Aldo Palacios, maestro de los cerros: “La educación tiene que reinventarse todos los días”

Texto: Lucas Oromí / Fotos: Mariano Campetella

 

Aldo Román Palacios nació en Tucumán, en un pueblo que se llama El Pichao, límite con Catamarca y Salta. Su padre fue un enfermero de la zona y su madre ama de casa. El primario lo hizo en Tucumán, el secundario en Catamarca, el servicio militar en Córdoba y cuando se recibió de maestro decidió ir a trabajar a Salta. Aldo comparte de entrada cuál es el territorio espiritual que da sentido a su vida: “Mi primer trabajo fue en Rivadavia Banda Norte, uno de los departamentos más pobres de la provincia. Allí empecé a sentir mi vocación, cuando descubrí que me llegaban mucho los chicos”.

Hace pocos días lo invitaron al Senado de la Nación a recibir la Bandera de la Paz. El movimiento Mil Milenios de Paz lo nominó para ser Embajador de la Paz y llevar esta bandera por todo el norte argentino. Aldo Palacios es Director de la Escuela N°4526 “El Rosal” (depto. Rosario de Lerma, Salta), que está a 3.400 metros sobre el nivel del mar. La escuela saluda al Tren de las Nubes, que aparece y desaparece entre los cerros, ahícito nomás. Llegó allí hace 23 años y hoy ya enseña a los hijos de sus primeros alumnos. Pero todavía hoy encuentra palabras nuevas para explicar este lugar de antología.

-Cuando llegué a la escuela, lo que más me impresionó –además de no tener luz ni agua– fue la soledad: la falta de comunicación.

-¿Cómo es El Rosal?
-El Rosal está compuesto por 120 habitantes que viven en puestos muy alejados unos de otros. Se dedican a la cría de cabras y ovejas, y en el verano siembran habas y arvejas. Tienen una economía de subsistencia, así que mandan a los chicos a la escuela para que aprendan y también les ayuda mucho en la contención porque tenemos comedor escolar. Generalmente son familias que tienen muchos hijos y de lunes a viernes ellos no tienen que cocinar para los chicos. En ese sentido, la escuela de El Rosal, además de enseñar, contiene.

“Hay cosas que siguen como cuando yo llegué hace 23 años. La gente no tiene agua en sus casas sino que van hasta el río a buscarla”

-¿Con qué problemas te encontraste al llegar?
-Mi primer desafío fue encontrar cómo me podía comunicar más rápido con el pueblo y la ciudad. Yo pensaba soluciones por si surgía alguna emergencia. Empecé un curso de radio aficionado, me compré un equipo de radio y así me pude comunicar con el hospital y con el centro urbano. Gracias a la radio pudimos solucionar problemas de salud en la comunidad.

Hoy muchos de los pobladores de El Rosal ya circulan en moto, pero hasta hace poco la gente se trasladaba en burro. Al momento de vender la verdura, los productores rurales caminaban los 23 kilómetros que los separan de la ruta y, sorteando el río crecido de verano, guiaban a sus burros cargados hasta el bendito camión comprador.

Hace cuatro años llegó la luz al lugar a través de la instalación de paneles solares en cada casa. Ese progreso fue aplaudido y bien recibido después de tantos años de espera. Hoy muchas de estas familias, históricamente postergadas, pueden tener incluso televisión digital.
Más allá de estos cambios y mejoras, Aldo reconoce que hay situaciones que se mantienen en el tiempo. “Hay cosas que siguen como cuando yo llegué hace 23 años. La gente no tiene agua en sus casas sino que van hasta el río a buscarla”, explica mirando a la cara con determinación. “Tampoco tienen baños en sus casas sino letrinas”, remata.

-¿Qué otros proyectos impulsaste en la escuela?
-Un proyecto lindo fue el de las cocinas solares. Con la Universidad Nacional de Salta conseguimos dos cocinas solares que usamos para cocinar. Y también tenemos un horno solar con el que todos los días hacemos el pan. Como en El Rosal no hay gas ni leña, usamos esta energía alternativa. Sol tenemos de sobra. Y el chico de la escuela aprende de esas cocinas y de este modelo de energía que es gratis.

“El objetivo final de nuestra escuela es que la comunidad tenga un mejor nivel de vida y que año a año esté un poco mejor”

-¿Ellos tienen cocinas solares en su casas?
-Todavía no, pero estamos conversando eso con la Escuela Técnica de Rosario de Lerma. Queremos que la escuela se proyecte a la comunidad. Por un lado, la idea es que los chicos aprendan cómo hacerlas para que pueda haber una buena salida laboral. Y por el otro, que se sientan útiles en la sociedad, sabiendo que lo que ellos hacen tiene valor para otra persona.

-En el fondo me estás hablando de algo que es fuente de muchos debates educativos: la alianza escuela-familia-comunidad.
-Hoy en día, para hacer educación la escuela se tiene que proyectar hacia la comunidad, porque la educación tiene que tener una finalidad. Los proyectos los pienso para que la comunidad también pueda participar, aportando lo que puedan y como puedan. El objetivo final de nuestra escuela es que la comunidad tenga un mejor nivel de vida y que año a año esté un poco mejor.

-Cuán lejos está ese objetivo.
-Mirá, este año logramos que uno de los padres de la escuela pueda construir un invernadero en su casa. Y eso fue muy lindo. En la escuela tenemos dos invernaderos en los que trabajamos con los chicos y cultivamos todo tipo de verduras. Cuando llegué al Rosal, la primera vez que dábamos verduras a los chicos no querían comer porque no estaban acostumbrados. Allá para ir a comprar una lechuga o un atado de acelga tienen que hacer 120 kilómetros. Otro ejemplo es el proyecto de la radio FM con la que leen y hablan los chicos. Además de que los alumnos se empiezan a expresar y a soltar mucho más, logramos que los padres los escuchen desde sus casas. ¡Pensá que a muchos no los ven en toda la semana!

-¿Cuál es el próximo proyecto?
-El más importante es trabajar con la familia para que puedan tener agua corriente en sus casas. Además, siempre tratamos de conseguir que lleguen hasta el lugar distintos profes, de arte, de deporte, de agronomía. Es importante buscar todas las herramientas para tener una mejor educación, y que los chicos vayan aprendiendo a que tenga sentido la educación. Que la educación sea para la vida. Ahí es donde los chicos aprenden mejor y más contentos.

-Hablemos un poco del sistema educativo. ¿Cómo acompaña el sistema educativo a los docentes? ¿Las políticas que se plantean llegan a impactar en los chicos?
-Es complejo. Esto depende mucho de la actitud del maestro. En eso está reflejado gran parte del éxito o del fracaso del sistema educativo. Si bien es cierto que los gobiernos tienen mucho que ver y que a veces el apoyo que se anuncia no llega a las escuelas, creo que la verdadera diferencia está en la actitud del docente. En la formación de los educadores tendrían que cambiar esa mirada. Educar a docentes que tengan vocación, actitud, y que si te toca ir a una escuela sea porque a vos te gusta y no sólo porque te pagan un determinado sueldo.

-Vos decís: “dentro del sistema educativo el verdadero protagonista es el maestro y vamos a ver aprendizaje en los chicos si el maestro tiene actitud.”
-Sí, porque muchos creen que ser maestro es ser empleado del municipio, y no es así.

-¿Y qué es ser maestro?
-Ser maestro va mucho más allá. Es amor a los niños, es comprometerse todos los días para que aprendan y para que vayan a la escuela. Ser maestro requiere de humildad para lograr que los chicos puedan continuar luego con el secundario.

“Si bien es cierto que los gobiernos tienen mucho que ver y que a veces el apoyo que se anuncia no llega a las escuelas, creo que la verdadera diferencia está en la actitud del docente”

-Te entiendo, pero intentemos ir todavía más profundo. Podemos decir que el sistema educativo que tenemos es estándar; es decir, en gran medida se bajan políticas y condiciones iguales para escuelas que son distintas. ¿Sirve esto en un contexto como El Rosal?
-La educación estándar no es lo ideal. Las escuelas tendrían que tener más autonomía, y hoy no la tenemos. Sí estoy viendo otra mirada de la educación, acerca de cómo enseñar. Hasta hace pocos años se enseñaba de la misma forma que hace 200 años. Ahora está cambiando un poco la mirada, aunque no sé si en la realidad se hace así.

-¿Cómo habría que enseñar?
-No se trata de educar niños en forma estandarizada. Hay que hacerlo a través de talleres, buscando que los chicos aprendan juntos, que aprendan a través del juego. Para mí, eso es lo que está bien. Los resultados igual se van a ver a largo plazo.

-¿Cuál es el objetivo de introducir cambios en la manera de enseñar?
-Que el chico se sienta más integrado. Hoy en muchos casos la educación va por un lado y la vida por el otro, y creo que no es así. Uno tiene que educar para la vida, con una finalidad útil. Así es como el chico se va a sentir útil. Pero no que aprendan que 6×3 es 18 si eso no tiene un sentido en sus vidas.

-En educación se habla mucho de que hay que innovar. Pero ¿puede innovar una escuela a 3.500 metros de altura?
-Sí, innovar podés innovar de distintas formas. Innovar es cambiar, es mejorar, es buscar herramientas que sirvan, como por ejemplo los invernaderos, las cocinas solares, la radio; para mí eso es innovar. Porque tiene sentido para que los chicos puedan palpar lo real, lo que van a poder utilizar. No tiene que ver sólo con la tecnología y si tenemos o no una computadora o buena conexión a internet. Por supuesto que eso suma, pero mientras tanto podés innovar de distintas formas. Innovar es cómo cambiar tu manera de dar clase por otra que te dé mejores resultados. Que los chicos se sientan contentos para poder aprender.

Según fuentes del Ministerio de Educación Provincial, en Salta sólo finaliza el secundario el 43% de los alumnos que ingresan. Y tanto en el nivel primario como en el secundario, las pruebas nacionales Aprender arrojaron resultados bajos en Lengua y Matemática. La realidad es difícil, y una pregunta que queda siempre abierta es cuánta participación tienen los docentes en las mesas de diseño de las estrategias y políticas públicas educativas. Escuchar a los Aldos de nuestras provincias puede ser una buena idea.

-Yo empezaría por formar profesionales con actitud. Profesionales a los que les guste la educación y estar en contacto con los chicos. Después le daría mucho apoyo a las escuelas, materializando muchos proyectos innovadores que los maestros suelen presentar y quedan ahí.

-¿Pueden los ministros y sus equipos cambiar algo de la realidad? Debe ser bravo estar en su lugar. En tus 33 años de docencia, ¿has visto políticas de Estado o cambian según los gobiernos?
-Lo que no he visto son políticas de Estado. A lo largo de este tiempo como maestro he visto que cada gobierno que entraba cambiaba su mirada de la educación. Ojalá que a partir de ahora se defina un rumbo y que todos los que vengan lo puedan mantener. Es importante en educación tener políticas a largo plazo.

“No se trata de educar niños en forma estandarizada. Hay que hacerlo a través de talleres, buscando que los chicos aprendan juntos, que aprendan a través del juego”

-¿Cuál es el mensaje que tenés adentro y que querés compartir con el resto de la sociedad?
-Que los docentes tengan actitud y que logren que sus alumnos superen al maestro. Que los alumnos puedan terminar sus estudios es un orgullo. El hecho de que alguien venga y me diga que un alumno que yo tuve hoy es un profesional, para mí es una emoción muy grande porque ahí me siento realizado como persona.

-Lo que contás emociona, pero déjame hacerte un poco la contra. ¿No es más difícil para los docentes de hoy tener esa actitud que vos pedís? El docente de hoy, con las asimetrías como están de borradas, tiene que legitimar su rol frente al alumno todos los días y eso es cansador, complejo.
-Por suerte en la ruralidad todavía existe ese respeto por el docente. En las ciudades se ha perdido, y ahí también tiene mucho que ver la sociedad. No es sólo la tarea del docente. Mejorar la educación tiene que ser tarea de todos. Si el padre ve al docente como igual al alumno, me parece que no vamos por buen camino.

Quizás la ruralidad de la que habla Aldo tenga mucho todavía para seguir enseñándonos. De los valores de su pueblo, del brillo de su cultura.
Aldo celebra que hace pocos años se haya construido en su zona el primer colegio secundario albergue de montaña. Los alumnos que hoy terminan la escuela primaria en los cerros de la Quebrada del Toro tienen la posibilidad de seguir estudiando en el colegio secundario emplazado en Alfarcito, una comunidad relativamente cercana. Sin embargo, Aldo también apuesta por la idea de seguir acompañando a los chicos para que puedan completar sus trayectos.

-Cuando sale del secundario, el chico ya tiene otra mirada de la vida pero, así y todo, queda solo ante la sociedad y a veces no sabe bien qué hacer. Falta un acompañamiento para guiar a los chicos de la ruralidad, que nunca vivieron en la ciudad. No todos los chicos siguen estudiando después de que terminan el secundario, deberían ser más.

“Innovar es cambiar, es mejorar, es buscar herramientas que sirvan, como por ejemplo los invernaderos, las cocinas solares, la radio; para mí eso es innovar”

-¿Y cuál es la solución?
-Una solución puede ser la formación en oficios, para los que no quieren seguir en la Universidad. Eso les aseguraría una salida laboral y ellos se sentirían mejor. Sería interesante.

-Pero es difícil que el chico pueda volver a vivir en su lugar y derramar en la comunidad todo lo que aprendió en sus años de estudio.
-Para que los chicos de la zona vuelvan se tendrían que generar distintos tipos de trabajo. O mejorar lo que se está haciendo. Por ejemplo, allá en el verano cultivan habas, arvejas… si eso lo potenciaran con un sistema de riego por goteo podrían producir más. Esa podría ser una buena opción para que el chico pueda volver. Lo mismo desarrollar mejor el turismo.

-Es decir que aún con mejor educación sigue siendo un tema complejo el desarraigo.
-Lo que pasa es que la ciudad te absorbe, especialmente a la juventud. Es como una esponja, y es difícil poder rechazarla. Pero el problema no es la ciudad, sino a qué parte de la ciudad van los chicos del cerro. Generalmente van a las partes con mayores conflictos, y ahí viven peor que en el cerro.

Aldo carraspea, como si le diera algo de bronca lo que está contando. Es tarde y está en un bar de Saavedra, muy lejos de su casa. Ha llegado la hora de poner punto a la conversación y Aldo reúne palabras de futuro.

-La educación va a ir cambiando. Como cambia la sociedad, la educación se va a ir amoldando. Hay muchos trabajos que ya no van a existir y hay muchos que aún no los conocemos. La educación tiene que reinventarse todos los días, año a año se tiene que reinventar para no quedarse estancada y que pueda ser útil en la vida de los alumnos, que son el futuro de la sociedad.

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