Canticuénticos hace el pogo más chiquito del mundo y les habla a los niños de eso que no se habla

Texto: Claudia Regina Martínez / Fotos: Flor Cosin

 

No salieron de la tele y aun así lograron convertirse en un fenómeno masivo. La “Cumbia del monstruo”, más conocida por los chicos como “El monstruo de la laguna”, ya es un clásico de la música infantil. Y docentes de todo el país se sirven de la canción “Hay secretos” para hablar de un tema tan difícil como los abusos.

El grupo santafesino Canticuénticos cumple diez años revolucionando el mundo de la música infantil no sólo por su propuesta artística de alto nivel, sino porque en sus canciones aborda temáticas atípicas para ese público como la identidad, la solidaridad, el compañerismo, el cuidado del medio ambiente, la diversidad y la igualdad de género, entre otras. Bajo la consigna de hacer música sobre ritmos argentinos y latinoamericanos en composiciones propias con arreglos de gran calidad que no menosprecien las capacidades de los pequeños, los “Cantis” buscan hacer su aporte para una sociedad más justa y más solidaria, según explican una y otra vez.

Todo comenzó cuando Ruth Hillar y Daniela Ranallo se encontraron en un taller de composición dictado por el gran hacedor de canciones rosarino Jorge Fandermole. A partir de entonces, se fueron reuniendo y, mate o Skype de por medio, empezaron a componer sus propios temas para niños. Los plasmaron en un primer disco, “Canticuénticos embrujados”, en 2009, y luego decidieron ampliar el grupo para hacerlos sonar en vivo. Así fue como la banda se consolidó en el sexteto que es ahora -Hillar (voz, flauta y acordeón), Ranallo (voz), Laura Ibañez (voz), Gonzalo Carmelé (bajo y coros), Daniel Bianchi (guitarra, charango y coros) y Nahuel Ramayo (batería, pecusión y coros)- con Sebastián Cúneo moviendo los hilos de la producción.

Los Canticuénticos suman ya cuatro discos: al primero le siguieron “Nada en su lugar” (2013), “Algo que decirte” (2015) y “¿Por qué, por qué?” (2018). Su gran hit hasta ahora es la “Cumbia del monstruo”, de su segundo disco. Hasta ese momento, ninguna cumbia santafesina estaba dedicada a los niños. El tema que gira en torno a un monstruo que en vez de asustar se divierte bailando los proyectó a nivel nacional y latinoamericano. Y de paso les permitió rozar el territorio del miedo a través del juego.

Y es que para los Canticuénticos es importante que ningún tema esté vedado. Por eso se atrevieron a hablar de abusos infantiles en una de sus canciones más recientes, “Hay secretos”, en la que en ritmo de vidala invitan a romper los pactos de silencio porque “no se tienen que guardar los secretos que hacen mal”. El tema pasó rápidamente a formar parte de los contenidos que promueve la ley nacional de Educación Sexual Integral (ESI) en escuelas y jardines de infantes de todo el país.

La creadora de muchos de los temas es Ruth Hillar, una de las cofundadoras del grupo. Sus suaves ojos claros y su voz dulce encantan a los más pequeños. En diálogo con Revista Almagro, se explayó sobre las premisas sobre las que trabaja Canticuénticos.

-La temática de las canciones de Canticuénticos es claramente superadora de lo que habitualmente escuchan los chicos. Hablan de medio ambiente, de diversidad, incluso ahora de abusos. ¿Cómo fue que decidieron tratar esos temas?
-Creo que cuando reducimos las temáticas para las infancias a lo que se consideró por muchas décadas como lo “adecuado” para esa etapa de la vida, nos estamos perdiendo la gran posibilidad de acompañarlas en un camino que es sumamente rico y diverso, con sus maravillas y sus problemáticas. Particularmente, compongo la mayoría de las canciones movida por algún deseo: el de cuestionar y tratar de cambiar algo que no está bien como en “Hay secretos” y “Juntes hay que jugar”, o el de poner a la vista la belleza de valores humanos y fomentarlos, como en “Noni Noni” y “Vaguito”. Componer canciones es mi manera de dialogar con el mundo.

-Las canciones de Canticuénticos empezaron a usarse en las escuelas justamente para aproximarse a esos temas. ¿Qué sentís respecto a eso? ¿Creés que faltan materiales para tratar esos temas?
-Ya desde nuestro primer disco, “Canticuénticos embrujados”, una gran cantidad de docentes descubrió algo en nuestras canciones que quiso compartir en las aulas. Y a medida que siguieron apareciendo canciones nuevas encontraron que podían ser recursos valiosos para usar de manera transversal en las clases. Sobre algunas temáticas faltan recursos, porque hace muy poco que esos contenidos, como por ejemplo los de la ESI (Educación Sexual Integral), están presentes en escuelas y jardines. Tanto la canción “Hay secretos” como “Juntes hay que jugar” abordan específicamente contenidos de la ESI y, por esa razón, se están usando muchísimo para tratar de proteger, sanar y ayudar a transitar una infancia más libre.

«Tal vez los adultos podrían ponerse a investigar un poco y arriesgarse a llevar a sus hijos a espectáculos que no sean tan conocidos para así ampliar su universo»

-Cuando nació Canticuénticos, ¿se imaginaban este éxito? ¿Qué creés que es lo que más atrae a los chicos?
-Cuando empezamos Daniela (Ranallo) y yo con el proyecto, solo pensábamos en componer un repertorio nuevo de canciones. La idea de formar un grupo y difundir ese repertorio apareció después del primer disco, pero jamás pensamos que fuera a tener tanta visibilidad. Además, por componer exclusivamente sobre ritmos folclóricos de Argentina y Latinoamérica pensamos que íbamos a llegar a un público reducido. Fue una sorpresa muy hermosa comprobar que tantas chicas y chicos se identifican y disfrutan con música de raíz folclórica.

-¿Por qué optaron por ritmos folklóricos argentinos y latinoamericanos?
-Creemos que tanto en nuestro país como en nuestra Patria Grande tenemos un patrimonio musical regional enorme. Cantidades de géneros y subgéneros, cada uno con sus sistemas rítmicos, melódicos, armónicos, formales. Y cada género anclado en una región con sus diferentes formas de ser, sus paisajes y dialectos. Queremos ayudar a mantener viva toda esa riqueza que nos define culturalmente en nuestras diferencias, que nos ayuda a ver de una manera orgullosa nuestra identidad latinoamericana. Y creemos que los chicos y las chicas son quienes pueden mantener vivas estas músicas, no como algo del pasado, sino como un tesoro vivo, en continua transformación.

 

-¿Por qué eligieron cantar para chicos?
-El público infantil es un público maravilloso, completamente auténtico y desprejuiciado. Si les gusta lo que escuchan te lo hacen saber y si no, ¡también! Nos gusta pensar que estamos acompañando en el camino a personitas que están aprendiendo a vivir. Tratar de fomentar su creatividad, su imaginación, su sensibilidad y sus ganas de preguntar. También somos conscientes de la enorme responsabilidad que eso conlleva, por lo que tratamos de ser muy cuidadosos con todo lo que se comunica, desde las canciones, los videos, los libros, la puesta en escena. Hay una especie de “universo canticuéntico” que es sumamente amplio, pero que tiene ciertos límites en cuanto a lo que consideramos que puede ser enriquecedor para las infancias y lo que no.

-¿Cómo es la dinámica del grupo? ¿Deciden de manera colectiva?
-La forma de trabajar varía de acuerdo a lo que se esté haciendo. Por ejemplo, la composición o los arreglos generalmente se hacen de a una o dos personas. Las puestas en escena son más grupales, igual que la toma de decisiones acerca de cuestiones organizativas.

-¿Cómo ves los espectáculos infantiles en Argentina en general?
-La verdad es que no puedo responderte a esa pregunta porque me falta información. Puedo darte una opinión sobre algunas cuestiones puntuales que pude ver. Por ejemplo, que hay varias propuestas puramente comerciales que tienen sus canales de YouTube y presentan espectáculos muy estereotipados con música grabada y actuación de personajes disfrazados llegando a un público masivo. En tanto, otras, sin tanta visibilidad pero muy ricas en cuanto al contenido que ofrecen, pasan desapercibidas. Tal vez los adultos podrían ponerse a investigar un poco y arriesgarse a llevar a sus hijos a espectáculos que no sean tan conocidos para así ampliar su universo.

-¿Cuáles son los referentes de Canticuénticos en cuanto a música para chicos?
-Una referente indispensable es María Elena Walsh, pionera en cantarles a chicos y grandes canciones que permiten diversas escuchas. Esto es algo que valoro mucho en ella y siempre pienso a la hora de componer. Que la canción pueda conmover a adultos y niños al mismo tiempo, que puedan compartir esos momentos de escucha, de canto, de emoción. María Elena nos llenó de música la infancia pero después de ella también surgieron muchas propuestas valiosas. Hay dos colectivos de músicos que trabajan para las niñeces que de alguna manera han sido y siguen siendo referentes, por la gran diversidad de propuestas y las experiencias que compartimos juntos. Son el MOMUSI (Movimiento de Música para Niños y Niñas, que desde 1997 agrupa a músicos, compositores, docentes y animadores culturales dedicados a la creación y la difusión de música para niños), a nivel nacional, y el MOCILYC (Movimiento Canción Infantil Latinoamericana y Caribeña), que desde 1994 busca elevar el nivel conceptual y artístico de las propuestas destinadas al público infantil y celebra encuentros bienales en diferentes países, a nivel de Latinoamérica y el Caribe.

-¿Alguna vez los presionaron para cambiar algo con el fin de que el grupo se volviera más «comercial»?
-Afortunadamente nunca pasamos por algo así porque Canticuénticos es un grupo independiente. Somos los que decidimos sobre todos los contenidos y cuando trabajamos en forma colaborativa, lo hacemos con personas o equipos con los que compartimos ideas y con los que es muy enriquecedor llegar a acuerdos. A esto lo cuidamos porque queremos mantenernos dentro de ese universo que nos define y nos representa. Y, por supuesto, es la manera de sentir que nuestra voz es verdadera.

En plenas vacaciones de invierno, cuando estaban haciendo dos shows por día en el ND Ateneo de la Ciudad de Buenos Aires, los Canticuénticos decidieron ofrecer un recital gratuito en el Hotel Bauen para chicos y chicas de las villas, gestionado por la organización social La Poderosa. Después de esa jornada, Nacho Levy, referente de la organización, se refirió así al grupo en un post en Facebook: “Hoy le ganamos a esta ciudad para pocos, así, disfrutando como locos hasta el último segundo, saltando, gritando y agitando el pogo más chiquitito del mundo. (…) Gracias y gracias y gracias a Canticuénticos, que abandonó la grilla comercial en alta temporada, para que nadie pueda decir que nadie hace nada, porque podían tener un teatro lleno y un teatro lleno tuvieron, pero lleno de compromiso comunitario y real”.

-¿Cómo fue la experiencia en el Bauen? ¿Por qué decidieron hacer el espectáculo allí?
-La verdad es que fue una tarde llena de emociones, de sonrisas compartidas, de la que los Canti nos llevamos tanta felicidad como los chicos y chicas, sintiendo bien fuertes los lazos que se tejen desde el compromiso y la solidaridad dentro del cálido grupo humano de La Poderosa. La idea de tocar para las poderositas y poderositos de los barrios donde está presente La Poderosa partió de una invitación de esta agrupación. Habíamos tenido un contacto a raíz de la canción “Hay secretos”, que ellos postearon y difundieron muchísimo. Incluso nos invitaron a participar del micro que tienen por televisión. Cuando supieron que íbamos a estar haciendo temporada de vacaciones en Capital, nos propusieron regalarles un concierto y nos pareció una hermosa manera de llegar a chicas y chicos que jamás accederían a vernos en el Teatro. La gente del hotel cooperativo Bauen sumó el espacio y una logística impecable para que la fiesta fuera completa. No faltaron juegos, payasos, pinturitas, chocolate y hasta una torta sorpresa por los 10 años de Canticuénticos.

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