Daniel Grinbank: «En la medida que pueda agitar, trato de hacerlo»

Texto: Mariana Viturro / Fotos: Estrella Herrera

 

 

¿Cuál sería la primera pregunta que le harías a Daniel Grinbank si te lo cruzaras en un aeropuerto? Exacto, esa misma. La tentación de formularla en una entrevista acecha como un animal hambriento en medio de un bosque helado, pero esta vez no va a pasar, te lo prometés, no vas a arrancar así. Ahora, Grinbank te recibe en la puerta de su oficina vestido como un tipo común: jeans, remera, zapatillas. Sin embargo, concretar la entrevista se dilató porque en el último tiempo no paró de subirse y bajarse de aviones como cualquier porteño lo haría con las estaciones de subte. Sí, parece un tipo común, pero al final estás frente a quien tiene en su teléfono celular los contactos más deseados del mundo artístico (y la pregunta obligada está ahí, en la punta de la lengua todo el tiempo. Pero resistís, buscás un atajo, escapás).

-¿Cuál es tu análisis sobre los cambios en los medios de comunicación? Parecería ser en términos generales un proceso de mutación imparable.
-Obviamente va a haber cambios, no hay que ser un visionario para darse cuenta. Fijate en la radio: antes existía un locutor de turno que llevaba su libro y anotaba los temas que se pasaban, leía las tandas, los institucionales; vos podías tener un locutor propio pero tenías que tener además al locutor de turno y a un operador. Hoy vas a Europa y ves a un solo tipo que opera y locuta, hacia eso vamos. El esquema conocido se ha reducido considerablemente.

-¿Cómo ves el panorama actual de la radio tradicional?
-Inevitablemente va a tener que reinventarse. Y es lógico porque también han cambiado los modos de escucha. Creo que se va a ir dando un fuerte crecimiento de radios on line y de los podcast. La dinámica hoy es distinta y de lo que estoy seguro es que como en toda crisis, no hay vuelta atrás.

-También cambió la forma de escuchar música.
-Por supuesto. Por ahí yo a veces me jacto de que tengo la primera discoteca de Rock & Pop, que ocupa todo un cuarto de mi casa, y también la de Kabul, que se lleva toda una pared, pero luego pienso que todo ese material lo podría tener en la Mac y me siento un boludo. Claro que sigo gozando de mirar las tapas de los vinilos pero cuando lo ponés en perspectiva es un cambio muy fuerte.

-¿De qué manera repercute esta alteración en los artistas?
-Como toda transformación tiene sus pro y sus contras. Hay artistas que tienen millones de visualizaciones en Youtube o de seguidores en las redes pero no venden ni una entrada a un show. Es todo más efímero, más inmediato. A la vez tenés que el grupo pop más importante del mundo es BTS, una banda de k-pop coreano que está arrasando, algo que sería impensado para otras épocas. Antes tenías que hacer cola para que MTV –que también en su momento fue una revolución muy importante y que alteró muy fuertemente a la industria- te divulgara. Hoy está tan abierto que es más fácil subir algo a la web o a las distintas plataformas.

-¿Y en cuanto a la escena local?
-Veo buenas bandas pero no encuentro algún compositor de la dimensión de Cerati, Spinetta, García, Páez o Calamaro. También es verdad que Argentina está muy para atrás en la instalación de artistas internacionales. Por ejemplo, Colombia tiene a J. Balvin y a dos o tres en este género que se llama Latín Urban muy importantes; España sigue produciendo intensamente buen pop, incluso Uruguay exporta más rock que Argentina con NTVG, La vela puerca o Cuarteto de Nos. Argentina no logra eso, los artistas más trascendentes, de Lali Espósito o Abel Pintos a el Indio Solari o Ciro tiene repercusión local o en algunos países limítrofes, pero nada más.

-¿Cómo fue tu aproximación a la música? ¿Por qué está tan presente y ha signado tu vida?
-De chico era oyente de dos programas de radio muy emblemáticos; uno se llamaba ”Modart en la noche” y el otro “Música con Thompson y Williams”, que pasaba rock nacional incipiente. Yo vivía con mi familia en Devoto y me encerraba en el auto de mi viejo estacionado en el garage para tener una cierta independencia y un cierto volumen para escuchar mi música. Además de eso, me influyó muchísimo mi tío que era uno de los tipos más capos del incipiente movimiento de la costa oeste de los Estados Unidos, cuando terminé el secundario lo visité y tuve la oportunidad de ver a Frank Zappa o a Santana y descubrí un mundo -desde un lado absolutamente privilegiado- que me partió la cabeza y empecé a conocer la música desde la producción.

«Lo de empresario exitoso no lo tomo así; uno siempre cuenta más los éxitos que los fracasos. Y sí, siempre resignás. No hay decisión en la vida en general que no demande una resignación. Uno siempre pone en un balance los pro y los contras y en base a eso define pero nunca es todo absolutamente a favor. Me gustaría estar más tiempo con mis hijos y también quisiera tener menos situaciones estresantes cotidianas pero tengo la suerte de laburar en lo que me gusta y eso no es un dato menor»

-Desde ese rol de productor, ¿te quedó algo pendiente, algún artista que quizás no llegaste a traer por una cuestión generacional o por una negociación frustrada?
-Habrá alguno que no llegué porque falleció antes o porque la negociación no cerró. Siempre como productor se impuso la profesionalidad a la admiración, porque si era sólo para verlos me compraba un pasaje en primera, me pagaba un hotel y los veía en un show en Europa o en Estados Unidos. Puedo tener una lista de artistas que me hubieran gustado traer a la Argentina pero en el balance general estoy satisfecho.

-¿Qué espacios o vivencias tuviste que resignar para llegar a ser un empresario exitoso?
-Lo de empresario exitoso no lo tomo así; uno siempre cuenta más los éxitos que los fracasos. Y sí, siempre resignás. No hay decisión en la vida en general que no demande una resignación. Uno siempre pone en un balance los pro y los contras y en base a eso define pero nunca es todo absolutamente a favor. Me gustaría estar más tiempo con mis hijos y también quisiera tener menos situaciones estresantes cotidianas pero tengo la suerte de laburar en lo que me gusta y eso no es un dato menor.

-¿Cuál es el rol en el que te sentiste más cómodo: empresario, productor, representante de artistas?
-Se me hace difícil encasillarme. Yo digo que en lo único en lo que se me puede encasillar es en que siempre fui hincha de Independiente. Viejo judío, madre cristiana, por ende ni circunciso ni bautizado. Hice muchas cosas en mi vida y pienso seguir haciendo y he gozado de las distintas actividades que fui desarrollando. Disfruté mucho de haber sido manager de Mercedes Sosa o de Charly y de gran parte del rock nacional, pero también de haber gestionado el zoológico. Sentí mucho placer cuando representé artistas, pero a partir del nacimiento de mi primer hijo di el salto a la producción, un rol más acotado que el de manager que exige una cotidianeidad con los artistas que es muy desgastante. Ahora, si vos me preguntas qué actividad es la que más me gusta te diría musicalizador de radio.

-¿Qué ficha te saltó cuando fuiste padre por primera vez?
-En ese momento –año 85- representaba a gran parte del rock nacional y tenía un ritmo de vida que no era compatible ni coincidía con mi nuevo rol de padre. A esto se sumó que yo ya tenía ganas de hacer radio y sabía también que si además era manager iba a tener mucho condicionamiento con mis artistas en cuanto a la independencia que yo quería tener en mi radio. Pero fundamentalmente quise preservar la relación con mi hijo.

-¿Cómo sos como padre?
-Disfruto mucho ese rol. Yo tengo un hijo (Federico) y una hija (Stephanie) y me es fundamental tratar de entenderlos. Esa aproximación siempre se da a partir de sus parámetros. Me parece que si yo busco que ellos vengan a mi mundo, no van a venir nunca, son otros tiempos, otros códigos, otras curiosidades. Ahí sí seguro que me quedo afuera.

Stephanie tiene 9 años y fue adoptada en Haití. Esa experiencia, para Grinbank, fue una bisagra. “Estuve tres meses yendo y viniendo de Estados Unidos a Haití, de hoteles cinco estrellas a la pobreza más absoluta hasta que finalmente me entregaron a la beba”, cuenta. “Con ella vivo en un proceso de adaptación permanente y tengo que acercarme a partir de elementos de comunicación que ella maneje. Ella es negra y en cualquier momento en la escuela empiezan a hablar de la asamblea del año XIII y se va a dar cuenta que los negros eran esclavos o que sesenta años atrás viajaban en colectivos separados, no compartían ni baños ni escuela ni transporte público. Comprender esa y otras cuestiones van a ser muy importantes para construir su identidad y su propia historia y yo como padre tengo que acompañarla intentando entender su mundo, porque si me acerco desde mi formato no voy a lograr entrarle nunca”, explica.

-Vos tenés una postura pública a favor del aborto legal, seguro y gratuito que en Argentina viene de la mano de un fuerte debate por la perspectiva de género. ¿Eso también tiene que ver con tu hija o con tu mujer (la actriz Andrea Pietra) o es algo que en realidad vos ya traías?
-Me parece que como sociedad a veces discutimos cuestiones demasiadas obvias y la despenalización del aborto es una de ellas. Pero esto no es nuevo: pasó hace 30 años con el divorcio y hace poco menos de una década con el matrimonio igualitario. Por suerte, las nuevas generaciones la tienen bastante clara y avanzan con decisión en la instalación de estos temas.

-¿Cómo ves en retrospectiva una radio como Rock & Pop, en su momento liderada exclusivamente por hombres?
-Muchas cosas se fueron dando de casualidad pero era un rock and roll total. Ahora el 70% de las cosas que pasaban en esa radio no pasarían, estamos sumergidos en un proceso muy transformador y hay que respetarlo sobre todo en momentos donde se está luchando por derechos de la mujer. Aquellos eran otros tiempos, otra cultura. Era una radio absolutamente machista, a la única mujer que los oyentes se bancaban era la Negra Vernacci. De hecho, cuando creé Metro lo hice pensando en sumar un poco más a la mujer.

«Hay artistas que tienen millones de visualizaciones en Youtube o de seguidores en las redes pero no venden ni una entrada a un show. Es todo más efímero, más inmediato»

-Tenés un rol activo en las redes sociales y tu nombre estuvo envuelto en pequeñas “polémicas” por tus críticas al gobierno nacional. ¿Qué te moviliza a expresarte a través de este medio?
-Yo tuiteo más que nada para balancear un poquitito la información que el público recibe. Hoy los grandes medios nacionales están muy vinculados a negocios que nada tienen que ver con el periodismo y con su función de informar. En Estados Unidos uno sabe que The New York Times o The Washington Post son absolutamente anti Trump, pero no dejan de informar objetivamente lo que ocurre. Lo mismo pasa en España con el diario El país que es pro PSOE pero no deja de informar sobre el PP o Vox aunque sea desde una mirada crítica. En Argentina se impuso la prioridad empresarial frente a la periodística. Por otra parte, no me gusta la sociedad ni el mundo como están. Tengo la suerte de poder trabajar en el exterior, no tengo carencias, pero me frustra ver lo que pasa a mi alrededor. Han ido mermando los ideales y se impuso una tendencia a anestesiar y a hacer pensar lo menos posible. Me parece que en ese sentido perdemos todos y, aunque no me siento con ninguna obligación de ser un formador, en la medida que pueda agitar trato de hacerlo.

Entonces, ¿cuál sería la primera pregunta que le harías a Daniel Grinbank si te lo cruzaras en un aeropuerto? Exacto, esa misma. La tentación de formularla al final de la entrevista es el animal hambriento que ahora sí ataca en un bosque en llamas. Y te quemás.
-Daniel, ¿vuelven los Stones?
Y Daniel se ríe. Y se va corriendo a hacer su próximo check in.

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