Carlos Figueras, más de medio siglo probando automóviles y rompiendo récords

Texto: Julio De Bonis / Fotos: Guille Llamos

 

En 1966, con libreta y birome en mano, “el colo” Carlos Figueras arrancaba en el periodismo especializándose en su gran pasión: los autos. Los apuntes tomados en carreras a la intemperie, soportando todo tipo de contratiempos climáticos, se tipeaban luego en la Olivetti Lettera 22. Seis años más tarde, cubriendo su primer gran premio de Fórmula 1 en Europa, se encontraría con nuevos desafíos para que sus publicaciones lleguen a los lectores. El único medio de comunicación directa para que sus artículos atravesaran el Atlántico era el engorroso Telex, y enviar las fotos requería acudir al ingenio social: había que ir al aeropuerto y convencer a un pasajero de que llevara consigo las fotos, y de que en Ezeiza lo estarían esperando.

-Buscábamos tipos jóvenes. Corsa era una revista que vendía 120.000 ejemplares, El Gráfico de los autos. Las fotos iban en un sobre turquesa y decía material de prensa, Editorial Abril, así que era una cuestión relativamente seria. Adentro sólo iban los rollos de 35, pero pensá que ahí puede ir perfectamente cocaína. Hoy, por las medidas de seguridad, sería misión imposible.

Además de ser el eje de su prosa, el automovilismo lo tuvo como protagonista de varias carreras, y al volante batió récords Guinness que detallaremos. Figueras cree que la última vez que viajó en subte fue hace cuarenta años, y todavía recuerda cómo hace diez, en pleno diluvio, su hija Agustina lo convenció de tomar un colectivo. Obviamente ella se encargó de pagarle el boleto y guiarlo en la experiencia. En su departamento en Recoleta, “el Colo”, que sólo se sienta en el asiento de acompañante cuando conoce y confía en el conductor de turno, recibe a Almagro Revista para repasar sus vivencias a fondo, sin necesidad de poner quinta.

-¿Un auto describe a su dueño?
-Tiene que ver. Hay ciertas marcas que están individualizadas con ciertas personalidades. Por ejemplo, el que se compraba un Citroen 3CV tenía un perfil totalmente definido, porque al que le gustaban relativamente los autos veloces no se lo iba a comprar nunca, pero a nivel de gente joven intelectual tenía su clientela. Hay características, sin generalizar. Hace poco hice una nota que se llamaba los Boraludos, porque los jóvenes que tienen un Bora están haciendo macanas permanentemente. Es un auto que tiene buena performance; ahora, si lo ves bajito de suspensión es porque es un salame que lo pone a fondo todo el día. Después, el Renault Logan lo compra mucho gente grande que tiene su primer cero kilómetro y maneja pésimo, porque aprendió de grande, lo que es más grave. En la ruta hay que tener cuidado cada vez que ves un Logan, después no veo muchas más asociaciones.

-Pero me imagino que cuando conocés a alguien le preguntás por su auto.
-Sí, a veces te reflejan cosas. Por ejemplo, la Ferrari es un auto de grasas con guita, y los Porsche hasta cierto punto también. De tipos que hicieron guita sin nivel social ni intelectual y quieren llegar a tener un Porsche y si es convertible mejor. Lo de esos autos es un perfil de gente muy extraña, mucho garca.

-Además de periodista sos piloto y corriste varias carreras. ¿Qué sensación te genera la velocidad?
-No todo es velocidad a nivel del automovilismo deportivo, porque de pronto hay carreras en que los autos tienen 120 caballos y, si todos andan igual, lo divertido es la competencia. Primero me gustaron los autos, la velocidad viene después, cuando ya tenía más experiencia le empecé a tomar el gustito a doblar más rápido, a aprender las trayectorias ideales, pero no por la velocidad en sí.

-En tu libro Autovivencias nombrás mucho a Reutemann, a quien conociste mucho. De hecho contás una curiosidad sobre el apodo “Lole” que viene de “lo lechone” que criaba su padre. ¿Te impactó que se metiera en política?
-Me sorprendió porque es de lo más inseguro. Muy lento y estudioso para tomar decisiones. Así como fue su carrera deportiva fue su vida personal. La frase más famosa de Lole cuando corría Fórmula 1 era “esto es muy difícil”, la repetía permanentemente, y para él todo es difícil, fijate que no le fue muy bien como gobernador de Santa Fe. Eso sí, es sumamente honrado, no va a tocar ni dejar que nadie toque una moneda, pero cómo quería terminar con las cuentas claras no hacía obra y cuando se inundó Santa Fe lo putearon de lo lindo.

“Los jóvenes que tienen un Bora están haciendo macanas permanentemente. (…) El Renault Logan lo compra mucho gente grande que tiene su primer cero kilómetro y maneja pésimo. En la ruta hay que tener cuidado cada vez que ves un Logan

-¿Y declamaba algún tipo de convicción política?
-No, se transformó en peronista de un día para el otro con Menem. Yo lo conozco desde antes de entrar en Corsa, en el 65, y no hablaba de política jamás. Todavía me lo sigo cruzando cada tanto en la Rambla (bar de Recoleta), es medio extraño. Un chacarero de Santa Fe que vivió en el campo criando chanchos y empezó en el automovilismo porque lo llevaron los hermanos Grossi, que eran los concesionarios de FIAT de Santa Fe. Era un piloto rápido y sabía poner muy bien a punto los autos, pero le faltaba el remate final. Ha perdido carreras y hasta te diría un campeonato que no podía perder por faltarle cinco guita para el mango. Te doy un ejemplo: Jones peleaba el campeonato con Piquet, que se definía en el gran premio de Estados Unidos. Piquet tenía mejor auto que Jones -y se sabe que los autos de reserva no son iguales que los titulares-, entonces cuando Jones llegó a la segunda curva y vio que tenía posibilidades de pasarlo lo tiró al carajo. Fue decir: “arrancamos de vuelta, ahora los dos con los autos de reserva”. Eso jamás lo hubiera hecho Lole, cosa que hizo Prost, que hizo Senna, y un montón de campeones.

-Hacerle mierda el auto a otro para ir los dos con el de reserva es de lo más sucio que se me ocurre en un deporte.
-Sí, y en esa época era más por la gloria, hoy es más por la guita, cualquier piloto de F1 gana treinta palos verdes. Ojo, hay otros que tienen que ponerla. Los que ganan buena guita son cinco o seis, otros ganan ochocientas lucas al año, y otros ponen.

-¿Y no atenta un poco contra el espectáculo que se pueda comprar el espacio para participar? ¿No sería mejor tener escuderías con pilotos fijos?
-Es que tampoco hay tantos pilotos de F1, porque es muy distinta al resto del automovilismo. Está muy tecnificada la F1, vos ves un volante de F1 y decís “el día que alguien se equivoque en apretar un botón van a parar a la mierda”, porque tienen un botón para hablar con boxes, otro para que el freno trasero frene más que el delantero, otro para inyectar combustible en el momento indicado… es un quilombo. Vettel, que salió campeón cuatro veces, ya se quejó, pidió parar la mano porque no tiene ningún sentido.

“La Ferrari es un auto de grasas con guita, y los Porsche hasta cierto punto también. Lo de esos autos es un perfil de gente muy extraña, mucho garca”

-Conociste a Bernie Ecclestone ¿Qué te pareció y qué significó para la Fórmula 1?
-Era un tipo de clase media normal, muy inteligente. En el pueblo donde vivía había una concesionaria de autos usados, él había empezado a hacer guita comprando y vendiendo motos usadas y un día fue a verlo al dueño a pedirle un lugarcito para poner tres o cuatros motos. Al año era el dueño de la agencia, así de vivo era. Border al nivel honestidad, pero vio el negocio de la F1 con un punto de vista que no había visto nadie, que era la televisión, porque hasta entonces no se televisaba. Se dio cuenta de que el negocio no estaba en la gente que iba al autódromo, sino en vender un paquete a todo el mundo. Además vio que los pilotos ganaban dos pesos, Lole cuando corría en Ferrari ganó trescientos mil dólares al año, una cosa así. Entonces Bernie dijo: acá los payasos son los pilotos, los que tienen que ganar guita son los payasos, y así se ganó la confianza y el apoyo de todos los pilotos e hizo fortunas.

Ya que los autos son el leit motiv de la charla, tomamos prestado el Delorean del Doc Brown en Volver al Futuro y nos remontamos a 1966, a la primera carrera que el Colo corrió con un Isard 700, en un gran premio que tenía 5.000 y pico de kilómetros y que con su compañero no pudieron completar porque a mitad del trayecto se les rompió el motor.

-¿Esas carreras eran por pasión o alguien hacía un mango para vivir de eso?
-¿Vivir? Ni de casualidad. Había algunos equipos particulares de agencia, de concesionarios, donde los pilotos corrían gratis, pero guita no había, y en el Turismo Carretera tampoco. Para correr tenías que tener guita o ser mecánico y hacer el auto para correr. En la década del 60 corrían Ubi Casal, que tenía miles de hectáreas; Rodolfo de Alzaga, que tenía toda la guita que te puedas imaginar; Charly Menditegui que tenía haras con caballos de polo que le vendía a la reina de Inglaterra.

-Hablemos de Charly Menditegui, ese era un caso único, porque era más conocido por haber sido polista.
-Tuvo 10 de hándicap durante muchos años, en su momento era Pelé. Y todo lo que hizo lo hizo bien, en cualquier deporte, un dotado. Fangio dijo que Menditeguy no fue campeón de automovilismo porque no se dedicó. Yo lo conocí bastante, un tipo conflictivo, un dejo de soberbia importante. Antes de correr siempre preguntaba quién iba a salir segundo. Siempre contaba que había ido al Vaticano para que alguien le preguntara si había visto al Papa y él responder: “sí, si todos allá preguntaban quien era el pelado gordo que está al lado de Menditeguy”.

“Reutemann es de lo más inseguro. Muy lento y estudioso para tomar decisiones. Así como fue su carrera deportiva fue su vida personal”

Un día, ojeando revistas extranjeras de automovilismo, Figueras reparó su atención en una italiana que contaba cómo se batían récords en el viejo continente. Para lograr estas marcas inéditas se buscaban autódromos adonde se pudiera ir a fondo, condición necesaria para superar registros en velocidad, con curvas amplias para frenar lo menos posible. En Argentina, el periodista encontró en Rafaela el autódromo ideal, porque es un óvalo. Después convenció a los directivos de Fiat para lanzarse a la aventura.

-¿Qué infraestructura debían brindarte?
-El personal para atender los autos, para cambiar los neumáticos y solucionar cualquier problema. Contratar a una petrolera para que llevara surtidores portátiles para cargar combustibles, eso es parte del reglamento, no podés ir con bidones. Además había que fiscalizarlo con la comisión del Automóvil Club Argentino, que es el delegado natural en Argentina, un comisario deportivo, otro técnico y tres o cuatro cronometristas que estaban las 24 horas. Así hicimos el primer récord en Rafaela de 25.000 kilómetros en una semana.

-¿Cuánto manejaba cada uno?
-Éramos cuatro por auto y eran turnos de entre dos horas y media y tres, lo que durara el tanque. Manejabas tres, después descansabas nueve. Te tocaba a cualquier hora: un día a las cinco de la tarde, otro a las tres de la mañana.

-¿Por qué iban cuatro por auto?
-Porque el problema de eso es más el embole que otra cosa. A la noche boludéabamos con la radio permanentemente, porque es todo a fondo siempre, ponés la quinta y no la sacás más. Lo más peligroso de esos récords es que el tipo se duerma, por eso han quedado récords truncos en Europa.

-También hiciste otro récord de manejar sin parar de Ushuaia a la Quiaca. ¿Cómo se te ocurrió?
-Un día paveando, dije “si nadie lo hizo hay que hacerlo”. Y si te encontrás con socios que son tan delirantes como vos, enseguida te dan máquina y dicen vamos, vamos. Anduvimos todo el tiempo, tardamos casi dos días. No dormimos, te tirabas en el asiento de atrás mientras el otro manejaba y dormitabas de a ratos, pero dormir tres horas seguidas olvidate. Cada vez que se frenaba o se llegaba a uao zona sinuosa de curvas te despertabas. Y deben haber pasado 42 horas desde que salimos a que llegamos.

-¿No la hizo nadie más esa, no?
-No, y nosotros tampoco. Cuando llegamos nos dimos la mano, dijimos misión cumplida, nos miramos todos y dijimos “nunca más en la vida vamos a hacer esto”.

-Además de haber cubierto carreras, tus textos tienen que ver mucho con probar autos. ¿Cómo elegís la ruta donde probarlos? ¿Te interesa el paisaje, el desafío?
-Primero buscás el tema fotográfico, y después depende del auto, si te vas con un jeep Cherokee vas a andar en camino de tierra, ripio, etcétera, porque andar en asfalto con Cherokee es una boludez. Ahí solía elegir la ruta 40, que es una ruta que todo el que ha ido vuelve. Es la nada, atardeceres con un color que no existen en ningún otro lugar del país, es la Patagonia cordillerana, no la marítima. El tema es que la están asfaltando y al hacerla más civilizada pierde su encanto. La primera vez que la hicimos fue con un Ford escort y tenías que andar con mucho cuidado para no romper nada porque la ruta estaba hecha pelota.

-¿Te sorprendió algún pueblo a lo largo de tus recorridos?
-En el 69 me llamó la atención San Antonio Oeste, que era el Far West. Había una sola cuadra de asfalto, mucho viento, espinillos cruzando las calles, una cosa muy extraña. Y un lugar que me encanta y que a todo el mundo también le gusta y no sabemos por qué es Puerto San Julián, que es donde se hizo la primera misa en territorio americano. Otro pueblo que me gusta mucho es Camarones, con un puerto chiquito, ahí unos pescadores contaron que sacan 35 toneladas de camarones, langostinos y calamares, en tres días de pesca.

“La ruta 40 es una ruta que todo el que ha ido vuelve. Es la nada, atardeceres con un color que no existen en ningún otro lugar del país. El tema es que la están asfaltando, y al hacerla más civilizada pierde su encanto”

-¿Cómo fue tu experiencia en el Dakar?
-Es una locura. Nosotros íbamos con cuatro Amarok que habían venido de Alemania preparadas como para correr el Dakar. Es más, tenía adelante las dos butacas, cinturón, radio y hasta radio satelital, que el alemán nos dijo que los usáramos en caso de emergencia y no para hablar con la abuelita porque costaba 15 dólares el segundo.

-¿Es realmente una prueba donde caben muchas chances de morir?
-Para los motociclistas sobre todo, los he visto llegar hechos mierda a las cinco o seis de la mañana, teniendo que largar a las siete, y dormían en una bolsa de dormir para no perder el orden de largada. Están completamente locos. Pero a mí deportivamente no me significa absolutamente nada, porque en el automovilismo, si no vamos todos por el mismo lugar no me sirve. Y acá se maneja todo por GPS.

-Es una tarea más de inteligencia.
-Efectivamente, cuando yo fui ganó el sudafricano Giniel De Villiers, que este año salió tercero. Carlos Sainz corría en su mismo equipo, iban separados por 500 o 600 metros a la par, Sainz agarró una duna cortada y se cayó a pico. ¡Buenas noches! O sea que la suerte tiene una gran influencia en el Dakar. Además es una tortura porque van por caminos inexistentes. Inclusive te digo más, Volskwagen dejó de correr porque los costos del Dakar y la respuesta que tenían a nivel comercial no servía, Peugeot ganó tres años consecutivos y se retiró, no corre más. Creo que por el gran costo que implica el Dakar va a perder interés, y el francés no lo va a hacer más. Quedaría sólo Toyota, porque los particulares no tienen ninguna chance de ganar, porque volcaste el auto y está hecho mierda, pero llegaste al parque cerrado y en una noche las marcas poderosas te lo hacen de vuelta.

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