Diego Parés: “Cuando estás en la mierda, lo único que te salva es reírte”

Texto: Mariano Cervini / Fotos: Francisco Odriozola

 

Diego Parés está en patas. Abre la reja de su PH en el barrio de Flores y saluda. La barba rubia sin emprolijar y los ojos claros le dan un aire de náufrago escandinavo, casi vikingo, a pesar de su corta estatura. La mirada traviesa lo delata como si fuese un chico en el cuerpo de un adulto. Avanza por un pasillo largo a cielo abierto decorado con helechos y cerámicas antiguas.

Nacido en Haedo, provincia de Buenos Aires, a los doce publicó su primer dibujo y nunca más paró. A los 17 años empezó a trabajar con Andrés Cascioli en la mítica revista Sex-Humor, un ícono de la historieta argentina. Luego vendrían Humor, La Urraca, Fierro, el paso por los fanzines, el under y la llegada al sueño del historietista: la contratapa del diario; desde hace cuatro años publica en La Nación una tira diaria llamada “Humor Petiso”.

Una computadora, un tablero y varias bibliotecas con libros hasta el techo forman parte de su estudio.

-Veo que tenés una biblioteca bastante grande…
-Lo que pasa es que ya tengo 46 años. Esta biblioteca es lo acumulado de todos mis años de lecturas. De novelas gráficas actuales no he leído tanto, pero sí de autores de literatura porque es más barato que leer historietas. Un libro te dura más tiempo; las historietas nuevas son caras. Ahora estoy leyendo a Robert Graves, que es un tipo al que Dolina lo recomienda mucho en su programa. Habla sobre Roma, Jesús, los mitos griegos. Está bueno. Este año empecé a interesarme por el inicio de la religión católica. Leí “El Reino de los Réprobos” de Anthony Burguess, que cuenta estos primeros años del cristianismo. Después seguí con “Rey Jesús”, de Graves, y me di cuenta que sabe mucho más, tiene más data, ha leído los Evangelios y también los Apócrifos, se nota que ha investigado más. Leo de todo.

-¿Sos recurrente en algunos autores o vas leyendo de manera aleatoria?
-Tengo algunos que me gustan mucho. Tuve épocas de Truman Capote, de Paul Auster, de Dostoievski… En general leo más literatura yanqui que de acá. Borges, Bioy, Cortázar, cuando era pibe. Ahora encontré unos cuentos de Abelardo Castillo al que no conocía y me re gustó. Autores nuevos no tanto. En general no ando a la pesca. Leí como cinco novelas de Houellebecq, pero es demasiado depre, demasiado bajón y bastante mentiroso porque si todo es como él dice, no tiene sentido que lo escriba, ni que viva, en un punto se nota que empieza a mentir: o el personaje conoce a una mina o pasa algo simliar, y es porque si no nunca podría salir de ese mundo en que todo es una mierda, se chocaría contra una pared todo el tiempo.

-¿Tus lecturas influyen en lo que vos dibujás?
-Todo influye pero nunca sé bien de qué manera. Quizás en las diferentes concepciones que voy teniendo de la vida en general, o del arte en particular. Después de Houllebecq leí un par de libros de Bukowski, y te digo que si lo leía cuando era pibe hubiera flasheado: tengo que ser él, vivir el reviente, la noche y ser como los lúmpenes de la ciudad. Ahora lo veo de un lugar más maduro y me cago de risa, lo leo sin esa carga emocional tan fuerte de “la vida tiene que ser así”.

“No me considero netamente un humorista pero todo lo que hago tiene que tener humor. Me aburro si no. Siempre por algún lado sale”.

-Empezaste a dibujar de muy chico…
-Desde los 12 ya sabía que quería ser dibujante. Empecé queriendo publicar antes de querer saber dibujar. Estudiaba en el colegio Rogelio Irurtia de Villa Luro, que tenía bachillerato y bellas artes. Paralelamente empecé a publicar en Cantarock, una revista de letras de rock, a los 12. Ahí me llevó el “Bebe” Alberto Ciupiak, un dibujante de hiperrealismo muy bueno que vivía en Haedo, un genio.


Él me contactó con Andrés Cascioli a los 15 y no entré en su revista porque era muy pibe, recién me tomó a los 17. Fui aprendiendo a prueba y error. Aprendí publicando. Todos mis errores están publicados.

-¿Es importante la publicación para un dibujante?
-En la actualidad, con la cantidad de medios masivos de difusión, sobre todo con Internet, no es tan importante. Tratándose de historietas, siempre son un medio que vos querés que la gente lo lea, que llegue a muchas personas. No es un cuadro, que un tipo lo tiene en la casa; la historieta es un medio masivo. A mí me da pena que el pibe que quiere publicar no tenga dónde o le cueste entender cómo hacerlo.

-¿Cuándo sentiste que llegabas a mucha gente?
-A partir de los nuevos medios digitales: Facebook, los blogs y, antes, Fotolog. Hasta antes de eso yo no tenía respuesta del público. Yo sabía si le gustaba al editor, a algún colega y nada más. Con las redes empecé a tener respuestas del público. Tengo el privilegio de estar en un diario que me convierte en masivo porque estoy todos los días ahí y eso lo ve mucha gente, y empezás a acceder al señor de la esquina, pero estoy muy lejos de ser Liniers, Tute o Maitena. No me veo en ese nivel de popularidad ni a palos.

-¿Sentís que en La Nación tenés más llegada a lo masivo?
-Mi abuelo compraba La Nación los domingos y yo quería estar en la parte de los chistes. Después la vida me fue llevando para otros lugares. Empecé en Humor y Sex Humor, que eran buenas publicaciones, pero el camino que hacés en las revistas es distinto. Cientos de dibujantes pasan por las revistas pero no logran la difusión que tiene un diario. Recién a los 40 empecé con el laburo del diario. Hasta ese momento vivía de ser colaborador externo. No tenía ninguna seguridad económica: si laburaba me pagaban y si no no. A mí eso me chupaba un huevo para mí mismo, pero en seguida nació mi hija y ya necesitaba de una seguridad económica. A mí me gusta lo del diario, porque es un laburo que empiezo y termino en el día y también porque no es un lugar en el que tengo que demostrar que sé dibujar. En la revista Fierro me pasa que tengo que andar demostrándole a la gente del palo y a los otros dibujantes que estoy a la altura. En el diario manda otra lógica: primero va el chiste, después el dibujo.

-¿Cómo te salen los chistes?
-Tengo diferentes humores y necesito enfocarme mentalmente para cada uno. Una cosa es el humor que puedo hacer para Barcelona y otra es lo que va en Humor Petiso. Cuando empecé en el diario tenía miedo de que no me saliera un chiste todos los días y el editor me dijo: quedate tranquilo que esto es como hacer gimnasia; mientras más veces lo hagas, más fácil te va a salir. Tampoco me caliento si el chiste que hago no es el mejor del mundo porque al otro día tengo revancha. No tengo una presión obsesiva. Lo único que me interesa es hacer un buen chiste.

-¿Te considerás un dibujante o un humorista?
-No me considero netamente un humorista pero todo lo que hago tiene que tener humor. Me aburro si no. Siempre por algún lado sale. No comprendo ni podría hacer algo que no tenga nada de humor.

-¿En tu vida es fundamental el humor?
-Te diría que también porque cuando estás en la mierda, lo único que te salva es reírte. Cuando no hay salida, la única posibilidad es una tangente y el humor funciona como un escape. Además te sirve para no creerte la gran cosa; te baja un poco a tierra. Hubo momentos en mi vida en los que veía todo negro y pensaba: bueno, mañana es el fin. Con el humor te das cuenta de que el mañana existe y te ayuda a seguir. Si uno se pone demasiado serio y va al hueso de los problemas, la única que te queda es pegarte un tiro. El humor es parte de la vida. Vos te podés estar muriendo y el sol sale igual y se te caga de risa, y cuando estés muerto va a seguir saliendo. En ese sentido el humor es como una escalera invisible que te permite salir.

“Cuando estás en la mierda, lo único que te salva es reírte. Con el humor te das cuenta de que el mañana existe y te ayuda a seguir”.

-¿Qué te genera publicar en medios tan opuestos como Barcelona y La Nación?
-No tengo un conflicto. El único conflicto sería si me traicionara a mí mismo y eso no lo hago. Si dijera A en Barcelona y B en La Nación, estaría mal. Vos podés decir: Macri es un hijo de puta, y también decir: el neoliberalismo está equivocado. Uno tiene que saber cómo moverse. Yo me siento incómodo en todos lados. No soy inconsciente de cómo es cada medio. No tengo el suficiente ego o convicción como para decir: yo hago la mía y el que quiere me la compra. En general me adapto a los medios y todos en un punto lo hacemos. Es como en la familia: con tu abuela vas a hablar de unas cosas, con tu tía de otras y con tus amigos otras. En tu casa vas a hacer distintas cosas de acuerdo al lugar en el que estés. Si estás en el baño no vas a hacer lo mismo que en el living. La Nación es el living donde recibís a la tía y Barcelona son los amigos, un espacio más parecido a tu habitación.

“La Nación es el living donde recibís a la tía y Barcelona son los amigos, un espacio más parecido a tu habitación”.

-¿Cómo ves la realidad política argentina actual?
-A principios de año me afilié al Justicialismo. Lo hice porque Guillermo Moreno dijo que si no iba a venir Massa y nos iba a copar el partido, lo cual es un problemón. Y ya no podés entregar el partido porque te convertís en una oposición sin ningún peso.


Lo testimonial no sirve. En política hay que estar donde se corta el bacalao. Por otro lado creo que un gobierno como el actual, con las medidas que ha tomado en tan poco tiempo, no puede durar. El verso del “se robaron todo”, ya no va. La misma gente que lo votó va a voltear al gobierno, porque se cagan de hambre. Macri se arregla él solo: se autocalifica su primer año de gobierno con un ocho, se perdona las deudas, capaz que termina echándose él mismo. Creo que van a perder las elecciones. El gran riesgo es que dejen a la gente sin esperanza y sin alternativas de nada. Sería algo como: los anteriores eran malos, los actuales también, entonces, ¿quiénes van a gobernar? Ya lo hicieron los militares porque supuestamente los políticos no sabían, los políticos tampoco sirven porque son todos corruptos, los empresarios se cagan en todos, así que menos. En España surgió una especie de expectativa nueva con un partido de indignados como es el caso de Podemos, que también tiene problemas porque no existe el ideal en nada. Lo que es importante es el hecho de tener vocación de querer gobernar. Vocación de crítica tiene Del Caño, pero con eso no hacemos nada. Gobername un club aunque sea, así veo lo que hacés y cómo te enfrentás a los problemas reales.

-Parecido a lo que hizo Macri en su momento con Boca…
-Yo creo que Macri aprendió muchísimo. Tardó doce años en sacarse el bigote para no parecer tan hijo de puta. A pesar de eso lo sigue siendo. Doce años tardó en que le saquen una foto más o menos digna, en la que no parezca un sorete. Después aprendió cosas del peronismo que las usa a su favor. El problema es que no labura y en un país tenés que laburar todo el tiempo, porque hay conflictos permanentes. Es como dice Moreno, son nenes bien que nunca trabajaron en serio. Entonces se cansan, renuncian. Lo que puede pasar es que esto no dure porque la gente se pudra y ahí el panorama es incierto: por un lado tenés a Cristina que está quemada por doce años de guerra mediática, y estos se queman solos. El tema es que surja algo nuevo. Zizek lo decía en una entrevista: el problema es que tenés que tener vocación. En un momento de ebullición van todos a las asambleas y opinan, pero a los tres meses quieren llegar a su casa tranquilos, ver la tele y que no les rompan las pelotas. No quieren vivir en una revolución perpetua. Ninguno de nosotros fue a Cuba veinte años a cosechar la siembra. Nadie lo quiere eso, y por un lado es antinatural. Por eso, entre otras cosas, me hice peronista. El capitalismo cree que el ser humano es una porquería, sos egoísta, se pisan unos con otros; el comunismo piensa todo lo contrario. El ser humano no es tan malo como dice el capitalismo ni tan bueno como dice el comunismo. Tiene cosas buenas y malas. El ser humano es peronista (risas).

-¿Cuál es el límite? Si Donald Trump te pide que le hagas un dibujo que lo haga quedar bien por un millón de dólares, ¿aceptás?
-Creo que no. Pero también puede ser porque no me lo ofreció. Si viene Macri y me dice: che, te doy tanto, pensaría: ¿cuánto es tanto? ¿qué quiero? ¿qué necesito? ¿una casa mejor para mis hijos? ¿un auto? ¿pagar deudas? Por otro lado, en la vida real yo elijo de qué lado ponerme: elijo perder lectores porque un chiste no les gusta cuando podría hacer lo contrario. Para mí el arte tiene moral.

“Macri se arregla él solo: se autocalifica su primer año de gobierno con un ocho, se perdona las deudas, capaz que termina echándose él mismo”.

-¿Se puede hacer humor con todo?
-No. Tiene que ver con la moral. Es imposible cagarse en todo. Dolina labura en Radio 10 y no es la muerte de nadie. No todo es blanco o negro. Él laburaba en Continental, tampoco es que esa emisora es la Madre Teresa de Calcuta.

-¿Hay dibujantes que simpatizan con el gobierno?
-La gran mayoría de los dibujantes se oponen a este gobierno. El dibujante que está a favor es Nik. Habrá algunos pibes que laburan desde lo visual. El gobierno tiene mucho eso de cuidar la imagen. Trabajan desideologizando. Ellos no necesitan decirte: el neoliberalismo es la posta; no necesitan hacer programas en Paka Paka con dibujitos que te dicen que si al campo le va bien, a todos nos va bien, o algo similar en Encuentro. Es más, se mezcló todo tanto que te pueden hacer un programa que hable mal de los milicos y no pasa nada. En Facebook hay gente que cuelga en sus muros fotos de los Sex Pistols, un video de The Wall, te comparten una frase de Gandhi y después escriben que Cristina es una hija de puta. Por momentos es todo muy aleatorio. Hay un vaciamiento ideológico muy grande.

-¿El gorilismo tiene que ver con falta de lecturas?
-Mirá, el otro día escuché tres entrevistas. Una a Galeano, otra a García Márquez y otra a Borges. El más piola, el más inteligente, el más interesante para entrevistar, era Borges. Me cuesta entender cómo un tipo tan capaz terminó siendo un gorila. Supongo que hay cosas de su linaje que influyeron. En los dibujantes pasa con Sábat. ¿Por qué siendo un genio, es gorila? En algunos tipos les quedó, tienen un gran apego por las libertades individuales. Yo hago lo que yo quiero, lo que a mí me gusta y que nadie me diga lo que tengo que hacer porque eso es tirano. Eso te lleva a detestar cualquier Estado intrusivo, que no te deje comprar todos los dólares que vos querés. Pero también los lleva a odiar a los militares, porque se metían con la cultura. Terminan queriendo una especie de liberalismo falso. El caso de Illia por ejemplo. Ejerció el gobierno con medio país afuera: vos sos peronista, no existís, no votás ni formás parte. Es muy difícil entenderlos.

-¿Los medios son los que gobiernan?
-No gobiernan, bajan línea. En muchos casos es tragada completa, sin digerir. Yo no leo diarios, no veo la tele, ni C5N me interesa ver. Siempre hay intereses partidarios no explícitos muy berretas. A mí Navarro no me interesa, no me cae bien, por más que hable en contra de Macri, me parece muy berreta. Moreno me gusta porque le habla a los peronistas. En cambio desde los medios le quieren hablar a todos y eso no se puede hacer.

-¿Pensás que puede volver Cristina?
-No tiene que volver. A Cristina la prendieron fuego. Fue el paragolpe del auto del partido en todos los años de su gobierno. Todos los palos se los comió ella. Todas las tapas de Clarín. Tiene un 50 por ciento del país que no la quiere, más una parte del peronismo que tampoco la quiere. Entonces la fantasía de que Macri es tan malo que Cristina solita va a volver, no existe. Hay que poner otra gente. Ni Massa ni Cristina. Además, gente que no esté tan quemada.

“El ser humano no es tan malo como dice el capitalismo ni tan bueno como dice el comunismo. Tiene cosas buenas y malas. El ser humano es peronista”.

-Volviendo al dibujo, ¿te gustan los dibujantes actuales?
-Sí. Yo tengo 46 años y todavía estoy pasando la crisis de los 40. Empezás a ver que la juventud se te va y querés sangre joven, te convertís en una especie de Drácula. No querés dejar de ser joven y los pibes nuevos te dan esa fuerza tan necesaria. Están Iván Riskin, Juan Vegetal, Puerto, Rip Gordon. Tienen una revista digital que se llama Mal Flash en la que están todos agrupados.

También hay chicas que dibujan bien. Hay una muy buena que se llama Ciervo Blanco, Ale Lunik, Natalia Colombo, Muriel Bellini, pero en general son más ilustradoras que historietistas.

-¿Cómo te llevás con tus contemporáneos?
-Yo admiré de siempre al laburo de Pablo Fayó, Esteban Podetti, Lucas Nine, Tute. Mauro Cascioli es un poco más chico que yo y es una bestia. Son tipos que son de otro planeta. También admiro mucho a mi hermano, que hace cine pero empezó dibujando historietas. Mi hijo de tres años es fanático de sus películas. Admiro su capacidad para tener claros los conceptos más allá de los detalles. Siempre tiene clarísimo lo que quiere contar. Para eso hace falta una personalidad que yo no tengo.

-¿Te gusta el cine?
-No, a mí el cine siempre me chupó un huevo. No me interesan ni las series. La última serie que ví fue Invasión Extraterrestre en los ´80 (risas). No las veo ni voy al cine. Soy muy ansioso y no puedo estar dos horas sentado mirando una pantalla. Te puedo nombrar Esperando la Carroza, que para mí es la mejor película argentina de todos los tiempos.

-Te estás perdiendo de Breaking Bad, por ejemplo, que a vos te encantaría…
-¿Sabés qué pasa? El mundo es muy amplio. Me estoy perdiendo de mil cosas. Hay muchas cosas que tienen valor y que yo no les doy pelota. En general lo que hago es dibujar en el estudio mientras escucho música. Estoy todas las horas que puedo con mi trabajo. Soy de quedarme a la noche. Me levanto tipo once de la mañana con un café y lo primero que hago es dibujar el chiste del día siguiente para el diario.

“Con que Quino, con todo lo que representa para mí y para la historia de la historieta argentina y mundial, me haya saludado por mi nombre, ya estoy hecho”.

Tardo unas tres horas más o menos y a la tarde encaro lo que tengo que hacer para las revistas como Fierro y Barcelona. Soy de estar muy encerrado.

-¿Tenés referentes contemporáneos?
-Sí, los clásicos argentinos: Quino, Caloi, Fontanarrosa. De grande ingresaron en mi vida otros como Robert Crumb y los dibujantes yanquis del under de los ´90. También conocí a los pioneros del cómic norteamericano como Segar, el creador de Popeye, y George Herrimann. Miro todo. Hay tantos que es imposible procesar toda la información en una sola dirección. También Altuna, Breccia. Capos del realismo, que admiro mucho. El realismo de Barcelona es copiar fotos. Si vos tenés que hacer una historieta, tenés que hacer eso multiplicado por cien cuadritos y ya es otra la joda. Dos ladrillitos que te dibuja Altuna y ya son realistas los dibujo yo y me quedan dos ladrillos humorísticos. Es una cuestión de técnica, y también comprendo mis límites que trato de romper todo el tiempo.

-¿Tenés alguna anécdota de haberte sorprendido mucho con algo referido a tu profesión?
-Hace un par de años Miguel Rep curó una muestra de Oski en el museo de Bellas Artes. En un momento bajo la escalera del salón en donde se exponían todas las obras y lo veo venir a Quino. Ya muy grande, rodeado de gente, en silla de ruedas. De repente veo que se para al lado mío y me dice: “Hola, Diego”. No lo podía creer. Lo había visto muchas veces, pero nunca me presenté por timidez. Nunca me imaginé que el tipo iba a saber quién soy. Con que Quino, con todo lo que representa para mí y para la historia de la historieta argentina y mundial, me haya saludado por mi nombre, ya estoy hecho.

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