Catherine Millet: “Hay una libertad que antes las chicas no tenían, pero son temerosas con respecto a la sexualidad”

Texto: Cecilia Alemano / Fotos: Maxi Amena

 

La escritora y Directora de Art Press –la prestigiosa revista parisina sobre arte contemporáneo– hoy decidió darles un descanso a sus pies. Bajo sus tobillos gruesos, un par de Adidas la van a ayudar a soportar la apretada agenda de entrevistas y conferencias que le esperan durante todo el día. Eso sí: a sus ojos perspicaces no se les escapa nada: “¿Por qué siempre la periodista es mujer y el fotógrafo hombre?”, quiere saber. Le digo que en Almagro tenemos muy buenas fotógrafas y muy buenos periodistas varones. “¿Hay hombres que hagan buenas preguntas?”, ríe Catherine Millet.

En el año 2001, su novela autobiográfica La vida sexual de Catherine M. revolucionó las estanterías de las librerías. Por primera vez una mujer se refería a su vida sexual de un modo despojado y hasta despiadado, con pasajes como “follar venciendo toda repugnancia no sólo era rebajarse, sino, invirtiendo ese movimiento, elevarse por encima de los prejuicios. Yo me conformé con no tener que elegir a mis compañeros, fuera cual fuese su número (teniendo en cuenta las condiciones en que me entregaba, si mi padre hubiese formado parte de “ese número”, yo no lo hubiese reconocido)”.

A lo largo de sus páginas, celebradas por la crítica y por otros autores, como Mario Vargas Llosa, quien dijo que se trataba de “una reflexión inteligente, cruda, insólitamente franca, que adopta por momentos el semblante de un informe clínico”, conocemos con lujo de detalle lo mucho que a Millet le gusta “chupar el sexo de los hombres”; su técnica para hacerlo; su predilección por los intercambios de pareja y las orgías. No parece guardarse nada. Lo mismo ocurre en Celos, la otra vida de Catherine M. publicada en 2010, donde se desnuda de nuevo para mostrar el lado menos deseado de la libertad sexual: los celos que la carcomen cuando lee las cartas de las amantes de su marido o espía minuciosamente las fotos de sus amantes desnudas. La crítica la celebró. Dijo, por ejemplo, Le Monde: “Catherine Millet pertenece a la categoría de los grandes pintores del alma humana”.

-La escritura autobiográfica, ¿es elección o necesidad?
-Que las mujeres elijamos contar desde nuestra experiencia personal responde al hecho de que en la historia de nuestra cultura es algo que falta; es algo que no se hizo. Hay una especie de urgencia para compensar ese retraso. Por supuesto que hay muy buenas novelistas que inventan historias muy interesantes, pero la mayor parte de las veces damos testimonio. Esto domina la literatura femenina. Lo mejor de la literatura francesa hoy en día tiene que ver con la autoficción. Tenemos a Camille Lawrence y los primeros libros Christine Angot.

-En la vida sexual de Catherine M. y en Celos relató sus propias experiencias en torno a la sexualidad. ¿Por qué la necesidad de dar testimonio?
-Necesitaba dar un testimonio bien preciso y singular porque pienso que el rol de la literatura consiste en permitir que cada lector o lectora se confronte con otra experiencia –la del escritor– que puedan descender en su interior para saber qué hubiera hecho él o ella en esas circunstancias. Cuanto más específica es una, más potente es esa confrontación.

-¿Por qué la sexualidad como tema?
-Para mí era más urgente hablar de la sexualidad de las mujeres que de los hombres. Faltaban testimonios de las mujeres en torno a este tema.

“Que las mujeres elijamos contar desde nuestra experiencia personal responde al hecho de que en la historia de nuestra cultura es algo que falta”

-¿Qué mitos existen aún en torno a la sexualidad femenina?
-Yo no sé si siguen existiendo tantos mitos. En estos últimos años hemos adquirido muchos conocimientos acerca del funcionamiento del deseo y del placer en la mujer. Como el best- seller “De la felicidad de lo de ahí abajo”, escrito por dos jóvenes ginecólogas, con un abordaje muy científico sobre el placer femenino. Un libro de esta naturaleza derriba muchos mitos que los hombres podrían llegar a tener

-Entonces la sexualidad femenina ya no sería un misterio insondable…
-Pienso que el placer del otro siempre es un misterio, pero digamos que hemos develado un poquito.

-¿Cómo ve la relación de las nuevas generaciones –los millenials, la generación Z– con la sexualidad?
-Lo que veo –siempre es mi punto de vista– es que las chicas tienen un abordaje muy paradójico de la sexualidad. Cuentan con una información y libertad que antes no tenían, pero a su vez son temerosas con respecto a la sexualidad.

-¿Cuál diría que es la razón de este fenómeno?
-Para mí es difícil de analizar. Creo que no tenemos la suficiente retrospectiva para reflexionar sobre este tema. Una de mis sugerencias es el profundo narcisismo instalado en nuestra sociedad. Una valoración excesiva de la imagen corporal. De alguna manera la relación sexual viene a amenazar esta imagen narcisista del propio cuerpo. Se sienten encerrados en una imagen que se hacen de sí mismos. La relación con el otro o la otra pone en jaque esa imagen.

Millet, a sus 70 años, se reivindica feminista y, sin embargo, va en contra de la marea púrpura que tiñó el mundo desde que en 2017 se hicieron públicas las denuncias contra el productor de cine Harvey Weinstein y otras figuras de Hollywood. A principios de año ella publicó, junto a varias decenas de artistas e intelectuales francesas, un manifiesto que se oponía al movimiento #MeToo.

“La violación es un crimen. Pero el coqueteo insistente o torpe no es un crimen, ni la galantería es una agresión machista”, arrancaba el texto que también suscribieron Catherine Denueve, la cantante Ingrid Caven, la cineasta Brigitte Sy, la artista Gloria Friedmann y la ilustradora Stéphanie Blake. Más adelante dice cosas como: “Como mujeres, no nos reconocemos en este feminismo que, más allá de la denuncia de los abusos de poder, toma el rostro del odio hacia los hombres y la sexualidad. Creemos que la libertad de decir no a una propuesta sexual no existe sin la libertad de importunar. Y consideramos que debemos saber cómo responder a esta libertad para importunar de otra manera que encerrándonos en el papel de la presa”. Las reacciones de las feministas no se hicieron esperar y enseguida salieron a las calles a protestar contra la cruzada de Millet y compañía.

“En Europa somos extremadamente privilegiadas. Deberíamos movilizarnos por las que sufren en el mundo y no tanto por nuestros ‘problemitas’”

-¿Está al tanto de los niveles de violencia de género en Latinoamérica? Por ejemplo, en Argentina, una mujer muere por la violencia machista cada 32 horas.
-Sí, de hecho yo les reprocho a mis congéneres el hecho de sobrevalorar los problemas que ellas encuentran en Francia en relación con los problemas que tienen las mujeres en otras partes del mundo. Hubo muchos testimonios en Francia de mujeres muy jóvenes que acusaban a los hombres de haberlas tocado cuando tomaron el subte, por ejemplo. Son mujeres que tienen la libertad de vestirse casi desnudas para tomar el subte. Pero rechazan las reacciones que suscitan en los hombres. Tienen razón, pero es un ejemplo preciso, de un comportamiento muy contradictorio. En Europa somos extremadamente privilegiadas. Deberíamos movilizarnos por las que sufren en el mundo y no tanto por nuestros “problemitas”.

-¿Esto es lo que motivó la publicación del manifiesto?
-Sí. Te voy a dar un ejemplo muy concreto. El diario Le Monde, uno de los diarios con mayor circulación en Francia, le dio importancia en primera plana a las denuncias contra Harvey Weinstein. Y en el mismo diario se publicó un artículo pequeñísimo sobre la violación de mujeres en Siria. Era extremadamente desproporcionado. Fue una de las cosas que me shockeó y una de las razones por las que participé del manifiesto.

-¿Qué piensa sobre el lenguaje inclusivo?
-Totalmente en contra. ¡Es imposible de poner en práctica!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *