Category: FARO

Hugo Mujica: “Hay tantos dioses como gente que mira hacia Dios”

A los 19, abandonó la casa de sus padres e inició un largo y extenso viaje, que tuvo su comienzo en el epicentro de la psicodelia sesentista: la norteamérica hippie. Embebido en ácido lisérgico, se fue de bares con Allen Ginsberg, pintó (muchos) cuadros, y tuvo su clímax en Woodstock. Luego, buscó el balance con siete años de silencio en diversos monasterios. Cuando volvió a la Argentina, encontró en el sacerdocio y la escritura la forma de expresar su interior siempre convulsionado, inquieto, revulsivo y, sobre todo, creativo.

Maritsa Puma, productora agroecológica: “Si curás con veneno, eso no le hace bien ni a la planta ni a quien la come”

Con apenas 20 años, Maritsa Puma ha vivido muchas vidas. A los nueve emigró desde Bolivia junto a su familia para trabajar en las quintas del gran La Plata, de donde provienen la mayoría de las verduras que alimentan a la gran ciudad a base de pesticidas y químicos. Pero ella eligió otro camino: la agroecología, un pasaje directo hacia la libertad, no sólo en términos productivos, sino fundamentalmente espirituales. Integrante de la Unión de Trabajadores de la Tierra, se formó como técnica y asesora a otros productores en el uso y producción de insumos biológicos. Cocinan ortiga u otras “malezas” para fertilizar, combinan flores y hortalizas para contener a las plagas e insectos, y producen el fermento estrella: el bocashi, un hervidero de bacterias, hongos y minerales que es néctar para las plantas, lo que podría ser un probiótico al ser humano.

Beatriz Sarlo: literatura y política, mate y whisky

Le gusta stalkear personajes en las redes sociales y mira compulsivamente revistas que cubren la farándula. De ahí surgió la inspiración para su último libro, La intimidad pública, que se inscribe en la línea de sus (ya) clásicos análisis de los fenómenos populares. “Me gustan las zonas laterales de los grandes temas argentinos”, asegura.

Christian Ferrer: “Hay que aprender del pasado y contemplar el presente, sin creer en los poderosos”

Dice que los seres humanos somos “animales paradojales”, que huimos del placer para meternos de cabeza en “contextos dolorosos”, y que ése es el problema político de base: “Cómo evitar el olvido cotidiano del ser –la irrecuperable vida de todos los días– a fin de poder acrecentar las posibilidades de alegría”. Ferrer ensaya contra la supuesta dignificación del trabajo y asegura que no le molestaría que los robots dominen el mundo: “Suelen ser más simpáticos que mis vecinos”.