Benito Cerati: «Cuando hay pasión y ganas de hacer las cosas, pocas veces hay errores»

Texto: Sofía Gómez Pisa / Fotos: Natalia Marcantoni

 

Hay algo en el andar de Benito Cerati que promueve una ternura infinita. Sus rasgos, suaves pero penetrantes, son la mezcla de una sensibilidad angelada con tintes electropoperos y alternativos. El “Bowie chileno-argento de Belgrano” ya lleva tres discos en su haber con la banda ZERO KILL. Su forma de materializar una individualización que deja huellas. Una manera de estar en el mundo, siempre en movimiento y transformación. Grabó su primer disco casero alrededor de los cinco años ante la mirada de uno de los músicos más importantes de Latinoamérica y la modelo Cecilia Amenábar, sus padres. En la actualidad, con tan solo 25, la música de Benito promueve una estética cada vez más marcada, más política. Una forma de hacer música que ahora, como un estallido hacia el exterior, pretende ser un espejo para las nuevas generaciones y un llamado al despertar del rock, donde las etiquetas y los binarismos con los que este género se siente identificado hace añares queden -al menos durante el tiempo que dure la escucha- al costado del camino.

-¿De qué tipo de rituales se nutre tu creación?
-Bueno un ritual que fue importante y definitorio es haberme ido de viaje solo a Europa, a los 21 años. Ese viaje significó enfrentarme a un lugar donde nadie me conocía, dónde no podías pedirle ayuda a nadie. Estuve inclusive en lugares en que no se hablaba ningún idioma que yo conociera. En esos momentos sacás adelante tus verdaderas capacidades de relacionarte con la gente, de moverte, de aprender. Cuando uno está en un lugar estanco, en la llamada “zona de confort”, alrededor de toda la gente con la que estás desde que naciste, cuesta más individualizarse. En esa experiencia aprendí a brillar, a darme cuenta de todo lo que podía hacer. También vi escenas e imágenes que me dije “quiero lograr esto que ví acá en Argentina, o en Buenos Aires” y bueno, me propuse eso y eso se refleja un poco en UNISEX.

«Me criaron entendiendo la importancia de la honestidad con que se hacen las cosas y la pasión que se le pone a la música y todo lo que te puede dar eso en la vida»

-¿Recordás alguna imagen en particular que haya formado parte de este repertorio que querías traer?
-Bueno por ejemplo iba a bares en Dalston, Londres, que de día era un bar tipo 50’ con barra y de noche era un boliche drag donde las tipas bailaban arriba de la barra.

-Algo como la unión de dos mundos…
-Claro, exactamente. Me pareció esa unión entre el día y la noche donde inclusive pueden estar las mismas personas, pero me gustó el tema de la modificación. UNISEX lleva ese prefijo por ser unificador en ese sentido de ser parte de todos los mundos.

-¿Podríamos pensar que como músico te estás solidificando políticamente?
-Sí, como persona en realidad. La música es un reflejo de los pensamientos. No sé si voy a politizar mí música para siempre, o si es una etapa. En este momento me resulta lo más importante decir ciertas cosas que creo que esta bueno apoyar y visibilizar. Creo que estamos en el momento histórico preciso para eso. Y lo creo algo muy bueno y siento que estoy logrando trascender. Pero no es la obligación de la música hacer política, sino algo más relacionado con la conceptualización. Desde crear una marca con tu nombre hasta hacer algo más original. Creo que tampoco tengo una forma unívoca de hacer música. Creo que yo crecí mucho en el medio del disco, crecí para afuera. Siempre fui muy del mundo interior. No era insensible a todo lo que me pasaba pero era como más hermético. Tenía un poco más de egoísmo quizás y tuve una explosión para afuera.

-¿Qué es lo que provocó esa explosión?
-Y todo lo relacionado con el viaje, haber terminado de estudiar, un montón de situaciones que me hicieron darme cuenta que no era yo solo el que pensaba cosas en relación a las cuestiones de género. La visibilización de las marchas del Orgullo LGBT, del 24 de marzo, del feminismo actual, me hicieron darme cuenta que había pasión y quería ser parte de todo eso. Me parece importante porque cuando yo crecía no tenía mucha data de gente diciéndome que estaba bien lo que yo hacía o pensaba. No había nada mainstream, nada que validaba lo que yo pensaba y hacía. Ahora quiero que la gente pueda ver lo que estoy haciendo y sentirse validado en sus acciones, forma de pensar y en la imagen. Me gusta pensarme como una persona que acuerda con algunas cosas y otras no. Me manejo siempre con una premisa cautelosa. Mucha gente que piensa igual que yo no me gusta las cosas que hacen, cuando lo hacen de forma perjudicial. Sí hubo un despertar en torno a dónde me paro, qué es aquello que quiero expresar. Me gustaría ayudar a encontrar similitudes entre las distintas experiencias y eso seguramente tiene que ver con una cuestión política.

-Y en este sentido del peso político que tiene la ola feminista actual y las disidencias ¿Cómo ves la escena del rock actual?
-Siento que si lo pensamos en el mundo del rock, el que fue siempre, no está pasando nada. Yo creo que justamente como vos hablás de la nueva ola del feminismo siento que ahí está el rock hoy. Ahí se están hablando de las cosas que siempre pertenecieron al rock, la contracultura y la contestación. Ya no son los pibitos que tocan la guitarra al máximo y hablan de pelotudeces. Mucha gente sigue pensando que eso es transgresor y eso es lo más común, demodé, eso es lo que me parece. Uno cuando descubre eso también en un punto quiere aportar, pero quizás mi próximo disco será diferente.

-¿Qué significó crecer ante la mirada de los medios?
-Hay algo con eso que siento que uno tiene que lidiar y aceptar. Cuando hay pasión y ganas de hacer las cosas pocas veces hay errores. Por más de que los medios miren y la gente mire y hable, a mí me criaron entendiendo la importancia de la honestidad con que se hacen las cosas y la pasión que se le pone a la música y todo lo que te puede dar eso en la vida. No por ser músico tengo que hacer solo música. Yo siempre di ejemplos de que los medios a veces te dicen cosas o te ponen imágenes de las personas que no son la realidad. Yo confío mucho más en lo que veo, en aquello que puedo corroborar. Por otro lado siempre me sentí ayudado por los medios. Fue una forma de visibilizar mi trabajo, siempre sentí un feedback agradable.

-¿Cómo te sentís respecto a lo que podríamos llamar el síndrome mediático de “el hijo de”, no solo respecto a tu obra sino a la de otros artistas cuyos padres han sido famosos?
-Tengo muy claro, aunque a veces me saco de mi eje, que uno sabe quién es, uno sabe lo que vivió y por más que te quieran decir lo contrario, uno sabe cómo son las cosas. Nadie puede opinar de mi propia vida. Cuando pasa eso me resulta hasta ridículo y parodiable. Pero la verdad que la devolución de los fans es tan grande que es en lo único que centro mi mirada.

-¿Qué fue aquello que trazó tu camino de individualización con respecto a la música con la que te criaste o la que hacía tu viejo?
-Es loco pero creo que en ese sentido no creo haber tenido una rebeldía o un camino más individual: eso me gustaba y nunca le llevé la contra. Lo que escuché de chico es lo que más me influencia hoy en día. Nunca tomé el camino contrario de decir “sabes que voy a hacer algo diferente”. Siempre fue más fuerte no abandonar o hacer algo distinto a lo que hacía mi viejo. Siempre me identifiqué mucho con él. Quizás la diferenciación tuvo que ver con formas de actuar o de pensar. Pero en torno a la música siempre lo que escuche y vi de chico formaron parte de mi integridad. Me gusta siempre la misma música que escucho desde que soy chico.

-¿Te acordás de alguna frase o imagen que te haya dicho tu viejo que te haya ayudado en tu camino musical?
-Que no le tuviera miedo al síndrome Lennon porque justamente si hay pasión no hay error, y él no tenía miedo que yo tuviera ningún tipo de estigma. El veía eso y me dio a mí el pie para hacer lo que tenía ganas de hacer.

-¿Cúales fueron las bandas y discos de tu vida?
-Me gusta mucho Dummy, de Portishead. Cuando escuché ese disco yo quería hacer esa música, esa mezcla de profundidad, melancolía, pop. La voz de ella. Medio que siempre modifique mi voz para tener su registro. Mis melodías se pegaban mucho a eso. Por supuesto, Bowie. En su momento me gustaron mucho The Smashing Pumpkins, sobre todo los primeros discos. Beck, Gorillaz, que me gustaba mucho de chico, The Cure y My Bloody Valentine, por nombrar algunos.

-¿A dónde te gustaría llegar con la música?
-Quiero seguir pudiendo hacer discos, seguir bajando las ideas que tengo en mi cabeza. Creo que lo que mejor hago es imaginar cosas y bajarlas a tierra. Desde un disco, pasando por un vivo o un video. Me baja la data y ahí empiezo a buscar gente y formas de poder lograrlo y eso que veo en mi cabeza lo termino plasmando casi al cien por cien. Eso para mí es re loco.

-¿Hay algo previo a ese momento de inspiración?
-En realidad siento que hago algo y luego puede pasar un año que no compongo nada y luego me digo “bueno es hora de componer” y muchas cosas que me modificaron a mí, las cosas que viví en ese año o que vivo constantemente porque soy muy de cambiar, me hacen acumular experiencia y al sentarme a componer todas esas cosas que transite salen a la luz. Cuando era chico me inspiraba estar mal, me inspiraban momentos tristes, pero ahora no, ahora me gusta hablar de cosas lindas.

-¿Qué tiene la música como lenguaje que nada más te puede dar?
-El escalofrío. Una especie de electricidad, que a mí – particularmente- no me lo genera ni el arte plástico, ni el cine, ni el arte en general, que me encanta. La música me despierta las neuronas, me hace vibrar, tener sensaciones que no me provoca nada más. Algo también de la identificación, de sentir que el que está cantando soy yo, una especie de fascinación que viene de adentro.

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