Cristina Caamaño, de Justicia Legítima: «Es una locura que toda la Justicia esté en manos de cinco personas»

Texto: Julio De Bonis / Fotos: Lucas Gosende

 

Con la vuelta del software kirchnerista al poder -en versión inclusiva, les Fernández-, los principales cuestionamientos, fuera del constante intento de ver un enfrentamiento pimpinelesco entre los compañeros de fórmula, girarán alrededor de las relaciones del nuevo gobierno con la Justicia y con los medios. ¿Qué pasará con las prisiones preventivas que recaen sobre los ex funcionarios del gobierno kirchnerista? ¿Cristina seguirá yendo de La Habana a Comodoro Py? ¿Las causas que pesan sobre Macri despertarán? Por lo pronto, el despertador que ya sonó es el de Justicia Legítima, la agrupación judicial que nació a mediados del último gobierno de Cristina Kirchner y que fue catalogada por varios medios como una suerte de unidad básica K judicial. Esa etiqueta sirvió como estigmatización y la agrupación que presidía por entonces la jefa de los fiscales, Alejandro Gils Carbó, optó por mantener un perfil bajo durante el gobierno de Cambiemos.

Los vientos de cambio que empezaron a convertirse en realidad tras las PASO de agosto sirvieron como aliciente para que Justicia Legítima vuelva a tomar impulso de la mano de su nueva presidenta, Cristina Caamaño, quien asegura que la sorprendió el ofrecimiento del cargo, ya que no fue parte originaria de este movimiento judicial. Ella siempre apoyó a la lista celeste en la Asociación de Magistrados y, como la ve perder desde hace dieciocho años ante la conservadora lista bordó, encontró en Justicia Legítima un lugar donde generar iniciativas para reformar un poder que, como bien ella señala, cuenta con “el noventa por ciento de imagen negativa en la sociedad”.
En su despacho, a metros del Teatro Colón, en diagonal a Tribunales, Caamaño contará algunas de las propuestas para acercar a los letrados al común de los mortales, repasará su experiencia a cargo de la oficina de escuchas telefónicas y su determinante actuación en uno de los casos que conmocionó al país, el crimen de Mariano Ferreyra.

-Justicia Legítima nace y cuando cambia el gobierno se llamaron al anonimato. ¿Por qué?
-El problema es que nos demonizaron, hubo mucha gente ternada para ser jueza o fiscal a los que les pasaron el pliego por ser de Justicia Legítima, entonces empezaron a tener miedo y retraerse. Eso generó una baja de actividades, todos se sentían muy inseguros y si vos te fijás en la presentación que se le hizo a la comisión interamericana de Derechos Humanos, los más perseguidos son todos de Justicia Legítima: Alejandra Gils Carbó, Alejo Ramos Padilla, Martina Forns… no persiguieron a otros.

La entrevistada extiende una invitación a una jornada de Justicia Legítima titulada “Neoliberalismo, una forma de genocidio como goteo, ¿Cómo se sale?”, a la que el cronista asistirá la semana siguiente y en la que también dirá presente el ex Supremo Raúl Zaffaroni, otro de los blancos de críticas preferidos por sectores afines al Gobierno de Mauricio Macri.

-Entre Zaffaroni y que sea un evento de Justicia Legítima tienen todo para una jornada titulada el horror de la República.
-Todo, todo, somos lo peor.

-¿Intentan salir de esa demonización?
-Justicia Legítima fue demonizada igual que la palabra garantismo. Cuando alguien dice garantista parece un insulto y resulta que significa respetar la Constitución Nacional, que no te lleven detenido si no hay una orden de un juez, implica el Estado de Derecho, el principio de inocencia. Como vos decís, nombraste a Zaffaroni y te matan, lo mismo con nosotros y hay que trabajar mucho y explicarle a la ciudadanía porque quienes propagan el concepto como insulto saben bien lo que hacen, pero el tachero se suma a decir “y sí, son garantistas”, entonces tenés que explicarle que si no existiera el garantismo lo pueden llevar detenido en la esquina por más que no haya hecho nada.

-¿Qué te pasa cuando escuchás que vuelve el kirchnerismo y se termina la independencia del poder judicial?
-Que es exactamente lo contrario. Nosotros queremos terminar con ese coto de privilegios que es el poder judicial y lo digo en el sentido amplio de fiscales y magistrades –sic-. Justicia Legítima quiere que la gente tenga acceso a la Justicia, porque vienen acá y no entienden nada.

-Para eso primero debieran cambiar el léxico tan complejo que utilizan en las citaciones.
-Bueno, eso hacemos cuando damos charlas en los barrios y en las distintas filiales del país. Uno de los temas es precisamente poner el léxico judicial en el llano para que cualquiera pueda entenderlo.

«Queremos terminar con ese coto de privilegios que es el poder judicial, y lo digo en el sentido amplio de fiscales y magistrades»

-¿Y quién traba eso que parece tan evidentemente beneficioso para la sociedad?
-La mayoría de los jueces porque son una elite que quieren seguir manteniendo sus privilegios y cambiando el léxico tendrían que empezar a explicar. Nosotros queremos la transparencia de las actividades de los jueces y ellos lo último que quieren es explicar sus acciones.

-¿O sea que este léxico poco accesible es para ocultar las razones de sus fallos?
-Exactamente, una de las posibilidades es esa, que la gente no entienda. Lo condenaron, ¿por qué? ¡Andá a saber! Necesitás un abogado para que te desentrañe el porqué. Y eso que desde el último gobierno de Cristina no se está usando más esto de vuestra excelencia, vuestra señoría o llamados en latín. Es como una monarquía de ciertos dioses que cayeron en distintos lugares y disponen, cuando la gente necesita que se resuelvan los problemas y se la escuche. Yo muchas veces les digo “voy a intentar resolver tus problemas pero explicándote qué voy a hacer”, los siento dónde estás vos y explico todo, después les mando mensajes de voz cuando hay cambios y así.

«Los jueces son una élite que quieren seguir manteniendo sus privilegios. Lo último que quieren es explicar sus acciones»

-Hablando de cuando hay cambios, otro de los grandes reclamos es lo largo que son los tiempos en los procesos judiciales. ¿Tienen ustedes propuestas para acortarlos?
-Sí, claro, la modificación del código procesal penal que ya estaba aprobada desde mayo del 2014 y debía entrar en vigencia en marzo del 2016 y que el presidente Macri la derogó por decreto. Ese código de procedimiento es netamente acusatorio y hace que no tengas que tener el primer cuerpo de una causa, que no debas escribir sino tener contacto directo con la gente, salir a investigar a la calle, un poco como se ve en las películas yanquis. “Vos me servís, bueno, dame tus datos que te van a llamar para el juicio”. No me servís, listo, y no hacer eso de te cito, estás bajo juramento de decir verdad, anoto todo, si me olvidé de preguntarte algo te tengo que volver a citar, si cuando te mandé la cédula no estabas la cédula vuelve perdiste el turno y te tengo que volver a citar para dentro de tres meses, esto de que para poder juntar a todos los testigos a veces hay que esperar un año… Justamente ese código tiene en cuenta la oralidad, la celeridad, que todo sea mucho más ágil y más transparente.

-¿Sólo para lo penal?
-Sí, que es donde más problemas tenés.

-Bueno en lo laboral también debiera agilizarse porque hay muchas personas que no tienen sustento económico para aguantar un fallo.
-Tenés razón, sí.

-Se habla mucho de conflictos de intereses generalmente cuando empresarios van a cumplir funciones en el Estado y luego vuelven a sus empresas. Ahora, la gran mayoría de los presidentes argentinos son abogados y gran parte de los políticos también, ¿se puede hablar de independencia de poderes si el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial están formados en su mayoría por personas con la misma formación?
-Pero personas de la Justicia no, abogados. Yo puedo dar mi opinión política pero no puedo participar en política. Lo que sí tenemos es una Facultad de Derecho que es una usina de los que van a ser los privilegiados del poder, claramente.

-Y eso no genera privilegios, yo siempre digo que los periodistas ganamos tan mal porque no tenemos representantes políticos, los abogados están más que cubiertos.
-Hay periodistas que hacen política.

-En comparación, poco y nada, nosotros no tenemos familia periodística.
-Ja, es cierto, nosotros tenemos la familia judicial. Yo tenía un amigo que decía que cuando la gente se diera cuenta de que todos los presidentes salían de la Facultad de Derecho, la iban a prender fuego. Tiene que ver con eso, porque se termina formando la corporación, de la que Justicia Legítima está en contra.

-Dentro de las estigmatizaciones también está la llamada democratización de la Justicia, con la idea de que ciertos cargos judiciales se sometan al voto popular como los integrantes del Consejo de la Magistratura.
-Esa ley la intentó sacar Cristina y se la voltearon y dijeron que debían ser sólo abogados, ¿Ves? Ahí podían meter un periodista, pero quedó solo para abogados.

«Tenemos es una Facultad de Derecho que es una usina de los que van a ser los privilegiados del poder»

-Pasemos al submundo del aparato estatal ¿Cómo es la relación entre la AFI y Comodoro PY?
-Casi todos los jueces se nutren, si no mirá la causa de Alejo Ramos Padilla.

-Esos serían inorgánicos.
-Sí, paraservicios, pero también hay servicios, tipos que trabajaban con D´Alessio estaban en la AFI, y todos tienen su servicio amigo.

-¿A vos te fueron a ver alguna vez?
-Yo soy fuero ordinario, sólo en el caso de Mariano Ferreyra, donde vino un tipo a declarar que decía saber y resulta que me mandó fruta. De hecho, todo está probado y condenaron, menos al subcomisario de la 30, al resto de los dieciocho imputados. Sin embargo, este tipo quería sacar del conflicto al grupo sindical de Pedraza y asociarlo a otro que estaba más ligado a Duhalde. A ese tipo en su momento le dimos bola y nos empezó a empiojar, tenía todo el olor de servicios.

«Si no podés avanzar por miedo te tenés que ir a tu casa, porque no servís para este laburo»

El asesinato de Mariano Ferreyra, el militante del Partido Obrero, fue a todas luces su caso más resonante, y podría haber terminado con más sangre derramada.
Corre octubre de 2010, el reloj marca las nueve de la noche y Cristina Caamaño se encuentra sola en su antigua fiscalía de la calle Paraguay trabajando en el caso. De repente, suena el intercomunicador y tras atenderlo la voz del encargado le anuncia que cuatro individuos sin identificación están subiendo a verla. “Me van a tirar por el balcón”, piensa, mientras le pide sin parar al encargado que llame a la policía. Su siguiente acto reflejo es llamar a Julio Alak, el ministro de Justicia, que se ve sorprendido por el llamado en pleno funeral de Néstor Kirchner. La policía acude en seguida, los visitantes no llegan a su despacho y al huir no pueden evitar que les tomen la patente, que era trucha. A partir de esa ocasión y por algunos años, la fiscal tuvo custodia.

-Tuve mucho miedo.

-Hablando de situaciones desagradables, cuando uno lee lo que pasa en Santa Fe, por citar un ejemplo, con Los Monos, se pregunta: ¿Los fiscales y jueces detrás de esas causas pueden sentirse seguros?
-Es muy difícil, el tema es que si no podés avanzar por miedo te tenés que ir a tu casa, porque no servís para este laburo. Yo lo he hablado con mis hijos, “chicos yo esto lo voy a avanzar y si pasa algo ustedes ya saben por dónde viene”. Soy difícil de doblegar, quizás por eso me mandaron a la fiscalía de Campagnoli, que fue donde peor me trataron, quizás por eso me nombró Gils Carbó para hacerme cargo de las escuchas que era otro lugar caliente y quizás por lo mismo me nombraron ahora presidenta de Justicia Legítima.

-Te paso a otro tema casi de filosofía jurídica. Muchos se rasgan las vestiduras cuando pareciera producirse una intervención exógena en el Poder Judicial, cambios de leyes, reformas importantes, como si debiera haber una letra muerte que esté por encima. ¿Cómo te parece que debiera funcionar?
-Bueno, la Justicia está conformada por personas y lo que se necesita es que sea dinámica para estar cerca de la gente. Lo que pasa es que se olvidan que son ciudadanos públicos, tenemos que trabajar para la gente, no para tener privilegios. Y esto me lleva a la Corte, porque me parece una locura que toda la Justicia de un país esté en manos de cinco personas, debería ampliarse, dividirse en salas y juntarse por temas constitucionales para hacer un plenario. Cuando estaba Zaffaroni… ¿Qué sabe Zaffaroni de derecho de familia? Lo mismo que yo, nada.

-Porque en la Argentina funciona como última instancia de apelación y no parece que debiera ser así.
-No debiera ser tan así, exactamente.

-¿Cuándo asuma Alberto Fernández va a primar el cambio de aire y muchos jueces cambiarán su postura?
-Tenés de todo en los jueces, porque están los que se mantienen porque creen que es así y los otros que primero leen el diario.

-Porque la presión mediática seguirá también soplando para el mismo lado.
-Sí, hay un chiste que dice: “hoy Clarín dice que voy a condenar a este”. Entonces primero ven lo que dice el diario y después actúan en consecuencia. Acá el otro gran problema es que se derogó la ley de Medios y está todo muy concentrado.

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