Carlos Casella: “Me siento un poco como un eterno adolescente”

Texto: Nicolás de la Barrera / Fotos: Flor Cosin

 

Si Carlos Casella jugara al fútbol, podría arriesgarse que sería de esos jugadores de toda la cancha. De aquellos con llegada al arco que, llegado el caso, también pueden bajar a defender cuando hace falta. Pero Casella dice que el fútbol no entra en su radar de intereses y una cancha está lejos del ecosistema en el que se destaca.

Lo cierto es que Carlos Casella es artista, se mueve arriba de un escenario, o frente a una cámara y, entonces, se lo puede ver desplegando baile, actuación y canto, todo a la vez, como si las tres cosas, en él, fueran una sustancia única. Desde El Descueve en los noventa a esta parte, pasó por decenas de obras, muchas de ellas dirigidas por Alfredo Arias, otras por él; algunas películas (Muerte en Buenos Aires, Juan y Eva, entre otras) y también, por la televisión.

Desde hace algunos días, Casella recorre el escenario de la sala Casacuberta del Teatro San Martín vestido como un dandy de los cincuenta. En la obra Happyland, la última invención de Arias y el dramaturgo Gonzalo Demaría, su personaje es el de un macho pintón, Joe Herald, un fiolo que acerca a una joven Isabelita (Josefina Scaglione) al derrocado Juan Domingo Perón, en alguna noche de cabaret en Panamá.

La pieza va y viene en el tiempo, con una Isabel en “su” momento como bailarina y sus días recluida en un frío castillo de la Patagonia, tras el golpe del 24 de marzo de 1976. En este especie de music hall que juega con lo delirante y el aquelarre, Casella comparte elenco también con María Merlino, Marcos Montes, Adriana Pegueroles y Alejandra Radano.

-Parte de este elenco ya se conocía de Divino Amore y también estuvieron en el CCK…
-Es una historia que empieza al menos desde que entro a trabajar con Alfredo (Arias). Hace diez años más o menos que se armó este team. Alejandra ya venía trabajando con Alfredo de producciones anteriores o sea que ella hace como 15 años que trabaja con él. Marco y yo ya hace como diez años, lo primero que hicimos fue una obra en 2009 que se llamaba Tres tangos, que la música era de Axel (Krygier), y ahora vuelve a trabajar Axel con nosotros. Hay una compañía que se va armando desde Divino Amore. Se sumó María Merlino el año pasado y ahora también está con nosotros. Está Adriana Pegueroles que ahora hace del arzobispo, que también tiene una historia con Alfredo de trabajar en muchas de sus obras, estuvo en Cinelandia que hicimos hace tres años acá en la Ribera y ahora la figurita nueva es Josefina Scaglione, que estamo re contentos porque es un talento total, es una divina.

-¿Ya hay un equipo aceitado?
-Alejandra, Marcos y yo estamos como desde hace diez años trabajando con Alfredo, es como un equipo ya (hace un chasquido de dedos). La verdad que está buenísimo, nos gusta mucho, me pone re contento. Estar en obras en el Complejo, trabajando en el San Martín, contratado y con gente que elijo desde hace diez años… la verdad que estoy muy contento, me toque lo que me toque hacer.

-¿Si?
-El año pasado en Divino Amore hacía un personaje absolutamente desopilante, me tocaba entrar de cisne blanco. Después en el final aparecía como cisne negro, disfrazado de bailarina, mi rol era una drag queen, que era en realidad una mujer transformada en hombre para hacer de drag queen. Y este año me toca hacer un dandy de los años 50, Joe Herald, que se supone que es el que introduce a Isabelita con Perón en este cabaret, que se le puso Happy Land.

-No es la primera vez que estás en una obra vinculada al peronismo.
-Hacía justamente un personaje medio parecido porque era como un dandy también de los años 50, hacia un número en un escenario, era como un cantante de un cabaret. Y con Alfredo también. Su obra está absolutamente atravesada por el peronismo, hace años. Él arrancó estrenando la Eva de Copi, hace 50 años, en París. Y a partir de ahí diría que de los últimos diez años todas las obras de Alfredo tienen mucho que ver con el peronismo. Yo participé en Tatuaje, una obra que hicimos en 2010, que era una conversación entre Miguel de Molina y Eva Perón, los muertos, y todos los personajes alrededor. Después en Deshonrada, sobre Fanny Navarro, que era como una íntima amiga de Eva. Lo que fue Cinelandia hace tres años también. Era algo hecho sobre películas argentinas pero el peronismo es imposible que no esté cuando hacés una lectura de la cultura argentina.

-¿Adquiriste cierto interés por el…?
-¿Si me hice peronista?

-No, tal vez si adquiriste cierto interés histórico o tal vez sí, si te volviste peronista.
-No, no me volví nada. Alfredo es una persona de otra generación, que se crió y creció en el peronismo, entonces tienen una mirada muy particular de esa historia y tiene una historia propia. Él dice como que su niñez está dentro de una burbuja peronista, entonces que no puede evitar volver. Hay una información que no tenía y que gracias a estas obras de Alfredo de alguna manera me acerco o me acerca él, pero también Alfredo a todo lo que se acerca es como que abre muchas líneas al mismo tiempo: puede bajar una muy emocional, también puede haber una línea social, otra de mucho humor, de ironía, es muy ácido. También de mucha irreverencia con la situación, lo cual a veces es tomado de una manera extraña, pero bueno, de alguna manera me acerco un poco. Como que ahora esos personajes, Eva Perón, Isabelita, son una especie de muñecos que empiezan a formar parte de algo en mi pensamiento.

«Vengo de un palo que tiene que ver con la danza y por decirlo de alguna manera, con la danza de ruptura, o de búsqueda o experimental. De algo más de  fricción, de nuevos lenguajes, de búsqueda, de transgresión»

-Comentabas que el año pasado hiciste algo completamente distinto. ¿Te considerás un artista todo terreno?
-La verdad que es lo que me gustaría terminar siendo. No sé si lo soy, vengo de un palo que tiene que ver con la danza y por decirlo de alguna manera, con la danza de ruptura, o de búsqueda o experimental. De algo más de fricción, de nuevos lenguajes, de búsqueda, de transgresión. Vengo de ahí y cuando empecé a trabajar con Alfredo me empieza a acercar a una teatralidad, como a una pasión distinta, una cosa de alguna manera más construida desde lo artificial, y entonces como que empecé a ver otros perfiles míos. También Alfredo me posiciona más como un actor de musical, con ciertas particularidades, porque son muy particulares los musicales suyos. Entonces de alguna manera empieza a diversificarme más todavía, que me encanta y ojalá termine siendo, no creo que de todos los terrenos, pero bueno, de algunos sí. De por sí, artísticamente nunca pude quedarme quieto en un rubro. Era coreógrafo pero también me gustaba cantar, entonces empecé a hacer cosas con la música, después empecé a hacer cosas más dirigiendo a actores, actrices, haciendo musicales, hice cosas con Griselda (Siciliani), con Carla Peterson. Después con Ana Frenkel dirigimos escribimos una obra para Diego Velázquez, Viky Almeida y Julieta Vallina, entonces estoy siempre como abriendo para algún lado.

-¿Sos autocrítico?
-Sí, bastante.

-¿Con qué más?
-Con todo. ¿Pero qué sería? ¿Ser autoexigente? Eso es inevitable, en principio, para subirte a un escenario requerís de una preparación. No solamente tu carisma o algo que podría llamarse un talento, hay una preparación, que es hermosa, que es artesanal, que es estudiar, ver, estar bien físicamente, entrenar y qué se yo. Cuando todo eso está, todo eso forma parte de la exigencia y de la autocrítica. O sea, si me subo sin haber estudiado mucho lo que tengo que hacer, me parece que sería un chantún. Pero aprendí que una vez que están todos los materiales puestos dentro del cuerpo hay como que olvidarse un poco de la autocrítica. Es como siempre estar parado frente a uno mismo, charlando y diciendo “bueno, lo voy a hacer lo mejor posible y lo más conectado posible sea lo que sea que me toque hacer”. Sea que me toque hacer tres canciones en un espectáculo, o ser el protagonista. El lugar sería irrelevante. Una vez que uno entra el escenario…

-¿Hay que dejar todo?
-Hay que dejar todo porque esos minutos son necesarios para el espectáculo. Pero bueno, en algunos momentos con cosas con las que por ahí no me siento tan cómodo por ahí si me pongo demasiado autocrítico y me puedo llegar a bloquear (se ríe), pero trato de que no. Confío un poco -para llevar todo a lo de Alfredo-, confío mucho en que si él me llamó es porque él ve que tengo que ocupar ese lugar, entonces me entrego a la crítica de él.

-¿Hay algo en particular que recuerdes que hayas aprendido de Alfredo o un consejo que te haya quedado?
-Muchas cosas. El otro día dijo algo que me gustó mucho. Dijo “guarda con ese lugar de uno en el que uno se siente muy cómodo con las cosas, ojo cuando uno siente que la cosa te sale muy bien”, que no tenés una dificultad porque ahí se pierde como el espíritu de búsqueda dentro de la labor, dentro de la preparación. Guarda cuando uno hace las cosas de taquito. Me ponen a cantar un bolero y yo digo “es la mía”. “¿Cuánto tiempo lo voy a estudiar? ¿Dos días? Ya está”. Guarda con ese espacio. Hablamos de eso y me pareció re interesante. Dice “la gente más atractiva es la gente que a veces más dificultad tuvo con algo, más magnética”, la gente que hizo todo un torcimiento, que retorció el trapo tan fuerte que lo que sale es como un jugo, el prensado más interesante, la última gota y sale como una esencia muy copada. Coincido con esto.

-Apunta a nunca dar todo por sabido.
-Exacto. Bueno, tambien me lanzó a desafíos muy zarpados. Él trabaja mucho en Francia, muchas de las producciones que hace acá después las lleva allá y me ofreció ser protagonista, y yo no hablo francés de corrido, no podría decir que puedo actuar en francés. Sin embargo, él me dijo “este papel vos lo tenés que hacer”, así que me tuve que aprender todo un libro de 25 páginas, en donde yo estaba en todas. Estuve seis meses estudiando y me subí durante dos meses en París a hacer un personaje en francés, muy zarpado. Eso fue como una especie de retorcimiento en el que supongo que aprendí mucho de eso, que algo quedó, algo entro del ADN seguro.

-¿Es una aspiración que tengas la de probar suerte en el exterior?
-Me interesa, también por una cosa de mover lo que uno hace. La verdad es que nunca tuve la fantasía como muchos otros artistas de pegarla en un lugar, Hollywood. Sí, tengo, cómo no. ¡Si!, me encantaría. Cualquier cosa que sea expansión me atemoriza pero me excita, me atrae. Sí, ojalá, no alucino con instalarme en ningún lugar. Me encanta trabajar acá, haya las dificultades que haya, entiendo el código, me siento cómodo, estoy en un contexto que me conoce, tengo posibilidades, siento que tengo puertas muy abiertas, he viajado mucho, la verdad,… tengo suerte. Porque lo que hago siempre son cosas que pueden entrar en festivales, que tienen que ver con la danza, cosas que tienen que ver con el teatro independiente, lo alternativo, entonces hay una entrada de festivales y pude viajar mucho y me interesa, sí, pero no especialmente por el dinero, al menos nunca me tocó entra en un circuito que haya tanto dinero. O sea, me encantaría cantar una canción en una película que llegue a Hollywood y cantar en la entrega de los Oscar, ¡cómo no! No tengo ningún tipo de prejuicio con nada. En ese aspecto me barrí todos los prejuicios que alguna vez tuve.

-¿Qué tipos de prejuicios tenías?
-En algún momento, nosotros con El Descueve, fuimos como muy combativos, y era lo que necesitábamos, convencernos que era una compañía que se auto sostenía, no teníamos producción externa, ni oficial ni nada, entonces nos tuvimos que convencer que la nuestra era la posta y todo lo demás era inferior. Como que todo lo comercial, transar con ciertos espacios y qué sé yo no estaba bueno. Pero la verdad después cuando empecé a hacer mi trabajo solo, empecé a trabajar para el teatro San Martín, en un trabajo más de coreógrafo, hice cosas para el teatro comercial en La Plaza, la verdad que siempre que haya un espacio en donde yo pueda expresarme y que pueda trabajar tranquilo con lo mío y se valore lo que yo hago vamos para adelante.

-¿Hay algún grupo que haya tomado la posta de lo que hacían?
-No veo mucho, hay artistas, jóvenes interesantes. No se conforman muchos grupos, no hay ese… capaz en los 90 cuando nosotros arrancamos era muy inevitable juntarse. Había muchos grupos, en lo que se llamaba el under (subraya y entona distinto la expresión). Ahora no veo que surjan muchas agrupaciones con una cosa fuerte, la verdad que no, quizás hay. Un poco después que nosotros apareció Krapp, que es otro grupo recontra interesante, siguen trabajando. Pero son gente que también viene de los 90, entonces no puedo hablar de ellos como que surgieron ahora.

«En algún momento, nosotros con El Descueve, fuimos como muy combativos, y era lo que necesitábamos, convencernos que era una compañía que se auto sostenía, no teníamos producción externa, ni oficial ni nada, entonces nos tuvimos que convencer que la nuestra era la posta y todo lo demás era inferior. Como que todo lo comercial, transar con ciertos espacios y qué sé yo no estaba bueno»

-¿Extrañás esa etapa de El Descueve?
-No, no extraño. De hecho lo que pasa es que también, de alguna manera, como que lo sigo manteniendo, un poco en el sentido. Trabajo con Alfredo y él me va tirando lo que quiere que yo haga. Después, el año pasado hice una obra con una de mis compañeras de El Descueve, con Mayra Bonard, un material recontra afín a lo que hacíamos. Estoy como director de ella y es una creación en conjunto, como que trabajo un poco dentro del mismo formato de artistas que colaboran a la par, entonces no lo extraño porque lo sigo curtiendo. Por ahí extraño esa adrenalina de los primeros años, que empezás a armarte un espacio y esa adrenalina de la juventud, pero artísticamente no. Tengo muchas cosas autogestionadas.

-¿Qué situación particular te acordás con El Descueve?
-Teníamos una cosa que éramos un grupo de danza, pero en principio no estábamos muy considerados danza. Como que éramos una danza medio rara, entonces todo lo que era apoyo para la danza, o ciclos de danza, a veces es como que no encajábamos, pero tampoco nos interesaba tanto participar. Algo que arrancó desde el principio es que nosotros bailábamos y mostrábamos nuestras obras en lugares que normalmente no se había hecho danza. Armábamos noches de danza en Cemento, hicimos cosas en el Parakultural, son cosas muy de viejo, muy de 80, jaja. Y una anécdota que siempre la recuerdo y digo “qué zarpados que éramos”: lo convencimos al dueño de Prix D’Ami, que era un local de rock que estaba en la calle Monroe, un lugar que estaba buenísimo, para mil personas que tocaban las bandas, y no sé cómo le rompimos tanto las pelotas que al Gallego dijimos “tenés que hacer danza, acá tiene que ser un teatro”. No sé cómo hicimos para entusiasmarlo, la cosa es que lo convencimos y martes y miércoles armaba un teatro con gradas para que hiciéramos nuestras obras. Martes y miércoles, ¡imaginate el fracaso que fue! Venían 50 personas, no se pagaba ni el agua que tomábamos. Pero igual lo hacíamos y laburando mucho para que saliera. Nosotros salíamos a pegar afiches en la calle. O sea, queríamos tener la visibilidad que tenía cualquier espectáculo. “¿Cuántos carteles nos da para hacer? ¿300? Bueno, entonces hagamos los 300 afiches”. Y salíamos a pegarlos y estábamos felices, eran tres días de verlos en la calle onda “somos los stones”. Eso era muy excitante.

-En alguna entrevista anterior dijiste que te considerabas un eterno adolescente, ¿seguís pensando igual?
-Bueno, pero este espíritu es medio adolescente, capaz que en algunas cosas es hasta de un poco de inconsciencia, como que a lo mejor el medio no me habilita tanto, pero yo me habilito. Si me sale mal, que me salga mal, tan lastimado no voy a salir. Pero sí, me siento un poco como un eterno adolescente, aparte porque me lo dicen. Voy a la sesión de astrología, y me dicen, “vos, por tu cielo, dice eterno adolescente”.

-La astrología es algo que te interesa mucho, ¿no?
-No sé tanto, pero tengo muchos amigos que son apasionados de la astrología y es un tema que me encanta, o sea, la re considero al momento de reflexionar sobre algo, la tomo como referencia. También practico budismo, desde hace muchos años el budismo japonés que difunde la Soka Gakkai, que existe hace 70 años, y es la que lo difunde en el mundo. Es como una organización humanista que difunde los principios y fomenta la práctica de este budismo. Yo trabajo mucho dentro de esos lineamientos, porque es para la felicidad de uno y para la felicidad de los demás, al mismo tiempo.

-¿Ves necesario, por lo menos en tu caso, tener esta práctica, este costado espiritual?
-Sí, en principio es una práctica religiosa, pero en este budismo, o en el budismo en general lo filosófico es muy importante porque es una mirada muy directa sobre la vida, como el funcionamiento de lo que son los movimientos de uno dentro del universo, y lo considero necesario para mí y para la humanidad. Por eso me parece que más allá de que las instituciones a veces tienen algo en sí mismo cuestionable, el Soka Gakkai tiene un objetivo que me parece alucinante, que es la paz mundial. Es un movimiento desde la filosofía budista pero para lograr la armonía en el mundo con la felicidad de las personas, entonces realmente es un movimiento que trabaja por esto, tanto practiques o no.

-¿En lo individual te ayudó?
-Sí, porque la filosofía, la práctica en realidad consiste en elevar tu estado, lo máximo posible, de tal manera que puedas adquirir un estado de sabiduría que no tiene que ver con una comprensión mental sino con una comprensión más amplia, desde donde puedas comprender más allá de los sufrimientos que que te toque vivir o puedas atravesar. Más allá de lo que te pase, no bajar el estado de vida, no opacarte, no oscurecerte.

-Porque has tenido un periodo de más “oscuridad”.
-Todos tuvimos períodos de oscuridad, es imposible que alguien no lo tenga. Parte de esta filosofía es integrar esa idea de salir de la oscuridad, no rechazar la oscuridad sino al contrario, abrazarla, para entender que en esa oscuridad está la información para tu iluminacion.

-¿En qué momento considerás que estás de tu carrera?
-Siempre pienso en eso. Como que estoy en un momento bisagra, pero hace como diez años que estoy en un momento bisagra. Por ahí la bisagra está bueno ir corriéndola. Siento que por un lado estoy, por palabras que usa la gente, como de mucho reconocimiento con lo que hago. Hasta me sorprende. (Hace la voz de alguien) “No, Carlos Casella, está buenísimo todo lo que hacés”. Y yo digo “ah, hice muchas cosas parece”. Como que hay una aceptación, no ya de mis obras, sino como artista, lo que represento con todas estas diversidades, que van funcionando, pero por otro lado tengo como un gran espíritu de búsqueda, de ir por más. Tengo muchos proyectos en la cabeza, de trabajar con determinadas personas. Si mostrara un cuaderno mío con ítems con cosas que tengo ganas de hacer se cubren como tres años, o cuatro. Entonces estoy como en un momento de confianza en donde siento que todo lo que haga un poco depende mí. De lo que yo quiera. Puedo salir para el lugar que quiera. Puedo hacer cosas arriba de un escenario, adentro de una banda, desde la dirección con un ballet o puedo participar de una película, entonces me siento cómodo con esta idea de la diversidad, de los distintos espacios para trabajar artísticamente. También tengo mucha fe en lo que viene para adelante y lo tengo que aprovechar.

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