nivel pesado. Porque se cansa el efecto y no tenés nada. Los niveles pesados solamente funcionan si los aliviás primero, ¿no? Entonces esta manera de manejar el humor lo tengo para eso. Lo tengo como jaja, jiji, juju, ¡boooom! Y de nuevo, jojo, jiji, jaja, ¡buuum! Eso también lo tenés que hacer sin ritmo, digamos. No tiene que ser una ley, dos veces broma y ahora un pesado. A veces largo, a veces corto. Es como una manera de fascinar y de que la gente pierda sus defensas y ahí ¡boom! Que no lo espere, que se abra. El humor hace que la gente se abre porque no tiene con qué defenderse. Y ahí podés entrar más profundo. Así que a mí que se rían no me molesta, hasta si es un malentendido porque tarde o temprano le va a llegar otra cosa.

 -En la película un periodista colombiano habla de tu acercamiento a la cumbia como folklore, que en general es tomado como algo sagrado, con lo que no se puede jugar.
-Sí, eso es cierto pero además lo que él transmitió también es que ahora la gente se avivó un poco en ese sentido y le va chupando elementitos de una cultura como “uy, qué lindo esto” y eso es bien choto, digamos, bien chato. Choto, chato. Pero yo no hago eso, no estoy como en plan mercenario a robar unas ideas. A mí no me faltan ideas. Pero sí que me interesa el terreno popular porque es un terreno ya establecido de lenguaje, es bastante naif, es inequívoco, digamos. El diablo siempre es rojo, por ejemplo. Siempre hay cosas bien claras. Entonces si el diablo lo hacés amarillo ya inmediatamente ahí ya impactás muy fuerte y es como un momento en que la gente se despierta. Entonces eso es muy bonito con el folklore, que vos podés agarrar un idioma bien establecido y con pocos ingredientes más o menos podés como, no hacer un cambio, pero podés dar estímulos. Rotar un poco el eje, un poco. Si lo quisiera rotar mucho sería una tarea pero si lo quiero rotar solamente un poco es un placer, jajaja. Si no es una misión, es como subir el Monte Everest. Pero es mucho mejor que haya veinte personas que lo hagan con placer poco, que uno que se haga medio el Madre Teresa y se ponga ahí súper en tarea. ¡Mucho más interesante!

-¿Y creés en Dios?
-Bueno, no es que me da igual, no. Bueno, no, somos animales nomás. Caracoles, digamos. Pero el lenguaje de Dios y la disposición de la gente para tener un Dios es bonito. Y yo vi funcionar la religión también.

“Siempre me busco una situación con la cual pueda jugar”.

Viste que la religión oprime, pero también la religión ayuda. Es decir que si vos estás tirado con el suelo y no tenés nada, la religión te puede servir para levantarte y eso lo vi en Honduras, por ejemplo. De repente, todos esos se hicieron muy protestantes, norteamericanos de mierda. Pero sí que los sacaba de la droga, sí que los sacaba de ser borrachos e ir de putas. Es decir, verdaderamente es un camino que te puede levantar. Entonces, me gusta el lado teatral de la religión, el rito. También, digamos, la iglesia sabe manejar el aburrimiento. Tenés que darles mucho silencio, que escuchen un largo rato y de repente les das unos gestos mágicos y la gente le dan muchas ganas. Todo eso es como teatro. Sí, me gusta eso, y aprendí mucho de eso. Así que tengo una relación anti y pro religión, digamos. Es muy bello que la gente haya decidido tenerla, digamos. Me parece muy bonito, sólo que siempre son gente bien… medio mafiosa que se apodera de ese lugar que le dan. Eso es triste pero…

-¿Cómo es tu relación con el tiempo?
-Cuando sos joven pensás que tenés toda una vida pero ahora tengo 63 y es como un cohete. Estás sentado sobre un cohete y se te pasa. ¡Es fuerte eso! No solamente uno es más consciente pero los tiempos pasan más rápido. Porque cuando tenés, digamos, 25 años decís “uy, quiero una moto!”, no sé, qué sé yo, cualquier cosa, ¿no? Y decís “voy a ahorrar para esta moto, quiero este modelo, no mejor este” y ya eso te ocupa como cuatro meses intensos. Pero cuando pasaste por muchas cosas que se repitieron esa riqueza no te viene más. Uno piensa, por ejemplo, que momentos felices -aunque yo siempre estoy feliz, pero- o de felicidad así intensa piensa que siempre la va a registrar muy fuerte, ¿no? Pero hay una saturación, hay algo en el humano que en cierto momento… Nosotros tenemos tres hijos, el primero era como la gran maravilla, el milagro, digamos. El segundo también, pero el tercero ya es como, no es rutina pero ya sabés lo que va a venir. Y eso también es con la primavera, esa también es con el carnaval, eso también es con las vacaciones. Y en cierto momento vos sabés, claro, ahora son las vacaciones, vamos a descansar, la primer semana se pasa rapidísimo, el segundo te aburrís, el tercero así, ¿no? Sabés ya, entonces se hace todo más corto porque no vivís cosas intensas. Pasa más rápido, ¡un año a mi edad pasa rapidísimo! Tres cosas y el verano y ya pasó el año. Es raro, es muy raro… y cada vez te sucede más fuerte eso. Y uno tiene como cayos, ¿no? Pero también en el alma en cierta manera, jejeje.

-¿Y qué hacés con eso? ¿Buscás más cosas intensas o lo contemplás?
-No, no, lo bonito ahora a esta edad es que -bueno, en todo caso, en mi caso- yo sé que tengo mucho material en mí y es material auténtico. No es que anduve leyendo cuatro libros de moda y pensé “uy, le puedo chupar un capítulo a este y me hago algo”. Es todo una vivencia y observaciones, entonces estás muy tranquilo sabiendo que lo que estás haciendo es una cosa sincera. Y esto es una cosa que cuando tenés 28 años medio que te lo tenés que decir: “¡uy, qué sincero soy!” Pero a esta edad sé que es, entonces eso te da mucha tranquilidad, mucha belleza. Y lo único que quiero hacer es juzgar lo que vale la pena sacar todavía y que salga lo más bonito posible, lo más contagioso posible. Y es bonito. Como ya tenés todo un ganado y te fijás qué caballo va mejor o algo así, jaja. Sí, es muy bonito eso, te da mucha paz.

-¿Por eso decís que sos feliz?
-Sí, soy feliz, sí, muy feliz. Pero soy feliz porque también sé -como lo digo en la película- que cada día tengo un momento que me conmueve. Creo que ahí hay algo que me entra bien profundo y eso significa que estoy viviendo con los parámetros bien abiertos y eso me pone feliz. Uno puede estar muerto ya viviendo también. Y ese no es mi caso. Y también la respuesta de los jóvenes. Me muevo entre esa gente y es bonito porque cuando era joven a mí gente me alimentó y ahora estoy en el papel de que puedo alimentar a otros. ¡Y eso me encanta! Poder devolver eso. Sí, es lindo, ¿eh?

BONUS TRACK

-Trabajo mucho con ritmo.  Entonces viste que hay artistas que piensan “uy, esta obra es increíble, esta es lo que voy a hacer, mi obra maestra o qué sé yo”.  Pero yo no pienso así, yo pienso más bien, necesito cinco o seis para que, para preparar el terreno y ésta… Se trata sobre ésta, pero preparo el terreno con otros.  Entonces es más bien como un menú de fascinación.

-¡Jaja, qué bueno!
-Sí, sí.

-¡Qué buena forma de definirlo!  Jajaja.  Menú de fascinación.
-Sí, es muy bonito.

-¿Entonces somos caracoles?
-Sí, porque… caracoles me gusta porque -ahora lo pienso, eh, nunca se me ocurrió antes- pero el caracol tiene eso lento y también como que desistió de ser arrogante, jejeje.

-Jajaja.
-Viene una pantera y dice: “¡uy, me lo voy a comer todo!”  Un caracol dice: “mientras que no me pisen ya…”

-¡Es un montón!
-¡Jajaja, ya es mucho!  ¡Mientras que no me tiren sal!

-Claro.
-Sí.  En Calanda les encantan los caracoles y cuando llueve salen todos los caracoles afuera.  

-¿En Calanda?
-Sí, en Calanda, en España.

-Ah, España.
-Es el pueblo natal de Buñuel.  Y entonces la gente va ahí a buscar caracoles…

-¿Para comer?
-Sí, para comer.  Pero lo que primero tienen que hacer es lo ponen en una bolsa y no les dan de comer para que se caguen todo lo que tienen todavía, ¿no?

-Claro, para limpiarlos.
-¡Jajaja, sí!  Me parece una metáfora increíble, ¿no?

-¿Una metáfora de qué?
-Y no sé, digamos, y bueno a este lo voy a consumir pero primero que saque toda la basura o algo así, ¿no?

-Claro.
-Y a lo mejor también hay gente pensando así.  Digamos, este terreno lo quiero comprar pero primero hay que hacer esto, algo así como, es una estrategia ya.

-Claro.
-Es medio morboso.

-Y sí, bastante…

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